Límites estructurales para el desarrollo de la
3. Principales resultados (a) Propensión al riesgo alimentario
El monitoreo de la evolución de indicadores como el riesgo alimentario, adquiere particular relevancia cuando se considera que los Estados se han comprometido a “reducir a la mitad la proporción de personas que sufren hambre entre 1990 y 2015” (Objetivos de Desarrollo para el Milenio, ONU, 2000).
El riesgo alimentario, tal como lo mencionamos, es una medida de tipo perceptual a través de la cual se logra una aproximación a estimar la proporción de niños, niñas y adolescentes que se encuentran en situación de vulnerabilidad en la satisfacción de sus necesidades de alimentación, por problemas socioeconómicos. Cabe señalar que este indicador, basado en percepciones, guarda una fuerte correlación con medidas tradicionales de pobreza socioeconómica12 (Fao, 2000; Tuñón,
2010).
Tanto es así, que la evolución de la incidencia del riesgo alimentario -entre 2007 y 2010- en la población de edades entre 0 y 17 años entre el 2007 y 2010, permite reconocer los procesos de retracciones y crisis de la macroeconomía. Hacia finales del 2007 se comienza a advertir los primeros signos de contracción de la economía argentina, como efecto del proceso inflacionario local, al que se suma la crisis internacional del segundo semestre de 2008. En este contexto, la incidencia del riesgo alimentario en la niñez y en la adolescencia de edades entre 0 y 17 12 En el cuarto trimestre de 2010, se estima que 22,2% de la niñez
en edades entre 0 y 17 años en los grandes aglomerados urbanos de la Argentina, tenía Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) (Tuñón, 2011b).
años, experimentó un incremento de 7,9 puntos porcentuales, entre 2007 y 2009. Tras el proceso de recuperación post-crisis internacional, y tras un año de aplicación de la AUH, la incidencia del riesgo alimentario descendió 4,9 puntos porcentuales (variación interanual 2009-2010 estadísticamente no significativa) (ver tabla 1).
Las infancias más afectadas por el incremento del riesgo alimentario, tal como se puede advertir en la tabla 1, fueron los niños y niñas más pequeños de edades entre 0 y 4 años, las niñas en mayor medida que sus pares varones, las poblaciones infantiles del Área Metropolitana del Gran Buenos Aires en mayor medida que las del interior urbano, y los niños y niñas del 50% más bajo en la estructura social. El proceso de recuperación y las políticas de transferencia de ingresos implementadas en dicho período no lograron, a nivel agregado, incidir en una recuperación de la economía de los hogares que permitiera alcanzar el nivel de incidencia del riesgo alimentario previo a la crisis, salvo en el caso de las infancias más favorecidas en términos socioeconómicos (50% de la población infantil de estratos medio y medio alto).
Cuando se analiza la propensión al riesgo alimentario, considerando el efecto de todos los factores estimados en el marco de un modelo de regresión logística como el que se presenta en el modelo 113, se advierte cómo el año 2009
fue significativo en el incremento del riesgo, siendo la probabilidad de experimentar riesgo alimentario 43% superior a la del año 2007; y aún en el contexto de la recuperación económica del 2010, la probabilidad era 15% superior a la de inicios del período bajo análisis.
Otro factor de tipo estructural que identificamos y que era esperable que determinara la propensión al riesgo alimentario, es la situación de pobreza socioeconómica; los niños y niñas en el 50% más bajo de la estratificación social registran casi 5 veces más “chance” de experimentar riesgo alimentario que los niños y niñas en el 50% superior (ver Exp. (B) y Sig, en Modelo 114). En relación con
este factor, también se advierte que los niños 13 El modelo de estimación de la probabilidad de registrar riesgo
alimentario muestra un buen ajuste de los datos (77,3%). 14 La función del Exp (b) es la de describir el comportamiento de
cada variable indicando la probabilidad de que un suceso ocurra, dado un atributo determinado y manteniendo constante el resto de las variables (respecto siempre de la categoría de referencia).
