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Primeros escritos lacanianos sobre las psicosis

CAPÍTULO 7 | Primeras aproximaciones en la obra de Jacques Lacan.

7.2. Primeros escritos lacanianos sobre las psicosis

Estructura de las psicosis paranoicas (1931) es un trabajo temprano de Lacan profundamente inspirado en la enseñanza oral de Clérambault. Allí alude a los signos

133 Otros ejemplos no menos curiosos: “La excitante competencia con los otros candidatos del

Reichstag despertó en Schreber un impulso hacia la feminidad” (1972, p. 141), “La frustración por no haber tenido hijos fue un duro golpe para el narcisismo de Schreber y, sin duda alguna, condujo al debilitamiento de su masculinidad: ¿para qué servía el pene si no podía ser utilizado para procrear?” (sic) (1972, p. 142).

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accesorios de la constitución paranoica —actitudes fundamentales, bloques ideicos y reacciones del medio social— que “pueden ser interesantes para el diagnóstico precoz (dépistage) de estos sujetos” (p. 6). Los signos que describe son: honestidad casi constante, sentido del honor (“su honorabilidad no se discute en absoluto”), autodidactas, la llamada a la posteridad, actitudes del solitario, idealistas apasionados, entre otros. Los rasgos que enumera —para nada privativos de la paranoia ni de las psicosis en general— se sostienen a nivel de la observación de la conducta. Prosigue así su interrogación sobre el diagnóstico precoz:

Antes de llegar a estas reacciones [se refiere al pasaje al acto homicida o suicida], el paranoico se hace notar por quejas en la comisaría, cartas al Procurador de la República, amenazas a los particulares que permiten su diagnóstico precoz, pero que plantean a la intervención médica y policial problemas muy difíciles (p. 13).

Retoma las descripciones de los clásicos sobre la “actitud querulante” (Richard von Krafft-Ebing) de los paranoicos o el “delirio de los querellantes” (Kraepelin, E. 2012, p. 65), actitud constatable con antelación al pasaje al acto en el análisis del caso Aimée (1932, pp. 140-41) y las hermanas Papin (1932b, p. 339). El diagnóstico precoz aquí no debe entenderse en un sentido diferente de la fase prodrómica del delirio. El sujeto que presenta su denuncia en la comisaria ya ha cristalizado ideas de persecución, el Otro ha tomado la iniciativa en su contra: “¿A partir de qué momento delira? A partir del momento en que dice que su padre le persigue para matarlo, para robarlo, para castrarlo” (Lacan, J. 1955-56, p. 275).134 En pocas palabras, la actitud querulante se enmarca en la misma temporalidad del desencadenamiento de la psicosis.

Un año después Lacan defiende su tesis doctoral en psiquiatría. Respecto del diagnóstico, pronóstico, profilaxia y tratamiento de la paranoia de autopunición o autocastigo —su novedosa adición a la nosografía— escribe: “Determinados esbozos de trastornos psíquicos son detectables en los antecedentes” (1932, p. 245). Al igual que en su trabajo anterior sobre la estructura de la paranoia, añade que “antes de la psicosis estas tendencias están latentes en cuanto a su potencial real, pero son sospechables, sin embargo, en ciertos hechos del comportamiento” (p. 316). Detalla los siguientes:

134 Por su parte Clérambault afirmaba que las ideas de persecución son siempre secundarias al

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desinteresados, altruistas, menos encariñados con los seres humanos que con la humanidad, fácilmente utopistas, celosos servidores del Estado, profesores y enfermeras que verdaderamente viven su papel, empleados u obreros excelentes, trabajadores tenaces, honradez en los contratos, fidelidad en la amistad, tenacidad en la enemistad, perversiones (homosexualidad, donjuanismo), sentimientos neuróticos de despersonalización, sentimientos de transformación del mundo exterior (déjà-vu), accesos de celos, trastornos episódicos del carácter y accesos de ansiedad (1932, pp. 244- 45). Los comportamientos agrupados, por más heterogéneos e inespecíficos que resulten, no carecen de valor.135 Así como Lacan no desestimó de principio a fin la tesis freudiana sobre el conflicto homosexual en la paranoia, en cambio, la reorientó bajo el término empuje-a-la-mujer (pousse-à-la-femme)136, se aprecia en el conjunto, según pensamos, algunas características distintivas de las identificaciones imaginarias en las psicosis que Helene Deutsch describió oportunamente bajo el nombre personalidad “como si”.

Desde su posición de psiquiatra Lacan explica que la eclosión de la psicosis es una reacción de la “personalidad” —cuya estructuración es indisociable del “medio social”— ante circunstancias vitales específicas de carácter traumático para el sujeto. Los procesos orgánicos no específicos se ordenan como causa ocasional, determinados conflictos vitales desempeñan el papel de causa eficiente y “un tercer factor patogénico tiene que admitirse allí como causa específica de la reacción por la psicosis” (p. 315).

