En aquellas primeras décadas, las luces medias no solían superar los 5m., empleando las vigas de canto, si bien paulatinamente aumentaron hasta los 6m., y hoy en día, se superan frecuentemente estos valores con vigas planas. Se recuerda que la flecha es proporcional a la cuarta potencia de la luz y al cubo del canto, con lo que este cambio en la tipología estructural ya representa un incremento en la flecha en torno al 35 ó 45%.
Viga 30x70 para L=6,5m (1947) Viga 70x30 para L=6,5m (1997) Por otro lado, se comenzaron utilizando aceros lisos ordinarios tipo B-220, y hoy se trabaja con aceros de alta resistencia tipo B-400 ó B-500. El límite elástico se ha multiplicado casi por dos y las cuantías geométricas se reducen a la mitad; con ello, la inercia equivalente (directamente vinculada a la flecha) se reduce de una forma considerable. Como resultado, la deformación aumenta de una forma significativa.
También es necesario recordar que el empleo del ordenador como herramienta de trabajo no surge hasta finales de los ochenta, por lo que hasta entonces, el cálculo de forjados era manual y, por lo tanto, a los errores de diseño, malos materiales y defectos constructivos, había que añadir posibles errores de cálculo.
Sin embargo, desde los primeros años noventa, la mayor parte fueron calculadas con programas informáticos. Así, se encuentra que las decisiones del diseño (correcto o incorrecto) se traducen en un modelo directo que el ordenador calcula y dibuja, pero que sólo la intervención directa del técnico puede garantizar que la estructura resultante sea correcta.
El futuro de las estructuras, a la vista de las obras más vanguardistas que se están ejecutando en todo el mundo y del farragoso contenido operativo del reciente Código Técnico, parece apuntar a que los programas de cálculo por ordenador se van a volver no solo imprescindibles sino que, al menos en teoría, extraordinariamente capaces de calcular las estructuras hasta hace poco inverosímiles. No obstante, tal y como las asesorías colegiales e incluso las compañías aseguradoras están manifestando en el momento actual y de cara al futuro de los jóvenes profesionales, la formación requiere incidir en la problemática de la patología derivada del uso inadecuado de los programas de cálculo por ordenador. Esto se debe a que algunos edificios estándar, sobre todo de uso residencial, son calculados por personal no cualificado, donde la ciega confianza en los programas informáticos de cálculo, la rentabilidad económica del estudio y los apurados plazos de entrega penalizan la calidad del proyecto estructural. A día de hoy, se ha avanzado mucho en los temas de durabilidad del material, en el conocimiento de cómo trabajan los diferentes elementos estructurales, se presta mayor atención a la ejecución de la obra, se han incorporado las empresas de control de calidad, los programas informáticos de cálculo facilitan enormemente el trabajo, etc. No parece lógico que se puedan cometer errores graves o que la construcción resulte de baja calidad, sin embargo, la experiencia y las estadísticas, como se verá más adelante, dicen precisamente lo contrario.
Se mostrará a lo largo de esta tesis como la mayor parte de los fallos graves producidos en la construcción normalmente obedecen a errores por descuidos, por ausencia de control, por cierta negligencia e incluso, desafortunadamente, porque en ocasiones los intereses económicos predominan sobre la seguridad.
Como ejemplo representativo sirva este mediático caso de un edificio que volcó en julio de 2009 en Shanghai, por una excavación incorrecta, que no deja de ser uno de los mayores riesgos en edificación:
La trascendencia del conocimiento preventivo del problema puede redundar en un beneficio económico importante en el mundo de la construcción. La encuesta realizada en 1992 por el Conseil International du Batiment (16), realizó un estudio en Holanda sobre dos grupos de empresas constructoras: el formado por las “empresas malas” (si destinaban a la prevención menos del 25% del coste total) y el las “empresas buenas” (invertían más del 40%). La conclusión es que los costes derivados de los errores acumulados, internos y externos, al final del proceso, resultan claramente significativos:
Así, cuestionar el progresivo aumento de causas de patología, en base a la opinión simplista de que la calidad de los edificios y de los técnicos va en declive, puede resultar precipitado. Es preciso tener en cuenta que:
- Actualmente, los plazos de ejecución de las edificaciones son muy
ajustados. Incluso las fases preliminares, con multitud de tramitaciones burocráticas, la redacción de una documentación extensa, o el apremio del agente promotor, reducen el margen de tiempo disponible para la concepción del proyecto.
