EL DESAFÍO DE LA LIBERACIÓN EN LA TEOLOGÍA
1. EL ESTADO ACTUAL DE LA CUESTIÓN: UN DEBATE NECESARIO Y APLAZADO
1.2. Una postura antes de Aparecida, velada por los cordiales consensos
El 27 de octubre de 2006, es decir, pocos días antes de que se cumpliera el plazo para hacer llegar las reflexiones sobre el Documento de Participación, se había hecho pública una de esas formas de fe que estaba fuera del aula donde acontecía la Conferencia de Aparecida. Era la voz de Jon Sobrino, reconocida figura de la TL, quien vía Internet confesaba acaloradamente sus desacuerdos con el enfoque de ese Documento verdaderamente
106 Relata el autor cómo la metodología adoptada en Aparecida, a diferencia de Santo Domingo donde se siguió la metodología sinodal de conferencia y discusión, fue de trabajo en grupos pero sin tener un
documento central de base, con el consiguiente efecto de que “…en el paso de la segunda a la tercera
redacción del Documento, la Asamblea perdió el control del texto. En efecto, se transfirió a la Comisión de Redacción aquello que era función de las Comisiones Temáticas: la integración o rechazo de enmiendas al
texto”. Esto no sería considerado un simple error formal de procedimiento sino una estrategia de
neutralización a los posibles debates, así como un mecanismo de selección de los contenidos de los textos. Y
agregaμ “Ya en la primera semana de trabajo se explicitaron tensiones de diversa índoleμ entre laicos de los
movimientos y laicos de las pastorales y las CEBs; entre religiosos y miembros de las nuevas comunidades de vida; entre antifeministas y defensores de una Iglesia ministerial, que incluya a las mujeres; entre guardianes de la vida en el ámbito más restringido (vida intrauterina y eutanasia) y defensores de la vida en sentido amplio, desde el nacimiento a la muerte, incluida la pobreza; entre agentes de una acción evangelizadora limitada al ámbito espiritual y religioso y los que incluyen hasta la ecología y la cuestión de la Amazonia; entre obispos de los movimientos y obispos sensibles a una Iglesia autóctona; entre obispos eurocentristas y obispos defensores de la tradición latinoamericana y caribeña; entre los que parten de principios generales y
los que parten de la realidad…”. Brighenti, “Crónica del desarrollo de la V Conferencia”, 28-29. 107 Ibid., 29.
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“decepcionante”.108 Se trataba de un escrito epistolar que de manera metafórica estaba
dirigido a su amigo Ignacio Ellacuría, una de las víctimas de la masacre a la comunidad jesuita de El Salvador, ocurrida el 16 de noviembre de 1989.
Sobrino comenzaba afirmando que “…lo que es claro es que hay que “revertir la
historia”… Ciertamente hay que revertir la historia del continente, y también, en buena
medida, la historia de la Iglesia”. Y para ello proponía un punto de referenciaμ “…Medellín [donde] estuvo el dedo de Dios”, pues “en Medellín se decidió no ya ir a los gentiles, sino ir a los pobres, acompañarlos y aprender de ellos”, de modo que “la Iglesia de Medellín se responsabilizó de y cargó con la historia”. Y hay que revertir la historia porque después de esa Asamblea, a su juicio, comenzó “una campaña de ataques” dentro y fuera de la Iglesia que llevó a la ambigüedad del Documento Preparatorio de Puebla en donde finalmente no se “llegó a romper con Medellín, pero el deterioro eclesial se hizo notar, y en Santo Domingo fue inocultable, como ahora se reconoce sin tapujos”. Por eso insistía con ímpetu
el teólogo de la liberaciónμ “Si dilapidamos la honradez y el gozo que se originó con
Medellín, la marcha atrás es inevitable, y cada día que pasa acumulamos retraso”. Para Sobrino, entre otros asuntos, estaba en juego la supervivencia de una tradición eclesial que marcó un derrotero en el subcontinenteμ “Pareciera, pues, que hemos perdido el rumbo. Y no echamos mano de nuestra tradición para retomarlo: dom Helder Cámara, don Leonidas Proaño, don Sergio Méndez Arceo, símbolos de una Iglesia comparable a la de Las Casas y Valdivieso”.
