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3.   De la multiplicidad poética…

3.2.   Juan Ramón Jiménez

3.2.2.   La poesía y el poeta para Juan Ramón Jiménez

A lo largo de toda su obra creativa y crítica, Jiménez siempre ha defendido un concepto universal de la poesía, pues forma una vivencia que se funde con él de manera absoluta168. Este género le resulta “fatalmente espiritual” ya que concibe el alma como la “inefabilidad inmanente”169. De hecho, presenta una distinción importante entre ella y la literatura que lo acompañará siempre: por un lado, la expresión de lo inefable, y por el otro lo efable170. Para ello, el moguereño decide consagrar todo su tiempo, y toda su vida, a esta actividad “absoluta” del conocimiento poético171. Con toda su experiencia intentará explorar la significación de la poesía y desvelar la actitud del poeta. Su propósito será crear una lírica personal que sugiere un método personal de pensar la realidad172. Quiere convertir su existencia en materia poética, en la que él mismo es el protagonista. En medio de este anhelo sobresale una serie de rasgos propios a su concepción literaria. Primero, concibe la poesía como el único medio que permite alcanzar la belleza173. Luego, dado que se abandona a ella, se convierte en la única realidad que merece ser vivida, y, por consiguiente, ya sólo puede sentir y pensar a través de ella174. Esta                                                                                                                

163 REYES CANO, Rogelio y RAMOS ORTEGA, Manuel (1991), op.cit., p. 45.

164 Idem.

165 Idem.

166 GARCÍA, Miguel Ángel (2002), op. cit., p. 107. 167 GÓMEZ REDONDO, Fernando (1996), op. cit., p. 41.

168 CUEVAS GARCÍA, Cristóbal y BAENA, Enrique (1991), op. cit., p. 334. 169 GARCÍA, Miguel Ángel (2002), op. cit., p. 72.

170 Idem.

171 GÓMEZ REDONDO, Fernando (1996), op. cit., p. 23.

172 Idem.

173 Ibid., p. 26.

reducción de lo humano lo persuade finalmente de que la poesía constituye todo lo bello; a su vez inexplicable o que necesita explicación175. Aunque parezca encerrarse en su obra –según el moguereño– conoce y descubre todo lo que le rodea por medio de su lírica y, lo que ella absorbe de la realidad176. El poeta entrega así su vivir a la estética y la verdad, desveladas por la lírica, para luego recuperar el tiempo y el espacio eternizados por el sentir poético, que él mismo edificó177. Jiménez se percata de que “la poesía no era más que una forma de sufrir más hondamente la existencia”178, y opta por ella.

A pesar de oponerse a los encasillamientos179, cabe destacar sus afinidades con diferentes corrientes y movimientos poéticos como el romanticismo, el clasicismo, el simbolismo, etc. También ha sido asociado a numerosas tendencias contemporáneas, pero su evolución le permite entrar y salir de dichas separaciones. Por un lado, es considerado autor romántico aspirante a clásico180, y por el otro, modernista. Su poética se funda realmente en una suma de procedimientos y de técnicas, asimilados durante los veinte primeros años de su formación181. Destacamos algunos temas como la tristeza, la mujer ideal o la eternidad, que muestran un profundo romanticismo, mientras que la creación de un mundo propio opuesto a la realidad o la mentira podrían ser interpretados como vanguardistas182. No obstante, para relacionarlo con estos movimientos, es necesario comprender cuál es la concepción que tiene de ellos. Por ejemplo, Jiménez no entiende el simbolismo como un movimiento, sino más bien como un procedimiento183. Tampoco el modernismo le interesa como escuela, sino como impulso184. En realidad, el poeta andaluz se inspira de lo bueno de cada corriente; se nutre de los rasgos que le interesan del modernismo, del simbolismo, del romanticismo e incluso del clasicismo, y deja de lado lo que no le convence. De este modo, interioriza todo un sistema poético compuesto de influencias tradicionales y románticas, para darle sentido mediante la creación estética del modernismo185. Esta absorción se extiende así a todos los movimientos literarios alrededores186. De cierto modo, revisita gran parte de lo creado en poesía, con experimentaciones propias y con una significación personal del modernismo187. La mayoría de su contemplación lírica consiste pues en re-crear imágenes y versos que halló en otros autores188. Él mismo define así su escritura:                                                                                                                 175 Idem. 176 Ibid., p. 28. 177 Ibid., p. 29. 178 Ibid., p. 42. 179 Ibid., p. 61.