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y niñas que reciben asistencia no contributiva a través de planes sociales, o la AUH, tienen el doble de probabilidad de experimentar riesgo alimentario que quienes no reciben este tipo de asistencia económica. Lo cual, por un lado, es indicativo de la correcta focalización de este tipo de políticas compensatorias, y por otro lado, de los límites de los mismos, antes factores de tipo estructurales.
Si bien en el análisis bivariado advertimos que el incremento del riesgo alimentario entre 2008 y 2009 había sido mayor en el Área Metropolitana del Gran Buenos Aires, el
análisis multivariado señala que en presencia de todos los factores considerados, la propensión al riesgo es mayor en la infancia del interior urbano (22% superior).
Este indicador tan sensible a los cambios macroeconómicos, y tan esencial en términos de los derechos actuales de la niñez y de la adolescencia en el sostenimiento de la vida y en el desarrollo potencial futuro, obliga a reflexionar sobre la necesidad de construir políticas anticíclicas que preserven la satisfacción de estos derechos elementales de eventuales crisis socioeconómicas.
Tabla 1
Riesgo alimentario según características seleccionadas
Serie Histórica Aglomerados Comparables EDSA Var. Abs. (en p.p) Var. Abs. (en p.p)
2007 2008 2009 2010 Var 2007-2009 Var 2009-2010
Déficit Total 0 a 17 años 20,0 19,2 27,9 23,0 7,9 - 4,9*
Grupo de edad 0 a 4 años 20,6 21,5 30,1 24,7 9,5 -5,4
5 a 12 años 20,7 19,0 27,9 25,9 7,2 - 2,0*
13 a 17 años 17,9 17,8 25,1 18,3 7,2 -6,8
Sexo Varón 20,4 19,2 25,8 21,9 5,4 - 3,9*
Mujer 20,3 19,5 28,3 24,2 8,0 - 4,1*
Región urbana AMBA 18,5 16,8 28,0 21,7 9,5 -6,3
Interior Urbano 23,5 20,5 27,6 26,2 4,1* - 1,4*
Estrato social Muy bajo/ bajo 31,2 31,3 40,2 38,6 9,0 - 1,6*
Medio/ medio alto 9,6 6,5 13,6 8,2 4,0* -5,4
No recibe 14,6 16,0 20,7 15,0 6,1 -5,7
Recibe 39,8 31,9 47,1 40,0 7,2 -7,0
(*) Las diferencias de proporciones interanuales no son significativas (p-value<=0,05) Fuente: EDSA (2007-2010). Observatorio de la Deuda Social Argentina UCA En porcentajes de niños/as entre 0 y 17 años
Asistencia no contributiva
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Modelo I
Factores asociados a la propensión al riesgo alimentario Niños/as entre 5 y 17 años
B Exp(B) Sig. B 2007 ©
2008 -,194 ,823 **
2009 ,362 1,437 ***
2010 ,137 1,147 *
Grupo de edad 0 a 4 años ©
5 a 12 años 0,010 1,010
13 a 17 años -,092 ,912
Sexo Varón ©
Mujer ,024 1,024
Estrato social Medio/ medio alto ©
Muy bajo/ bajo 1,595 4,926 *** Región urbana AMBA ©
Interior Urbano ,203 1,225 ** No recibe ©
Recibe ,712 2,039 ***
Porcentaje global de aciertos que explica el modelo © Categoría de referencia
* Coeficientes betas estandarizados significativos (p-value < 0,1) ** Coeficientes betas estandarizados significativos (p-value < 0,05) *** Coeficientes betas estandarizados significativos (p-value < 0,01) Año
Asistencia no contributiva
77,3
Fuente: EDSA (2007-2010). Observatorio de la Deuda Social Argentina UCA (b) Propensión al déficit educativo
En la Argentina, la educación es obligatoria a partir de los 5 años y hasta los 17 años, es decir, desde el nivel preescolar hasta la educación secundaria o media completa. Si bien en el nivel preescolar y en la educación primaria básica los niveles de inclusión educativa son casi plenos en las grandes ciudades, no toda la infancia transita por dicho ciclo educativo con la edad que corresponde a cada año del nivel. Esta tendencia se profundiza en la educación media, donde la problemática del rezago escolar y la no asistencia es mayor. En tal sentido, aquí el déficit educativo da cuenta de esta doble situación de vulnerabilidad del derecho a la educación: la no asistencia y el rezago escolar15.
