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Dimensión 7: índices de empoderamiento de las mujeres

6.4. Probabilidades de sufrir violencia

A partir de los resultados del modelo de regre- sión logística múltiple que acabamos de anali- zar, es posible estimar la probabilidad de que una mujer que pertenece a un grupo social es- pecífico pueda experimentar alguna forma de

violencia, manteniendo constantes las demás va-

riables.22 Sin embargo, es fundamental aclarar

el sentido de los datos que siguen. Recordemos que por violencia total estamos entendiendo la presencia de las diversas formas de violencia que experimentaron las mujeres en los 12 me- ses previos al levantamiento de la encuesta. Por tanto, los resultados que se presentan a conti- nuación se refieren a la probabilidad de que las mujeres sufran alguna forma de violencia en cualquiera de sus modalidades, que pueden ser desde formas relativamente moderadas de un solo tipo de violencia (por ejemplo, violencia emocional), hasta formas muy severas de diver- sos tipos de violencia combinados (por ejem- plo, las cuatro formas de violencia juntas).

21No hemos dejado de considerar la posibilidad de que diversas interacciones entre las variables puedan estar influyendo en el compor-

tamiento de los coeficientes. De hecho, hemos detectado por lo menos tres interacciones de este tipo que son parte del modelo presentado en el cuadro 6.9. Con el fin de facilitar la lectura, tales coeficientes y su interpretación se presentan en el anexo IV.

22La expresión “manteniendo constantes las demás variables” es fundamental en este análisis. Significa que al presentar la probabili-

dad para una variable determinada —por ejemplo, escolaridad— estamos asumiendo que las mujeres son iguales en todas las demás variables, y que éstas se consideran en sus valores medios. Es decir, el ejercicio asume que las mujeres sólo se diferencian por la variable en cuestión.

A pesar de la amplitud semántica del concepto de violencia total, esto es, a pesar de que las probabilidades que podemos calcular se refie- ren a una amplia gama de casos que difieren notablemente entre sí por el grado de severi- dad que puede adquirir la violencia, sostene- mos que es útil identificar aquellas variables que se asocian a una mayor probabilidad de ocu- rrencia de la violencia. Esta información, en efec- to, puede constituir la base para orientar mejor algunas de las diversas políticas públicas y pro- gramas de intervención que tienen como fin la prevención y la erradicación de la violencia con- tra las mujeres.

El cuadro 6.10 presenta las probabilidades de violencia total para cada una de las variables que hemos venido considerando. El promedio de las probabilidades estimadas es de 0.51, lo cual significa que una de cada dos mujeres de 15 años y más que viven con su pareja en este país pueden experimentar alguna de las formas de violencia estudiadas en esta encuesta. Sor- prende que el rango de las probabilidades varía entre 0.38 a 0.87, lo que indica que, en general, sufrir alguna forma de violencia es una cuestión más bien probable. Es decir, incluso atendien- do a las condiciones en que se presentan las más bajas probabilidades de sufrir violencia, éstas siguen siendo equivalentes a que algo más de una de cada tres mujeres la experimente en al- guna de sus modalidades. Vale la pena dividir en subgrupos el conjunto de probabilidades y detenernos a examinar tanto aquellas variables que se asocian con una probabilidad baja como con una probabilidad alta de violencia.

Las variables que se asocian con las más altas probabilidades de que las mujeres sufran algu- na forma de violencia se caracterizan precisa- mente por su estrecha relación con otras for- mas de violencia intrafamiliar. La más alta probabilidad (0.87) corresponde a aquellas mu- jeres cuya pareja le pega a sus hijos cuando los regaña, lo cual sugiere que la violencia de pare-

ja contra las mujeres se presenta en contextos familiares donde la violencia es una caracterís- tica de la interacción familiar en general. Un segundo grupo de variables también asociadas con las más altas probabilidades (entre 0.61 y 0.81) de que la mujer sufra alguna forma de violencia se refieren al hecho de haber experi- mentado violencia intrafamiliar en la infancia, tanto las parejas como las mujeres entrevista- das: ya sea que al esposo o a ella le pegaran seguido, o que ella haya presenciado con mu- cha frecuencia golpes en el interior de la fami- lia donde creció.

Un tercer grupo de variables que se asocia tam- bién con altas probabilidades (entre 0.59 y 0.61) de que la mujer sufra alguna forma de violencia se refiere al tipo de familia en el que las muje- res crecieron en la infancia, caracterizadas por la ausencia de uno o ambos de los padres bio- lógicos: se trata de mujeres que crecieron con su padre y una madrastra, o con su madre y un padrastro, o bien mujeres que crecieron con abuelos y tíos. Naturalmente, no estamos sugi- riendo que haya algo intrínsecamente erróneo en las familias donde falta alguno de los padres biológicos. La experiencia muestra que la in- mensa mayoría de este tipo de familias es per- fectamente funcional y adecuada. Lo que los datos muestran simplemente es que aquellas mujeres que tienen las más altas probabilidades de sufrir algún tipo de violencia crecieron en familias de este tipo, que probablemente no eran del todo funcionales.23

