Parte III: Desafíos actuales
1. Políticas indirectas de promoción del mercado de trabajo
En este nivel, la propuesta económica y social del nuevo gobierno, contenida en el Plan Nacional de Desarrollo como hemos visto, está orientada hacia la diversificación económica y el fortalecimiento de las unidades de pequeño porte con el objetivo de mejorar las condiciones de trabajo de la mayoría de los bolivianos y bolivianas. Sin embargo, el alcance de estas políticas dependerá de la atención de varios desafíos.
1.1. Relación Estado – sector privado
Uno de los principales desafíos se refiere al rol del Estado y del sector privado. Actualmente existe gran incertidumbre y disputa política en relación al modelo de desarrollo –estatista o mixto-. Si bien en términos discursivos, en las disposiciones constitucionales nuevas y los planes de algunos ministerios61 se establece el régimen mixto de economía, los actores económicos (empresarios,
organizaciones económicas campesinas y cooperativas) observan con preocupación varias iniciativas concentradas en la participación directa del Estado como actor económico (empresas estatales en un amplio espectro de actividades económicas, incluidas varias de producción y comercialización de productos básicos como los alimentos, y en la industrialización de los hidrocarburos).
Al mismo tiempo, se observa que aun son limitadas las políticas dirigidas al fortalecimiento de los mercados nacionales y sobre todo internacionales de los productos no tradicionales bolivianos, y a la concertación política con los diversos actores económicos que forman el sector privado en el ámbito de la producción manufacturera y agroindustrial principalmente, más allá de sectores de micro y pequeños productores principalmente rurales.
El rol del Estado en la economía debe ser mucho más ambicioso que la transferencia de la propiedad de los activos, la gestión directa de la producción o la regulación de las relaciones obrero- patronales. Para promover las condiciones laborales de los sectores donde está la mayoría de los y las trabajadoras, es necesario implementar políticas orientadas a mejorar el entorno institucional y económico para que el conjunto de las actividades económicas puedan desplegarse y competir con la gran magnitud en cantidad y variedad de los productos importados (legal e ilegalmente) en los mercados nacionales, y también puedan competir en los mercados internacionales. El reto está en ampliar la visión del rol del Estado en la economía hacia el fortalecimiento de los mecanismos de fomento, reconversión y modernización de la producción en curso, sin intentar sustituirlos con empresas públicas.
1.2. Mercado interno – mercado externo
El segundo desafío, desde nuestra perspectiva, se refiere a una necesaria orientación articulada de la producción para el mercado interno y externo. Contrariamente a la visión de que la orientación a uno de los mercados excluye el otro, las experiencias nacionales como también internacionales muestran que la ampliación de la canasta de productos exportables solo puede darse con el fortalecimiento del tejido económico nacional como su condición necesaria; al mismo tiempo que la oferta de productos nacionales al mercado interno en condiciones competitivas requiere de la expansión de los productos bolivianos en el mercado internacional.
En la perspectiva de una pertinente articulación entre ambos mercados, es necesario considerar la estrechez aun presente del mercado interno boliviano, lo que profundiza todavía más la importancia de la inserción en mercados externos. Inclusive los países con un mercado interno mucho más significativo que el nuestro como China, India y Brasil no pueden prescindir de la exportación. En este sentido, es importante y hasta central la generación de condiciones para la expansión de la canasta de productos exportables de cara a contrarrestar el alto nivel de vulnerabilidad de la economía boliviana a los cambios en los mercados de commodities y para conciliar la generación de riqueza y la distribución del ingreso vía empleos de calidad, no solo en relación a la producción orientada hacia los llamados mercados complementarios.
La actividad exportadora ha tenido y tiene un lugar prominente en la economía del país por lo que mantener la participación en los mercados internacionales, en condiciones competitivas,
exige también no sólo un importante fomento de los niveles de productividad de las unidades económicas, sino también la búsqueda de equilibrio entre los niveles de competitividad requeridos y las necesidades de generación de empleo, más allá de los nichos abiertos por las emergentes experiencias de “comercio justo” y otras.
1.3. Potencialidad de la heterogeneidad productiva
El tercer desafío se refiere al rol del sector privado considerando toda su heterogeneidad. El punto de partida para avanzar en un modelo de desarrollo diverso y combinado es que la heterogeneidad de las formas y tamaños de las unidades económicas así como la composición socio-cultural de los actores económicos que las impulsan no sea considerado como un “problema”, como se solía pensar en el país, y más bien sea mirada como un potencial para la solución del desarrollo productivo (Wanderley, 2008). Varios países con características similares al Estado Plurinacional de Bolivia, con una importancia relativa de unidades de reducido tamaño en sectores industriales similares a los nuestros, y que además se organizan bajo principios diferentes a la empresa occidental moderna, lograron dar el salto hacia la innovación sostenida y a la inserción en mercados globalizados. (Schimtz, 1995; Humphrey, 1995).