Evocando al asesinado obispo de San Salvador, Monseñor Oscar Arnulfo Romero109, y al teólogo de la liberación, jesuita y mártir, Ignacio Ellacuría, el padre Sobrino exhortaba al
108 Sobrino, “Aparecidaμ a la espera de una asamblea y un documento “con espíritu”. Carta a Ignacio
Ellacuría”.
109 En una sentida remembranza, escribió hace varios años el conocido escritor uruguayo, Eduardo Galeano, a
propósito de Monseñor Romeroμ “Hasta hace un par de años, solo se entendía con Dios. Ahora habla con
todos y por todos. Cada hijo del pueblo atormentado por los poderosos es el Hijo de Dios crucificado; y en el pueblo Dios resucita después de cada crimen que los poderosos cometen. Monseñor Romero, Arzobispo de El Salvador, abremundo, rompemundo, nada tiene que ver ahora con aquel titubeante pastor de almas que los poderosos aplaudían. Ahora el pueblo interrumpe con ovaciones sus homilías que acusan al terrorismo de
Estado. […] Ayer, domingo, el arzobispo exhortó a los policías y a los soldados a desobedecer la orden de
matar a sus hermanos campesinos. En nombre de Cristo, Romero dijo al pueblo salvadoreño: Levántate y anda. […] Hoy, lunes, el asesino llega a la iglesia escoltado por dos patrullas policiales. Entra y espera,
92 conjunto de la Iglesia convocada a la Conferencia de Aparecida para que atendiera las propuestas de base y sobre todo asumiera otro espíritu: el de libertad y no el de miedo a perder sus privilegios; el de examen de conciencia y de reconocimiento con humildad de sus alianzas con los ricos; el de audacia y no de pusilanimidad para pronunciar una palabra frente a las ideologías opresoras; el de agradecimiento frente al aporte propio y universal de las iglesias locales de los pobres del tercer mundo; el de mystagogia antes que de mero adoctrinamiento; y el propio del papel inspirador de los pobres dentro de la Iglesia universal. Pero enseguida sentenciaba sin ambages y dejaba en evidencia una contradicción insoslayableμ “Ya sé que, ante estas cosas, el Vaticano impone paciencia, prudencia, silencio”.
Inconformidades y protestas como ésta de Sobrino, fueron las que, según lo relata Brighenti, quedaron en silencio, por fuera de las discusiones de la V Conferencia del episcopado latinoamericano. Los consensos cordiales y políticos producen el efecto de encubrirlas y distraer su importancia. El estilo pausado de los consensos tiende a diluir el tono dramático con el que Sobrino quería poner el dedo en la llaga, acerca de la pérdida de una tradición teológica y eclesial profética con la que se universalizó para toda la Iglesia Católica la opción por los pobres, y en ese sentido marcó un hito en la historia tanto eclesial como de toda América Latina y el Caribe. Para Sobrino la situación era resultado de una cierta actitud conformista de la Iglesia particular con respecto al Vaticano que “impone paciencia, prudencia, silencio”. Esta interpretación de Jon Sobrino es la que queremos profundizar y someter a examen, precisando primero los contenidos de las discrepancias teológicas del presente en torno a la TL, y luego, a la luz de una vuelta al pasado, recabar esas controversias ad intra de la Iglesia Católica.
escondido detrás de una columna. Romero está celebrando misa. Cuando abre los brazos y ofrece el pan y el vino, cuerpo y sangre del pueblo, el asesino aprieta el gatillo”. Galeano, “La ofrenda”.
