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2. Encuadre de la problemática del acceso a la vivienda

2.2. Problemática en los países en vías de desarrollo

Pero, por supuesto, este problema es mucho mayor y las cifras mucho más preocupantes en países en vías de desarrollo, donde la emigración de las zonas rurales a la ciudad, buscando un mundo mejor, está generando una multitud de suburbios, zonas de chabolas, barrios miserables dentro de la propia ciudad. Estos son los llamados “slums”, favelas o barriadas, y otra serie de denominaciones según el país.

Los análisis y las estadísticas de la ONU tienen en cuenta aquellas personas que, pese a disponer de un techo bajo el que resguardarse, éste no cumple con los requisitos mínimos de construcción, su vivienda es demasiado precaria. Sin embargo, en los países en vías de desarrollo se hace una distinción, ya que considerar como sin techo a los que tienen una casa, pese a ser demasiada precaria, haría inflar las estadísticas. De acuerdo con diversos estudios de UN-HABITAT, más del 25% de la gente en los países menos desarrollados vive en casas construidas en materiales no permanentes, elevándose esta cifra al 40% en África subsahariana. Más de un tercio de las viviendas en estos países, y más de la mitad en África subsahariana, no cumple con la regulación local. Este incumplimiento de la regulación va desde ocupación ilegal de terrenos, hasta construcciones poco seguras. Por ejemplo, en Venezuela, más de medio millón de personas viven en asentamientos en cuestas muy pronunciadas, que son continuamente afectadas por deslizamientos y/o derrumbamientos, especialmente después de lluvias intensas. Aún así, no debemos considerar a estas personas como sin techo, aunque en los países industrializados se haga así.

2.2.1. Urbanización de la pobreza

Al contrario que en el mundo occidental, el crecimiento promedio de la población en el tercer mundo es menor que el crecimiento promedio de viviendas. Estos crecimientos se situarían, de media, en el 2.80 y 2.51, respectivamente y para el período 1990-2000.

En África, Asia y Latino América es común que, al menos, un 30% de la gente que vive en las ciudades ocupe casas construidas por ellos mismos, en asentamientos ilegales con muy poca infraestructura; también es habitual que estas personas vivan hacinadas en casas de bajo coste. Estos asentamientos son verdaderamente perjudiciales para la salud, ya sea ante terremotos, ante enfermedades contagiosas, lluvias abundantes o cualquier otro tipo de desastre natural.

Este fenómeno de hacinamiento se debe a la “urbanización de la pobreza”, es decir, la emigración de gente sin muchos recursos económicos desde las áreas rurales hacia las grandes ciudades. La urbanización europea del s. XIX se hizo en un momento de relativa abundancia, mientras que en los países en desarrollo está ocurriendo en momentos de pobreza, a veces extrema. A esto se suma que los países en desarrollo han tenido reajustes importantes en los usos del dinero público, ya que deben ajustarse a presupuestos austeros, por lo que se ha preferido usar el dinero en sectores aparentemente más productivos que inversiones en vivienda pública.

Como datos, se pueden citar los siguientes:

• India: 18,5 millones de gente sin hogar, siendo esta cifra considerada como conservadora por la ONU, pudiendo llegar a alcanzar esta cifra los 110 millones según criterios más exigentes.

• Sudáfrica: estimaciones sitúan la cifra en torno a 1.5 millones de personas.

2.2.2. Kibera

Esta urbanización de la pobreza crea barrios residenciales que dan cobijo a todas estas personas sin un lugar mejor al cual poder acceder. Un ejemplo claro es el barrio de Kibera, situado en la zona sur de Nairobi, segundo barrio de chabolas en tamaño de África.

Es difícil establecer el tamaño de la población residente en Kibera, pero se estima que sobrepasa el millón de habitantes. Durante la estancia en Nairobi se visitaron las calles de Kibera, donde la gente malvive en condiciones difíciles de describir: 15% de la población sufre de sida, la densidad de población es de 2000 personas por hectárea, peleas étnicas (acrecentadas por el fraude de las elecciones de diciembre del 2007), desempleo masivo...