A nivel agregado, en la niñez y en la 15 Se denomina “déficit educativo” o “rezago educativo” a la
proporción de niños, niñas y adolescentes que no asisten o se encuentran en un grado inferior al menos un año respecto al correspondiente a su edad. Para su cálculo se considera las edades cumplidas al 30 de junio de cada año.
adolescencia de edades entre 5 y 17 años, se registra un déficit educativo cercano al 17,5% promedio, sin variaciones significativas en el período 2007-2010. En particular, la asistencia al nivel preescolar (sala de 5 años) y en general a la educación primaria, es casi total en las grandes ciudades de la Argentina. Sin embargo, una proporción de los niños y niñas transita el nivel primario con mayor edad que la correspondiente al año en curso, ya sea porque repitieron algún año o porque ingresaron más tarde al nivel. Lo cierto es que aproximadamente el 7% -en promedio- de la niñez entre 5 y 12 años, se encuentra en dicha situación con variaciones no significativas en términos estadísticos, entre 2007 y 2009 (ver tabla 2).
En el nivel medio (educación secundaria), ciclo educativo obligatorio en la Argentina desde la sanción de la Ley de Educación Nacional (Ley 26.206) en el año 2005, es donde se presenta el mayor déficit en los trayectos educativos. En efecto, en los primeros años
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del nivel (1°y 2° año) la situación de déficit tiene una incidencia en promedio de un 18%. Las variaciones entre 2007 y 2009 han sido de apenas 1,2 puntos porcentuales, y siguen una tendencia en descenso en la etapa de recuperación 2009-2010, aunque en variaciones porcentuales interanuales no significativas (ver tabla 2).
En el caso de los adolescentes en edad de estar cursando los últimos años del nivel secundario (3°, 4° y 5° año) el déficit ha llegado al 40%16, se ha sostenido en esos niveles entre
2007 y 2009, y experimenta un descenso de 2,6 puntos porcentuales entre 2009 y 2010 no significativo (ver tabla 2).
La probabilidad de experimentar déficit educativo es mayor entre los niños, niñas y adolescentes en situación de pobreza (50% inferior) que entre los pertenecientes a sectores medio y medio alto (50% superior). Las variaciones porcentuales registradas en tiempos de crisis y tras la misma en la recuperación, no son estadísticamente significativas, lo cual permite reconocer estabilidad en las situaciones de rezago escolar. Situación que también se advierte entre quienes reciben asistencia no contributiva, respecto de quienes no la reciben.
Las desigualdades según el sexo son relevantes; los niños y adolescentes varones registran mayor propensión al rezago educativo que las mujeres, y dicha desigualdad se observa con relativa independencia de los cambios socioeconómicos del período bajo análisis.
A través del modelo de regresión17
podemos corroborar algunos de los análisis hasta aquí realizados. Por un lado, se advierte con claridad que los vaivenes de los ciclos económicos, al menos de corto plazo como los experimentados en la Argentina, no modifican la situación de déficit educativo de la niñez y de la adolescencia urbana. Son otros los factores 16 Fuentes externas construidas con base en el Censo 2001 y registros administrativos del Ministerio de Educación de la Nación en 2005, estimaban para 2001 una tasa neta de escolarización en los primeros años del secundario del 78,4%, en los últimos años del nivel del 53,6%, es decir un rezago educativo del 21% y 46% respectivamente. Asimismo, en 2005 se estimaba sobre población escolarizada de edades entre 15 y 17 años, un retraso del 34,8% y una no asistencia del 11,6% (Diniece, 2007).
