3. Emergencia de la Patagonia como espacio simbólico en la prensa metropolitana
3.1. La prensa santacruceña en el marco de la modernización periodística
3.1.2. La prensa en el Río de la Plata en las primeras décadas del Siglo
Los estudios sobre la prensa rioplatense de fines del XIX y primeras décadas del siglo XX plantean la emergencia de un proceso de transformaciones en las publicaciones periódicas que comienza durante las últimas dos décadas del siglo XIX, en las que la prensa es todavía partidaria108, para dar lugar a una etapa de modernización en el período comprendido entre 1900 y 1930, en que los periódicos se van distanciando de los partidos políticos y comienzan a depender de la venta de ejemplares y por tanto, del mercado. Beatriz Sarlo estudia este proceso en el cual tiene un lugar muy relevante la ampliación del público lector en el cual comienzan a incorporarse los sectores medios y populares, por lo que la prensa no es ya solamente consumida por un público ilustrado. Este hecho colabora en la consolidación de un campo editorial y en los cambios en las modalidades de los periódicos que se van adecuando a los nuevos lectores. El formato tabloid permite que la lectura se pueda hacer en cualquier lugar, los artículos ya no son extensos, se incorporan crónicas policiales, novedades, notas de la cotidianeidad, cine deporte, historietas, notas de costumbre que lo hacen atractivo para el público masivo (2003: 17- 22).109
La Guía periodística Argentina de 1913, cuya información es retomada por Sylvia Saítta (1998: 28), es una fuente que permite dar cuenta del estado de las publicaciones y de
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Fabio Espósito (2009) expone una diferenciación de la prensa decimonónica respecto a los periódicos modernos del siglo XX, fundamentalmente, a partir de la caracterización de los primeros como prensa partidaria, es decir, los periódicos creados por los partidos políticos como sus órganos de publicidad.
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Se retoman en este apartado los siguientes trabajos sobre la prensa rioplatense: Fabio Espósito (2009) Jorge Rivera (1998) Eduardo Romano (2004) Sylvia Saítta (1998) Julio Ramos (1989) Paula Alonso (2004) Beatriz Sarlo (2003).
103 su circulación y consumo: aproximadamente circulaban en 1913, 52 000 ejemplares diarios, lo que deja ver la gran cantidad de nuevos lectores surgidos en parte por el impacto de la enseñanza pública y las campañas de alfabetización, diferenciados de los lectores tradicionales de prensa y literatura.
La Guía señala a La Prensa como el emprendimiento periodístico más poderoso del Sur y Centro de América y una de las primeras publicaciones del mundo por sus instituciones, su capital y su tiraje diario de 160.000 ejemplares. Es el diario que, tanto por su alto tiraje como por la incorporación de técnicas de impresión y novedosos servicios, será una empresa señera durante la primera parte del siglo XX. Asimismo, cuenta con la mayor cantidad de lectores, los cuales pertenecen a distintos estratos socioculturales.
Se ubica en una segunda instancia a La Nación110, que cuenta con edificio e imprenta propios. Ramos señala que si bien el diario La Nación, particularmente hasta 1874, será tradicional en el sentido de que sigue teniendo características de lo que Halperin
Donghi denomina “periodismo faccioso”111
, comienza a relativizar su autonomía y a modernizarse progresivamente, tanto en términos de la tecnología de la publicación como en lo que concierne a la racionalización y especificación de funciones ligadas con la información y la publicidad comercial (Ramos 1989: 97).
Otras de las publicaciones mencionadas en la Guía Periodística Argentina son los matutinos: La Argentina, fundado en 1907, La Gaceta de Buenos Aires, de 1910, con imprenta propia y un tiraje de 80 000 ejemplares, Sarmiento, Última Hora, fundado en marzo de 1908 con imprenta propia y un tiraje de 35 000 ejemplares; El Nacional, fundado en junio de 1907 con dos ediciones diarias de 25 000 ejemplares; y La Tarde fundado el 16 de agosto de1912 por Emilio Morales, con un tiraje de 16 200 ejemplares en dos ediciones diarias. Una de las omisiones de la guía es el matutino La Mañana, continuador de El País, fundado por Pellegrini el 1° de enero de 1900, propiedad de Francisco Uriburu y que cuenta como director con Mariano de Vedia. Aparece hasta 1919, fecha en que es reemplazado por La Fronda, diario de la tarde fundado también por Francisco Uriburu el 1º de octubre; otra de las publicaciones que no figura es El Diario.
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Se ampliará la información sobre La Nación y El Mundo en el capítulo 3.
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Así denomina el autor al periodismo partidario en su análisis de la obra periodística de José Hernández (2006:220-223).