Y denuncia recientemente el teólogo español, Juan José Tamayoμ “Romero fue asesinado el 24 de marzo de
1980 mientras celebraba la eucaristía en un hospital para enfermos de cáncer por un comando de extrema derecha del ejército de El Salvador a las órdenes del Mayor Roberto D’ Aubuisson, fundador del partido
Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), según lo confirmó la Comisión de la Verdad creada por la Naciones Unidas para investigar los crímenes producidos durante la guerra civil de 1980 a 1992.[…] 30 años
después, su personalidad ha crecido en relevancia ético-política y se ha agigantado hasta convertirse en una de las figuras de referencia del cristianismo liberador en América Latina y de la Iglesia universal, así como en modelo de fidelidad a la propia conciencia y al pueblo sufriente. […] Tamayo “San Romero de América”.
93 1.3. La presencia vaticana en los albores de la Conferencia de Aparecida
Tan solo un mes después de publicada la carta de Jon Sobrino a su inmolado amigo Ignacio Ellacuría, fue firmada en Roma –el 26 de noviembre de 2006– una Notificación por parte del Cardenal William Levada y del Arzobispo Ángelo Amato, Prefecto y Secretario, respectivamente, de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) sobre dos obras del P. Jon Sobrino S.J.110 Esta Notificación –que no condena ni sanción–, publicada el 14 de marzo de 2007, llevó a preguntarse o a sospechar a algunos teólogos si se trataba de una notificación implícita a la Conferencia de Aparecida, que estaba por celebrarse, con el fin de evitar que allí se hiciera presente la perspectiva de la TL.111 De tal manera, es preciso retomar los planteamientos de la CDF a fin de hacer explícitos asuntos que fueron eludidos en Aparecida para dar vía libre a los cordiales consensos.
Los puntos centrales de controversia que se plantean en la Notificación son:
En sentido general, se afirma que “la Congregación para la Doctrina de la Fe se ve en la obligación de indicar que las mencionadas obras del P. Sobrino presentan, en algunos
110Congregación para la doctrina de la fe. “Notificación sobre las obras del padre Jon Sobrino S.J.” Jesucristo
liberador. Lectura histórico-teológica de Jesús de Nazaret (Madrid, 1991) y La fe en Jesucristo. Ensayo desde las víctimas (San Salvador, 1999)”, disponible en
http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20061126_nota- sobrino_sp.html . (Consulta: 28 de abril de 2009).
111 Cfr. Moreno, “¿Notificación a Aparecida?”, se interroga así: “Entonces, la notificación a Jon Sobrino ¿sería más bien, o también, una notificación a Aparecida? Es decir, ¿querría ser un aviso claro y contundente
de que no se aceptará en Aparecida ninguna eventual “desviación” hacia la llamada teología de la liberación?
¿Que, por lo tanto, Aparecida (sus obispos, sus teólogos, sus redactores), se dé desde ya por notificada?” También Comblin, “Reflexiones sobre la notificación enviada a Sobrino”, enμ Vigil, Bajar de la cruz a los pobres. Cristología de la liberación. Sus preguntas sonμ “¿Por qué esa notificación se hace pública pocas semanas antes de la Conferencia de Aparecida? Esto puede ser pura coincidencia, pero no deja de levantar una duda. ¿Habría alguna intención no expresada en la publicación de ese documento exactamente ahora, y exactamente sobre las obras de un autor que tiene una notoriedad indiscutible en América latina? No tenemos pruebas de la presencia de segundas intenciones, pero no es extraño que para muchos latinoamericanos aparezca la duda. Los miembros de la Congregación no son personas distraídas que no se dieron cuenta de la
fecha”, p. 61. Así mismo Parra, Alberto. “El método hermenéutico bajo sospecha –la notificación a Jon Sobrino–“, en ibíd., interpreta queμ “El prejuicio (siempre posible en la hermenéutica) deja espacio para
conectar la notificación a Jon Sobrino con la notificación a la misma teología latinoamericana y con una cierta pre-notificación a la V Conferencia del Episcopado de América Latina y del Caribe. En una y en otra, ¿no es
94 puntos, notables discrepancias con la fe de la Iglesia”. A esta conclusión llega después de un proceso iniciado en octubre de 2001 cuando encontró “imprecisiones y errores”, pasando por 2004 cuando identificó “un elenco de proposiciones erróneas o peligrosas en los libros citados”. Y, aunque entraba a reconocer “que, en algunas ocasiones, las proposiciones erróneas se sitúan en contextos en los que se encuentran otras expresiones que parecen contradecirlas”, alertaba sobre “el deber de llamar la atención acerca de ciertas
proposiciones que no están en conformidad con la doctrina de la Iglesia” y que se resumen
asíμ “1) los presupuestos metodológicos enunciados por el autor, en los que funda su
reflexión teológica, 2) la divinidad de Jesucristo, 3) la encarnación del Hijo de Dios, 4) la relación entre Jesucristo y el Reino de Dios, 5) la autoconciencia de Jesucristo y 6) el valor salvífico de su muerte”. Estos llamados de atención, a nuestro modo de ver, son los que permiten precisar aspectos teológicos que aún requieren ser dirimidos entre la CDF y la corriente de la TL.
