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Capítulo 3. Usos del recurso rayas de agua dulce en la zona de estudio

3.4 Resultados

3.4.1 Potamotrygonidos como recurso ornamental

En términos generales, los cinco acopiadores entrevistados afirmaron comercializar rayas como parte de los recursos ornamentales extraídos en la zona de estudio, aportando alrededor del 2% o menos, de las unidades movilizadas anualmente. Las capturas ocurren por encargo, pero si algún pescador lleva un ejemplar en buen estado, lo compran para ofrecerlo entre sus clientes en Bogotá, que es el principal destino para estos especímenes.

En cuanto a generalidades de la pesquería, cuatro de ellos afirmaron que no existen pescadores ornamentales que se dediquen exclusivamente a la extracción de rayas, ni siquiera durante el período de oferta ecosistémica. Uno de ellos mencionó que en el municipio de Puerto Nariño hay un pescador que sabe colectar rayas sin que sufran daños, los demás prefieren trabajar con pescadores de origen brasilero, porque ellos saben cómo colectarlas y manipularlas, incluso los peruanos, aunque ellos cubren las espinas con icopor para evitar lesiones durante el transporte, método que con el transcurrir del tiempo levanta la espina hasta arrancarla y cuando los ejemplares llegan a Bogotá, están incompletos y no cumplen con las exigencias de los compradores.

Las formas de extracción referidas por los entrevistados fueron tres i. Uso de anzuelos colocados a media agua y sobre la línea principal, a pocos centímetros del gancho se coloca un pedazo de madera para evitar que los ejemplares se lo traguen y sufran lesiones, ii. Nasas cuadradas, manuales, que se emplean generalmente en las noches y requiere de una linterna de cabeza para alumbrar las zonas someras de las playas, una vez se localiza una raya se coloca la nasa frente a esta y con ayuda del remo se empuja desde atrás para que entre en la nasa y iii. Con mallas estacionarias de monofilamento, en las cuales se enganchan las espinas, técnica que requiere experticia por parte del pescador quien debe sacarlas rápidamente de la red para evitar que sufran daños con el nylon o que sean mordidos por otros animales, siendo el método empleado con menor frecuencia.

La especie que tiene mayor demanda es la raya motora (Potamotrygon motoro), cuatro de ellos señalan que anualmente pueden movilizar un máximo de 200 ejemplares. Indican que esta es la más abundante en los ecosistemas y también la más resistente durante las movilizaciones. Ocasionalmente capturan la raya antena (Plesiotrygon iwamae) y la cejuda (Paratrygon aiereba) siendo esta última la especie más delicada en cuanto a la calidad del agua, especialmente por el requerimiento de oxígeno.

Entre los entrevistados se evidencia claridad en el reconocimiento de las especies cejuda (Paratrygon aiereba), antena o látigo (Plesiotrygon iwamae) y motora (Potamotrygon motoro) y la raya común (P. orbignyi), aunque todavía se comenten errores a la hora de identificar algunas especies, especialmente del género

Potamotrygon. Un entrevistado señaló que hace aproximadamente 10 años todas

las especies movilizadas se reportaban como motora, hasta que pescadores peruanos que se dedicaban al arawaneo (colecta de Arawana Osteoglossum

bicirrhosum) les explicaron la diferencia entre algunas especies.

La mayoría de las capturas se hacen en los sistemas lagunares de Yahuarcaca y Tarapoto, en las bocanas de lagos y en las playas que se forman en las islas. Sin embargo, se envían ejemplares provenientes de un lago del río Javarí en Brasil, localizado antes de la localidad de Sacambú, así como de Atacuari y Caballococha en Perú (Figura 3.4).

Figura 3.4: Localización de los sectores de extracción de rayas, identificados por los acopiadores de ornamentales en el área de estudio.

Tres de los acopiadores afirman que las rayas extraídas desde Leticia no presentan coloraciones muy llamativas, comparadas con las que se comercializan desde la Orinoquia particularmente del Arauca, mientras que un cuarto acopiador menciona que las P. motoro colectadas los lagos de Yahuarcaca tienen visos rojizos que las hacen atractivas. Las tallas de captura oscilan entre 18 a 25 cm de ancho de disco, aunque reportan un máximo de 40 cm.

El 80% de los acopiadores entrevistados actúan como intermediarios entre los pescadores artesanales y los exportadores de Bogotá. El primer precio de compra de cada ejemplar de raya oscila entre $15.000 y $20.000 COP (entre 4 y 5,3 USD). Solo uno de ellos suele acompañar las faenas de pesca, asumiendo la mayoría de los gastos generados (combustible, alimentación), en esta situación el valor de cada ejemplar es de $5.000 ($1,3 USD). El precio que pagan los exportadores varía entre $ 20.000 y $40.000 ($5,3 - 10,6 USD), dependiendo de la talla y el estado en el que se reciben las rayas en los centros de acopio de la capital. Todos los acopiadores afirman desconocer el valor por la venta de cada ejemplar pagado por exportadores en Bogotá, así como el destino final de estos.

Los despachos se hacen vía aérea desde Leticia hasta Bogotá, usualmente se transporta un ejemplar por bolsa, aunque eso depende de la talla, especímenes con ancho de disco superiores a 15 cm se embalan solos, para evitar que se lastimen con las espinas y la cola no sufra daños y para conservar por más tiempo la calidad del agua (Figura 3.5). En cada caja se transportan pocas bolsas, es decir pocos individuos. Cada bolsa tiene al menos 2 kg de peso de agua, así que los gastos de envío son altos.

Figura 3.5: Proceso de embalaje de raya motora (Potamotrygon motoro) para ser despachadas desde Leticia hacia Bogotá.

Finalmente, un acopiador manifestó que no comercializa rayas procedentes de Leticia porque son muy comunes y el margen de ganancias es muy bajo, prefiere exportar especies más “exclusivas” que usualmente consigue en Brasil y que puede vender entre 1 y 2 millones de pesos ($266 y 532 USD), cada uno. Al momento de la toma de datos este fue el único acopiador que manifestó ofrecer los ejemplares a través de su propio portal web, aunque los envíos internacionales los realiza a través de un exportador en Bogotá.

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