1. Andalucía 884.000 personas 2. Castilla León 466.000 3. Castilla la Mancha 458.000 4. Extremadura 378.000 5. Galicia 229.000 6. Murcia 102.000
Andalucía en su conjunto se convirtió en el principal centro de emigración, tanto hacia el extranjero como en el interior de España. Si a principios de siglo sobre todo desatacaba la Andalucía Oriental (Almería, Granada, Málaga y Jaén) como foco fundamental de emigración, ya a mitad de siglo la emigración se intensificó en todo el conjunto de la Andalucía160. Pero, aun extendiéndose por toda la región, siguió siendo
159 Elaborado a partir de los datos de: RIQUER, Borja de: La dictadura…, ob. cit., p. 639. 160 BARBANCHO, Alfonso G.: Las migraciones…, ob. cit., p. 23.
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Andalucía Oriental en los años 60 la “suministradora inagotable de recursos humanos”161. Casi 1.400.000 personas abandonaron esta región ente 1955 y 1975, con un impacto alto sobre todo en su población más joven. Los efectos del desarrollo económico no fueron favorables para el empleo en esta región que contó con el mayor índice de parados de toda España. Y es que Andalucía, veinte años después de iniciadas las políticas “desarrollistas”, seguía en la misma posición de retraso, con una renta per cápita que era un 71% de la media española162.
En Andalucía, la tendencia del franquismo a la concentración de la tierra se sumó la preferencia de los patronos por cultivos más fácilmente mecanizables frente a los que ofrecían más puestos de trabajo. Si a esto le sumamos el cierre de muchas minas andaluzas, la escasa industrialización (que sólo alcanzó algunas zonas como Huelva y Sevilla), y la poca inversión, tanto pública como privada, Andalucía se situó en una posición altamente desfavorable frente al crecimiento de otras regiones de España. Tan sólo el turismo supuso una cierta fuente de inversiones, y de esta forma únicamente a la tradicional zona de recepción de inmigrantes de Sevilla se sumó por efecto del turismo Málaga y Marbella163.
El carácter de avalancha de estas migraciones podemos verlo en otros índices, como midiendo el trasvase de población a nivel de comarcas. Si en 1901-30 existían 100 comarcas con saldos migratorios insignificantes (el 20% del total), esta cifra se reduce a 33 en la década de 1961-70. Asimismo, en este periodo 264 comarcas registraron saldos de salida de población cifrados entre 5.000 y 20.000 emigrantes netos. Y finalmente, 15 comarcas recibieron entre 50.000 y 500.000 emigrantes (“algo que no se había dado nunca”)164. Siguiendo estos datos podemos diferenciar claramente los movimientos migratorios de principio de siglo y los de la década que estudiamos por el enorme volumen que adquirieron en este período.
Con lo que respecta a los puntos de llegada, comenzado por la emigración extranjera, en ésta se consolidó la dinámica de la década anterior de sustitución de los países americanos como principal foco de emigración por los destinos europeos. En el pasado, si el 85% de los emigrantes se había dirigido a Iberoamérica (y el norte de África como destino alternativo), ahora lo harían a Europa “pudiéndose dar por cerrados los
161 Ibídem, p. 69.
162 RIQUER, Borja de: La dictadura…, pp. 629-630.
163 BARBANCHO, Alfonso G.: Las migraciones…, ob. cit., p. 57. 164 Ibídem, p. 51.
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ciclos iberoamericanos y sobre todo el norteafricano”165. De un millón y medio de personas que emigraron al exterior en la década de 1960, el 31,1% lo hizo a Alemania, el 29,9% a Francia y el 25,3% a Suiza166. De 1960 a 1975 Kreienbrink habla de aproximadamente dos millones de emigrados, de los cuales entre 1961 a 1979 habrían vuelto un millón167 (tengamos en cuenta en estos datos que las estadísticas oficiales no dan la cifra real de la emigración, pues mucha de ésta no pasa por las “cauces oficiales”). Una característica que diferencio esta emigración exterior de la interior, fue que lo más normal es que tuviera un carácter temporal -al contrario que lo que fue la emigración americana- y tan sólo Francia percibió unos índices destacados de asimilación168. El perfil del emigrante era predominantemente varón, joven, y con previsiones de una estancia de 4 a 8 años. Muchos de estos emigrantes pasaban en primer lugar por una emigración interior, para luego salir al exterior, siendo andaluces y gallegos los principales protagonistas de las mismas (seguidos de lejos por los procedentes de las dos Castillas, Murcia y Valencia)169. Otra diferencia fue que en general salir al exterior era más complicado y entrañaba más riesgos, de modo que los emigrantes más pobres optaban por el destino interior170.
Una última cuestión que cabría resaltar de la emigración exterior, es que si bien se produjo una liberalización en dicha emigración, el franquismo trató que fuera una liberalización “controlada”, a través del Instituto Español de Emigración. En este sentido, hay referencias indirectas de que se potenciaba la emigración desde unas regiones y desde otras no, principalmente intentándose limitar en las regiones industriales que necesitaban de mano de obra cualificada (informes anuales de la Comisión Alemana en Madrid señalaban la exclusión por parte del IEE de zonas como Asturias, Vizcaya, Guipúzcoa, Álava y Barcelona)171.
En cuanto a la migración a destinos interiores, ésta tuvo una mayor importancia tanto en términos absolutos como por lo que supuso para la sociedad española, contribuyendo a la consolidación de una sociedad plenamente industrial y afectando tanto a las zonas de salida de estos inmigrantes como a los núcleos urbanos en los que se
165 VILAR, M. ª José: “Migraciones y relaciones internacionales”, en PEREIRA, Juan Carlos (coord.), La
política exterior de España. De 1800 hasta hoy, Barcelona, Ariel, 2010, p. 308.
