1.4. Modelos teóricos y conducta sexual
1.4.3. Predicción a partir de la integración de modelos
Hace unos años se produjo una tendencia a integrar los diferentes modelos predictivos de las conductas relacionadas con la salud, mediante una síntesis de las variables no redundantes de los diferentes modelos sociocognitivos (Villamarín y Álvarez, 1998). Una de las líneas más claras ha consistido en la incorporación de la variable autoeficacia en el Modelo de Creencias sobre la salud (MCS) , la Teoría de la Acción Razonada (TAR) y el modelo ASE propuesto por De Vries.
En los estudios predictivos de las conductas preventivas de carácter sexual se produjo un proceso de integración similar. Uno de los primeros estudios en que se evaluó la autoeficacia como variable predictiva complementaria fue el de Wilson et al. (1992), ya descrito anteriormente. En dicho estudio, realizado en una muestra de estudiantes de magisterio de Zimbawe, se utilizó como modelo predictivo principal el MCS. Respecto a la autoeficacia, los autores destacaron como resultado importante que los hombres mostraron menor autoeficacia para controlar su impulso sexual que las mujeres; sin embargo no proporcionaron datos referentes a la capacidad predictiva de esta variable.
El modelo base en el que se han intentado integrar otras variables predictivas no es precisamente el MCS si no la TAR. Dos de los estudios en que se integró la autoeficacia como variable predictiva complementaria de las conductas preventivas del SIDA, dentro del modelo TAR, son el de Terry (1993) y el de Basen-Enquist y Parcel (1992). En ambos trabajos se contempló un doble efecto de la autoeficacia sobre la conducta. Por una parte –influencia indirecta- esta variable pudo contribuir a una mejor predicción de la intención, (junto con la actitud y la norma subjetiva); por otra, la autoeficacia (junto con la intención) pudo mejorar la predicción sobre la conducta –influencia directa-. A estos mismos resultados llegaron otros investigadores en sus estudios con el modelo ASE (De Vries, 1988).
En el estudio de Terry (1993) en que se utilizó un diseño longitudinal, se evaluaron en una muestra de adolescentes, las variables TAR (actitud, norma subjetiva, creencias conductuales, creencias normativas e intención) y la autoeficacia relacionada con la utilización de preservativos. Se evaluó también la conducta de utilización o no de preservativo en el próximo encuentro sexual. Para analizar la capacidad predictiva de las diferentes variables sobre la
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intención, se realizaron análisis de regresión jerárquica, en los que las variables predictoras se introdujeron por este orden: actitud, norma subjetiva, autoeficacia, creencias conductuales y creencias normativas. Todas las variables contribuyeron a la predicción de la intención. En relación a la predicción de la conducta, una vez controlado el efecto de la intención, la autoeficacia no añadió valor predictivo al de esta variable; sin embargo cuando la autoeficacia se introdujo en la ecuación de regresión antes que la intención, predijo significativamente la conducta. En el estudio de Basen-Enquist y Parcel (1992), en el que se utilizó un diseño transversal, se evaluaron las mismas variables que en el de Terry, en una muestra de 1720 adolescentes escolarizados. Se evaluaron también, dos tipos de conductas preventivas de tipo sexual: uso del preservativo y negarse a mantener una relación sexual no protegida (todas las variables se definieron para estas dos conductas). Las actitudes, la norma social y la autoeficacia predijeron el 36,4% de la varianza en la intención de rechazar relaciones no protegidas, y el 17% de la varianza de la intención de uso del preservativo. Estas variables junto con la intención predijeron el 24,6% de la varianza en el número de parejas sexuales del año anterior, y el 19% de la varianza en la frecuencia de uso del preservativo, también en el año anterior. Otro dato importante es que la autoeficacia se mostró como la variable más intensamente relacionada, tanto con la intención de uso del preservativo como con la utilización del mismo.
Otra investigación planteada desde la integración de los tres principales modelos sociocognitivos, es la realizada en Uganda por Abraham, Rubaale y Kipp (1995). Estos autores plantearon que la autoeficacia y la intención actuaban como determinantes próximos de la conducta y las variables del MCS afectaban de una manera indirecta a la conducta, a través de su influencia sobre esas dos cogniciones. En su estudio evaluaron todas las variables antes mencionadas y el grado de aceptación de personas con SIDA, en una muestra de adolescentes que estaban recibiendo un programa centrado en la prevención de la infección por el VIH. En su diseño utilizaron los constructos del MCS como variables independientes, y como variables dependientes la AE (para la utilización y adquisición del preservativo, y la negociación de su uso), la intención y el grado de aceptación de las personas con SIDA. Los principales resultados pueden resumirse del modo siguiente: 1) Todas las cogniciones evaluadas mostraron valores altos, lo que confirma hasta cierto punto la utilidad de los programas educacionales preventivos del SIDA; 2) las variables del MCS se mostraron en general buenas predictoras de las variables dependientes (destacando la eficacia percibida del preservativo como predictor de la AE de uso y de la intención); 3) se observaron importantes diferencias entre géneros en el porcentaje de varianza explicada por las variables del MCS, tanto en la intención de conducta (49% en chicos
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frente a un 25,2% en chicas), como el grado de tolerancia manifestado hacia las personas con SIDA (41% en chicos y 23,3% en chicas); 4) se observaron también diferencias en la capacidad predictiva de las diferentes variables en función del género.
En un estudio realizado por Chan y Fishbein (1993), se analizaron los predictores de la intención de conducta de ‘propuesta de utilización de preservativo’ en una muestra de chicas adolescentes. Además de las variables del modelo TAR, se evaluaron ‘el control conductual percibido’ -una variable similar a la autoeficacia- y las respuestas emocionales anticipadas. Las variables de la TAR se mostraron buenas predictoras de la intención. De las dos variables complementarias, sólo la denominada respuesta emocional anticipada incrementó el valor predictivo del modelo TAR.
Dos de los autores que más han trabajado en la integración teórica de los tres modelos sociocognitivos más utilizados para predecir las conductas preventivas del SIDA (MCS, TAR, TAE) son Fisher y Fisher (1992). Estos autores proponen que para que las intervenciones psicológicas produzcan cambios en las conductas de riesgo para la infección por el VIH se requieren tres elementos clave: información, motivación y habilidades conductuales.
Las iniciales de estos tres componentes dan nombre a lo que ellos denominan un nuevo modelo síntesis, el IBM (‘Information, motivation and behavioral skills). La información que ellos contemplan como algo necesario, pero no suficiente, para la adopción de conductas preventivas, ha de referirse a los modos de transmisión del VIH y a las conductas preventivas específicas, más que los aspectos biológicos de la enfermedad. La motivación estaría regulada por las variables de la TAR (actitudes y norma social) y las variables no redundantes del MCS (susceptibilidad y gravedad percibida). Por lo que respecto a las habilidades conductuales necesarias para la prevención de la infección por el VIH, Fisher y Fisher (1992) propusieron la taxonomía siguiente: aceptación de la propia sexualidad, adquisición de la información conductual relevante, habilidades de negociación de sexo seguro con pareja, habilidades para negarse a mantener relaciones sexuales no protegidas, habilidades de adquisición y utilización del preservativo, habilidades de reforzamiento de la conducta de la pareja cuando esta práctica sexo seguro. En el modelo la autoeficacia –capacidad percibida para llevar a cabo las diferentes habilidades-, se considera una habilidad más, necesaria para la conducta de uso del
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preservativo. En nuestra opinión, esta conceptualización de la autoeficacia como una habilidad es un error conceptual. La autoeficacia sería más bien una variable motivacional (junto con las variables del MCS y la TAR) necesaria para poner en práctica los diferentes tipos de habilidades.
Otros aspectos a destacar del trabajo de Fisher y Fisher (1992), son: la distinción entre habilidades a enseñar y métodos de enseñanza; el énfasis en lo que ellos denominan ‘elicitation research’ (investigación exploratoria de una intervención): para optimizar la eficacia, primero han de evaluarse los determinantes de las conductas preventivas en la población diana concreta sobre la que se pretende intervenir, ya que el peso de estos determinantes puede variar en función de variables como la cultura, el género, el tipo de pareja (casual o estable) o el tipo concreto de conducta preventiva.