Otro grupo de variables también estrechamen- te asociadas con altas probabilidades (0.56 a 0.61) de que las mujeres sufran algún tipo de violencia se refieren al tipo de arreglos que existen en la relación de pareja. Aquí se inclu- yen a las mujeres que no pueden decidir por sí mismas si pueden o deben trabajar o estudiar (porque la pareja es quien toma estas decisio- nes), o cuándo tener relaciones sexuales. Como vimos anteriormente, esta última variable es

23Una hipótesis adicional nos llevaría a postular que las mujeres que crecieron en familias donde faltaba uno o ambos de los padres

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CUADRO 6.10

PROBABILIDADESDESUFRIRALGUNAFORMADEVIOLENCIA PORVARIABLEESPECÍFICA*

Variable Probabilidad

Vivió la mayor parte de su infancia en...

Rancho 0.47

Pueblo o comunidad 0.46

Ciudad 0.53

Tipo de localidad actual

Rural 0.40 Urbano 0.52 Estrato socioeconómico Alto 0.43 Muy bajo 0.50 Bajo 0.50 Medio 0.49

Grupos quinquenales edad

15-19 0.56 20-24 0.53 25-29 0.53 30-34 0.48 35-39 0.48 40-44 0.52 45-49 0.51 50-54 0.47 55-59 0.43 60 más 0.43

Estado civil y régimen de sociedad conyugal

Civil + iglesia con bienes mancomunados 0.46

Unión libre 0.53

Casado sólo por la iglesia 0.59

Sólo por el civil con bienes mancomunados 0.51 Sólo por el civil con bienes separados 0.48

Civil + iglesia con bienes separados 0.52

Sólo por el civil y no sabe el régimen conyugal 0.49 Civil + iglesia y no sabe el régimen conyugal 0.48 E s c o l a r i d a d Licenciatura o más 0.51 Sin escolaridad 0.43 Primaria incompleta 0.49 Primaria completa 0.47 Secundaria incompleta 0.48

Secundaria completa o equivalente 0.50

Preparatoria incompleta o equivalente 0.56

Condición de trabajo de la mujer

No trabaja fuera del hogar 0.48

Sí trabaja fuera del hogar 0.51

Número de hijos nacidos vivos

Ninguno 0.55

1 a 2 0.48

3 y más 0.49

¿Cuántas de sus hijas e hijos son de su esposo actual?

Todos 0.50

Algunos 0.48

Ninguno 0.38

No ha tenido hijos 0.50

Esposo tiene hijos con otras mujeres

No 0.48

Sí 0.55

No sabe 0.55

Condición de hablante de lengua indígena de la pareja

Ninguno habla 0.50

Mujer habla 0.56

Hombre habla 0.56

Ambos hablan 0.40

Edad al inicio de la convivencia con la pareja actual

15 a 19 años 0.49

Menos de 15 años 0.51

20 a 24 años 0.48

25 a 29 años 0.54

30 años y más 0.50

¿Se fueron a vivir juntos ...

Solos 0.45

Ustedes e hijos 0.42

Padres de ella 0.54

Padres de él 0.53

Otros familiares 0.55

¿Casada o unida más de una vez?

Sí 0.55

No 0.49

Los adultos que la cuidaban de niña eran...

Papá y mamá 0.47

Papá y madrastra 0.61

Mamá y padrastro 0.59

Abuelos y tíos 0.60

Otros adultos pareja 0.50

Otros adultos no pareja 0.54

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Frecuencia de golpes durante infancia de entrevistada

No había golpes 0.47

De vez en cuando golpes 0.55

Seguido golpes 0.56

Muy seguido golpes 0.65

Frecuencia con que le pegaban durante infancia de entrevistada

No le pegaban 0.45

De vez en cuando le pegaban 0.54

Seguido le pegaban 0.62

Muy seguido le pegaban 0.50

¿Sabe si a su esposo le pegaban cuando era niño?

No le pegaban 0.41

No recuerda 0.44

Le pegaban de vez en cuando 0.61

Le pegaban seguido 0.67

Le pegaban muy seguido 0.81

¿Sabe si de niño, a la mamá de él le pegaba su marido?’

No le golpeaba 0.46

Sí le pegaba 0.57

No sabe 0.48

Esposo le pega a hijos

No tiene o están grandes 0.45

No les pega 0.49

Les pega de vez en cuando 0.59

Les pega seguido 0.87

Índice de poder de decisión

Muy bajo poder de decisión 0.43

Bajo poder de decisión 0.47

Medio poder de decisión 0.48

Alto poder de decisión 0.58

Índice de libertad

Muy bajo nivel de libertad 0.41

Bajo nivel de libertad 0.47

Medio nivel de libertad 0.58

Alto nivel de libertad 0.47

Índice trabajo mujer

Baja participación trabajo hogar 0.46

Media participación trabajo hogar 0.49

Alta participación trabajo hogar 0.45

Muy alta participación trabajo hogar 0.55

Índice trabajo del esposo

Alta participación trabajo hogar 0.41

expresión, a su vez, de una relación de pareja extremadamente jerarquizada, donde las mu- jeres no pueden ejercer su derecho de decidir libremente sobre su cuerpo y su sexualidad. En este mismo grupo de alta probabilidad de sufrir alguna forma de violencia se encuentran las mujeres con un alto índice de poder de decisión y con un índice medio de libertad.24

De igual manera, aquellas mujeres que están casadas sólo por la iglesia presentan una pro- babilidad de 0.59 de sufrir alguna forma de violencia, así como aquellas que su esposo prácticamente no participa en las tareas del hogar (0.56).