17 El modelo de estimación de la probabilidad de registrar déficit educativo muestra un buen ajuste de los datos (83%).
que determinan dicho déficit y tienen caracteres sociodemográficos como la edad y el sexo, así como otros factores estructurales tales como el estrato socioeconómico de los hogares, que guarda estrecha correlación con la percepción de asistencia no contributiva. En efecto, se advierte cómo los sujetos adolescentes en la escuela media tienen casi 5 veces más “chance” de experimentar déficit educativo que sus pares en el nivel de la educación primaria (ver Exp. (B) y Sig, en Modelo 2); y las estudiantes mujeres tienen casi 30% menos de probabilidad de encontrarse en situación de rezago educativo que sus pares varones.
La situación socioeconómica de origen es determinante del éxito en el trayecto educativo; tanto es así que los niños, niñas y adolescentes en el estrato bajo o muy bajo (50% inferior) registran 2,4 veces más “chance” de encontrarse en situación de déficit educativo que los pares en el estrato medio y medio alto (50% superior). La situación de percepción de asistencia no contributiva incrementa en 21% la probabilidad de déficit educativo respecto de quienes no reciben dicha asistencia (ver modelo 2).
Por último, observamos que los niños, niñas y adolescentes del interior urbano registran 11% más de probabilidad de demorarse en el trayecto educativo, que los pares residentes en el Área Metropolitana del Gran Buenos Aires.
La propensión al déficit educativo se ha mantenido estable entre 2007 y 2010; las variaciones interanuales no son estadísticamente significativas, lo que permite concluir que la escolarización y los trayectos educativos se encuentran fuertemente asociados a factores sociodemográficos tales como el grupo de edad, el sexo y el estrato social de origen, y se presentan menos sensibles al cambio en el marco de eventuales crisis socio-económicas.
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188 Tabla 2
Déficit educativo (1) según características seleccionadas
En porcentajes de niños/as entre 5 y 17 años
Serie Histórica Aglomerados Comparables EDSA Var. Abs. (en p.p) Var. Abs. (en p.p) 2007 2008 2009 2010 Var 2007-2009 Var 2009-2010
Déficit Total 5 a 17 años 17,1 16,7 17,9 18,4 0,8* 0,5*
Nivel educativo Sala de 5 años - Nivel Primario 7,5 5,6 7,2 8,3 - 0,3* 1,1*
1º y 2º año del secundario 18,4 20,2 17,2 16,0 - 1,2* - 1,2*
3º, 4º y 5º año del secundario 41,4 42,6 41,5 38,9 0,1* - 2,6*
Sexo Varón 19,1 19,4 20,8 20,9 1,7* 0,1*
Mujer 14,8 14,0 14,8 15,8 0,0* 1,0*
Región urbana AMBA 16,4 16,1 16,6 19,4 0,2* 2,8*
Interior Urbano 18,7 18,2 20,7 15,9 2,0* -4,8
Estrato social Muy bajo/ bajo 21,1 22,0 22,4 25,8 1,3* 3,4*
Medio/ medio alto 12,8 11,4 13,6 11,7 0,8* - 1,9*
No recibe 16,7 13,5 17,7 17,2 1,0* - 0,5*
Recibe 20,4 27,6 18,5 21,2 - 1,9* 2,7*
(*) Las diferencias de proporciones interanuales no son significativas (p-value<=0,05)
(1) No asiste o se encuentra en algún año inferior al correspondiente a su edad.