Debemos comenzar diciendo que en la Notificación es notoria la referencia constante a la cual se recurre para soportar sus tesis en torno a los núcleos teológicos que cuestiona: se trata de la Iglesia misma.
En efecto, inicia su argumentación estableciendo diferenciasμ “El lugar eclesial de la cristología no puede ser la “Iglesia de los pobres” sino la fe apostólica transmitida por la
Iglesia a todas las generaciones”. Y la distinción se marca señalando la concepción acerca
del carácter de la Iglesia desde la cual se quiere hablarμ “No tiene en cuenta [el P. Sobrino] el hecho de que el sujeto transtemporal de la fe es la Iglesia creyente y que los pronunciamientos de los primeros concilios han sido aceptados y vividos por toda la comunidad eclesial”. Así se sugiere que estamos ante dos Iglesiasμ la “de los pobres” y la
“transtemporal”. El sentido de esta última la basa en cierta concepción de inculturación del
cristianismo a comienzos de su historiaμ “los concilios no significaron una helenización del
Cristianismo, sino más bien lo contrario. Con la inculturación del mensaje cristiano la misma cultura griega sufrió una transformación desde dentro y pudo convertirse en instrumento para la expresión y la defensa de la verdad bíblica”.
95 Luego, respecto a la cuestión de la divinidad de Jesucristo, refrenda su postura aduciendo que ésta “es un punto absolutamente esencial de la fe de la Iglesia desde sus orígenes y se
halla atestiguada desde el Nuevo Testamento”. En otros términos: interpretar hoy la
doctrina ya definida atentaría contra la esencia misma de esta Iglesia.
Para el tercer aspecto, el de la encarnación del Hijo de Dios, recurre a un argumento de autoridad con el cual persigue revalidar lo dicho en los primeros Concilios: De igual modo se expresó el Papa Pío XII en la encíclica Sempiternus Rexμ “…el Concilio de Calcedonia, en perfecto acuerdo con el de Éfeso, afirma claramente que una y otra naturaleza de nuestro
Redentor concurren ‘en una sola persona y subsistencia’, y prohíbe poner en Cristo dos
individuos, de modo que se pusiera junto al Verbo un cierto ‘hombre asumido’, dueño de su total autonomía”. Es decir, se actualiza la verdad de fe por la vía del magisterio papal y para ello se cita una prohibición expresa. Pareciera un rasgo distintivo del modo de ser de esta “Iglesia transtemporal” que le permite sentenciar que “esta cristología [la del padre Sobrino] no es en absoluto compatible con la enseñanza de los Concilios de Éfeso y Calcedonia sobre la unidad de la persona en dos naturalezas”. En la misma línea se arguye en el quinto punto –la autoconciencia de Jesús– indicando que “la conciencia filial y mesiánica de Jesús… consecuencia directa de su ontología de Hijo de Dios hecho
hombre…” es la doctrina “expresada en diversos textos magisteriales de los últimos
tiempos”, desde el Papa Pío XII, pasando por el Papa Juan Pablo II hasta llegar al
Catecismo de la Iglesia Católica. Así, el magisterio pontificio se constituye en la línea argumental más importante, por encima del análisis que merezcan las interpretaciones teológicas.
