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LOS PRELLIDIOS DE LA « NAHDA» LA « NAHDA» EN EGIPTO es clara Tampoco la de quienes, siguiendo a los tratadis­

In document Literatura Arabe - Juan Vernet (página 110-112)

Cierto día Yuhá entró en el molino y empezó a coger trigo de los demás y a meterlo en su bolsa Se le preguntó: «¿Por qué

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tas libaneses, creían haber resuelto el problema y optaron por simplificar la lengua clásica y crear los neologismos necesarios. Esta nueva lengua, de la que unas cuatro mil palabras representan el 90% del léxico usual, recibe el nombre de lugat al-yara id (lengua de los periódicos) y se utiliza en la mayor parte de las emisiones de radio, en los libros, periódicos, revistas, teatro, correspondencia co­ mercial y en la conversación entre personas distinguidas de distintas áreas dialectales. Es, en pocas palabras, la lengua de la cultura, que sólo cede paso a la coloquial en el cine, en los chistes y en los diálogos novelísticos o tea­ trales puestos en boca de individuos a los que se presu­ pone analfabetos. Esta unidad de la lengua escrita (de aquí el nombre de árabe literal con el que también se la conoce) se extiende desde el Iraq hasta Marruecos y sólo presenta variantes de léxico en los neologismos y en las voces clásicas de rica sinonimia. En la creación del nue­ vo instrumento lingüístico intervienen por un igual filó­ logos y periodistas y muchas veces ambas profesiones se encuentran reunidas en una misma persona.

TahaHusayn no vaciló en opinar que: «Proteger a los dialectos es exponerse a tener que traducirlos un día del uno al otro, tal como hoy se traduce al italiano o al espa­ ñol o al francés. Si se quiere evitar la parcelación dialec­ tal del mundo árabe no hay más que una solución: el ára­ be moderno que se extiende desde Marruecos hasta el Iraq.»

Pero la revolución rusa U 9 17 ), que no quería pasar por imperialista ante los pueblos de otras etnias y cultu­ ras integrados en ella, intentó crear un nuevo concepto de unidad y hacer lo que decía Satín en su discurso del

LOS PRELUDIOS DE LA - NAHDA". LA «NAHDA» EN EGIPTO 18 de mayo de 1925: «construir una cultura de forma na­ cional pero de contenido socialista» protegiendo las dis­ tintas lenguas nacionales, lo que, a la postre, tuvo la ven­ taja de conservar la literatura popular. Pero el mismo problema se había planteado en los grandes imperios de la Antigüedad y fue así como se conservaron en el mun­ do árabe muchos textos en malhiitn, como la «epopeya» marroquí del «Ciego de Zarhún» (s. xiv). En esta lucha ni los mismos marxistas (ni sus seguidores del mundo árabe) estaban de acuerdo. Los chinos, por ejemplo (1956), son o eran enemigos de los dialectos. Lo-Tchang-Pei dice: «El argumento de los que emplean los dialectos es este: “ Y a que se describen los acontecimientos de un lu ­ gar determinado y que sus habitantes tienen ciertas mo­ dalidades lingüísticas, sólo escribiendo según estas se consigue la fuerza de expresión y se produce la sensa­ ción de la verdad...” Como escribe Lao Che: “ ¿Vigor? ¡Nadie lo entiende! Si no se entiende, ¿puede hablarse de vigor? ” »

La polémica ha pasado al mundo árabe contemporá­ neo y, mientras Suhyar Qalamáwl defiende los «dialectos» locales, pues en la época de la esclerosis turca fueron los únicos en mostrar vigorosamente el temperamento po­ pular que 110 puede prescindir de un modo de expresión artística, otros autores los rechazan de lleno o bien mez­ clan, según convenga, las «dos» lenguas en una misma obra.

