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4. VIDA Y OBRAS DE TOMÁS CARRASQUILLA

4.2 PRINCIPALES OBRAS

Entre sus obras están:

NOVELAS

Ø Frutos de mi tierra (1896) Ø Grandeza (1910)

Ø Hace tiempos. Trilogía que comprende las siguientes novelas: Por aguas y pedregones, Por cumbres y cañadas, y Del campo a la ciudad (1935- 1936). NOVELAS CORTAS Ø Blanca (1897) Ø Salve Regina (1963) Ø Lígia Cruz (1920) Ø Entrañas de niño (1906) Ø Dimitas Arias (1897) Ø El zarco (1922) CUENTOS

La producción cuentista de Carrasquilla es muy variada. Se destacan:

Tradicionales: “En la diestra de Dios Padre” y “El prefacio de Francisco Vera”.

Fantásticos: “El ánima sola”

Simbólicos: “El gran premio”

Además de los anteriores, forman parte de numerosas antologías otros relatos como: Simón el mago, Palonegro, A la plata y El rifle.

Su obra literaria es igual y varia, a diferencia de los costumbristas del siglo XIX que describían sus cuadros, escenas y tipos dentro del mismo patrón. Lo igual en ella es que toda está hecha de sustancia antioqueña y que esta realidad exterior única, está siempre vista a través de su personalidad. La variedad depende de la forma y estructura de sus obras, del aspecto de la realidad que describen y del tema dominante. Unos son cuentos tradicionales, como En la diestra de Dios Padre (1897), obra maestra, que aunque parece ser y es una mera transcripción folklórica, es donde con pureza brilla la personalidad y el estilo del autor, y El prefacio de Francisco Vera, que no es otro que el romance del cura aludido por el barbero del Quijote y conservado en la tradición popular de España y de Antioquia; fantásticos, como El ánima sola (1898), especie de leyenda romántica medieval; simbólicos, como El gran premio, que muestra la raíz humana de la soberbia; psicológicos, como San Antoñíto (1899) y Rogelio (1926),

Análisis de almas de niños, y en fin, aquellos otros, como el primero:

Simón el mago (1890) y Palonegro, en los que la superstición y la brujería actúan de manera cómica o trágica en personajes contemporáneos. Ninguno de ellos es un relato realista ni una mera pintura de costumbres, aunque haya en todos costumbres y realidad, todos tienen un sentido moral y una intención artística; muchos ocurren “de tejas arriba”, como se

titularon cuando fueron coleccionados, o sea, en la frontera entre este mundo y el trasmundo.

Lo mismo que se dice de los cuentos puede aplicase a las novelas cortas, con la diferencia de que en estas adquiere mayor desarrollo y predominio el análisis psicológico de las almas de los personajes y la pintura de los paisajes y del medio social. En ellas hay una mezcla compleja de alegría y de tristeza, que se resuelve en finales casi siempre trágicos. Todas se titulan por el nombre del protagonista, cuyo problema psicológico individual y distinto es el eje en torno al cual giran los recuerdos autobiográficos, las costumbres populares y sociales y las cuestiones ideológicas y morales. Los héroes de estas novelitas son preferentemente mujeres y niños; de las primeras hay tres protagonistas, además de los personajes secundarios, muy distintas entre sí, una la de Blanca (1897) –niña inocente y graciosa que con su viveza y bondad es lazo de unión de una familia de la “cumbre social” deshecha y abyecta; otra la de Salve, Regina (1903) –obra preferida por su autor, por creer que en ella había logrado más que en otras la perfección literaria, en la que entre bellos paisajes de los Andes, analiza una joven perpleja ante el amor y el deber-, y otra, la de Ligia Cruz

(1920) –joven desequilibrada por temperamento y desajuste social. Las niñas de Entrañas de niño (1906), Dimitas Arias (1897) y El zarco (1922), son en distintas situaciones hermanas de los niños de los cuentos con mayor desarrollo, y aunque no sean el mismo, todos tienen el fondo

idéntico autobiográfico de la niñez de Carrasquilla. En Dimitas Arias, no hay duda de que está pintada con amor la primera escuela a la que Carrasquilla asistió. En cambio, en otra novelita: Superhombre (1920), se satiriza la educación moderna. El padre Casafús, personaje con un carácter tragicómico, que tiene como fondo las luchas políticas entre liberales y conservadores.

Las cuatro novelas largas que escribió, contienen los elementos señalados en los cuentos y novelas cortas en un desarrollo más amplio. Valen más en ellas los pormenores, personajes, costumbres, conversaciones, descripciones que la trama novelesca del conjunto. En la primera, Frutos de mi tierra

(1896), el mundo que pinta es el de las clases bajas de su región, mientras que en la segunda, Grandeza (1910), describe la alta sociedad de Medellín. Muchos años después, en 1926, escribe una novela histórica, La marquesa de Yolombó, en la que reconstruye el pasado de una población antioqueña en el siglo XVIII, a finales de la Colonia y principios de la Independencia; pero si en ella los chapetones pertenecen en efecto al pasado, los criollos, lo mismo de las clases altas, como la protagonista, que de las bajas, negras, mestizas o blancas, son hermanos de los personajes de las novelas contemporáneas y hablan y obran como ellos.

Su última novela Hace tiempos (1935-1936), es la más larga y la menos novela; en ella renuncia Carrasquilla a su intento de enlazar lo material que lo

rodea, por medio de una trama novelesca y deja que pase ante nuestros ojos seguida a través del hilo de su propia vida.

En su primer volumen, titulado Por aguas y pedregones, describe su infancia montañera; allí adquieren pleno desarrollo y sentidos personajes de sus obras anteriores, como la criada Cantalicia, culminación de la serie iniciada por la Frutos de su primer cuento y los amigos de la infancia que aparecieron en germen en los niños héroes de sus cuentos y novelas; allí está en su plenitud el aprendizaje de la vida minera y bravía de las montañas antioqueñas, de la convivencia de razas, de la mezcla de supersticiones, de la fuerza de la tradición en el aislamiento y de la hombría en las relaciones humanas, y de la riqueza del lenguaje en que se expresan aquellos habladores sempiternos. Allí está todo lo que hizo a Carrasquilla ser como era, antioqueño esencial y después por obra de su arte, antioqueño universal. En el segundo volumen, Por cumbres y cañadas, continúa el aprendizaje en la juventud; en el tercero, Del monte a la ciudad, el joven Eloy Gamboa vive en Medellín, la capital, la época de transición entre lo antiguo y lo nuevo, manifestada en los cambios económicos sociales y de las costumbres y sobre todo en la guerra civil entre liberales y conservadores. Lo moderno pasa de prisa, como si no le interesara y sustituye el relato de los hechos con la exposición de las ideas serenas y comprensivas del viejo que mira para atrás.

Esta última obra escrita, o mejor dicho dictada cuando se acercaba a los ochenta años y estaba, como él dice “tullido y con muchas dolencias de alma y cuerpo”, da la medida máxima del arte de Carrasquilla, porque en ella se desnudó de todo lo ajeno y se entregó libremente a hablar de sí mismo, a escribir lo suyo propio, es decir, la eterna dicha de la autobiografía.