La persistencia de la violencia durante los procesos de diálogo ha sido el principal factor para la ruptura de las ne- gociaciones. La cesación del fuego y de las hostilidades ha
sido una condición en los procesos de 1984 (tregua), 1990 y con las autodefensas; esta condición no existió en los pro- cesos de Caracas, Tlaxcala y el Caguán. Con las FARC, el proceso de tregua de 1984 se dio formalmente concluido en el Caquetá, luego de una emboscada en la cual murieron 27 militares; pero durante los años de vigencia de estos acuerdos, fueron reiteradas las denuncias sobre violacio- nes del acuerdo de tregua; por su parte, las FARC denun- ciaron y documentaron acciones ofensivas por parte del Ejército en múltiples ocasiones.
Con el M-19, los hechos del Palacio de Justicia marca- ron el fin de la tregua, aunque las denuncias mutuas de violaciones a los acuerdos fueron innumerables; a su vez, el EPL dio por terminada la tregua después del asesinato de su vocero político Óscar William Calvo.
En el caso de Tlaxcala, las conversaciones se suspen- dieron cuando se hizo pública la muerte de Argelino Durán Quintero a manos de la disidencia del EPL que lo tenía se- cuestrado, y en el Caguán el pretexto fue el secuestro del congresista Jorge Gechem Turbay en un avión comercial. En ninguno de estos casos existía un compromiso de cese de hostilidades.
La persistencia de secuestros, reclutamiento, creación de nuevos frentes, ataques a poblaciones durante los pro- cesos de diálogo, conducen a la pérdida de credibilidad de dichos procesos y a minar el respaldo de la opinión a ellos. Los ataques a campamentos de las organizaciones durante períodos de tregua, la muerte de combatientes y el asesina- to de voceros de estas organizaciones, conducen a que las bases de las organizaciones guerrilleras miren con descon- fianza el proceso y sientan incertidumbres sobre el futuro cuando se encuentren desarmados.
A partir de la experiencia de los procesos de Centroamé- rica, hizo carrera en Colombia la tesis de que la negociación en medio del conflicto era lo más adecuado para adelantar procesos de paz en situaciones complejas. Esta tesis así presentada olvidaba dos asuntos fundamentales: en todos los casos, estas negociaciones se desarrollaron en el ex- tranjero y las partes implementaron medidas de confianza para que las negociaciones avanzaran.
Un análisis objetivo de los procesos permite concluir que el cese del fuego y las hostilidades contribuye a man- tener el statu quo, y es percibida desde la guerrilla como la mayor concesión que puede hacer y la pérdida de su capa- cidad de presionar en la mesa de negociaciones.
Por lo tanto, el problema a dilucidar es cómo establecer garantías adecuadas para las negociaciones y una agen- da que permitan percibir que el recurso de las acciones violentas no es necesario para obtener logros en la mesa
de negociaciones. Garantías verificables y agenda con perspectiva es la alternativa previa al establecimiento del cese del fuego y las hostilidades para construir de manera creciente confianza entre las partes y compromiso con el proceso.
Tan problemático como llegar a un acuerdo de cese del fuego y las hostilidades ha sido llegar a acuerdos sobre cómo lograr que esos compromisos sean verificables; para el estado colombiano, la mayor garantía para su verifica- ción es la localización de las fuerzas guerrilleras y, para la guerrilla, lo fundamental es la voluntad de las partes para orientar a sus fuerzas y en el mejor de los casos, el estable- cimiento de comisiones verificadoras.
La experiencia al respecto permite identificar algunas lecciones:
• El cese del fuego y las hostilidades es deseable pero no necesariamente una condición para el inicio de un proceso de diálogo. La inexistencia de compromisos al respecto crea mayores desafíos al proceso, pero es po- sible adelantarlo en esas condiciones.
• Un proceso sin cese del fuego y de hostilidades tiene mayores posibilidades de éxito si se desarrolla en terri- torio extranjero o con baja visibilidad política, como lo demuestra la experiencia de El Salvador y Guatemala; lo que parece inadecuado es pretender desarrollar un proceso dentro del país, con alta exposición y debate político público y sin cese de hostilidades.
• Los acuerdos de cese de fuego y las hostilidades, cuan- do se den, deben ser claros y precisos; por lo menos deben definir cuáles son los compromisos, qué se con- sidera una violación, cuál es la cobertura geográfica, cuáles los mecanismos de comunicación ágiles, cuál el comportamiento respecto a civiles y cuáles los me- canismos de supervisión y verificación. El asunto de la separación de fuerzas es un asunto importante y debe contemplarse en los acuerdos.
• La verificación del cese del fuego y las hostilidades es la condición necesaria para lograr su perfeccionamiento y debe ser desarrollada por entes independientes a las partes, aunque con su participación.
• La tarea de acordar las condiciones, garantías y agenda de un proceso de diálogo político conducente a la paz implica una negociación compleja que debe desarro- llarse previa y discretamente por alguien con mandato específico y aceptable para ambas partes.
• Aunque las medidas de confianza, los gestos y los he- chos que expresen voluntad de paz son deseables, no puede esperarse más de lo que la contraparte esté comprometida a realizar.