180 REYES CANO, Rogelio y RAMOS ORTEGA, Manuel (1991), op.cit., p. 42. 181 GÓMEZ REDONDO, Fernando (1996), op. cit., p. 13.

182 REYES CANO, Rogelio y RAMOS ORTEGA, Manuel (1991), op.cit., p. 54.

183 Ibid., p. 50.

184 GARCÍA, Miguel Ángel (2002), op. cit., p. 35. 185 GÓMEZ REDONDO, Fernando (1996), op. cit., p. 16.

186 Idem.

187 Ibid., p. 17.

“MI ESCRITURA. Me represento mi escritura como un mar verdadero, porque está hecha de innumerables olas; como un cielo verdadero, porque está hecha de innumerables estrellas; como un desierto verdadero, porque está hecha de innumerables granos de arena. Y como el cielo, el mar y el desierto está siempre en movimiento y en cambio.”189

Su poética se representa como un mar en permanente mutación en el que fluyen varias corrientes. Por eso en determinados momentos de su vida se autodefine de diferentes –e incluso opuestas– formas. En sus años de madurez, por ejemplo, se desvincula del romanticismo y del simbolismo –admirado en gran parte de su obra– para considerarse clásico y universal190.

Juan Ramón Jiménez también desarrolló notablemente la concepción del poeta. Fue realmente él quien inventó la especial forma de ser poeta191. Al igual que Claude Aubert, el moguereño padeció varias enfermedades y neurosis que modelaron su personalidad y que facilitaron la entrega de su propio ser a la poesía. Insiste en entregarse enteramente porque considera que es una vocación que supone un esfuerzo total192. Esta imagen del hombre que deja de serlo para convertirse en poeta es muy similar a la ya presentada concepción auberiana: es una voluntad de ser poetas totales, aunque para ello sea necesario abandonar su vida social. He aquí la formulación juanramoniana de su deseo:

“Tener que dejar de ser hombre, para investirse el otro ser, en el que el sentimiento, la sensibilidad y la emoción resultan percepciones desviadoras de la primera realidad, la humana.”193

“El poeta es un condenado a nombrar y su gloria única, que es gloria interior está en perder su nombre en el de las cosas, el mundo, hasta quedarse anónimo por su incorporación, incorporarse por lo creado al mundo.”194

“Cuando yo escribo, desaparezco por completo; no me siento siquiera. Soy todo idea o todo sentimiento, toda palabra, nombre.”195

“¡Esclavo tuyo soy, poesía, y moriré de enfermedades de belleza!”196

Su voluntad de confundirse con la poesía es extrema y lo lleva a querer desaparecer por completo; tarea que se convierte en obsesión. Trabajador infatigable, Jiménez se enfrenta a la poesía como a una realidad que tiene que absorber por entero197. En este intento, entiende que debe definir una poética que le permita apropiarse todo lo que está llevando a cabo198. En esta teoría personal reside la demostración completa de todo su pensamiento creador199; la voluntad de observar el mundo con ojos nuevos y propios200. Además, él mismo se esmera a tratar de expresarla y definirla.

                                                                                                               

189 GÓMEZ REDONDO, Fernando (1996), op. cit., p. 25. 190 GARCÍA, Miguel Ángel (2002), op. cit., p. 23. 191 GÓMEZ REDONDO, Fernando (1996), op. cit., p. 29.

192 Ibid., p. 30. 193 Ibid., p. 29. 194 Idem. 195 Ibid., p. 31. 196 Ibid., p. 35. 197 Ibid., p. 175. 198 Ibid., p. 32. 199 Ibid., p. 36.