Paso 5 Reflexión sobre el análisis
7. Analisis Critico del Discurso: Resultados 1 El problema: actividad y reflexividad.
7.4 Posibles formas de superar los obstáculos.
En este apartado se plantean alternativas de intervención y participación, que permiten contrarrestar los resultados de las prácticas sociales y discursivas, que obstaculizan los procesos de transformación social. Para el ACD, las prácticas sociales y su transformación implican un proceso dialéctico en el que los distintos elementos de la dinámica social están en tensión y se determinan mutuamente. Así, tratándose de las políticas públicas, se requiere que los distintos
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niveles, ámbitos de intervención, actores, momentos históricos, prácticas y discursos, puedan ser objeto de revisión crítica y de intervención, que conduzcan a una transformación real con
criterios emancipatorios.
Para el caso de los discursos de política pública sobre conflicto y ciudadanía y su incidencia en la práctica social, la presente investigación plantea líneas de acción y alternativas de intervención, teniendo en cuenta el marco teórico que la orienta, el marco metodológico del ACD, el problema identificado en la práctica social colombiana como transfondo del universo discursivo sobre conflicto y ciudadanía, y los ámbitos éticos, políticos y pedagógicos en los que inciden los discursos, particularmente la escuela.
Frente a unos discursos que hacen énfasis en elementos instrumentales y procedimentales, se plantea desde el presente estudio una alternativa centrada en el conflicto asumido como un elemento esencial a la condición social del ser humano, potenciador de las relaciones humanas y del cambio social, que no representa un mal en sí mismo, que exige procesos de mediación para equilibrar los distintos intereses y posiciones de poder. Esta perspectiva que se fundamenta en Arendt (1999) y Zuleta (2005) se integra a una concepción de la ciudadanía que resalta la diferencia, la diversidad, los procesos interculturales, el compromiso social y comunitario en la transformación de la relidad social y la garantía de los derechos fundamentales.
La anterior alternativa hace contraste con el discurso hegemónico de las políticas públicas nacionales frente al conflicto y la ciudadanía que se enfocan en elementos procedimentales y de formación estandarizada y homogeneizante para los ciudadanos. En el país ha habido intentos para desarrollar políticas en este sentido. Asi se puede destacar la propuesta de la ciudad de Bogotá en su Plan Sectorial de Educación 2012-2016, particularmente en su Lineamiento Pedagógico: Educación para la Ciudadanía y la Convivencia, en el que se propone para la
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educación el objetivo de contribuir a la formación de ciudadanos que dispongan de capacidades para incidir en la construcción de la ciudadanía, de manera diferente al discurso hegemónico del Ministerio de Educación Nacional de Colombia sobre competencias ciudadanas. En esta
propuesta, el ciudadano tiene un papel activo en la sociedad y es capaz de participar en las transformaciones sociales e incidir en el destino colectivo. En este mismo sentido, en el
documento del Plan Sectorial de Educación de la ciudad de Bogotá 2012-2016, la Secretaría de Educación Distrital (2012) concreta lo siguiente:
El Proyecto de educación para la ciudadanía y la convivencia constituye un esfuerzo de transversalización y articulación institucional orientada a lograr este objetivo de equiparar la importancia de la formación en aprendizajes ciudadanos a la formación académica. En este sentido, se reconoce la ciudadanía como algo dinámico y contextualizado social, espacial y cronológicamente y entiende que el ciudadano se define por su papel activo en la sociedad, por su capacidad de participar de sus transformaciones y de incidir en el destino colectivo. Ciudadanía en relación con el Estado y los derechos que este debe garantizar, pero también una ciudadanía en relación con los otros, con los que convivimos diariamente y con los que establecemos pautas de convivencia, actuamos colectivamente, transformamos y definimos nuestra realidad. Ambos ámbitos de la ciudadanía, con el
Estado y con los “otros”, son políticos, en tanto su evolución se determina por las relaciones de poder entre sus miembros. La ciudadanía es comprendida como algo complejo y sistémico, que se ejerce y construye dinámicamente en al menos tres dimensiones interrelacionadas; la dimensión individual – el ser físico, intelectual, espiritual -, la dimensión societal o comunitaria - con los “otros” que interactuamos
cotidianamente; la familia, el aula, la escuela, los compañeros del barrio o la vereda - y la dimensión sistémica - los procesos, estructuras y sistemas más o menos tangibles en los que se enmarca nuestra cotidianidad: el Estado, el ambiente, los sistemas económicos y culturales (p.58).
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El termino formación enfatiza la necesidad de abordar en la escuela, tanto los aprendizajes académicos como los aprendizajes ciudadanos. El ciudadano debe estar en capacidad de
participar en las transformaciones individuales y sociales y de incidir en el destino individual y colectivo reconociéndose parte del sistema político, social, cultural y económico. Esta
perspectiva coincide con la propuesta de Cortina (1997) sobre la construcción de una ciudadanía con distintos atributos, entre los cuales se pueden mencionar: la ciudadanía política, social, legal, económica, civil, intercultural y cosmopolita.
