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LOS PRINCIPALES OBSTÁCULOS

In document El patito feo de la política (página 139-141)

CON EL PAÍS EN LA CABEZA

LOS PRINCIPALES OBSTÁCULOS

En general, se pueden diferenciar tres obstáculos de talla mayor que impiden la participación de la mujer en la política, según lo explica la experta Angélica Bernal Olarte.

En primer lugar, están los obstáculos de partida, que se refieren a los patrones de crianza de las mujeres que a pesar de todos los cambios ocurridos durante el siglo pasado, siguen relegándolas a la esfera privada, mientras que lo público sigue siendo un campo de la masculinidad. Ejemplo de ello, es que la mujer juega al “papá y a la mamá” o a la “cocinita” y no al fútbol o a los “carritos”. Igualmente, por lo general, se le inculca a creer en cuentos de hadas que muestran un correcto manejo de lo que se supone debe ser la feminidad para que más tarde, como mujeres, se vuelvan adictas a las novelas, que no son otra cosa que cuentos de hadas más sofisticados.

Asimismo, de dichos patrones de crianza es de donde surge esa carencia entre las mujeres de poder desarrollar una serie de destrezas y conocimientos para ingresar en la arena política en igualdad de condiciones con los varones. Ejemplo de ello podría ser la oratoria, una herramienta que sin duda en la socialización temprana, no se desarrolla en la mujer pero sí en el hombre, y que se hace infaltable en la política.

Claro está, todo ello tiene como cimiento un bagaje histórico que lleva implícito el cómo a lo largo de los siglos, la mujer ha soportado una situación de marginalidad y exclusión de los espacios públicos por cuenta de patrones religiosos y culturales e incluso, por leyes que le negaron durante largo tiempo su sexualidad, su autonomía, sus capacidades y hasta sus derechos políticos, pero que hoy en día –aún cuando supuestamente habían quedado en el pasado-, siguen marcando una pauta en cómo se construye familia, y desde allí, un verdadero núcleo de lo social edificado sobre la medida y las necesidades de los hombres, y eso sí, siempre con sus reglas de juego. Y es que tal

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como lo aseguraba Diana Espinosa de UNIFEM, “la nuestra es una historia muy reciente, llevamos 200 años, acabamos de celebrar el bicentenario, de esos, 50 las mujeres han estado con opción por lo menos de votar, pero de ahí para adelante, la obtención de derechos civiles ha sido bastante lenta”. En segundo lugar, se encuentran los obstáculos de entrada, que parten de los prejuicios culturales que congresistas, partidos políticos y electores, tienen sobre los campos de acción y los roles diferenciados según el género, en donde la mujer aún se percibe alejada de lo público. No es absurdo decir que el estereotipo de género sigue primando en la conciencia colectiva, pues continúa siendo algo extraño que la mujer ingrese a la vida pública y compita por nuevos espacios.

Por lo que se hace ciertamente más difícil para ellas conseguir un respaldo político que las avale en sus candidaturas, ya que como lo admite Diana Espinosa de UNIFEM, “este es un tema sobre todo de poder. Que haya más mujeres en política significa que hay menos hombres, porque los escaños siguen siendo 267. Entonces los alcaldes siguen siendo los mismos alcaldes, uno por cada municipio y ciudad de este país, es decir, este no es un problema solamente de género, es un problema de poder. No es un problema solamente de cultura patriarcal, es un problema alrededor del poder, de la distribución del poder y del ejercicio del poder en esta democracia.”

No sólo eso. Por representar una minoría dentro de las instancias de decisión, casi siempre las mujeres quedan ubicadas en los últimos lugares de las listas dentro de los partidos o son a las que llaman para hacer suplencias. Por lo que su situación continúa siendo precaria dentro de las tres ramas del poder público. Cecilia López es enfática: “aquí porque tenemos que estar felices porque hay dos o tres mujeres en las listas, tenemos que tener el 50%. Las mujeres están más preparadas que los hombres.”

En último lugar, están los obstáculos de permanencia que son al parecer los más difíciles de superar, ya que supondrían un cambio en las reglas formales del quehacer político. Pues es allí donde se observa el cómo las características y dinámicas propias del juego político colombiano -que llevan implícito un sesgo machista-, se muestran en contradicción con el sentir general de mujeres que no sólo no se sienten identificadas, sino que se constituyen en la principal razón de su eventual retiro.

Ejemplo de ello, es que el manejo de lo público demanda un alto grado de dedicación y empeño– porque hacer política es una cuestión que toma las 24 horas al día en reuniones, cocteles, pasillos y

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demás- por lo que la mujer, aún anclada en el patrón cultural que la ubica como responsable de los hijos y del hogar, no puede soportar ambas labores en un juego político de doble filo, en donde las reglas fueron hechas por y para hombres abstraídos de toda responsabilidad de su casa, y lo que por supuesto sino pasa por una transformación cultural, se les va a seguir dificultando es a ellas y sólo a ellas.

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