"Potencialmente cada niño es la luz del mundo y al mismo tiempo su oscuridad, por lo cual la cuestión de la educación debe considerarse de una importancia primordial". 1
"La causa radical de la perversidad es la ignorancia, y por lo tanto debemos aferrarnos a las herramientas de la percepción y el conocimiento. El buen carácter debe ser enseñado". 2
Los niños pequeños, en general, son gobernados por sus instintos. Sus acciones están basadas en estímulos naturales y raramente se originan en el poder de la mente y del pensamiento. Por cuanto estos poderes no están aún desarrollados apropiadamente en los niños, ellos tratan espontáneamente de obtener todo lo que desean y todo cuanto les place, y no piensan bien las cosas. Las cualidades de previsión y prudencia y la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo, no son alcanzables para los niños. Por esta razón ellos a menudo cometen acciones que parecen insólitas a los padres.
La obstinación
"El hombre alcanza la perfección mediante buenas obras realizadas voluntariamente, no mediante buenas obras que ha sido forzado a hacer". 3 Un niño no puede dejar de jugar con el agua en un charco cercano; en su estado de regocijo nunca se le ocurriría que pudiera caerse y ahogarse. O bien, puede entusiasmarse usando como juguetes navajas, cuchillos, tijeras o agujas, sin pensar siquiera en el peligro que encierran. Cuando la madre trata de apartarlo de tales juguetes, él se resiste, ya que tales deseos son instintivos en el niño. A veces la situación se deteriora a grado tal que la madre impaciente, a fin de proteger a su hijo del peligro, recurre al castigo. El niño intensifica su resistencia y comienza a llorar, considerando que la madre es enemiga de su felicidad, recreación y bienestar. Si continúan esas limitaciones y prohibiciones el niño se vuelve desobediente y rebelde, actúa descortésmente y contesta a su madre. Tal estado de resistencia es a menudo designado "obstinación" por madres que llaman a sus hijos testarudos y obstinados. A fin de rectificar la conducta del niño, la madre a menudo lo golpea o vilipendia, o bien utiliza otros tipos de compulsión, todos los cuales tienen el efecto de aumentar la obstinación y corromper las costumbres de sus retoños.
Incidentes como el siguiente ocurren frecuentemente: Una madre le quita a la fuerza el cuchillo a su hijo y procede a esconderlo diciéndole que no debe jugar con esas cosas. Pero luego de algunos minutos ve que el niño nuevamente está jugando con el cuchillo. Le grita "¡deja ese cuchillo! ¡Cuántas veces te he dicho que no juegues con esas cosas! El niño, que está completamente aburrido de escuchar lo que debe o no debe hacer, le dice a la madre, claramente y sin compungirse: "Si quiero jugar eso no te importa. Déjame solo y ocúpate de tus cosas". Al final de esta discusión el niño es castigado, pero a la larga los golpes e insultos pierden efecto; a medida que la cosa se complica interviene el padre, obligadamente. Los efectos perjudiciales de estos enfrentamientos y conflictos son claros para todo el mundo.
A fin de prevenir la "obstinación" en los niños, pueden usarse muchos métodos científicos y prácticos que resuelvan este problema sin tener que recurrir a medios violentos:
1. Por naturaleza los niños pequeños no pueden mantenerse sentados largo rato; sus capacidades latentes deben desarrollarse desde la niñez y sus extremidades deben fortalecerse mediante el ejercicio, la gimnasia y el movimiento. Las madres que quieren que sus hijos estén sentados quietos y tranquilos en un rincón, actúan en forma contraria a la naturaleza del niño, que es dada por Dios, y enfrentan una tarea imposible al intentar poner en práctica este concepto. Por lo tanto, a los niños no se les debiera impedir jugar y moverse. Un par de juguetes y pasatiempos bastan para tenerlos ocupados. Todo padre y madre, si piensan un poquito sobre el asunto, puede proveer a sus hijos de juguetes adecuados a su edad e intereses y de acuerdo con las limitaciones de las finanzas familiares. Tampoco han de ser juguetes caros: simples pedazos de madera y tablas, algunos trozos de papel, algunos lápices, cajas, muñecas hechas en casa y objetos similares pueden mantener ocupados a los niños.
2. Cuando los niños están realizando una acción peligrosa, los padres deben inmediatamente distraerlos mostrándoles cosas más interesantes de hacer antes que tomar medidas coercitivas. Por ejemplo, si un niño se acerca a una navaja, en lugar de expresar sentimientos de temor y horror, haciendo llorar al niño y que se vuelva más obstinado, al quitarle la navaja de la mano, el padre debería inmediatamente interesar al niño en otra cosa. Un dulce o una pelota de colores, por ejemplo, pueden distraer al niño de aquello con lo que está jugando.
3. Si un niño está ocupado en hacer cosas inofensivas, entonces la madre no debería interrumpirlo. Si está ocupado despedazando papel y tirándolo a la alfombra, y el único resultado dañino es que la pieza ha de ser barrida nuevamente, entonces la madre no debería preocuparse por el problema, ni impedir al niño jugar de esa manera. La rigidez extrema y el hecho de estar detrás del niño permanentemente, con reglas y restricciones ilimitadas, lo ponen nervioso y luego rebelde, haciéndole desarrollar resistencia aún cuando sepa que no tiene la razón. Muchos niños me han dicho que consideran a sus madres como perturbadoras de su tranquilidad, e incluso como enemigo. Dicen cosas como "Mi madre nunca está de mi parte"; "Todo lo que hago me lo prohíbe"; "Mi madre es mi enemigo y no quiere verme feliz"; "No siento que me quieran en esta casa". Si ese sentimiento de odio aumenta y el niño guarda una actitud negativa contra su madre, entonces la tarea de formarlo será muy difícil y estará cargada de consecuencias peligrosas para el niño.
4. Los niños por su propia naturaleza necesitan salir al aire libre, ir de excursiones, y disfrutar de una recreación adecuada. Los padres y las madres no deberían privar a sus hijos del regalo de su compañía, y deberían sacarlos a paseos y excursiones en lugares limpios. Cuando un niño crece naturalmente y no se descorazona por un ambiente sofocante, y no es sometido a restricciones y reglamentos injustificados impuestos por la madre, ni se le impiden juegos inofensivos ni recreación adecuada, él no manifestará obstinación ni recurrirá a pataletas.