ORGANISMOS OFICIALES DE DENUNCIA
5. Prácticas violentas en el proceso de embarazo, parto y puerperio
El proceso de medicalización que se describió en el capítulo 1, conlleva una serie de prácticas e intervenciones en el proceso de E-P-P que en su mayoría traen aparejadas connotaciones negativas para la mujer embarazada y el niño/ la niña por nacer, y las cuales
Página | 46 son desaconsejadas por organizaciones nacionales (Ministerio de Salud) e internacionales (OMS).
Magnone Alemán (2013) en relación a las intervenciones innecesarias plantea que Las intervenciones médicas en el parto actúan como rituales que hacen creer a las mujeres que sus cuerpos necesitan de la intervención y de la alta tecnología para parir. La mayoría acepta y naturaliza el alto nivel de intervencionismo en sus partos. Lo que en general se desconoce es que las intervenciones externas alteran el delicado equilibrio entre las distintas hormonas que actúan en el proceso. Desde el saber de la partería se define al parto como un “conjunto de hormonas en acción”, en donde cualquier intervención modifica este equilibrio y altera el resultado (Magnone Alemán, 2013: 85).
I. Despersonalización e Infantilización
Un hecho que esta tan naturalizado e invisivilizado en las prácticas de violencia obstétrica, y por lo cual es sumamente necesario nombrar y analizar es el ritual de la despersonalización a los que se someten las mujeres cuando comienzan con sus trabajos de parto, donde queda encasillada como una paciente más de la institución de salud donde vaya a parir. Montes Muñoz (2007) señala que
Después de emitido el diagnostico de ingreso, da comienzo la purificación. Sin bajar de la mesa de exploración se le realizará la limpieza y rasurado del periné y, tras esto, una vez levantada, se le indica que se despoje de todas sus ropas que sustituirá por una bata estándar del hospital. Se eliminarán también todos los adornos de su cuerpo (…) La mujer queda así despojada de aquello que construía su “yo” y coincidiendo con que “el personal maneja mejor al enfermo cuando mayor es el grado de despojo” (…) Antes de ser recluida en la cama, debe completar la purificación, bien a través de un enema o siendo animada a que espontáneamente utilice el wáter. La mujer así despersonificada y convertida en paciente, objeto sobre el que trabajar (Montes Muñoz; 2007: 231-232).
De esta manera, queda ejemplificado como se transforma a la mujer embarazada en una enferma a la que hay que cuidar y evitar toda posibilidad de complicación, sin tener en cuenta sus necesidades al momento de vivenciar el trabajo de parto, en su mayoría, conectada a sueros y fármacos sin ser informada de lo que está ingresando en su cuerpo, confinada a una cama, sin moverse libremente y sin ser tratadas por sus nombres, en este punto, es normal que las traten con sobrenombres o diminutivos, disfrazados de ‘cariñosos’: mamá, mami, nena, gordi, marcando inferioridad con respecto al/la profesional que la atiende.
Con respecto a obligarlas a permanecer acostadas, la OMS (2018) recomienda no obligar a la madre a parir en posición horizontal o inmovilizada, sino alentarla a que busque
Página | 47 posiciones para su comodidad, pues está comprobado que la posición horizontal genera mucho más dolor e incomodidad en la madre retardando el proceso natural del trabajo de parto. Por lo tanto, cada mujer debe decidir libremente la posición en la que se sienta más cómoda para parir a sus hijos/ hijas.
A la despersonalización hay que sumarle la infantilización de las mujeres embarazadas hecha por parte de los/las agentes de salud, considerando que no saben sobre el proceso que van a transitar y haciendo que ellas mismas se autoperciban en ese no saber; convirtiéndolas en seres incapaces y totalmente dependientes de ese poder medico hegemónico, tratándolas como ignorantes, por lo que hay que hacer todo el trabajo por ellas. Montes Muñoz (2007) plantea que
Se espera que ellas, por la salud de su hijo/a, se sitúen donde los/expertos/as mandan y, además, serán valoradas y fiscalizadas por estos/as. La monopolización de la información por parte del sistema médico, el control total de las técnicas, y el poder que socialmente se le ha otorgado en la definición de la salud y la enfermedad unido a unas relaciones jerárquicas e infantilizadoras, anula el saber y la confianza de las mujeres en ellas mismas y en sus cuerpos y, como consecuencia, tienen mayor dependencia de los especialistas (Montes Muñoz, 2007: 143).