166 NADAL, Jordi: La población…, ob. cit., p. 220. 167 KREIENBRINK, Axel: “1.La política…, ob. cit., p. 20. 168 NADAL, Jordi: La población…, ob. cit., p. 224. 169 RIQUER, Borja de: La dictadura…, ob. cit., p. 637.
170 SILVESTRE RODRÍGUEZ, Javier: “Las migraciones…, ob. cit., p. 122. 171 SANZ LAFUENTE, Gloria: “5. Mercado de…, ob. cit., p 139.
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asentaron. Como ya hemos dicho anteriormente, la tendencia general dentro de la emigración española durante estos años fue su carácter de larga distancia dirigido hacia las zonas de mayor concentración industrial. Además se tendió tanto a una mayor expansión de las zonas de emigración, como a una mayor concentración de las zonas receptoras de inmigrantes (si antes tenían un cierto protagonismo las capitales de provincias, progresivamente se fue concentrado cada vez más el fenómeno migratorio en las grandes ciudades)172. Midiendo por comarcas la polarización de la inmigración, vemos como 37 comarcas de un total de 487 (el 7%) absorbieron el 88% de los inmigrantes173 (además de que en algunos casos se trata de un mismo polo de atracción, como son en el caso de Barcelona y las comarcas vinculadas económicamente a esta ciudad). De todas formas, en las mismas capitales de provincia de todo el Estado se registraron importantes índices de crecimiento en términos absolutos, aunque no así porcentualmente, y de hecho “la industrialización ha surgido como fuerza nueva de concentración en municipios no capitales”174.
Los principales puntos de recepción fueron las ya tradicionales zonas de Madrid, Barcelona y País Vasco175, a las que se sumaron Valencia y Alicante. De todas formas Madrid, Barcelona y País Vasco recogieron por sí solas el 57% de todos los inmigrantes españoles176. Los emigrantes supusieron una aporte demográfico altísimo para estas ciudades, de tal forma que en ciudades como Madrid o Barcelona casi llegó a representar la mitad de la población en 1975 (47 y 46% respectivamente), acentuándose la concentración de población (Cataluña, Madrid, País Vasco y Valencia llegaron a el 40,9% de la población total de España), así como la despoblación de las principales zonas de partida de los emigrantes177.
Atendiendo a los niveles de renta, vemos cómo los índices de las principales provincias receptoras de inmigrantes coinciden con las provincias con mayor nivel de renta, y al contrario, en las regiones predominantemente expulsoras de población se encuentran un menor nivel. Las cuatro provincias con un mayor incremento de la renta,
172 NADAL, Jordi: La población…, ob. cit., p. 208.
173 BARBANCHO, Alfonso G.: Las migraciones…, ob. cit., p. 55.
174
BARCIELA LÓPEZ, Carlos:“10. Crecimiento y…, ob. cit.,pp. 259-261.
175 Las regiones de Madrid, Noreste y Cantábrico de Alfonso G. Barbancho, cuya fuerza de atracción se
extendería por “prácticamente toda España”. BARBANCHO, Alfonso G.: Las migraciones…, ob. cit., p. 68.
176 Ibídem, p. 56.
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Barcelona, Madrid, Valencia y Vizcaya, son a su vez las que mayores tasas de recepción de inmigrantes tuvieron178.
Madrid y Barcelona fueron durante todo el siglo XX los dos principales puntos de acogida de inmigrantes, hecho que se acentuó “a un ritmo cada vez más violento” en estos años179. Aunque hemos señalado la existencia de otras zonas de acogida de inmigrantes, estos dos puntos se sitúan a la cabeza con bastante diferencia, siendo en los años 60 la zona de Madrid y Noreste (Girona, Barcelona, Tarragona y Baleares) los polos indiscutibles de atracción de inmigrares de toda España180.
En esta inmigración tuvo una gran importancia las redes de parentesco y paisanaje que se establecieron y que facilitaron la llegada de nuevos inmigrantes. La ayuda más básica que se ofrecía por medio de estas redes era la acogida de los inmigrantes, pudiéndoles ayudar también a buscar un alojamiento propio o trabajo. Volveremos sobre esto más adelante.
Lo más habitual era que los primeros en emigrar fueran varones jóvenes, tanto solteros como padres de familia (esto no quiere decir que las migraciones sean exclusivamente masculinas, sino que responden a una dinámica de emigración determinada. Según los datos aportado por Afonso G. Barbancho el porcentaje de emigrantes masculinos y femeninos fue equilibrado)181, predominado dentro de los inmigrantes la población joven con respeto a la media de todo el país182. Tras asentarse, éstos ayudaban a la llegada de nuevos inmigrantes, a sus propias familias o a vecinos de su mismo pueblo. Estas redes llegaron a tal grado de efectividad que se registraron casos de la emigración de casi la totalidad de un pueblo a un barrio concreto, como fue el caso de los vecinos del pueblo de Pedro Martín al barrio de Torre Romeu en Sabadell183.
178 BARBANCHO, Alfonso G.: Las migraciones…, ob. cit., p. 102. 179 Ibídem, p. 23.
180 Ibídem, p. 69, 181 Ibídem, p. 38. 182 Ibídem, p. 90.
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Mapa 2. Emigrantes e inmigrantes netos de los partidos judiciales por provincias