- La continua aparición de nuevos materiales impide la consolidación de un
conocimiento profundo sobre cada nuevo producto, pues cada uno es rápidamente remplazado por otros que despiertan mayor interés.
- La complejidad constructiva de las edificaciones actuales es mayor que en
el pasado. Las exigencias derivadas del confort ambiental (aislamientos térmicos, acústicos, energéticos, etc.), la multiplicación de las instalaciones o la profusión de materiales constructivos son un ejemplo de ello.
- El nivel de calidad de la mano de obra no está adaptada a la evolución de
esa complejidad. La figura del artesano tradicional prácticamente se ha extinguido, e incluso escasean los operarios especializados en oficios. Es decir, se detecta una importante falta de profesionalización en los agentes más directos de la ejecución.
- Los planes de estudios de los centros universitarios para la formación en la
arquitectura han relegado progresivamente la enseñanza de la vertiente técnica, en favor de una sobrevaloración de los aspectos estéticos de la actividad proyectual. Con ello, la formación de los futuros profesionales se adapta cada vez menos a las necesidades reales de su campo de trabajo.
- Las denuncias por parte de los usuarios relativas a lesiones se han
generalizado. Actualmente, se han convertido en habituales las demandas por fisuraciones superficiales, baja calidad de los acabados, o expiración del período de garantía decenal; cuestiones otrora popularmente aceptadas y no constitutivas de confrontación judicial.
Por simple probabilidad estadística, varias de las obras proyectadas en la actualidad, a medio-largo plazo, presentarán lesiones de mayor o menor envergadura. Algunos de esos problemas vendrán derivados de la utilización de nuevos materiales o nuevas técnicas constructivas, del empleo de nuevos métodos de cálculo que conlleven luces cada vez mayores o secciones más esbeltas y/o de la propia experimentación estructural. Este grupo de problemas podrían, con ciertas reservas, ser admisibles.
Lo que resulta difícilmente aceptable, es que dentro de un tiempo, estos edificios presenten problemas de patología que se vienen repitiendo desde décadas, por el desconocimiento, por la desidia o por la falta de profesionalidad de los agentes intervinientes.
La formación de los nuevos arquitectos debería incorporar el estudio de la patología: conocer los errores que han cometido otros reduciría notablemente el número de fallos en proyectos futuros. Sin embargo, algunos proyectos encumbrados se ensalzan convirtiéndose en verdaderos objetos mediáticos, mientras que los errores no se difunden, ni siquiera en los medios o publicaciones especializados.
Y, aunque las lesiones que afectan a la construcción son muy numerosas, lo cierto es que tan solo trascienden aquellas que, dada su magnitud, resultan difíciles de obviar. En algunos casos los daños se elevan a la categoría de catástrofe y son los propios mass-media los que propagan la
Como se avanzaba en la introducción de esta tesis, sobre el análisis y la clasificación de daños, sí existe abundante documentación bibliográfica. No obstante, sin pretender ser el núcleo de la tesis, resulta ineludible describir la patología genérica que afecta a los forjados con el fin de fijar, acotar y servir de base a la interpretación y cuantificación de los resultados estadísticos de la misma, pormenorizados con detalle en el apartado de las conclusiones.
Aunque existen diversas clasificaciones de daños, la más estándar consiste en agruparlas según el sector que ha sido afectado: patología de cimientos, de los pilares, del forjado, etc. Dentro de cada una de éstas, se realiza una subclasificación, que en este caso abarcaría los siguientes aspectos:
A modo anecdótico, se muestra el histórico árbol de las fisuras de M. G. Richardson, donde se expone de forma exhaustiva los daños que se pueden ver asociados a las distintas etapas del proyecto: