Particularmente en la cuenca del Salar, oasis de Atacama y valle del Loa, que forman parte de un gran desierto, el más árido del mundo, según se afirma, arribaron hace 9.000 a.C. los primeros grupos de familias cazado- ras y recolectoras, quienes, caminando por el altiplano y la alta puna, dominaron desde las alturas esta tierra que consideraron suya. Ellos fue- ron los verdaderos descubridores de la Puna de Atacama y los primeros creadores de lo que llegará a ser con el tiempo la sociedad atacameña, integrante de la matriz del Centro-Sur andino61.
Los habitantes atacameños del pasado se relacionaron con el espacio de los Andes y lo domesticaron a su medida en toda su territorialidad; incluso se sabe que vivieron en alejados enclaves transandinos y también
58 Muñoz, Iván. “El período formativo...” Op. cit. pp. 108, 111, 125-128. 59 Op. cit. pp. 108, 128.
60 Op. cit. p. 128.
61 Los antecedentes arqueológicos que se presentan en esta parte se encuentran disponi- bles en: Núñez, Lautaro. Breve Historia de los Pueblos Atacameños. Documento de Trabajo Nº 59. Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato. San Pedro de Atacama. 2002. En el docu- mento citado también se encuentran vastas referencias bibliográficas en relación con las fuentes arqueológicas prehispánicas.
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en algunas caletas del Pacífico. A partir de estas referencias, podemos de- ducir que la sociedad atacameña no era sedentaria, sino esencialmente dinámica62. Estos genuinos pobladores originarios del desierto, actualmente
localizados al interior de la segunda región de Chile, domesticaron el te- rritorio mediante una vida en movimiento entre pequeñas aldeas y “es- tancias” de pastoreo, lo que, junto a las labores ganaderas, agrícolas, mi- neras y artesanales, más el tráfico caravanero les significó una mayor complejidad de vida y mejores éxitos de adaptación. Es por ello que, luego de la estabilización pecuaria y agrícola63, la sociedad se desarrolló con dis-
tintas características sociales, culturales y étnicas. Por lo mismo, los ante- pasados indígenas entregaron una región más domesticada, en términos de que los españoles muy poco debieron agregar, desde el punto de vista de las más indispensables respuestas de tipo civilizador. La pregunta que surge naturalmente es ¿cómo ocurrió el desenvolvimiento de estos pue- blos circumpuneños64, desde los primeros cazadores al tiempo de la con-
quista inkaica?
La primera ocupación del borde oriental del gran Salar de Atacama y del río Loa se localizó en los sectores más altos del territorio, entre la puna y la prepuna, concentrándose en las cuevas de San Lorenzo –área de To- conao–, Tuina –área de la bajada de Calama– y Chulqui –área del río Loa superior. Ya desde los 7.000 a los 5.500 años a.C. se trasladaban tras las manadas de camélidos –antiguas vicuñas y guanacos65. Así, los primeros
cazadores y recolectores de frutos silvestres se caracterizaron por su tras- humancia, permanentemente se desplazaban entre los oasis, quebradas intermedias, hasta las playas de los grandes lagos altoandinos en tiempos de estaciones cálidas, donde la adquisición de los recursos significaba la práctica de la caza para la obtención de carne, lana y huesos, con los cua- les confeccionaban sus vestimentas y objetos para pervivir. Los primeros asentamientos propiamente tales, como las vegas de Tambillo –al Sur de San Pedro–, surgen alrededor de 5.500 años a.C., y eran visitados estacio- nalmente cuando advenía el frío invernal en las tierras altas. Con el tiem- po, aumentó la población y aparecieron múltiples campamentos construi- dos al aire libre en torno a lagos andinos, arroyos intermedios y oasis piemontanos66.
62 Acta. Sesión del 30 de abril de 2001. Documento de Trabajo Interno. Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato. Santiago. 2001.
63 Durante el Holoceno tardío, desde los 1.000 años a. C. el clima fue más húmedo junto a una vida vegetal y animal más abundante, útil para los inicios del período Formativo Tempra- no, que se corresponde con las labores innovadoras de ganadería de llamas y agricultura. 64 Los pueblos circumpuneños son todos aquellos que se ubican en la Puna de Atacama o en su contorno inmediato, por lo mismo involucra ocupaciones humanas del Norte de Ar- gentina y la segunda región de Chile.
65 Núñez, Lautaro. Cultura y conflicto en los oasis de Atacama. Editorial Universitaria. Santiago. 1992. pp. 17, 18. Y del mismo autor: Breve historia... Op. cit. p. 6.