Sobre la relación entre Jesucristo y el Reino de Dios en la que, a juicio de la CDF, Sobrino relativiza el carácter absoluto de la mediación de Jesús porque la afirma a partir del ejercicio de lo humano y no de su condición de Hijo de Dios, considera que se trata de una interpretación diferente a lo que siempre ha afirmado la Iglesiaμ “Por otra parte la singularidad y unicidad de la mediación de Cristo ha sido siempre afirmada en la Iglesia. Gracias a su condición de “Hijo unigénito de Dios”, es la “autorrevelación definitiva de Dios”. Por ello su mediación es única, singular, universal e insuperable”. De donde se
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infiere la idea del papel inequívoco de la Iglesia “transtemporal” en la preservación de
dicha verdad de fe. No reafirmar tal verdad, amenaza la esencia misma de la fe de la Iglesia.
Finalmente, el valor salvífico de la muerte de Jesús es sustentado en el sentido de que “el misterio de la encarnación, muerte y resurrección de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es la fuente única e inagotable de la redención de la humanidad, que se hace eficaz en la Iglesia mediante los sacramentos”. Una vez más, la Iglesia es la referencia primordial de las verdades de fe, destacando en este caso su eficacia por medio de los sacramentos. Con todo ello se arriba a la conclusión general donde la postura no admite dudas:
Por eso, la reflexión teológica no puede tener otra matriz que la fe de la Iglesia. Solamente a partir de la fe eclesial, el teólogo puede adquirir, en comunión con el Magisterio, una inteligencia más profunda de la palabra de Dios contenida en la Escritura y transmitida por la Tradición viva de la Iglesia.
La verdad revelada por Dios mismo en Jesucristo, y transmitida por la Iglesia, constituye, pues, el principio normativo último de la teología, y ninguna otra instancia puede superarla.112
De toda esta exposición queremos entresacar y evidenciar aspectos centrales para la reflexión teológica de hoy, teniendo en cuenta algunos de los fundamentos que presentamos en el primer capítulo de este trabajo. Se trata de esclarecer la opción teológica en la que se inscribe esta Notificación de la CDF, que controvierte de manera abierta la del teólogo de la liberación y la cual, según el parecer del Vaticano, goza de “amplia divulgación… y… uso… en Seminarios y otros centros de estudio, sobre todo en América Latina”. En este sentido, la CDF quiere hacer consciente que la visión de fe que discute, presenta “notables discrepancias con la fe de la Iglesia”, suponiendo, así, que ésta es portadora de una sola fe - la apostólica- y en consecuencia no podría ser objeto sino de una interpretación.
112 Congregación para la doctrina de la fe.
97 Es necesario indicar que, al insistir en el carácter transtemporal de la Iglesia que preserva esa fe, la CDF se coloca explícitamente en la orilla del conocimiento (revelado) que se encarga de afirmar el mundo trascendental, divino y metafísico. Por tanto, su argumentación se construye sobre el dualismo entre lo humano y lo divino, entre lo profano y lo sagrado, entre lo temporal y lo eterno. Teológicamente sostiene siempre el segundo de los polos que se oponen. Dualismo que, además, tampoco tiene la preocupación de validar sus afirmaciones ante el pensar moderno, pues busca deslindarse de cualquier forma de racionalidad ya que habla de una fe cuyos contenidos considera imperecederos a través del tiempo, salvaguardados por la Iglesia transtemporal. La fe, así, la concibe como un conocimiento fijo que permanece por encima de las expresiones mundanas e históricas del saber humano; de forma distinta, da la impresión de que se afirma por sí misma y no requiere racionalidad para comunicarse.
Por lo anterior, la CDF entiende que la extensión del cristianismo supuso la penetración, por parte de esta fe, de la cultura griega, hasta el punto de transformarla. De ello se derivaría la idea de la cristianización de facto de todo occidente. Y todo lo anterior fue posible, precisamente, por el carácter trascendental y superior de la fe. Sin embargo, esta