de valor
El precio del oro no está sujeto a la simple ecuación de oferta y de- manda, el valor del metal tiene un fuerte aspecto psicológico: el oro es para los inversores que ven en un dólar debilitado, en las recesiones o en una economía estancada, un refugio de valor. Para las empresas mineras, este valor determina toda la cadena de decisiones, desde cuánto se va a extraer, de dónde, cuándo y hasta qué ley y cuáles yacimientos van a ser explotados. Mike Wireman, de la oficina del EPA en Colorado, Estados Unidos, citado por el diario New York Times declaró: “el oro se puede extraer a más baja ley que ningún otro mineral en el mundo, esto signifi- ca más minas a cielo abierto, pero también que éstas deben ser fáciles y baratas de operar, eso significa cianuro”32.
El caso de los “diamantes ensangrentados” en África y las graves viola- ciones a los derechos humanos relacionadas al oro en Perú, Colombia y varias naciones de África, son un recordatorio de que el oro no trae desarrollo, sino que generalmente crea condiciones de violencia y degradación ambiental aún mayores que los beneficios financieros que los emprendimientos puedan aportar. El uso del oro, uno de los principales impulsores de la actual carrera minera en Argentina, es además, un bien que prácticamente no tiene uso ni utilidad social, más que la fantasía cultural de su valor.
Warren Buffet, el tercer hombre más rico del planeta, con una fortuna superior a los 60 mil millones de dólares, hecha en base a inversiones y especulación financiera, dijo en una entrevista a la revista Forbes,
…el oro se excava de las profundidades de África o algún otro lugar, entonces lo fundimos; excavamos otro tajo y lo enterramos nuevamente poniendo gente alrededor para protegerlo. No tiene ninguna utilidad, ningún sentido; si un marciano viera esto desde
Marte se estaría rascando la cabeza intentando entenderlo33.
(32) “Behind Gold´s Glitter”, New York Times, 14 de junio de 2010. http://www.nytimes.
com/2005/10/24/international/24GOLD.html
“Ningún otro elemento ha seducido y atormentado tanto a la imagina- ción humana como el destello del metal identificado con el símbolo Au. Desde hace miles de años, el deseo de poseer oro ha llevado a la gente a los extremos, precipitando guerras y conquistas, fortificando imperios y monedas, devastando montañas y bosques. El oro no es indispensable para la existencia humana y, de hecho, tiene muy pocas aplicaciones prácticas (…) este enfermizo apego del hombre no debió haber sobre- vivido en el mundo moderno. A pesar del atractivo del oro, las víctimas humanas y ambientales jamás han sido tantas; parte de la fascinación y del problema estriba en que hay muy poco oro en el planeta tierra”.
“Oro, el costo humano de una obsesión”, National Geographic Magazine; enero de 2009
Efectivamente, en toda la historia humana no se extrajeron más que 160 mil toneladas de oro, el equivalente al llenado de dos piletas olímpicas y, más de la mitad fue extraído en las últimas décadas. Las grandes vetas ya están extinguidas y la búsqueda se limita al poco oro diseminado en muy baja ley en las zonas más recónditas y en los ecosistemas más frágiles de la Tierra. Esta situación explica la minería a cielo abierto con método de lixiviación, que es la causante de la destrucción ambiental y la degradación social. Siempre fueron éstas las consecuencias, sólo que ahora suceden más rápidamente y en escalas en las que ni la imaginación podría haber especu- lado sólo unas décadas atrás.
Consumo mundial de oro
Fuente: Consejo Mundial del Oro
Ind. Electrónica 6% Odontología 1% Otros usos 4% Medallas 4% Monedas oficiales 2% Joyería y Bancos Centrales 83%
La acumulación de reservas de oro se puede realizar comprando lingotes en el mercado internacional, como lo hace la mayoría de las bancas cen- trales del mundo, incluyendo la Argentina, o preservando y acopiando el oro que se encuentra en territorios geológicos bendecidos. Argentina alcanzó rápidamente un lugar destacado en Sudamérica como productor de oro, actividad liderada por Perú, seguida por Brasil y Chile. El de- bate sobre la minería adquiere más complejidad con la fuerte alza de la cotización internacional del oro y el incierto horizonte de la economía global. No son sólo el indudable impacto ambiental, que ha movilizado a pueblos en contra de la minería a cielo abierto, los fabulosos beneficios fiscales que tienen las empresas mineras con la normativa que regula la actividad, el controvertido modelo extractivo y la explotación de re- cursos estratégicos no renovables por multinacionales. Esos históricos cuestionamientos incorporan ahora un aspecto esencial que emerge con fuerza del presente escenario de incertidumbre global: la utilización del oro como reserva de valor de las economías en un sistema monetario mundial con una profunda crisis sin certezas sobre su futuro.
Países sin riquezas mineras auríferas se encuentran en una situación relativa desventajosa porque tienen que generar excedentes para comprar oro. En cambio otros poseen esa riqueza en su propio territorio y son grandes productores, con Sudáfrica ocupando el primer lugar de ese ranking, seguido por Estados Unidos, China, Australia y Perú. Argen- tina ha ingresado en ese lote de países privilegiados. La explotación de oro se concentra especialmente en San Juan y Santa Cruz, seguidas por Catamarca, La Rioja, Salta y Jujuy. Desde que se inició la minería en gran escala hace 15 años, la actividad tuvo un crecimiento exponencial. (…) Para tener una aproximación de esa riqueza escondida como en El Dorado, se debe realizar un relevamiento a partir de la información que brindan las propias empresas multinacionales. Barrick había detallado que en Veladero, a febrero de 2004, las reservas de oro eran de 11,1 millones de onzas de oro, aunque el gobierno provincial calculó que en todo el predio, es decir los 3000 kilómetros cuadrados otorgados en concesión, puede haber hasta 30 millones de onzas.
(…) Se calcula que en esas áreas mineras manejadas por grandes em- presas tienen un potencial de explotación de 88 millones de onzas, que a un valor de 1800 dólares la unidad, equivalen a 158.400 millones de dólares. Otros estudios conservadores indican que las reservas probadas son de 25 millones de onzas, unos 45 mil millones de dólares. En ese cálculo se deben restar los costos directos e indirectos para la extracción del metal precioso, estimado entre 300 y 500 dólares la onza.
¿Cuál es la tasa de ganancia ‘normal’ en este tipo de explotación? ¿Shocks extraordinarios que disparan al alza el precio del mineral extraído no cambian las condiciones de la explotación fijadas por el Estado? ¿Cuál es el beneficio para la sociedad de poseer una inmensa riqueza natural, de cuyos frutos disfruta muy poco y sólo recibe fondos en una proporción muy baja del total vía impuestos y empleos? ¿Cuál sería la prudente estrategia financiera de un país con ricas áreas mineras donde se esconden abundantes reservas de oro?
Si la explotación y la apropiación de la renta de recursos naturales no renovables son un debate central para el desarrollo de un país, en el actual escenario de terremoto financiero y monetario global resulta im- prescindible buscar respuestas a esos interrogantes y debatir sobre el uso y destino del oro que extraen del país grandes mineras multinacionales”. Zaiat, Alfredo. “El Dorado”, Página/12; agosto 27 de 2011.
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