El poder medico hegemónico desconoce no solamente las prácticas alternativas de la medicina, sino, y en mayor medida, los conocimientos que las propias mujeres tienen de sus cuerpos (Caneveri, 2011).
II. Tactos Vaginales
Los tactos vaginales, muchas veces reiterados, sin justificativo, realizados por diferentes personas y sin consentimiento previo de la parturienta, es una de las prácticas más frecuentes en la atención en el parto. Da Silva (2015) hace referencia a lo que menciona la OMS sobre esta práctica tan común en nuestro sistema de salud:
es una de las acciones diagnosticas esenciales para reconocer el comienzo y el progreso del parto pero solo deben ser realizadas por personal experto, con manos limpias y cubiertas por guantes estériles. En relación a la cantidad manifiestan que se debe limitar a los estrictamente necesarios (Da Silva, 2015: 30).
III. Rotura artificial de membranas
Con respecto a la amniorrexis, o rotura artificial de la bolsa del líquido amniótico o membranas, el 70% de las encuestadas, según la encuesta realizada por la CONSAVIG (2017),
Página | 48 no recibió información clara, adecuada y completa y por ende no dio su autorización. Esta práctica tiene como fin aumentar las contracciones y, por ende, que la duración del parto sea más corta, aunque no está recomendada por la OMS como procedimiento de rutina (OMS, 2018).
Según el “Guías en salud sexual y reproductiva: manual para la atención a la mujer en el proceso de embarazo, parto y puerperio” realizado por el Ministerio de Salud Pública de Uruguay (2014), solo se aconseja realizar este procedimiento en tres ocasiones, cuando
Se constata una distocia de la dinámica uterina (estimula la frecuencia y la coordinación de las contracciones uterinas y facilita el descenso de la presentación) Se requiere realizar el registro cardiotocográfico interno
Se necesita conocer la calidad del líquido amniótico IV. Administración de oxitocina sintética
El uso de oxitocina sintética es una hormona muy utilizada para provocar (inducir) o acelerar los partos y contribuir a la dilatación. Compartiendo lo expuesto en “el parto es nuestro” (www.elpartoesnuestro.es), cuando se usa oxitocina hay que monitorizar de manera continua la frecuencia cardiaca fetal, para poder advertir inmediatamente si las contracciones perjudican al bebé. La oxitocina no se debería usar de modo rutinario para partos normales no inducidos, pero se suele hacer necesaria después de aplicar la anestesia epidural, pues la mayoría de las veces la dinámica uterina termina decayendo.
A diferencia de la oxitocina endógena (la producida por el propio cuerpo de la mujer cuando se respetan los tiempos de cada una al momento del parto), cuando se administra oxitocina sintética se entra en un peligroso circulo: La oxitocina sintética provoca contracciones más fuertes y por tanto más dolorosas, llevando a la mujer a solicitar la epidural como medio más efectivo para paliar el dolor. La epidural a su vez ralentiza el parto, lo que obliga a aumentar la dosis de oxitocina. (“El parto es nuestro”)
Hidalgo-Lopezosa, Hidalgo-Maestre y Rodríguez-Borrego (2016) se encargaron de realizar un estudio para corroborar si el uso de oxitocina sintética durante el parto era beneficioso o no para las misma, en cuyo estudio participaron 338 embarazadas el resultado fue el siguiente
El uso de oxitocina en la estimulación del parto puede ser contraproducente tanto para la madre como para el recién nacido, ya que indican que el
Página | 49 empleo de oxitocina se relaciona con un aumento, en primíparas y multíparas, de la tasa de cesáreas, del uso de analgesia epidural y de fiebre materna intraparto. Además, se ha hallado asociación significativa entre estimulación con oxitocina y bajos valores de pH de sangre de cordón umbilical en recién nacidos de madres primíparas (Hidalgo-Lopezosa, Hidalgo-Maestre y Rodríguez-Borrego 2016:7).