El factor patogénico se adjudica a las anomalías del desarrollo de la personalidad: “El estallido del proceso mórbido, la fijación y la estructura de la psicosis sólo son explicables en función de una anomalía psíquica anterior” (p. 230). Por lo tanto, en este periodo las referencias a la PND se circunscriben a la tipificación de la personalidad previa al desencadenamiento, como el bovarismo de Génil-Perrin, las personalidades psicasténicas de P. Janet o el carácter sensitivo de E. Kretschmer, entre otros.

En lo que respecta al abordaje de las PND, la tesis es una aproximación significativa por cuanto las consecuencias de relacionar la estructura de la personalidad y la paranoia son irreductibles a una simple colección de conductas observables en los antecedentes:

135 Por inespecíficos entiéndase que es posible hallarlos tanto en las psicosis como en otras

estructuras clínicas.

136 “La homosexualidad, supuesta determinante de la psicosis paranoica, es propiamente un

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La predisposición a la psicosis se revela así como imposible de definir de manera unívoca en rasgos de carácter: nosotros demostramos que se presenta frecuentemente bajo la forma del carácter psicasténico de Janet o sensitivo137 de

Kretschmer (p. 314).

En la tesis la psicastenia es una referencia constante y metódica, se verifican más de treinta alusiones en el texto. El término personalidad psicasténica —etimológicamente “debilidad de la mente”— fue propuesto por el psiquiatra francés Pierre Janet, quien en su trabajo Las obsesiones y la psicastenia (1903) la define como una disminución de la tensión psicológica con tendencia a los automatismos psíquicos.138 Sus rasgos más sobresalientes son: sentimiento de incompletud, juicios inestables y dudas, fatiga, depresión, disminución o pérdida de las funciones de realidad, inadaptación social, escasa capacidad de concentración, entre otros (Cf. Cundín, M. & Olaeta, R. 2011, p. 557).

A medida que prosigue su argumentación sobre el caso clínico examinado en la tesis Lacan agrega: “Está fuera de duda que la estructura psicasténica de la personalidad de Aimée desempeña su papel en la fijación desviada del objeto de su odio” (p. 213). Más adelante: “La personalidad anterior del sujeto está marcada ante todo por el inacabamiento de las conductas vitales. Este rasgo está emparentado con la descripción que hace Janet de las conductas psicasténicas” (p. 244).139

137 Cuya definición adjuntamos al comentar las referencias psiquiátricas utilizadas por Lacan en

el primer capítulo de nuestra tesis.

138 El automatismo psíquico o psicológico de Janet, más asociado a los actos no controlados por

la voluntad que tanto interés suscitaron en el movimiento surrealista, no se confunde con el automatismo mental de las Psicosis Alucinatoria Crónica: “El automatismo psíquico o psicológico, comprende toda una serie de hechos clínicos y de teorías dispares. El automatismo mental, tal como De Clérambault lo describió, es un síndrome clínico muy limitado” (Heuyer, G., Ajuriaguerra, J. & Pigem, J. 1950, p. 127).

139 En el análisis del caso Aimée Lacan destaca en la personalidad el bovarismo, donjuanismo y

platonismo (Cf. 1932, p. 316). Génil-Perrin define el bovarismo —término inspirado en la heroína de la novela clásica de Gustave Flaubert— como “una disposición especial, caracterizada por una asociación de orgullo, susceptibilidad, falsedad de juicio e inadaptabilidad” (Génil-Perrin 1926,

citado en Tendlarz, S. 1999, p. 39). El bovarismo traspasa la literatura para llegar a la psiquiatría: “En esa aspiración se revela una sensibilidad que podemos calificar de esencialmente ‘bovarista’. (…) Todos estos rasgos nos están indicando, bajo maneras diferentes, alguna fijación infantil de la sensibilidad” (Lacan, J. 1932, p. 164). Como bien señala Silvia Tendlarz, el desencadenamiento de la psicosis supone en este caso el pasaje del bovarismo a la erotomanía (1999, pp. 43, 215).

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Sobre la insistencia de Lacan en el carácter psicasténico de la personalidad de Aimée antes del estallido de la psicosis clínica, Silvia Tendlarz opina que “Su rechazo de la teoría de una constitución paranoica (que su maestro no rechazaba) le deja como única salida la psicastenia para explicar el estado anterior de la enfermedad antes del desencadenamiento de la psicosis” (1999, p. 170).

Si acaso el carácter psicasténico conserva hoy algún interés —es un término relegado y poco más que una curiosidad histórica en los diccionarios de psiquiatría contemporáneos—, éste descansa en la amplitud del lapso temporal que comprende en la vida de un sujeto. En otras palabras, no se reduce al momento de la descompensación psicótica. Si los psicoanalistas también son indiferentes al concepto en cuestión es porque la soldadura entre la teoría significante y el fenómeno elemental en los años `50 permitió mayor rigurosidad en la aprehensión de la especificidad de la estructura psicótica.

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