2. LITER ATURA Y CINE
2.2. Análisis del trasvase
2.2.3. Selección del material narrativo
2.2.3.1. Presentaciones y descripciones de los personajes en las que se resumen episodios
CARÁCTER
Como las de Nené:
Resultó elegida Reina de la Primavera 1936 la encantadora Nélida Fernández, cuya esbelta silueta engalana
estas columnas […] Cerró esta cabalgata musical un vals vienés de fin de siglo ejecutado con ímpetu notable
por la Srta. Nélida Fernández y el Señor Juan Carlos Etchepare, quienes convincentemente demostraron “la fuerza del amor que supera todos los obstáculos” […] (Puig, 21-2).
Qué lindo que era Juan Carlos, qué hijo tuvo señora, y esa hija tan perra, si la tuviera cerca la estrangulaba
[…] yo sé lo que le pasaba a ella, se dejó manosear ya a los dieciséis años por uno de los Álvarez, después pasó de mano en mano y en el baile ya a los veinte no la sacaba a bailar nadie, por pegote […] a ella le
ensuciaron el nombre hasta que se cansaron. Y se quedó soltera, esa es la rabia que tiene ¡se quedó soltera! (Puig, 32).
Yo gracias a Dios tengo una familia que ya muchos quisieran, mi marido es una persona intachable, muy apreciado en su ramo no me deja faltar nada, y mis dos hijos están creciendo preciosos, aunque la madre
no debería decirlo […] (Puig, 33).
Mi padre no me pudo hacer estudiar, costaba mucho mandarme a Lincoln a estudiar de maestra, no era más que jardinero, y a mucha honra. Mamá planchaba para afuera y todo lo que ganaba iba a la libreta de ahorro para cuando yo me casara y tuviera mi casa con todo. La tengo pero pobre mamá no por sus sacrificios, porque se le fue todo en médico y remedios cuando lo del finado papá. En fin. Celina estudió. Entonces era más que yo (Puig, 34).
Mabel:
Tu caso es típico de las jovencitas crecidas en un lugar feliz y próspero. Seguir con tu amorío (perdóname el término) significaría romper esa armonía familiar que ya sientes amenazada. Y créeme que por un amorío no se paga semejante precio. Eres muy joven y puedes esperar la llegada de un príncipe azul al paladar de todos. Que lo pases bien en la estancia, estudia inglés y trata de aprender por último, nunca al principio la
palabra “yes”, que significa… ¡sí! Usando poco ese monosílabo conquistarás al mundo y, más importante aún, asegurarás tu felicidad y la de tus padres. Siempre a tus órdenes. »María Luisa Díaz Pardo». (Puig, 45)
Pocos días después de volver del campo mi papá me llamó aparte, en su escritorio nos aguardaba nuestro médico de familia. En la más total confidencia me dijo que mi ex festejante estaba algo delicado de los pulmones, según lo revelaban los análisis recientes ¡padece de un principio de cierta enfermedad altamente
contagiosa! […] El médico agregó que yo debía rehuir su compañía y que dado el enojo surgido apenas
dos semanas atrás yo debía aprovechar esa excusa y no verlo más , hasta que lograra curarse […] Además
al día siguiente, sin consultarme, mi mamá me dijo que a las cinco teníamos hora con el médico para tomarme algunas radiografías. Ya hemos visto el resultado: estoy sana. (Puig, 46-7).
Juan Carlos:
Nélida le miró los ojos claros, no verdes como los de Celina sino castaño claros y sin saber por qué pensó en lujosos jarros de miel; Juan Carlos cerró los ojos cuando ella le acarició la cabeza despeinada y Nélida al verle las pestañas espesas y arqueadas pensó sin saber por qué en alas de cóndor desplegadas; Nélida le
miró la nariz recta, el bigote fino, los labios gruesos […] le miró la nuez colocada entre los dos fuertes
músculos del cuello y los hombros anchos […] (Puig, 60).
Raba:
Cuando chica tenía el trasero prominente y en punta como la rabadilla de una gallina; en el rancho donde la crió una tía la empezaron a llamar así (Puig, 65).
“[…] de la mitad de la frente te sale este pelo, color tierra […] más lindo el pelo de la Raba […] qué limpita es la Raba, tiene los brazos marrones, las piernas más marrones todavía ¿tiene las piernas peludas? No, un
poquito de pelusa […] qué mansita que es la negra […] el bigotito de la negra, una pelusa suave” (Puig, 98-9).
Pancho:
Pancho tenía una camisa de mangas cortas de donde salían dos brazos musculosos cubiertos de espeso vello,
el cuello de la camisa estaba abierto y se entreveía el pecho cubierto del mismo vello […] Raba caminaba
al lado del albañil […] De repente recordó que Pancho era amigo del hermano de Celina, y el hermano de
Celina noviaba con Nené […] (Puig, 86-7).
[…] los dientes de Pancho eran cuadrados y grandes, pero manchados, oscurecidos por el agua salada de la bomba […] Pancho pasó un peine grueso por su maraña de pelo negro rizado el peine se atascaba. Su madre le dijo que tenía el pelo tupido como ella, como los criollos, y enrulado como su padre valenciano. Pero los ojos negros no podían ser heredados de los antepasados indios sino de los moros que habían ocupado Valencia siglos atrás. La madre le pidió que contrajera los músculos del brazo y se los tocó su hijo no era
muy alto pero sí fuerte […] (Puig, 76).
Celina:
[…] esa hija tan perra […] se dejó manosear ya a los dieciséis años por uno de los Álvarez, después pasó
de mano en mano y en el baile ya a los veinte no la sacaba a bailar nadie, por pegote, hasta que entró en la
barra de los viajantes y ahí ya no le faltó más quien la acompañara a la casa después del baile […] a ella le
ensuciaron el nombre hasta que se cansaron. Y se quedó soltera, esa es la rabia que tiene ¡se quedó soltera! (Puig, 32)
2.2.3.2 PASAJES NARRATIVOS SIN DIÁLOGOS DONDE SE RESUMEN HECHOS,