V. Realización de episiotomías
La realización de episiotomías de rutina, es otra de las prácticas que incurren en la violencia obstétrica. Diversas investigaciones médicas llevadas a cabo han demostrado que los argumentos esgrimidos por aquellos profesionales que defienden esta práctica rutinaria no están basados en evidencias científicas, y al contrario de esto, organismos internacionales como la OMS, no recomienda realizarlas de manera rutinaria (OMS, 2018).
A continuación, siguiendo con planteado por Fornes (2009), se puede observar los principales relatos de los/las agentes de salud sostienen la efectividad de esta rutina y cuáles son las evidencias médicas en su contra
Legitimación de la practica Evidencia científica que la desmiente Evita el dolor No existe diferencias entre la episiotomía
selectiva respecto a la de rutina. El riesgo de sufrir dolor puede ser mayor en esta última. Previene desgarros El riesgo de desgarros severos es mayor en la
episiotomía de rutina que en la selectiva. Acorta el parto y disminuye la morbilidad
perinatal
Efecto contrario o nulo respecto a la duración del parto. Más riesgo para los recién nacidos de ingresar a cuidados especiales.
Fuente: Elaboración propia en base a Fornes (2009)
Fornes (2009) afirma que “La episiotomía de rutina, por su arbitrariedad, el peligro
de infecciones, dolor en la cicatrización y en las relaciones sexuales, fue clasificada incluso como la mutilación genital de Occidente” (Fornes, 2009: 5).
A su vez, Montes Muñoz (2007) analiza las distintas violencias que sufren las mujeres ante esta práctica. Para la autora, las embarazadas están expuestas tanto a la violencia física como simbólica
Física porque está demostrada desde la evidencia científica la ineficacia de la episiotomía en la mayoría de los partos, aunque se sigue realizando sistemáticamente. Simbólica porque en la falta de interés a los problemas posteriores, se sigue manteniendo la tradicional representación de la
Página | 50 maternidad como sacrificio o sufrimiento que se da como un precio a pagar por la naturaleza sexual de su génesis que recae sobre las mujeres (Montes Muñoz; 2007: 324).
Si a las mujeres les dieran los tiempos necesarios y respetaran las posiciones elegidas por las mismas, los desgarros serian mínimos, ya que se ha demostrado que los desgarros cicatrizan antes y mejor, con menos dolor que una intervención quirúrgica. Además, el desgarro suele afectar sólo a la piel, y no a los músculos del suelo de la pelvis. Cuando éstos se cortan, puede quedar afectada alguna rama de algún nervio y causar dolores mucho tiempo después (Quevedo, 2012).
VI. Realización de Maniobra de Kristeller
La Maniobra de Kristeller consiste en la presión del fondo uterino de la gestante durante la segunda fase del trabajo de parto con el objetivo de potenciar las contracciones uterinas y, por ende, acortar el periodo expulsivo
Las declaraciones de organizaciones de salud internacionales advierten de la poca información valida sobre el procedimiento y aconsejan descontinuar su uso. Sin embargo, se aprecia que, a pesar de esta fama negativa, su popularidad no ha menguado, pues existe, en algunas zonas, altas prevalencia de su utilización. A esto se añade el no registro de la maniobra en las historias clínicas (Becerra, 2015:7).
La Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, en sus recomendaciones de 2007, afirma que esta maniobra está contraindicada para facilitar el descenso del feto. Según este organismo, puede causar a la madre traumatismos que van desde hematomas y dolor en las inserciones musculares y fractura de costillas, hasta hemorragias graves producto de la ruptura del útero o inversión uterina. En casos extremos, puede incluso conducir a la extirpación del útero. En cuanto al/la bebé, también puede producirle traumatismos y lesiones como las del plexo braquial.