Por lo tanto la cuestión ya no es si las diversas formas de organización productivas y unidades de reducido tamaño tienen la capacidad de generar crecimiento y empleo de calidad, sino bajo qué condiciones esto puede ocurrir. En otras palabras, la diversidad de formas de organizaciones económicas –por lo demás reconocidas y priorizadas en la nueva CPE- no es en sí misma un obstáculo al desarrollo económico. Más bien son los tipos de gobiernos corporativos/ cooperativos, las articulaciones entre unidades y el contexto institucional (las reglas y políticas oficiales y las reglas inscritas en las prácticas y expectativas de los agentes económicos) lo que determina la performance de las empresas y de las unidades económicas de cara a los desafíos actuales del desarrollo.
1.4. Visión de desarrollo
Un cuarto desafío tiene que ver con la visión de desarrollo económico y social que aspiramos como sociedad. Si bien el Estado Plurinacional de Bolivia está dando pasos importantes en la inclusión de los diferentes actores y unidades económicas, e igualmente importantes en el proceso de generación y redistribución de la riqueza, todavía se mantienen interpretaciones que ven en las heterogéneas formas y tamaños de la economía boliviana la presencia de lógicas económicas contrapuestas. No es difícil advertir en el debate público la presencia de visiones que aun confunden modernización con occidentalización de la economía. Afirmar los objetivos de incremento sostenible de la productividad y la competitividad de los diferentes sectores económicos no significa necesariamente apostar por la homogeneización de los diferentes tipos de organización económica, o impulsar la proletarización y explotación de la mano de obra o promover el crecimiento económico con base en la depredación de la naturaleza, mucho menos rechazar los principios de solidaridad y reciprocidad en la producción y distribución de la riqueza.
Al contrario, el desafío hoy en día se encuentra en la posibilidad de avanzar en una estructura económica heterogénea que pueda conjugar eficiencia, equidad y satisfacción pública; o igualdad, reciprocidad y buen vivir. Y en esa perspectiva, el desarrollo económico y social no tiene una única vía como tampoco existe un único modelo capitalista o un solo modelo socialista. Es necesario abrir el debate acerca del tipo de modernización al que apuntamos como país.
En este sentido, es importante comprender que la heterogeneidad estructural de la economía boliviana en toda su diversidad y complejidad organizativa y laboral transciende la dicotomía entre
lógica capitalista y lógica comunitaria/solidaria. Esta dicotomía simplifica la realidad y se asienta en visiones ideológicas que dejan de lado el vasto mosaico de realidades concretas del tejido económico boliviano. Una cuestión importante es, por tanto, reconocer a los actores económicos desde sus específicas características organizativas, sus aspiraciones económicas y sociales, su posicionamiento en los eslabones de las cadenas de valor mejorando las transferencias de valor entre eslabones, sus niveles y grados de integración al mercado nacional e internacional, y sus condiciones de trabajo como condición para avanzar en el diseño e implementación de políticas económicas, productivas y laborales.
En resumen y recuperando la hipótesis de que la diversificación económica es condición necesaria para el cambio de la estructura ocupacional hacía una mejor distribución del ingreso por la vía de la creación de más y mejores empleos, la promoción de empleo debería enmarcarse en la articulación de las políticas macroeconómicas, políticas industriales, políticas de empleo y de seguridad social. En este sentido, la cuestión socio-laboral debe quedar fuertemente asociada a la implementación de políticas económicas, industriales y laborales dirigidas a promover el desarrollo de las diversas formas de organización económica que componen el vasto sector productivo privado. Esta visión exige revisar y revertir la mirada dual y empobrecedora que ve, en un extremo, un sector de empresas modernas generadoras de excedente con base en un uso intensivo de capital, tecnología y fuerza de trabajo; y en el otro, una masa de pequeños productores que alivian la demanda social de empleo con limitadas condiciones de producción de riqueza y de posibilidades de participación en los mercados competitivos. Más aun cuando no parece que pueda revertirse la tendencia de precios bajos de productos originados en la explotación de recursos naturales en los mercados internacionales, sobre cuyos excedentes se sustenta(ba) la posibilidad de transferencias directas e impulso de la pequeña producción generadora de empleo.