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8. IMPLICACIONES CONCEPTUALES, RECAPITULACIÓN Y PERSPECTIVA

8.3. Problemas abiertos

En este ensayo se propone una vía de investigación particular basada en la búsqueda de un tipo de organización dinámica (organización autónoma) en un escenario molecular a caballo entre la química y la biología. La exploración, a partir de la química dinámica de sistemas, de entidades con el tipo de identidad infra-biológica planteada durante el capítulo 6 podría ayudar a desenmascarar parte del problema del fenómeno biológico y su origen, pero no todo. La adopción del marco teórico de la autonomía y la utilización de algunos de los conceptos desarrollados dentro del mismo, incluidos aquellos mencionados en este ensayo (identidad, individualidad, función,…) traen a la palestra problemáticas de mayor trascendencia filosófica. Aquí incluyo algunos interrogantes abiertos a futuras discusiones y análisis más profundos que hará falta cuestionarse si se pretende construir una teoría biológica más general y satisfactoria.

1. Es la identidad un concepto extrapolable a escalas biológicas no-individuales?

La definición de identidad biológica aquí planteada pretende hacer referencia a entidades con un tipo de organización dinámica característica como instrumento para su posible identificación en una mezcla química compleja. La definición incluye una fuerte idea de individuo: aunque ésta contemple la capacidad de transmitir la organización a otras generaciones, es la idea de unidad fisiológica la que prima en esta descripción de identidad biológica. Esto resulta útil a la hora de explicar las raíces químicas de tal organización: los sistemas químicos protocelulares portadores de esta identidad - en una versión más o menos débil - serán seleccionados durante un proceso evolutivo prebiótico, dada su robustez y durabilidad, para - en su versión genéticamente instruida y re-producible - dar lugar al origen de vida.

No obstante - en términos más amplios y fuera de este carácter instrumentalista - como se mencionó en el capítulo 6, la identidad biológica podría no formar parte únicamente del individuo fisiológico celular sino englobar propiedades que afectan a escalas temporales o espaciales mayores, como es el caso de las funciones trans-generacionales o los organismos multicelulares. ¿Cómo

proyectar el tipo de identidad biológica mínima explorado en este trabajo a escalas espacio- temporales que van más allá del individuo unicelular?

Las funciones trans-generacionales me sirvieron como ejemplo para enseñar que la escala temporal no tiene por qué generar un conflicto en la organización autónoma, según [Saborido et al. 2011 y Mossio & Moreno 2015]. La actividad de este tipo de funciones sigue siendo una contribución particular a la organización auto-mantenida, si ésta se observa a una escala temporal mayor. Lo mismo ocurre con las funciones en un ecosistema, cada una de las cuales actúa sobre la organización total conformada por el nicho ecológico en cuestión. El sistema poseedor de organización auto-mantenida, en estos casos, abarca diferentes generaciones y diferentes entidades individuales; su caracterización material resulta consecuentemente mucho más dificultosa, quedando definida de una forma más abstracta e incompleta. Esta forma inconclusa está patente en la dificultad que encontramos para definir las fronteras de este tipo de sistemas o para definir su carácter "organizacionalmente diferenciado" [Mossio et al 2009]. En el caso de las funciones inter- generacionales, el sistema al cual se hace referencia está, de alguna forma, incompleto, parte de sus rasgos ya no existen (pertenecen al pasado) y, por esto, se puede cuestionar la existencia de un cierre propiamente dicho. En el caso de los ecosistemas (o un sistema multicelular), los elementos que conforman el cierre causal no están tan claros y podríamos preguntarnos qué tipo de parcelamiento del mundo es necesario establecer para atribuir un cierre organizacional en estos sistemas. Por el contrario, la identidad biológica investigada en un modelo químico protocelular está fundamentada en una organización material determinada: entre otras cosas, muy eficaz a la hora de definir sus propias fronteras. La forma de extrapolar este tipo de identidad a aquellas otras de tipo no estrictamente celular supone un reto conceptual nada despreciable.

2. Redundancias funcionales. ¿Cómo llevar a cabo un análisis comparativo adecuado entre organismos vivos para obtener una caracterización mínima consistente?