Es necesario recordar una frase dicha por la Lic. en Obstetricia, en una de las entrevistas, con relación a este tema: “la maniobra de Kristeller existe, y cuando hay que
usarla, se usa…” (Lic. en Obstetricia- Sector Privado), sin ningún tipo de análisis de las consecuencias que puede llegar a causar esta práctica sobre las mujeres y las personas por nacer.
Página | 51 VII. Utilización defórceps
El uso de fórceps es una maniobra habitual en los partos vaginales, cuyo uso está puesto en jaque por posibles consecuencias en los recién nacidos o recién nacidas. Ocasionalmente el parto vaginal debe verse asistido con instrumentos especiales, como el fórceps o pinza obstétrica que prensa la cabeza del recién nacido con la finalidad de asistirlo y extraerlo fuera del canal de parto. Se indica cuando la madre no tiene más fuerzas para expulsar al/la bebe (Quevedo, 2012).
Quevedo (2012) expone los aspectos negativos del uso de este instrumento
Los tejidos internos, particularmente los músculos de la pelvis, resultan lesionados; Marcas temporales en la cabeza del bebé;
En el lugar donde fue aplicado el fórceps, posibles daños en los nervios; Fracturas en el cráneo;
Daño cerebral, que puede causar leve o severo retraso mental (debido a muy graves dislocaciones internas e incluso la muerte).
Los partos asistidos con fórceps aumentan la incidencia de lesiones craneoencefálicas fetales, siendo la tendencia actual a realizar cesáreas en partos que se prevén difíciles
El uso de fórceps será, a través de la historia, objeto de una infinita polémica. Mientras algunos parteros los aceptarán únicamente para ejercer palanca sobre el cuello del útero, los más arriesgados los propondrán como un vehículo para hacer descender la cabeza del bebe y, por eso, los introducirán dentro del útero hasta el llamado ‘estrecho superior’ (…) El fórceps en el estrecho superior es de muy difícil empleo y se convierte en instrumento mortífero para el hijo y para la madre si no es guiado por una mano hábil y maestra (Correa; 2000: 205-206).
VIII. Realización de cesáreas
La realización de cesáreas programas y muchas veces sin necesidad de recurrir a esta práctica quirúrgica, es una de las practicas más recurrentes a la hora de sufrir violencia obstétrica, ya que se impone a las mujeres (muchas veces se las convence sin que ellas sepan), para poder ‘organizar’ las agendas de los agentes de salud y por cuestiones económicas convenientes para éstos. En el caso del número de cesáreas realizadas en las instituciones de salud de la ciudad de Tandil en el año 2017, se observa un alto porcentaje de esta práctica en las instituciones de índole privadas (Sanatorio Tandil y Clínica Chacabuco) en comparación con el Hospital Municipal Ramón Santamarina
Página | 52 Institución de
Salud
Cesárea Parto Normal Parto Vertical Total de Nacimientos Hospital Municipal 265 (39,9%) 396 (59,6%) 3 (0,45%) 664 Clínica Chacabuco 419 (82,4%) 89 (17,5%) 508 Sanatorio Tandil 494 (59,5%) 336 (40,4%) 830
Fuente: indagación propia a partir de gestión de información ante los efectores de salud mencionados
Se puede observar, por lo tanto, que es abismal la diferencia entre partos vaginales y cesáreas en las instituciones privadas y el hospital municipal, superando por amplio margen a los porcentajes que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS).
A esto, hay que sumarle la encuesta realizada por el OVO donde los datos arrojados exponen que el 46% tuvo a su hijo/hija por cesárea, siendo el porcentaje estándar de la OMS un 12-15%, de las cuales 39% fueron programadas. Dentro de este número, el 54% de las madres eran primerizas. Existe un mayor índice de cesáreas en el sistema privado, que se eleva hasta el 64%.