En el Lineamiento Pedagógico: Educación para la ciudadanía y la Convivencia, antes mencionado, se opta por el enfoque de las capacidades humanas. La ciudadanía construida desde esta visión no coincide con la fundamentada en la teoría de las competencias, pues en aquella se apuesta por un ciudadano crítico, diverso, capaz, heterogéneo, que reconoce a los otros
ciudadanos y se compromete con la transformación social. En este sentido, la Secretaría de Educación Distrital (2012) propone:
La propuesta de la Secretaría de Educación Distrital define la ciudadanía a partir de los denominados enfoques alternativos,[…] el ciudadano o la ciudadana se definen por su papel activo en la sociedad, por su capacidad de participar de sus transformaciones y de incidir en el destino colectivo. Ésta es entonces, una ciudadanía en relación con el Estado y los derechos que debe garantizar, pero también una ciudadanía que transciende al Estado, que es asociada con el sentido amplio de la sociedad política; donde las comunidades humanas están unidas mediante valores e ideales que les conceden un carácter intrínsecamente político (p.12).
En este documento de la ciudad de Bogotá, se da un cambio en la concepción de
ciudadanía con relación al discurso predominante en el país en la última década, centrado en las competencias. Aquí se pasa a a pensar una ciudadanía activa y crítica y se habla no de
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competencias, sino de capacidades desde la propuesta de Nussbaum (2010) sobre las capacidades humanas, cuyos planteamientos son la base del referente conceptual del documento. Se enmarca así dentro de la teoría del desarrollo humano de esta autora. Es una concepción que da muchas posibilidades a la institución escolar, puesto que se centra en la formación humana, más allá de las competencias. En esta, la ciudadanía adquiere un papel activo y se pone en una relación de simetría con el Estado para conseguir los propósitos comunes. Es una visión más coherente con la Constitución de 1991. Se recoge un amplio concepto de ciudadanía que incluye tradiciones ideológicas como el liberalismo, el republicanismo y el comunitarismo. Es la tendencia de autores como Cortina (1997).
Con relación al conflicto, el mismo documento sobre Lineamiento Pedagógico de la Secretaría de Educación Distrital (2012), se plantea la necesidad de desarrollar en la escuela una serie de habilidades que permiten otear una perspectiva diferente frente a éste, más constructiva y coherente con el tipo de ciudadano que se busca:
Habilidades: conocimiento personal, aceptación de sí mismo y de sí misma de las otras personas, relaciones interpersonales asertivas, escucha, expresión y manejo de emociones y sentimientos, aprender a amar la vida y a cuidar de ella, empatía, comunicación efectiva, toma de decisiones, pensamiento crítico, comunicación de ideas, manejo de conflictos, pensamiento creativo, habilidad para preguntarse, habilidad para profundizar la
información, habilidad para reflexionar sobre su contexto (p.62).
En el enunciado, es importante destacar que el manejo del conflicto es una habilidad que está incluida en la malla curricular, al lado de otras como el pensamiento crítico, el amor y el cuidado de la vida, la asertividad, el manejo de emociones, entre otras. Es uno de los abordajes de tipo pedagógico que incluye más elementos positivos, entre ellos el manejo del conflicto, no su erradicación.
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Por otra parte, debido a la preponderancia de los aspectos procedimentales, instrumentales y jurídicos para el abordaje del conflicto y la ciudadanía en la mayor parte de los documentos de política del nivel nacional y territorial, es necesario implementar en los distintos órdenes,
modelos de gestión en los que primen los aspectos pedagógicos sobre los administrativos. Esto incluye estrategias de divulgación, comunicación y apropiación de las políticas, que coadyuven en los procesos de crítica y construcción de las mismas en los niveles nacional, territorial, local e institucional. Es la forma como se hace coherente la propuesta de construcción de un ciudadano activo y crítico, que asume el conflicto de manera constructiva, con los procesos pedagógicos que se requieren y las actitudes éticas y políticas que los acompañan.
Así mismo, las apuestas teóricas como horizontes que orientan la práctica exigen
coherencia con las formas de realización cotidianas, de manera especial en la institución escolar. De ahí que otra línea de acción en la búsqueda de alternativas consiste en proponer cambios en el lenguaje y en los procedimientos. Por ejemplo, del lenguaje técnico instrumental centrado en los protocolos y el cumplimiento de normas, pasar a un lenguaje más abierto, humano,
argumentativo, propositivo y crítico. De procesos estandarizados para tomar decisiones, pasar a procesos de construcción democráticos, deliberativos y consensuados. De manuales de
convivencia centrados en lo normativo y punitivo, a acuerdos comprometidos para mejorar el ejercicio de la vida social dentro y fuera de la institución. Y de una gestión directiva burocrática y centralizada, a procesos amplios de participación y construcción de la institución escolar que promuevan las capacidades de cada uno y el potencial de todos en función de la transformación social y no de los intereses de unos pocos. La escuela así construida es la alternativa a las formas de dominación que han sido responsables de la violencia, la injusticia, la inequidad y la falta de reconocimiento de la diversidad que es Colombia.
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Con relación a la manera como se originan las políticas públicas y la construcción de sus discursos, es importante mencionar que, en coherencia con una ciudadanía activa, los procesos de participación democrática, deliberación y decisión concertada deben partir de la base de la
sociedad para que los distintos intereses, necesidades, preocupaciones y expectativas de las distintas comunidades en su contexto, se vean reflejadas en los enunciados de política y así haya una mayor posibilidad en la implementación de los mismos. Esto contribuiría enormemente en la superación de los problemas que han estado presentes en el contexto histórico del país y haría que los discursos y sus procesos de producción no sean un obstáculo para dicha superación. En este sentido, se requiere creer por parte del Estado en sus ciudadanos, su posibilidad de compromiso y su capacidad para decidir y dirigir su propio destino.