Otro de los problemas que rodean la definición de una identidad biológica podría estar relacionado con las redundancias funcionales. Como ya explicábamos en el capítulo 5, 6, y en este mismo capítulo, la organización funcionalmente integrada mínima constituye una identidad "de tipo biológico" que progresivamente -a lo largo del proceso evolutivo- va creciendo en complejidad, haciendo que la organización se vuelva más perdurable, robusta, adaptativa y, en definitiva, capaz de auto-mantenerse a escalas temporales y espaciales mayores. Complicar el esquema organizativo trae consigo la emergencia de capas jerárquicas de actividad funcional actuando unas sobre otras de forma recíproca en base a la misma normatividad autónoma, haciendo de la actividad funcional a

menudo un hecho redundante, que incide sobre sí mismo para asegurar sus efectos y su estabilidad. Estas redundancias funcionales son causa y consecuencia del reforzamiento de la identidad biológica y podrían aparecer desde muy temprano en la evolución prebiótica: por ejemplo, se puede entender la adopción de un sistema genéticamente instruido como redundancia funcional para asegurar la re-producción (del esquema organizativo). A partir de ahí y, en los organismos actuales, las redundancias son tremendamente numerosas y diversas (podríamos encontrarlas a escala celular, multicelular, ecológica y hasta social).

La identidad biológica será entonces la forma de organización dinámica fundamental, común a todos los individuos que comparásemos en una población, aunque cada uno de ellos pudiera tener múltiples y diversas redundancias funcionales. La diferenciación de funciones, cuando el entramado es complejo, supone ya un problema considerable (como destacábamos en el capítulo 3). La identificación de capas de complejidad no es fácil de establecer y, diferenciar partes del sistema con contribuciones concretas aún lo es menos en un sistema lleno de efectos causales de grupo y cooperativos. Si dos partes distintas del sistema tienen la misma contribución, ¿podemos diferenciar en ellas funciones? y, si es así, ¿se trata ésta de la misma función?

Entonces el problema es: ¿cómo identificar estas redundancias y cómo librarnos de ellas para dar con el esquema organizativo mínimo (la identidad biológica en sentido más estricto) si éste está fundamentado en el reforzamiento (y la consecuente jerarquía redundante) de un complejo entramado funcional ?

3. Integración del esquema organizacional en la teoría evolutiva. ¿Cómo afecta la perspectiva organizacional al enfrentamiento clásico entre esencialismo y pensamiento poblacional resaltado por Ernst Mayr?

Siendo éste un problema general de la perspectiva organizacional, es importante tenerlo en cuenta desde un enfoque específico como el propuesto en este ensayo (como se ha venido repitiendo: a través de la fabricación de protocélulas funcionalmente integradas que intenta integrar la dimensión fisiológica y la dimensión evolutiva).

Por un lado encontramos el tipo de dificultad asociado al primer punto de esta sección, que concierne por ejemplo a la atribución de funciones trans-generacionales como contribuciones al esquema de auto-mantenimiento del cierre organizacional de un sistema histórico. Pero, a partir de esto, se nos plantean numerosas preguntas adicionales. ¿Cómo diferenciar un cierre causal en una serie de relaciones históricas en las cuales parte del "sistema" no existe? ¿Podemos llamar a esto un

cierre? ¿Podemos atribuir constricciones y funciones (en el sentido organizacional) a un sistema de este tipo? Incluso si aceptáramos que un linaje compuesto por los organismos actuales y pasados constituye un cierre organizacional, ¿tendríamos que incluir también los organismos futuros de ese linaje? ¿Cómo establecer un límite de un sistema que aún no existe? ¿Debemos considerar las funciones trans-generacionales como otro orden de funciones, digamos, funciones evolutivas? ¿Qué relación tendrían estas con las funciones del desarrollo?