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Después de esos años, comenzó un clima tan seco (4.000-1.000 a.C.) que incluso los lagos de altura quedaron con sus fondos expuestos al Sol. A causa de la sequía, los cazadores ya no dispusieron de tantas frutas, plantas y animales silvestres, de modo que varios grupos familiares se des- plazaron hacia pequeños oasis con vertientes, utilizándolos como ecorre- fugios67. De este modo pudieron superar parcialmente las sequías, mientras
otros se trasladaron al Pacífico, donde los alimentos del mar no estaban expuestos a la sequía del interior. Otros se quedaron en varios ecorrefugios del Loa, puesto que allí la crisis no fue tan pronunciada debido a que los ríos –aun cuando sus caudales eran débiles– mantenían recursos escasos, pero suficientes para sobrevivir. Otros tantos, buscaron lugares más ricos para la caza de animales –preferentemente camélidos–, mientras también se practi- có la recolección de alimentos silvestres, con intensa molienda. Vivieron en campamentos localizados en la unión del río Salado con el Loa, entre las vegas de Chiu-chiu y, principalmente, junto a los recursos paleolacustres68
de Puripica. En ese entonces –por los años 3.000 a 2.000 a.C.– en estos oasis comienza el fenómeno del pastoralismo, el que vino a transformar radicalmente la vida de las comunidades cazadoras. Este surge cuando comienzan a darse cuenta de que era posible atrapar y criar camélidos salvajes y que los mismos, gradualmente domesticados, podrían ser más útiles a la sociedad arcaica, terminando así, aunque parcialmente, las ago- tadoras expediciones de caza, recurrentes en los tiempos de sequía69.
De esta manera, en este territorio circumpuneño las poblaciones pre- agropecuarias o antiguas –arcaicas– de los inicios del 2.000 a.C. alcanza- ron un verdadero virtuosismo en sus prácticas de caza y recolección y desarrollaron, de una manera incipiente, la crianza de llamas y algunos cultivos. Lo que vendrá después, será el incremento expansivo de la vida pastoril junto a una mayor implantación agraria, con más uso de arte- sanías –alfarería, metalurgia, carpintería, textilería, cestería y talabartería. Con ello, se multiplicarán las aldeas sedentarias y los desplazamientos a tierras lejanas, tanto para la provisión de productos como para trasladar los excedentes de la nueva economía agropecuaria y artesanal70. Además,
entre los 2.000 y 1.500 a.C., gradualmente termina el régimen de sequía y
67 Parte de un territorio de tamaño reducido, donde la población se refugia por causas de
stress ambiental.
68 Son lagos que existieron hacia el fin de la edad glacial hasta el Holoceno temprano (9.000 años a.p.).
69 Fue tal el impacto del surgimiento de este nuevo modo de vida, que en Puripica y Kalina (Loa) surgió el culto de un nuevo animal doméstico “creado” por los experimentos de crianza a cargo de los cazadores arcaicos: la llama. Seguramente también se inician los primeros cultos relacionados con la reproducción de ganado que, dicho sea de paso, será el mayor productor de carne y lana conocido en todos los Andes sureños. (Núñez, Lautaro. Breve
historia... Op. cit. pp. 7, 9).
70 Núñez, Lautaro. Cultura y conflicto en los oasis de San Pedro de Atacama. Editorial Universita- ria. Santiago. 1992. p. 27.
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comienza el retorno de intensas lluvias, incrementándose la población que recién había controlado las primeras crianzas de llamas y cultivos hortíco- las –inicios agrícolas.
Unos 2.500 años antes de la llegada de los españoles, las redes de caminos, metalurgia, tejidos, conservación de alimentos, labores de agri- cultura, aldeas, ganadería de llamas, medicina vegetal, artesanías, ya ha- bían sido generadas por la sociedad atacameña. Esto significó que los pro- cesos económicos y culturales fueron suficientemente intensos para que las respuestas culturales y sociales fueran francamente útiles y durade- ras71. Entonces será el tiempo de los agricultores y pastores de llamas,
quienes, a partir de 1.500 a 1.200 a.C., producirán sus propios alimentos. Así, se consolidan el consumo de carne de llamas y los cultivos de peque- ñas parcelas en torno a los arroyos y vegas de las quebradas y oasis de Tulán cerca de Peine, entre aquellos de San Pedro de Atacama y en las vegas y suelos del río Loa medio y alto con sus afluentes.
Se trata también de una época de extraordinaria movilidad humana, gente que buscaba, desde distintos lugares –altiplánicos, selváticos y cir- cumpuneños–, aquellos ambientes fértiles apoyándose en el retorno de un régimen más lluvioso en el lado occidental de la puna, donde se im- plantaron mejor los cultivos de plantas semitropicales de las yungas, traí- das desde el oriente de los Andes. Estos logros se incorporaron a la gran experiencia local de los criadores de llamas.
Estos pueblos formativos, llamados Tilocalar, conocían la metalurgia del cobre y oro, la cacería especializada, la alfarería y producían, como excedentes, muchísimas cuentas de piedras y de conchas del Pacífico. Se distribuyeron desde el Salar de Atacama al río Loa medio y superior. Du- rante este tiempo se inicia la “formación” de pueblos más avanzados con base de subsistencia en la ganadería de llamas, en la medida que, gradual- mente, la agricultura de los oasis comienza a aumentar su potencial para lograr un equilibrio entre la crianza y los cultivos.
Aproximadamente desde los 400 años a.C. a los 100 años d.C. la población de pastores intensifica las labores agrarias con técnicas y semi- llas, y comienzan ahora la verdadera conquista agrícola de los oasis pre- cordilleranos.
Los oasis ubicados a baja altura como los de Lasana, Chiu-Chiu, Ca- lama, San Pedro de Atacama, Peine, Tilomonte, Toconao ya estaban por este tiempo bajo la primera ocupación agrícola. La humedad subterránea y los ríos de los oasis alimentaban los bosques de algarrobos y chañares, además de la vegetación de matorrales –brea–, vegas y plantas acuáticas –totora–, útiles como alimentos, combustible y materias para confeccionar objetos. Los ríos San Pedro de Atacama y el Loa eran –y son– los más 71 Acta. Sesión del 30 de abril de 2001. Documento de Trabajo Interno. Op. cit.
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importantes en términos de concentrar el mayor porcentaje de población. Ahora se trata de producir más para sostener a estos primeros pueblos sedentarios de los oasis que se multiplicaban en los primeros ayllos aisla- dos entre sí.
En verdad, estos cambios radicales comenzaron a operar a través de las obras de regadío, realizadas para inundar racionalmente los suelos más adecuados, convertirlos en chacras y huertos orientados a cultivos alimen- ticios, dando origen a los actuales ayllus72. Sin duda, este escenario era
más favorable para la implantación de una labor agrícola diversa y domi- nante, con tiempos de siembra y de cosecha, en cuyos intervalos se multi- plicaron también las labores artesanales, crianza de animales, fundición de metales, las artes de la cerámica y la textilería. Esto ocurría en las al- deas bien temperadas con sus muros de adobones y quincha que cobija- ron a densas poblaciones estables, generando también los primeros ce- menterios aglomerados. Es el inicio de la tradición del desierto o árida, establecida en todos los oasis apegados al gran Salar de Atacama.
En esta época ya se usan más intensamente las rutas del tráfico cara- vanero para el traslado de productos de intercambio y colonización de recursos distantes, apoyados en la base productiva generada por pueblos bien sedentarios, con especial énfasis en la producción de bienes de esta- tus como la metalurgia, artesanías o para rituales y piezas de piedras semi- preciosas.
Se observa un incremento de la población, de modo que la produc- ción agrícola, gracias al regadío artificial, comienza a ser diversa y estable. Las artesanías también se diversifican, puesto que se multiplicaron las ofren- das en cementerios y se elaboraron con más virtuosismo objetos de hue- sos, tejidos, maderas, metales y cestería. Por otro lado, aparecen las pri- meras tabletas para la inhalación de alucinógenos, las que, más tarde, se popularizarán en este territorio.
Durante el primer milenio, estos pueblos han crecido y ocupado las mejores tierras aledañas a los ríos que bañan los oasis del desierto de Ata- cama, y recogen las costumbres como las tradiciones de los pueblos ante- riores. Una población bien identificada en los ayllus de San Pedro de Ata- cama da cuenta de estos pueblos en Quitor, Sequitor Oriental, Toconao Oriente, Solor, Tulor y Tchapuchayna.
De los primeros pueblos formativos avanzados, el campamento de Turi –Noreste del Pukara– representa bien este periodo (150 a 200 d.C.), en el que se conectaban los caravaneros del Loa medio con el Noroeste argentino. Estos primeros pueblos formaban grupos muy similares a aque- llos que habitaron los ayllus de San Pedro de Atacama entre los años 100 a
72 La ventaja de los microclimas de los oasis es que presentan temperaturas más cálidas respecto a la alta Puna, con suelos más extensos y grandes arboledas sombreadoras que mantienen la evaporación del suelo regado. (Núñez, Lautaro. Breve historia... Op. cit.)
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400 años d.C., los cuales también estaban en contacto con las poblaciones agropecuarias del Noroeste argentino.
TIWANAKU73
La cultura Tiwanaku se expandió en territorios que actualmente se vincu- lan con Bolivia, Perú, Noroeste argentino y Norte de Chile. Particular- mente, entre los 600 y 1.000 d.C., partes del territorio chileno como Ari- ca, Tarapacá y Atacama estuvieron bajo la directa influencia de esta74.
Tiwanaku incorpora “... una periferia de colonos del altiplano en los valles del extremo Norte de Chile (...) y un espacio marginal de intercam- bio de bienes en el borde occidental de la Puna de Atacama...”75; la periferia
está representada arqueológicamente por la fase Cabuza en Arica (300 a 700 d.C.), en tanto que la ultraperiferia por la fase Quitor (400 a 700 d.C.)76
en los oasis atacameños. En los valles ariqueños se alcanzan complejos be- neficios culturales y productivos, y otro tanto, en el valle de Atacama. Estos espacios se incorporan a este nuevo sistema cultural debido a la influencia de las caravanas de llamas que efectúan el intercambio de bienes.
La estrategia de Tiwanaku, primero, fue la de crear una semiperiferia alrededor del Titicaca, controlando sus dominios y sumando una conside- rable fuerza de trabajo, así como bienes y productos altiplánicos. Esta se- miperiferia circunlacustre –alrededor del lago– consolidó una intensa pro- ducción agropecuaria, artesanal y de bienes de prestigio. La incorporación de una periferia en las tierras bajas y altas en ambos bordes de la meseta implicó la explotación directa, diversa y complementaria de otras zonas ecológicas y de diferente tipo de producción. Allí se implantaron filiales con colonos altiplánicos (mitmaqkunas), articulando una suerte de “archi- piélago vertical” que significó la ocupación de territorios discontinuos donde cada uno de ellos tenía productos y productividades distintas, pero com- plementarios entre sí. De este modo cada territorio es como una isla, de allí el concepto de archipiélago77. A través de este modelo, se nutrió de
maíz, coca, ají, calabazas, jíquima, yuca, pescado, mariscos y varios artícu- los de importancia económica y social.
Entre los años 1.000 y 1.200 d.C., Tiwanaku pierde su dominio en el lago Titicaca. A raíz de un fuerte impacto de sequías reiteradas, esta cultu-
73 Se ha optado por escribir Tiwanaku, hoy de uso generalizado y más preciso que Tiahua- naco, o Tiaguanaco.
74 Berenguer, José y Percy Dauelsberg. “El Norte Grande en la época de Tiwanaku” (400 a 1.200 d.C.)”. En: Jorge Hidalgo, Virgilio Schiappacasse, Hans Niemeyer, Carlos Aldunate e Iván Solimano (Eds.), pp. 129-180. Prehistoria. Desde sus orígenes hasta los albores de la conquis-
ta. Editorial Andrés Bello. Santiago. 1989. p. 129.
75 Berenguer, José y Percy Dauelsberg. “El norte grande...” Op. cit. p. 146. 76 Op. cit. pp. 147, 153.
77 Concepto del antropólogo John Murra. Formaciones económicas y políticas del mundo andino. I. E. P. Lima. 1975.
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ra, que mantuvo bajo su control a etnias de las tierras altas y bajas, por su gradual desintegración, cede el paso a los señoríos regionales que, en tiem- pos del contacto español, se reconocerán como kollas, lupagas, pakajes, charkas, karangas, aricas, picas, lípez, atacamas, chichas y otros78.
Las poblaciones del Norte Grande de Chile que se involucraron en este dinámico período ocuparon los valles y oasis, las quebradas que lle- gan al mar. En Lluta, Azapa y Codpa se asentaron los carangas y en los valles de Lucumba y Sama, los lupacas79. En la vertiente occidental cir-
cumpuneña se identifica la unidad lingüística kunza de las poblaciones atacameñas de la cuenca del Salar, valle de Atacama y valle del Loa y sus afluentes. En tanto que el complejo Toconce-Mallku se identifica con la tradición altiplánica de grupos étnicos probablemente aymarizados insta- lados en enclaves del río Loa, que se evidencia en ciertos topónimos y
nombres que han pervivido hasta hoy80, incluyendo asentamientos
preinkaicos y altiplánicos propiamente tales.
ESPLENDOR DE LOS PUEBLOS DE LOS OASIS