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Primeros años de la Revolución en el poder (1959-1961): clima político,

CAPÍTULO III: CONTEXTO SOCIO-HISTÓRICO DE LA PUBLICACIÓN DE

3.1 Primeros años de la Revolución en el poder (1959-1961): clima político,

El triunfo de la Revolución Cubana en enero de 1959 representa un proceso inédito a nivel continental. Por primera vez una revolución con un marcado carácter nacionalista y de izquierda llega al poder luego de derrocar una dictadura patrocinada por el imperialismo norteamericano. Como señala el profesor e investigador cubano Rafael Plá León (2014), el hecho de ser un proceso fuertemente nacionalista obligó a que, siguiendo su propia lógica, se nacionalizaran muchas industrias pertenecientes al capital estadounidense.

En un período de tiempo breve, además de las nacionalizaciones, se rebajaron los alquileres y los impuestos; se firmó la primera Ley de Reforma Agraria, que entregaba la tierra a quienes la trabajaban, pues hasta entonces la habían habitado en la más completa miseria, y por otra parte se indemnizó a los propietarios afectados por esta medida. Además, se llevó la salud, la electricidad y la educación a los más recónditos lugares de Cuba. En todos aquellos que formaron parte de este proceso de despertó un ansia inmensa de crear, de recuperar los más pronto posible el tiempo perdido, al punto de que en muchas oficinas colgaron carteles que rezaban “sea breve, hemos perdido cincuenta años”.

Las reivindicaciones perseguidas por la Revolución se resumen magníficamente en los puntos enunciados en la Primera Declaración de La Habana, donde se reconocen todos los derechos del pueblo cubano. Derechos que reivindican buena parte de los olvidos que, en materia social, venía arrastrando el país desde la colonia. Pero la Declaración reivindica, además, el derecho de los países a luchar por su destino.

La joven Revolución nace marcada por el contexto de la guerra fría y el enfrentamiento tácito entre las dos superpotencias. El proceso se vio obligado entonces a luchar en dos frentes: contra el imperialismo, que desde el inicio mismo comenzó a perfilarse como un poderoso enemigo, y frente a la contrarrevolución interna. El desentendimiento con los Estados Unidos llevó a buscar ayuda en otros países del entonces llamado “campo

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socialista”. Aunque la primera opción, como explica Plá (2014), fue China —cuya revolución era aún reciente—,los soviéticos fueron los primeros en apoyar decididamente a la isla, y ello acabó por determinar el giro de esta.

La ruptura de relaciones diplomáticas y económicas de casi todos los países de América Latina con Cuba, las sanciones impuestas por la OEA y el bloqueo económico, que entró en vigor en 1960, forzaron a la Revolución, en su lucha por sobrevivir, a potenciar las relaciones con los países de Europa del Este. La frustrada invasión por Playa Girón en abril de 1961, victoria que consolidó aún más la posición del joven gobierno, determinó finalmente la declaración del carácter socialista de la Revolución Cubana. La heterogeneidad de las fuerzas revolucionarias constituye uno de los factores que determinan el clima social del período. Los hombres y mujeres que integraban el Movimiento 26 de Julio respondían casi a todas las filiaciones políticas y religiosas. Los otros actores que inciden en la victoria del Primero de Enero son también ampliamente divergentes y muchas veces enfrentados entre ellos. El Directorio Revolucionario se atrinchera en el Palacio Presidencial antes de la entrada de Fidel a La Habana el 8 de enero, y reclama para sí la victoria. Los partidos políticos tradicionales, sumados tardíamente a la lucha, esperan también una parte del pastel. El Partido Socialista Popular (PSP) es uno de los más influyentes y aporta muchos de los cuadros políticos y culturales de la época. De su seno salen figuras como Mirta Aguirre y Carlos Rafael Rodríguez.

Esta diversidad de actores implicados lleva a que el período de 1959 a 1961 sea una etapa de maduración y decantación ideológica, donde están en pugna no solo problemas teóricos relevantes, sino el poder político y cultural sobre las instituciones y organismos que surgen. Los protagonistas en este proceso van a ser, ante todo, los intelectuales. Muchos de los que estaban en el exilio vuelven a la isla, otros se marchan huyendo del comunismo.