La cesárea, según la OMS, cuando está justificada desde el punto de vista médico, es eficaz para prevenir la morbimortalidad materna y perinatal, pero en contraposición, en situaciones donde no es necesaria, no tiene beneficios para las mujeres y/o los/las bebes, ya que está asociada a riesgos a corto y a largo plazo que pueden perdurar por muchos años después de la intervención y afectar a la salud de la mujer, y del hijo/ la hija, así como a cualquier embarazo futuro.
Durante los últimos años, se analiza en El Parto es Nuestro- Argentina, un aumento sostenido de nacimientos en los días previos a los feriados por Semana Santa, Navidad y Año Nuevo. Inducciones de parto y cesáreas programadas sin motivos médicos reales. Es necesario recordar que el parto (nacimiento) es un proceso fisiológico espontáneo que desencadena el bebé cuando está listo para nacer. Inducir el parto o programar una cesárea debe responder siempre a un motivo médico real, no a una necesidad de organización de agenda del/la profesional de la salud. Esta planificación va en contra de la fisiología del embarazo y del parto, pone en riesgo la salud de las madres y sus bebés y va en contra de las recomendaciones de la OMS.
Canevari (2017), acota con relación a este tema, que existe un discurso médico que busca justificar la cirugía por la demanda de las mujeres que de alguna manera están
Página | 53 fomentadas por la idea de que es una solución rápida, eficaz y libre de los sufrimientos de un parto. Hay una relación entre el crecimiento de la elección de la cesárea por parte de las mujeres y los modos en que este procedimiento se presenta como amigable desde el punto de vista médico. Claro que las mujeres tienen derecho a decidir qué quieren hacer con su cuerpo, y tienen derecho también a pedir que le hagan una cesárea, pero por lo general no se brinda la información necesaria para tomar esa decisión y si sigue disfrazando la idea de que la cesárea es una buena opción.
Con respecto a esto, Lic. En Obstetricia menciona en una entrevista
“no hay nada bueno en una cesárea innecesaria, a las mujeres se les aplica muchísimos analgésicos que a través de la lactancia van a parar al bebe, y estamos en presencia de bebes dopados (…) hay mucha diferencia entre un bebe que nació por cesaría del que nació por parto natural” (Lic. En obstetricia- sector público).
Es interesante rescatar lo planteado por Toscani Gómez (2017), cuyo texto expone la idea que los médicos/ las medicas prefieren realizar una cesárea considerándola una práctica segura y rápida, teniendo la posibilidad de manejar su agenda y atender más nacimientos por día, llevando a fomentar, o al menos, no desaconsejar esta práctica.
Canevari (2017) expone los riesgos y complicaciones que pueden traer aparejadas las cesáreas tanto para la mujer como para la persona por nacer
Las complicaciones son similares a cualquier procedimiento quirúrgico mayor en el abdomen (accidentes de la anestesia, daño a los vasos sanguíneos, extensión accidental de la incisión uterina, daños a la vejiga urinaria y otros órganos). El 20% de las mujeres desarrollan fiebre después de la cesárea, la mayoría debido a infecciones iatrogénicas. También existen riesgos debido a la cicatrización del útero, incluyendo disminución de la fertilidad, aborto espontáneo, embarazo ectópico, desprendimiento prematuro de placenta y placenta previa. Todos estos riesgos afectan los embarazos posteriores. Los riesgos para el/la niño/a son la prematurez iatrogénica (aún con ecografías repetidas hay errores de estimación sobre el momento adecuado para hacer la cesárea), los problemas de madurez respiratoria y el hecho de que el bisturí corte su piel (Canevari, 2017: 171).
IX. Puerperio
El puerperio también tiene la necesidad de análisis dentro de la violencia obstétrica. En principio hay que definir que es el puerperio, en el blog de “El parto es nuestro- España” se define de la siguiente manera:
Página | 54 Puede definirse como el periodo de tiempo que va desde el momento en que el útero expulsa la placenta hasta un límite variable, generalmente 6 semanas, en que vuelve a la normalidad el organismo femenino. Se caracteriza por una serie de transformaciones progresivas de orden