Fuente: EDSA (2007-2010). Observatorio de la Deuda Social Argentina UCA Asistencia no
contributiva
Modelo II
Factores asociados a la propensión a experimentar déficit educativo Niños/as entre 5 y 17 años
B Exp(B) Sig. B 2007 ©
2008 -,067 ,935
2009 ,088 1,092
2010 ,046 1,047
Grupo de edad 5 a 12 años ©
13 a 17 años 1,694 5,439 ***
Sexo Varón ©
Mujer -,304 ,738 ***
Estrato social Medio/ medio alto ©
Muy bajo/ bajo ,879 2,408 *** Región urbana AMBA ©
Interior Urbano ,106 1,112 * No recibe ©
Recibe ,192 1,212 **
Porcentaje global de aciertos que explica el modelo © Categoría de referencia
* Coeficientes betas estandarizados significativos (p-value < 0,1) ** Coeficientes betas estandarizados significativos (p-value < 0,05) *** Coeficientes betas estandarizados significativos (p-value < 0,01) Año
Asistencia no contributiva
83,0
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(c) Déficit en protecciones especiales: propensión al trabajo infantil
En este apartado avanzamos sobre el reconocimiento del nivel de incidencia y evolución de actividades económicas que realizan la niñez y la adolescencia. Actividades que exponen a la niñez a múltiples situaciones de vulnerabilidad social, que comprometen la calidad de vida actual y las oportunidades de desarrollo futuras. En efecto, el trabajo en la niñez y en la adolescencia suele tener consecuencias nocivas en la salud física y psicológica, en la integridad moral y en las oportunidades de acceso a la educación, a la recreación y al juego. El trabajo a temprana edad expone al niño o niña y a la adolescencia a la vulnerabilidad de otros derechos esenciales al desarrollo humano y social, y a una vida adulta en la que probablemente se enfrenten a desventajas en términos de sus capacidades físicas, psicológicas, sociales y de formación. En este sentido, el trabajo infantil reproduce condiciones de desigualdad social y pobreza intergeneracional (OIT, 2007; Cepal-Unicef, 2009).
El fenómeno del trabajo infantil es complejo y son múltiples los factores asociados al mismo, de orden familiar, cultural, social, entre otros. En el marco de este artículo, el trabajo en la niñez y en la adolescencia adquiere diferentes niveles de incidencia y características según el estrato social de origen, el ciclo vital, y el sexo. La dinámica de su evolución en el tiempo también guarda correlación con estos aspectos, y seguramente con el contexto macroeconómico y laboral de los últimos años. En tal sentido, adquiere importancia evaluar en qué medida la desaceleración de la economía, el incremento del desempleo a nivel de la población adulta, o el período de recuperación registrado tras la crisis, tuvieron como correlato una disminución o incremento de la propensión al trabajo en actividades económicas en los niños, niñas y adolescentes.
La propensión al trabajo en actividades económicas -ayudar en un trabajo para ganar un dinero o tener un trabajo como empleado o aprendiz- en la niñez de edades entre 5 y 17 años, sigue una tendencia estable entre los años
2007 y 2010, con variaciones no significativas (ver tabla 3). En el período considerado, aproximadamente 1 de cada 10 niños, niñas y adolescentes urbanos realizaba un trabajo en actividades económicas18. Si bien es fácil
advertir diferencias entre grupos de edad, sexo, región y estratificación social, las mismas no han experimentado variaciones estadísticamente significativas en el tiempo de referencia.
En efecto, los adolescentes y las adolescentes de edades entre 14 y 17 años registran mayor propensión al trabajo en actividades económicas que los niños y niñas de edades entre 5 y 13 años. Asimismo, los varones registran mayor probabilidad de realizar estas actividades económicas que sus pares mujeres; mientras que las diferencias sociales, regionales y de asistencia no contributiva registran diferencias menores y regresivas para los chicos y chicas del interior urbano, en los estratos más bajos (50% inferior) y que reciben asistencia no contributiva (ver tabla 3).
El modelo de regresión permite reconocer una probabilidad mayor al trabajo en actividades económicas en los años sucesivos al 2007 (una probabilidad estimada mayor en 27% en 2008, 19,9% en 2009, y 44% en 2010, respecto de 2007) (ver modelo 3)19.