Las calles de Kibera son estrechas, llenas de desperdicios y de gente desempleada. El concepto de recogida de basura es completamente inexistente, nunca hubo y previsiblemente nunca habrá. El 90% de las calles no es accesible para vehículos, por lo que los heridos o enfermos son transportados en carretilla hasta las calles principales. A diferencia de otros barrios de chabolas, como pueden ser las famosas favelas brasileñas, la seguridad de sus calles es alta, con frecuentes rondas de militares y policías. No existen problemas de drogas sencillamente porque nadie puede permitírselas.

Las dimensiones del barrio son tan grandes que la gente que vive a las afueras, en el extremo sur, tiene que andar más de una hora para salir de Kibera en dirección a la ciudad. Las distancias cubiertas por los habitantes de este lugar, muchas de las veces andando, hasta su lugar de trabajo son enormes, incluso a veces superiores a dos horas. Para una persona que trabaja 12 horas al día, esto supone tan solo 8 horas de “descanso diario” en el hogar.

A continuación se muestran una serie de fotografías de Kibera:

Figura 2.2. Calle principal de Kibera.

Figura 2.3. Chabola de una familia perteneciente a la tribu Luo quemada por los enfrentamientos con los Kikuyu.

Kibera es una ciudad “dentro de la ciudad”, barrio de chabolas que como tantos otros en el mundo acoge a la gente sin recursos que ha nacido ahí o que ha emigrado a la ciudad buscando un mundo mejor, pero que ha acabado viviendo en esa situación de pobreza y desesperación. También es hogar de muchas otras personas con trabajo,

temporal o permanente, que no tienen los suficientes ingresos como para proveerse de una vivienda en mejores condiciones.

Las casas son construidas sobre terreno propiedad del gobierno, que lo cede en usufructo. Eso quiere decir que en cualquier momento el gobierno puede decidir la demolición de las casas, única propiedad de los habitantes de este barrio. En otras ocasiones, también es su lugar de trabajo (trabajos autónomos como cocineros, sastres, zapateros), de modo que la demolición también supone la pérdida de la fuente de ingresos.

Estas chabolas son fabricadas por personas adineradas, que pueden permitirse la compra de los materiales necesarios para la construcción de la vivienda. Gente con menos recursos las alquilarán, siendo los precios de alquiler desproporcionados. Una casa de 3mx3m, de una sola habitación, se alquila por unos 1500shillings kenianos, aproximadamente 15euros. Estas casas de 9m2 serán cobijo para todos aquellos integrantes de la familia. Dado la alta natalidad de esta zona (el 50% de los habitantes es menor de 15años), estos 9m2 pueden llegar a albergar a hasta 6 personas, según se pudo observar durante el estudio que se hizo en el propio barrio. Esta única habitación será comedor, cocina, baño, lugar de aseo y dormitorio. Al carecer de lavabos, la gente hace sus necesidades en bolsas de plástico y las arroja por las ventanas.

Los materiales usados en Kibera son chapas de Uralita, maderas y sacos. La sensación en el interior de las viviendas, a las horas más calurosas del día, es realmente de asfixia. El calor en el interior es extremo, no hay ventanas por las que pueda circular algo de aire fresco y esta situación se ve claramente empeorada si los inquilinos se disponen a comer, ya que la cocina también se sitúa, como se ha dicho previamente, en el interior, por lo que los humos producto de cocinar no encuentran camino hacia el exterior.

Comprar la vivienda rondará los 250 euros, pero en cualquier momento el gobierno puede decidir la demolición de ésta. Para relacionar el precio de la vivienda en Kibera con datos de nivel de vida kenianos, sólo hacen falta dos datos: un vigilante de seguridad cobra 4000 shillings kenianos al mes por 12 horas de trabajo diario, una asistenta del hogar, unos 3000 shillings. Estos serán los afortunados, porque tantos otros no tienen ni siquiera un empleo y, muchas de las veces, ni siquiera una vivienda, por pequeña e incomoda que pudiera ser. Es la gente sin hogar.