E l primer tratadista consciente del árabe literal fue el libanés cristiano Náslf al-Yaziyl (i8 oo-r8 7r). Enseñó gramática en la escuela fundada por su amigo Butrus al- Bustání y en la Universidad Americana. Profundamente interesado en el desarrollo del árabe, propuso a S. de

Sacy una serie de enmiendas a la edición de las maqámas de al-Harlrl y, además, imitando a este último, escribió una colección de sesenta maqámas que tituló Maymcf al-

bahrayn (Confluencia de los dos mares). Desde el punto

de vista filológico, se le deben unos cuantos tratados des­ tinados a vivificar el árabe y que fueron objeto de ulte­ rior desarrollo por parte de su hijo Ibráhím (r847-rc)o6), cuyos artículos sobre el uso correcto de la lengua fueron recogidos en un libro que recibió por título Lugat al-ya-

rá 'id (19 0 1). Esta lengua fue la que sirvió a Sulaymán al-

Bustání (1856-1925) para realizar la traducción d é la Ilía-

da y aH ifn í N aslf Bak (18 5 6 -19 19 ) para sus manuales

de redacción. El problema del árabe moderno quedó so­ lucionado con la simplificación gramatical y sintáctica del clásico, razón por la que las primeras Academias de la Lengua, creadas en el siglo x x (Damasco, 19 19 ; El Cairo, 19 32 ; Bagdad, 1947), han centrado la atención en la form ación de neologism os (no siem pre andan de acuerdo) y en la difusión de la lengua literal, pero han tropezado con la dificultad que representa el sistema gráfico de la escritura árabe, que omite las vocales, difi­ cultando así, de manera muy sensible, la supresión del analfabetismo y la lectura correcta. El tema fue tratado de modo virulento, hasta el punto de que cAbd al-cAzIz Fahml Bajá propuso en 1944 sustituir el alifato por el abecedario, puesto que «la escritura árabe es un cáncer crónico, ya que una misma palabra puede tener [sin vo ­ cales] tres o cuatro significados». Esta reforma tan drás­ tica, cuyos precedentes habría que buscar en la de la es­ critura turca realizada por Ataturk, no puede prosperar en el mundo árabe— a pesar del apoyo que le han presta­ do escritores distinguidos como Saláma Músa— , ya que

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las circunstancias de ambas lenguas son distintas: la tur­ ca adaptó el alifato a su sistema fónico de un modo har­ to imperfecto, mientras que la escritura árabe y su ex­ presión gráfica se corresponden de modo muy exacto, y sólo en los dialectos en que se han generado vocales y consonantes que no tienen representación gráfica en el alifato, se hace necesario recurrir a la transcripción fo ­ nética. Por otra parte, el abandono del alifato equival­ dría a dificultar el acceso de las generaciones futuras a una de las literaturas mejores y más ricas del mundo. A pesar de que el primer contacto de los árabes con la prensa aconteció en Egipto, donde la introdujo el ejérci­ to de Napoleón, causando el asombro de al-Jassáb (m. 18 15 ) y al-Yabarti (17 54 -18 2 5), el arranque decisivo de la misma hay que buscarlo en el Líbano, ya que la gaceta

al-Waqáfl al-Misriyya (Los sucesos egipcios

,

1828), dirigi­

da por al-cAttár (17 6 6 -18 3 5 ), tuvo escasa trascenden­ cia. En ella colaboró Rifáca al-Ráfic al-Tahtáwi (m. i8 o r- 1873), uno de los primeros orientales que estudió en Europa y escribió un relato sobre Francia: el Tajhs il-

ibriz ilá taljls Báñz (Oro puro para resumir París). Pero

las circunstancias idóneas para el desarrollo de este gé­ nero se dan en Beirut. El primer periodista propiamente dicho fue Butrus al-Bustánl (18 19 -18 8 3), polígrafo y le­ xicólogo que con sus publicaciones, revistas y periódicos difundió ampliamente las modas occidentales. Estas son, a su vez, trasplantadas a Egipto por los hermanos Bisa­ ra (18 5 2 -19 0 1) y Sallm Taqlá (^849-1892). Discípulos de al-Bustání, emigraron a Alejandría y en esta ciudad fundaron el periódico Al-Ahrám (Las Pirám ides

,

1875), aún hoy en día uno de los más importantes del mundo

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