Entre 1959 y 1960 se desata la polémica acerca del carácter de la Revolución, propulsada por los acontecimientos políticos, económicos y culturales que tienen lugar en esos años: la disolución de los partidos políticos de oposición; el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con la Unión Soviética y el resto de los países socialistas de Europa y Asia; la desaparición de las principales publicaciones reaccionarias que desde el propio triunfo desataron toda una campaña anticomunista (Diario de la Marina, Prensa Libre, Información); el

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proceso de nacionalización que eliminó completamente la propiedad privada norteamericana. (Alemán, s.f., p. 2-3)

La sensibilidad de la época reacciona ante los atroces sabotajes y actos de piratería, los cuales, lejos de debilitar la cohesión del pueblo, la fortalecen. Para los intelectuales que se quedan y los que regresan se abre con la Revolución lo que se ha denominado el dilema de los intelectuales: “la eterna contradicción entre individuo y sociedad, entre artista y Revolución”. (Aróstegui, s.f., p. 1)

Diversidad de instituciones y medios ven la luz en estos años: el ICAIC, la Casa de las Américas, la UNEAC; las ediciones de revistas especializadas como Cine Cubano, Casa de las Américas, Revista UNEAC, Pensamiento Crítico, La Gaceta de Cuba, Lunes de Revolución, El Caimán Barbudo; además de las publicaciones académicas heredadas de la república, como la Revista de la Universidad de La Habana, Signos e Islas, ambas de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas, y otras publicaciones periódicas, como Bohemia, el periódico Hoy y el periódico Revolución, órgano del Ejército Rebelde. A ello se unieron los premios instituidos para difundir la cultura, como los premios Casa de las Américas y UNEAC.

Los sesenta, en la cultura, es una década de continuidad de lo mejor del pensamiento cubano de la República; a la misma se incorporan muchos escritores y artistas con una obra consolidada que aporta un sólido pensamiento estético al profesar diversas tendencias estéticas desde diferentes posiciones ideológicas. (Marrero, s.f., p. 2)

Para comprender el mundo ideológico entre 1959 y 1961, el importante pensador y sociólogo cubano Fernando Martínez Heredia (s.f.) hace una síntesis de los hechos fundamentales que lo conformaron. En primer lugar, el apoyo general a la Revolución, que se convirtió en multitud de actores, los cuales participaron directamente en innumerables hechos y sufrieron un proceso vertiginoso de concientización.

En segundo lugar, la decisión y habilidad magistral con que la dirección revolucionaria aprovechó el tiempo de que disponía y adoptó las medidas más radicales en todas las cuestiones fundamentales que pudo, sin atraerse más enemigos que los inevitables. En tercer lugar, la Revolución se apoderó y encarnó en sí los símbolos y prácticamente toda la acumulación cultural de la nación, y expropió a las clases dominantes la parte de ella que habían usufructuado durante la república.

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En cuarto lugar, fue desmontada la imagen omnipotente de los Estados Unidos, y el antimperialismo, aunque suspenso durante las dos décadas precedentes, adquirió un gran vigor y fue asumido masivamente.

Por último, comenzó a predominar una ideología revolucionaria que combinaba el patriotismo radical con la exigencia de una justicia social completa e inmediata. Todos estos factores evidencian cómo la Revolución inició el tránsito simbólico que le permitiría encarnar todo el acervo de luchas, expectativas y exigencias del país.

El medio cultural era extraordinariamente plural. El ambiente intelectual de 1959-marzo 1960 forma parte del proceso cubano de los años 60, pero en esa primera etapa aún no actuaban tres factores que después fueron decisivos: asunción del control cultural por el poder revolucionario; proclamación del carácter socialista del proceso; problemas de la unidad política y tendencias discordes o enfrentadas, con sus ideologías y sus luchas por el control cultural y de los contenidos de los productos culturales. (Heredia, s.f., p. 18)

Quizá lo que mejor refleje el clima ideológico de la época sean los debates que se dieron en la Biblioteca Nacional en junio de 1961. Con la invasión de Girón aún fresca en la memoria, los intelectuales se reunieron en varias comisiones, para analizar los temas que los preocupaban como grupo.

Un acontecimiento ideológico y cultural esencial de estos primeros años fueron los debates que se produjeron […] en la Biblioteca Nacional y que culminó con el discurso “Palabras a los intelectuales”, primer documento que trazara los postulados de la política cultural de la Revolución Cubana y estableciera los límites de la creación bajo la tesis: “Con la Revolución todo, contra la Revolución nada”. (Marrero, s.f., p. 2)

En los debates los intelectuales reflejaron los temores de que la Revolución coartara su libertad creativa, los temores de que el realismo socialista, defendido por diversos sectores, sobre todo provenientes del PSP, se impusiera y causara los mismos estragos que en el campo socialista. Reflejaron también sus ansias de crear, sus proyectos. Debatieron sobre el papel que debían desempeñar los intelectuales, las instituciones y el arte en la sociedad que comenzaba a construirse. Condenaron a todo aquel que apostaba por la soledad, que se enajenaba del proceso que los involucraba a todos.

En lo social, como señala Plá (2014), la etapa se caracteriza por la reivindicación de las masas oprimidas. Ganan acceso a la salud, la educación, el deporte, y se vinculan activamente a la construcción de la nueva sociedad. Grupos sociales que hasta el momento habían permanecido casi en el anonimato aparecen en la palestra pública en

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lucha por los espacios. Se visibiliza la masa campesina y proletaria que había estado sojuzgada y olvidada, y, por su redención, comienza a redimirse toda la nación de casi cinco siglos de coloniaje.