IV. Las finanzas del hogar
4.2. El principal activo: la vivienda
Vivienda(s) en propiedad
El principal activo de las familias españolas es la vivienda que tienen en propiedad. Tanto es así que cada vez está más difundida la idea de usar este activo para fi nanciar los mayores gastos que el aumento de su esperanza de vida provocará en los mayores.8 Es muy conocido
el patrón tradicional de la tenencia de la vivienda en España: casi todo el mundo la tiene en propiedad, y muy pocos optan por el alquiler. Esto es especialmente claro en las cohortes de edad que analizamos. Un 93% de los entrevistados dice que es propietario de su vivienda habitual, y sólo un 7% la tiene en alquiler.
El caso español es, por ello, muy singular en el marco europeo. Por ejemplo, entre las per- sonas de 60 a 69 años, el porcentaje de propietarios de su vivienda habitual es máximo en España (91%), bastante por encima de la media ponderada de los diez países del estu- dio SHARE (71%) y muy por encima de países de Europa central, como Alemania (56%), Holanda (55%) o Suiza (62%) (cuadro 4.6). Las cifras italianas (81%) y griegas (86%) son mucho más cercanas a las españolas, pero, rompiendo patrones de afi nidad vistos para otras variables, también lo son las nórdicas (78% en Suecia, por ejemplo).
8. Véase, entre otros, Herce (2005).
Cuadro 4.6 Personas de 50 a 69 años de varios países europeos: vivienda en propiedad (Porcentajes verticales)
50-59 60-69 Suecia 76,4 78,2 Dinamarca 77,9 80,1 Alemania 56,2 56,2 Holanda 70,5 55,3 Francia 77,2 78,8 Suiza 59,5 62,3 Austria 65,2 64,5 Italia 77,8 81,3 España 84,9 91,3 Grecia 85,2 85,6 Total 71,2 71,2
Fuente: SHARE (Börsch-Supan, coord., 2005: tabla 2A.5).
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IV. LAS FINANZAS DEL HOGAR 59
La propiedad de la vivienda habitual está tan extendida que admite muy pocas variaciones según nuestras variables independientes. Ni siquiera el status socioeconómico las provoca. Tan sólo el tamaño de la localidad y el estado civil parece relacionarse algo con la tenencia de la vivienda (cuadro 4.7, web). Es probable que la vivienda en alquiler sea más frecuente en los núcleos urbanos grandes (más de 200.000 habitantes), con un 12%, que en los pueblos (hasta 10.000), con un 3,5%. Quizá refl ejando este mismo patrón, los viudos (más bien viu- das) y solteros, que están concentrados más que los casados (o emparejados) en las grandes ciudades, también poseen en mayor medida su vivienda en alquiler (13% vs. 5%).
Más variación hay, como cabía esperar, en la propiedad de una segunda residencia. La posee un 27,5% de los entrevistados (cuadro 4.8, web). La variable que más infl uye en su posesión es, lógicamente, el status socioeconómico del hogar: apenas un 12% de los entrevistados de status bajo tiene una segunda vivienda, porcentaje que va ascendiendo hasta el 60% de los de status alto. Esta asociación con el status, y, lógicamente, con los ingresos, probablemente explica que sean menos los viudos y solteros que tengan una segunda residencia (17%, fren- te a 31% de los casados o emparejados).
Resulta llamativo, por último, que parte de los que tienen su primera vivienda en alquiler tengan una segunda residencia en propiedad. De hecho, no son pocos, un 17,5%, frente al 28% de los que son propietarios de su vivienda habitual. La infl uencia del status en la propiedad de una segunda residencia se refl eja, asimismo, en el origen de la propiedad de la segunda residencia. En una mayoría amplia de casos (76%) esa segunda vivienda la han adquirido los entrevistados, y sólo en un 24% la han recibido en herencia.
Hipoteca
Uno de los resultados más llamativos que arroja la encuesta es la relativamente alta proporción de encuestados que tiene una hipoteca sobre su vivienda habitual: nada menos que un 20% (cuadro 4.9, web). Cabe imaginar que entre los 50 y 70 años las familias ya tendrían que haber- se desprendido de este tipo de cargas. Los individuos estudiados pertenecen a una generación que se casaba antes que los jóvenes actuales, por lo que han podido pasar, fácilmente, entre 25 y 45 años desde que se casaron. La adquisición de la vivienda habitual estaba entonces, como ahora, muy ligada a la formación de una nueva familia, por lo que cabe pensar que, para mu- chos de ellos, la compra de la vivienda fue, incluso, anterior a su matrimonio. Además, en esas fechas era raro contratar un crédito hipotecario a un plazo superior a diez años.
Si lo anterior no es del todo cierto, cabrían varias hipótesis para entender por qué una quinta parte de los encuestados todavía tiene un crédito hipotecario. Primero, en esa quinta parte pueden estar sobrerrepresentados los que iniciaron su vida familiar viviendo de alquiler y sólo cuando ahorraron lo sufi ciente «se metieron en un piso», como se dice coloquialmente. Éstos habrían contratado su hipoteca más tardíamente, por lo que sería lógico que todavía estuvie- ran pagándola. Segundo, una parte de esas hipotecas vivas podrían ser segundas hipotecas, que utilizan los tomadores para la mejora de su vivienda. Por último, no cabe descartar uno o
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varios cambios de vivienda a lo largo de la vida, que se llevarían a cabo vendiendo la vivienda anterior y complementando la adquisición de la nueva con un nuevo préstamo hipotecario. Sea como fuere, un quinto de los entrevistados todavía lleva la carga de una hipoteca. La edad parece ser un factor determinante, pero no afecta linealmente al tener o no tener una hipoteca, sino que, más bien, distingue a los entrevistados de 65 a 70 años (sólo un 7% la tiene) del resto (entre un 20% y un 27,5%) (cuadro 4.9, web). Quizá por razón de la edad, también se distinguen por tener pocas hipotecas los entrevistados de status bajo o medio- bajo (6%/14%) del resto (entre 23% y 25,5%).