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LA PAZ Y EL ALTO: COSTOS, VENTAS Y UTILIDAD NETA DE IMPORTADORES DE ROPA USADA

3.1.7 Políticas públicas para la ropa usada

Hablar de comercio de ropa usada en Bolivia, significa hacer referencia a 50.000 personas que se ocupan de esta actividad, es como hablar casi del total de la población de desocupados de las ciudades capitales del país en noviembre 1997 (62.000 desocupados económicamente activos).14 Estos y otros aspectos, nunca han sido considerados por el gobierno como áreas de interés para la definición de políticas y menos para su inclusión dentro de planes y estrategias de desarrollo.

Desde una perspectiva general y a partir del diagnóstico del sector de la ropa usada, que en los últimos años se ha incrementado de forma masiva. Ante la no existencia de una reglamentación, en el gobierno del presidente Sánchez De Lozada, se dictó el D.S. N° 24691 del 2 julio de 1997, el cual en su Art. 1ro., establece un marco reglamentario adecuado para el control sanitario efectivo de la importación y comercialización de la ropa y prendería usada.

Posteriormente, frente a una propuesta de la Asociación Nacional de Industriales textiles, de prohibir la importación de ropa usada, el tema fue de un amplio debate, en diferentes seminarios y foros, que provocó la organización del comercio de la ropa usada, la cual se convirtió en un problema de gran magnitud para las autoridades actuales, que tiene como

base de su política económica, la lucha contra la pobreza. En este contexto, después de mucho debate, se aprueba una Resolución Multiministerial N° 216 de fecha 24 de mayo de 1999, que aprueba el Reglamento de Procedimientos y Requisitos para la Importación y Comercialización de Artículos de Prendería Usada, el que reglamenta definitivamente esta actividad del comercio de ropa usada. Pero de ahí en adelante no existen políticas públicas alternativas para el sector de la ropa usada, por lo que se mantendrá en la misma situación a los diferentes actores del sector de la confección de prendas de vestir.

La aprobación reciente de la Ley de Aduanas el 28 de julio de 1999 y su relación con el comercio de la ropa usada, es una verdadera incógnita, puesto que hasta el presente la sociedad boliviana no conoce un empresariado nacional intrépido y dinámico capaz de reacondicionar el escenario nacional de modo tal que haga posible un desarrollo próspero de sus propias actividades. En todo caso, se espera que la disminución de la competencia interna de los productos importados (por el aumento de sus precios) y la menor oferta de dichos productos en el mercado interno, pese al mayor desempleo esperado, sean condiciones que faciliten un respiro a la alicaída industria nacional. Sin embargo es necesario hacer notar que los mismos empresarios locales emplean productos importados y que no han mostrado hasta el presente un gran despliegue de inventiva y sagacidad empresarial, para aprovechar las oportunidades que brinda el país o el “mercado ampliado de la globalización”.14 15

Para delinear una política industrial a nivel de país, en especial para la industria textil y de la confección, los agentes encargados deben tomar en cuenta que el crecimiento y desarrollo de este sector en la actualidad, pasa por que el Estado genere espacios importantes para el desenvolvimiento de sus actividades económicas.

En esta dirección, la política industrial representa una serie de acciones de Estado con la finalidad de promover la competitividad industrial de un país, que generalmente se traduce

en medidas que vayan a facilitar los tramos precompetitivos del proceso de producción y circulación de los bienes y servicios.

IV. CONCLUSIONES

Desde la implantación de la Nueva Política Económica en Bolivia, mediante el D.S. 21060 de agosto de 1987, la industria manufacturera textil y de confecciones debió encarar una serie de medidas para asumir su reestructuración con el propósito de buscar mayores y mejores índices de eficiencia y productividad que le signifiquen hacer frente a la competencia interna e internacional.

Una de las consecuencias de la apertura externa en la economía nacional, fue sin lugar a dudas, la importación indiscriminada de confecciones extranjeras, siendo una de ellas la internación de ropa usada, que se constituyó en una fuerte competencia a la industria de la confección nacional.

Es importante subrayar que la industria nacional de confecciones, se sustenta principalmente en el mercado interno. Pese a la propuesta de la actual política económica que incide en apropiar la producción hacia la exportación, no se produjo este cambio.

En el período 1990-1998, se observa una recuperación en el valor de las exportaciones de las confecciones, de 4 millones de Sus. en 1990 creció a 22 millones en 1998, pero en la conformación misma, ésta, no contempla grandes cambios.

Con respecto a las fonnas de organización productiva en la industria de las confecciones, los establecimientos se agrupan en cuatro estratos: en microempresa, pequeña, mediana y gran empresa, configurando un espacio completamente desigual y diverso. Las micro, pequeñas y medianas empresas conforman la mayor parte de las organizaciones

empresariales del sector con un 99.7% del total (2.905 de 2.913). Además representan la mayor cantidad de la ocupación de la fuerza de trabajo con el 91% del total (5.850 de 6.421), en contraposición a las empresas grandes que sólo emplean al 9%.

Esta situación, lleva a la conclusión de que en Bolivia la estructura de la industria de la confección es muy reducida y poco diversificada. Esto permite tener una apreciación de la realidad en la que se desenvuelve la industria manufacturera de la confección, con resultados poco ventajosos frente a las exigencias de la apertura económica, en el transcurso de los últimos 15 años.

Por otra parte, la ejecución del programa de ajuste estructural ha tenido un costo social extremadamente alto para los sectores de bajos ingresos. La libre contratación de personal, junto a la política de despidos masivos, ha provocado un incremento sin precedentes en las tasas de desempleo, haciendo que el mercado de trabajo se vuelva más crítico con un masivo desempleo en varios sectores productivos y con la disminución del salario real.

En este contexto de desempleo masivo y de bajos salarios, el comercio de ropa usada se constituyó en una válvula de escape frente a la presión de la desocupación, la disminución del ingreso real, la obsolescencia tecnológica y la falta de conpetitividad de la industria textil y de confecciones, asi como la carencia de políticas que favorezcan a este sector y el incremento de las importaciones entre otras.

Todo este conjunto de factores, favoreció el desarrollo de la actividad del comercio de ropa usada, generando nuevos empleos e ingresos, y, la posibilidad de una opción de consumo de prendas de vestir, más baratas y de mejor calidad para diferentes estratos de la población urbana y rural, en especial aquellas con menores ingresos por efecto del desempleo y las bajas remuneraciones

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