Finalmente, también colocadas en el grupo de variables con las más altas probabilidades de sufrir alguna forma de violencia se encuentran las mujeres de 15 a 19 años de edad, aquellas donde sólo ella o sólo su pareja hablan alguna

lengua indígena (pero no ambos o ninguno), y aquellas con un nivel de estudios de superior a secundaria completa.

También conviene identificar en el cuadro 6.10 aquellas variables que se asocian con las más bajas probabilidades (entre 0.38 y 0.45) de que las mujeres sufran algún tipo de violencia. Cabe advertir que en este grupo hay dos tipos de variables: uno, que tentativamente podemos lla- mar “positivas”, que son indicativas de mayor equidad de género, o de ausencia de antece- dentes de violencia familiar, o de un mejor ac- ceso a diversos recursos que facilitan la resolu- ción de conflictos sin recurrir a la violencia; y otro, que en el mismo tenor podríamos llamar “negativas”, que son indicativas de una relación de pareja muy desigual y, probablemente, de un alto grado de sometimiento de las mujeres, condición que estaría también explicando la baja

24En las páginas anteriores mostramos que el índice de libertad funciona de manera ambivalente para las mujeres en relación con la

violencia: se asocia simultáneamente a un mayor riesgo de sufrir violencia emocional y económica, y a un menor riesgo de sufrir violencia física y sexual. Ello puede explicar que, en términos de probabilidades, un índice medio de libertad se asocie con una alta probabilidad (0.58) de sufrir alguna forma de violencia, mientras que un índice bajo y un índice alto se asocian con una probabilidad más baja (0.47), comparativamente hablando, de sufrir violencia.

Muy baja participación trabajo hogar 0.56

Baja participación trabajo hogar 0.50

Media participación trabajo hogar 0.50

Índice trabajo de hijas

Alta participación trabajo hogar 0.47

Baja participación trabajo hogar 0.50

Entrevistada decide si puede trabajar o estudiar

Sí 0.46

No 0.56

Entrevistada decide cuándo tener relaciones sexuales

Sí 0.45

No 0.61

* Manteniendo constantes las demás variables. Fuente: ENDIREH. Cálculos de los autores.

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148 probabilidad de alguna forma de violencia por “innecesaria” (en los términos referidos en las páginas anteriores).

En el grupo de variables “positivas” se encuen- tran el hecho de que ambos integrantes hablen lengua indígena (que contrasta, como vimos más arriba, con las parejas donde sólo uno de los dos habla lengua indígena), que el esposo ten- ga un alto grado de involucramiento en las ta- reas del hogar, que ni el esposo ni la mujer hayan sufrido violencia en su infancia, que al inicio de la relación de pareja se hayan podido ir a vivir solos o con sus hijos, pero no con otros parientes; que pertenezcan al estrato so- cioeconómico alto, y que ella pueda decidir cuándo tener relaciones sexuales.

En el grupo de variables que hemos llamado “negativo” se encuentran el hecho de que la mujer tenga muy bajos índices de libertad y de decisión, que en ella recaiga la mayor parte del trabajo doméstico, o que carezca de escolaridad. Es fundamental diferenciar estos dos grupos de variables porque si bien ambos se asocian con un nivel relativamente bajo de probabilidades de que la mujer sufra alguna forma de violen- cia, las razones que explican que así sea son completamente diferentes. Una lectura de las probabilidades del cuadro 6.10 que no preste atención a la coexistencia de los diversos patro- nes sociales —unos de mayor equidad de géne- ro, otros de mayor desigualdad y sometimiento— subyacentes a tales estadísticas, resultará sim- plemente en una total falta de comprensión de la naturaleza sociológica del problema.

Junto a esas variables, también las mujeres de 55 años o más de edad, que no tienen hijos con parejas previas, y que viven en comunidades de tipo rural, presentan las probabilidades más bajas de sufrir alguna forma de violencia. Ubicadas entre aquellas que se asocian a las más altas probabilidades de sufrir alguna forma de violencia, y aquellas que se asocian a las más bajas probabilidades, el cuadro 6.10 permi- te identificar aquellas variables y categorías cuya probabilidad de ocurrencia de violencia fluctúa

entre 0.46 y 0.55. No nos detendremos en su descripción, toda vez que el lector puede revi- sarlas por sí mismo. Terminamos esta sección simplemente reiterando lo señalado más arriba: en una sociedad con plena equidad de género y sin violencia hacia las mujeres, la probabili- dad más baja (y la única) de que una mujer sufra violencia debería ser igual a cero. Que en este momento la probabilidad más baja sea tan alta como 0.38 es indicativo del grave pro- blema social que reviste la violencia de género, y la magnitud del reto que implica su total erra- dicación.