104 Saítta caracteriza a los diarios de la tarde (La Razón, Última hora y La tarde) como precursores en lo que concierne a las transformaciones operadas en el formato y la diagramación. Los cambios respondían a la necesidad de atraer lectores. La Nación y La Prensa mantenían en cambio un modelo tamaño sábana (63 x 47 cm. de 7 columnas de 6,3 cm.) con la tapa y las primeras páginas cubiertas por avisos clasificados. El rasgo que nuclea a las publicaciones de la tarde es el distanciamiento formal del poder político, causado principalmente por ser fundadas y dirigidas por periodistas y no por hombres vinculados al gobierno. En estos diarios de la tarde se irán evidenciando los rasgos preeminentes del nuevo periodismo norteamericano: predominio de la noticia por sobre la opinión, pretendida objetividad en el criterio editorial, incorporación de ilustraciones.
En 1913 se incorpora en este campo de la prensa rioplantense el diario Crítica. Mientras que el espacio de la mañana aparece contendido manifiestamente por La Nación y La Prensa, entre los vespertinos no existe aún una publicación predominante. Crítica es el diario que introduce en la década del veinte el estilo sensacionalista inaugurado en EEUU por Joseph Pulitzer y William Hearst, caracterizado por el desarrollo pormenorizado de relatos de crímenes y conflictos, y la organización de campañas de denuncia de actos de corrupción o de las precarias condiciones de vida de parte de la población (Saítta 1998: 34- 38).
Más tarde, en 1928 entra en escena el diario El Mundo, que competirá con Crítica por el público vespertino. El formato tabloid, las variadas secciones dirigidas a distintos sectores del público, la incorporación de narraciones, artículos de color, notas de costumbres, historietas e ilustraciones, otorgan al diario un marcado perfil moderno que conservará durante la década del treinta (Sarlo 2003: 20).
El estudio de las publicaciones periódicas a comienzos del siglo XX nos remite a la cuestión del mercado editorial y del público. En América Latina no se establece este mercado precisamente hasta esa época. De ahí que algunas funciones de la novela en Europa como la representación del nuevo espacio urbano fueran cumplidas en América Latina por formas relacionadas con el periodismo como por ejemplo la crónica (Ramos 1989: 84).
La existencia de este mercado se debe en parte a la ampliación del público. Entre los años 1880 y 1910 emerge en Argentina un nuevo tipo de lector: aquél que surge de las
105 campañas de alfabetización con que el poder político buscó asegurar su estrategia de modernización. Estadísticas señaladas por Adolfo Prieto evidencian que en menos de 30 años se redujo el porcentaje de analfabetismo a un 4 por ciento (si bien el dato es relativo porque según testimonios y censos esa cifra no representó una efectiva alfabetización). La prensa periódica, en este marco actuó como fuente de lectura inicial para ese público recientemente alfabetizado y creció cuantitativamente en relación con éste, si bien el conjunto de lectores de las publicaciones periódicas estaba integrado también por los consumidores regulares de la alta cultura letrada. Representó por ello una zona de lectura compartida y de alguna manera esto posibilitó la tendencia a la nivelación de códigos expresivos (2006: 27-34).
Entre otros factores entonces, el desarrollo del mercado editorial y la aparición progresiva de un público de lectores de publicaciones periódicas, posibilitan la modernización del periodismo en un marco de modernización más abarcativo. Se evidencian, en este sentido, y siguiendo a Ramos, dos etapas en el periodismo de fines del XIX y principios del XX cuyo límite divisorio se dibuja en el marco de una transformación con respecto a la relación entre el periodismo y la literatura y el sistema político estatal: el periodismo entre el período de la emancipación y la consolidación de los estados nacionales, hacia el último cuarto de siglo, había sido el medio básico de distribución de la escritura. En la República de las Letras el periodismo era el lugar en el que se diferenciaba la civilización de la barbarie, un espacio de formalización de la vida pública en vías de racionalización. Colaboraba durante esta fase en la constitución de imágenes identitarias de nación. Actuaba como dispositivo pedagógico en la formación de ciudadanía, en particular, en aquellos nuevos lectores recientemente alfabetizados.
Hacia el último cuarto del siglo cambia el lugar del periódico en la sociedad: en el proceso de consolidación de las naciones y de autonomización del espacio político el periódico comienza a distanciarse, si bien sigue asumiendo posiciones políticas, de una función meramente estatal (Ramos 1989: 84,87).
Algunos de estos rasgos modernizadores se expanden desde Buenos Aires hacia los territorios alejados en los que la prensa es atravesada por las transformaciones mencionadas. Si bien las publicaciones periódicas de Santa Cruz no reproducen el proceso
106 de modernización de las publicaciones de los grandes centros urbanos, éste incide en su profusión, circulación y características.