Por otro lado, la perspectiva organizacional podría contribuir de una forma peculiar e interesante al debate iniciado por Ernst Mayr con su definición de "pensamiento poblacional" [1959] en oposición al "pensamiento tipológico". El pensamiento esencialista o tipológico trata de encontrar propiedades esenciales, compartidas por todos los miembros de una clase o tipo que, además, diferencia esta clase de otras clases. La esencia será real en el sentido de que será un mecanismo causal que actúe sobre cada miembro de la clase y lo haga ser lo que es. En el pensamiento tipológico tradicional, la clase es definida de forma reduccionista en el sentido de que queda caracterizada estrictamente por las partes que pertenecen a ella (definición constitutiva). Un ejemplo clásico de esencialismo -no sin controversia, como ya mencionaba en el capítulo 2- es la tabla química periódica.

En el pensamiento poblacional, los tipos son únicamente promedios (abstracciones) y únicamente la variación es real. La variación es uno de los puntos centrales del debate clásico entre esencialistas y poblacionistas ya que, históricamente, el esencialismo ha considerado la variación como un error, una desviación de la constitución de la clase (aunque, como destaca Sober [1980], se han encontrado formas de explicarla e integrarla en la perspectiva). Los defensores de un triunfo del pensamiento poblacional sobre el pensamiento tipológico defienden que el primero emancipó a la Biología de la necesidad de contar con definiciones constitutivas de las clases, eliminando la necesidad de descubrir la esencia de éstas. De esta forma, subraya Sober [1980], "en lugar de buscar una realidad que subyace a la diversidad (esencialista), el poblacionista puede postular una realidad

sostenida por la diversidad", es decir, una realidad que parece más acorde a la teoría evolutiva.

Este debate podría encontrar un punto de conciliación en la perspectiva organizacional de la teoría de la autonomía biológica. Por un lado, los requisitos exigidos por la autonomía (cierre causal organizacional regulado y agente) podría parecer que sitúan esta teoría dentro de un pensamiento tipológico, incluyendo el aspecto reduccionista-constitutivo del mismo: los sistemas vivos son aquellos en los cuales se cumple un tipo determinado de organización causal por parte de sus componentes. Por el otro, el propio tipo de organización causal característico de la autonomía, que se define a sí mismo y no únicamente a merced de sus partes (concepción fuertemente anti-

reduccionista) rompe con el problema de la definición constitutiva que Sober plantea como solventado por pensamiento poblacional; la vida se identifica por su tipo de organización pero ésta no está determinada únicamente por su forma constitutiva sino también por su forma causal- procesual (es decir, por una compleja dinámica auto-productiva y auto-regulativa). Consecuentemente, su realidad cabe dentro de un tipo distinto de explicación, en la cual el problema de la variación dentro de cada clase queda sobrepasado por las diferentes formas que puede adoptar una misma organización causal (la organización autónoma).

Desde la perspectiva organizacional de la autonomía biológica, la vida se define como una "red compleja de agentes autónomos auto-productivos cuya organización básica es instruida por registros materiales generados en un proceso histórico evolutivo abierto dentro del cual la red colectiva evoluciona" [Ruiz-Mirazo, Peretó & Moreno 2010]. El proceso evolutivo abierto no puede ocurrir si no es en un contexto de sistemas autónomos, al igual que el mantenimiento a largo plazo de un sistema autónomo depende del hecho de estar inmerso en un proceso evolutivo abierto [Ruiz- Mirazo et al. 2008] por lo que, en este caso -y al contrario de lo que se espera de un pensamiento en cierta forma tipológico- el tipo de organización autónoma subyace a la diversidad, al tiempo que es

sostenido por esa diversidad. Como ya resaltan en [Ruiz-Mirazo et al. 2010], la integración de las

"causas próximas" (fisiológicas-organizativas) y las "causas últimas" (histórico-evolutivas), establecidas por Mayr, siempre que se entiendan los cambios evolutivos (al menos los principales, las “Major Transitions”) como cambios en el tipo de organización, podría ser la clave para romper con este otro enfrentamiento y encontrar conexiones entre las dimensiones fisiológica y evolutiva de los seres vivos.

Estudiar el origen de la vida y las transiciones prebióticas fundamentales es una manera (quién sabe si la única manera) de comprender cómo la vida fue posteriormente capaz de sufrir otras transiciones evolutivas fundamentales que nos han llevado hasta hoy (y hasta este punto final).

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