Cabe reconocer como factores determinantes más significativos el grupo de edad, el sexo y la región urbana de residencia. En efecto, los adolescentes de edades entre 14 y 17 años registran casi 5,5 veces más “chance” de realizar actividades económicas que los niños y niñas de edades entre 5 y 13 años (ver Exp. (B) y Sig, en Modelo 3). Las mujeres registran 40% menos de probabilidad de realizar actividades económicas que sus pares varones, y los sujetos residentes en el interior urbano tienen 60% más de probabilidad de realizar dicha actividad económica que quienes residen en el Área Metropolitana del Gran Buenos Aires.
18 En la Argentina se realizó una encuesta específica sobre trabajo infantil a nivel nacional en el año 2004, en el marco del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, Instituto Nacional de Estadísticas y Censos - Indec; OIT/Ipec, que arrojó niveles de incidencia del trabajo económico de 6,5% en niños y niñas de edades entre 5 y 13 años, y 20,1% en adolescentes entre 14 y 17 años (MTEySS, Indec, OIT-Ipec, 2006).
19 El modelo de estimación de la probabilidad de registrar trabajo en actividades económicas muestra un buen ajuste de los datos (88,1%).
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190
No se puede dejar de reconocer la incidencia del estrato social de pertenencia que ubica a la niñez y a la adolescencia del 50% inferior (estrato social muy bajo y bajo) con un 30% más de probabilidad de trabajar en actividades económicas que sus pares del 50% superior (estrato social medio y medio alto), mientras que la percepción de asignaciones económicas no parece ser un factor significativo en la propensión al trabajo infantil en presencia del resto de los factores considerados.
Lo observado para el caso argentino permite reconocer la tendencia a una mayor propensión al trabajo en actividades económicas en el contexto de la recuperación económica 2009- 2010. Lo cual parece plausible en el marco de mayores oportunidades de empleo. Esta tendencia parece abonar la conjetura en torno a que la desaceleración crecimiento económico
(2008-2009) no genera una mayor propensión al trabajo infantil, así como las mayores oportunidades de empleo para los sujetos adultos (2009-2010) no genera necesariamente condiciones favorables para la erradicación del trabajo infantil. Asimismo, las transferencias de ingresos no parecen ser políticas que incidan en esta propensión en la que intervienen claramente factores sociodemográficos como el sexo y la edad, el estrato social y la región urbana de residencia a través de las cuales probablemente intervienen factores socio-culturales no visibles. Esta aproximación a los factores asociados al trabajo infantil permite reconocer la necesidad de construir políticas públicas integrales que logren mejorar la calidad de vida de las familias en su conjunto, y que consideren los múltiples factores asociados a este problema social que exceden lo estrictamente económico.
Tabla 3
Propensión al trabajo en actividades económicas (1) según características seleccionadas
En porcentajes de niños/as entre 5 y 17 años
Serie Histórica Aglomerados Comparables EDSA Var. Abs. (en p.p) Var. Abs. (en p.p) 2007 2008 2009 2010 Var 2007-2009 Var 2009-2010 Déficit total 5 a 17 años 9,1 10,3 10,9 11,6 1,8* 0,7*
Grupo de edad 5 a 13 años 3,4 4,3 6,1 6,7 2,7* 0,6*
14 a 17 años 23,5 22,8 21,9 19,8 - 1,6* - 2,1*
Sexo Varón 12,2 11,6 14,7 14,7 2,5* 0,0*
Mujer 5,5 9,0 6,9 8,5 1,4* 1,6*
Región urbana AMBA 8,2 7,8 9,8 10,5 1,6* 0,7*
Interior Urbano 11,2 16,0 13,2 14,4 2,0* 1,2*
Estrato social Muy bajo/ bajo 9,4 12,0 13,2 13,0 3,8* - 0,2*