14. Valor económico de las áreas protegidas
14.3. Problemas con el cobro en las áreas protegidas
Se debe diferenciar entre el cobro de impuestos, que deben ir (en la mayoría de los países) al tesoro nacional y las tasas, que se quedan en el ámbito local. Las tarifas a los usuarios deben estar basadas en los costos variables medios para el mantenimiento y lo que el público estaría dispuesto a pagar, tomando en cuenta siempre no sobrepasar la capacidad de visitantes del área protegida.
Un área protegida tiene tres tipos de costos en relación con el turismo: el costo de invertir para el desarrollo de las infraestructuras recreativas, el costo de operar y mantener los servicios, y el costo de administración general. Existe la idea de que los costos fijos (operación y mantenimiento) se cubran con el presupuesto del gobierno y los costos medios variables con las entradas obtenidas a partir de los visitantes.37 Otros autores consideran a los costos antes mencionados como directos y mencionan además otros costos como: degradación ambiental, congestión, costo de la tierra y otros recursos naturales, reducción del bienestar de la población local y costo de oportunidad.38
Sin embargo muchas veces el cobro se realiza de forma rígida, simple, solamente en la entrada, sin diferenciar a los visitantes nacionales de los extranjeros. Se persigue con ello lograr obtener una cantidad cercana al 30% o 40% del total de los recursos necesarios para el área protegida, multiplicando el precio de la entrada por el número de visitantes en un año.
De aplicarse de esta forma pueden aparecer problemas con la población local, que en ocasiones se ve relegada del uso de un medio que le es propio, por usuarios ajenos que vienen en determinados momentos del año, en ocasiones con muy poco conocimiento acerca del lugar visitado, pero que al disponer de ventajas materiales desplazan a la población local. En los países en desarrollo este problema es aún más grave, ya que la mayoría del mercado al cual se vende está modalidad de turismo es extranjero, con los problemas culturales que esto supone.
Un argumento final por parte de los visitantes nacionales es que con sus impuestos ya han pagado por la conservación, ya que lo que invierte en este rubro el gobierno proviene de estos impuestos, por lo que al verse obligados a pagar la entrada a las áreas protegidas están pagando dos veces por el mismo servicio. Otra cuestión es que en la declaración de muchas áreas protegidas se sobreentiende que estas deben ser gratuitas. Por todo ello es aconsejable lograr que el visitante comprenda que está pagando por el servicio que se le presta más que por el producto, que es patrimonio nacional y por lo cual debe ser considerado como un bien público.
También hay que tomar en cuenta la posibilidad de que la región viva del efecto multiplicador producido por los visitantes al área protegida. Si el cobro de las tasas provoca una disminución notable del número de visitantes se pueden provocar impactos negativos en la región, e incluso perder ingresos, tanto por la reducción del
37Azcanio, A., El espacio turístico en países emergentes, 2000.
cobro directo como por el pago de impuestos de los pobladores locales. Por ello se imponen estudios científicos para determinar la forma y cantidad a cobrar.
De tal forma el cobro se debe establecer de manera que logre la máxima ganancia protegiendo al ambiente, logrando eliminar aquellos segmentos de mercado desfavorables y favoreciendo a la población local. Para ello se debe prestar atención a cuáles servicios se cobran, así como poder eliminar turoperadores o empresarios que trabajen con segmentos de mercado que no demuestren un nivel de cultura ambiental adecuado.
Estos cobros también pueden ejercer influencia sobre la estacionalidad, estimulando visitas fuera de temporada mediante la disminución en las tasas (entendida esta estacionalidad no solo como el periodo de mayor afluencia turística, sino también la época de apareamiento y desarrollo de las especies que viven en el área protegida).
Para la tributación óptima se plantea que es necesario cumplir con algunos principios básicos:39
- Los visitantes deben pagar unos gravámenes proporcionales a los beneficios que reciben de los servicios públicos (el área protegida en este caso).
- El impuesto que deben pagar los visitantes ha de estar relacionado con su edad, renta, capacidad de pago y lugar de residencia.
- La tasa debe estar en relación con la época del año y la demanda.
- El impuesto como promedio debe ser semejante con lo que se paga por atractivos y servicios equivalentes en otras áreas protegidas similares.
- Se pueden establecer diferentes precios para la visita o pernoctación en diferentes zonas del área protegida.
Para el caso del servicio recreativo en las áreas protegidas se plantea que el cobro no debe ser únicamente en la entrada, sino se debe diferenciar según los servicios que disfrute cada uno de los usuarios. El pago diferenciado atendiendo a la edad, renta, lugar de residencia, etc., puede ser aplicado por las agencias de viaje al vender los paquetes y/o en la entrada al área protegida. Los últimos tres principios deben ser bien analizados por la administración del área con la ayuda de expertos para lograr, que esto no se convierta en una limitante a las visitas, sino en un elemento de regulación y control que puede y debe ser flexible y dinámico en el tiempo y el espacio. Es decir, la administración de las áreas protegidas debe buscar las mejores formas y tarifas para el cobro de las tasas en sus correspondientes áreas en función de diversas características entre ellas la idiosincrasia y el nivel de vida de las poblaciones locales y de los visitantes.
Para tener una idea de cuanto se puede recibir por el cobro de tasas en las áreas protegidas basta señalar que:
Los Parques Nacionales en los Estados Unidos con 379 áreas, 288 millones de visitantes y más de 300.000 empleados en el año 2000, ingresaron por concepto de tasas de entrada 94 millones de USD y por otras tasas (alquiler de botes, permisos de recreación, camping, tasa al transporte, etc.) otros 55 millones de USD, para un total de 149 millones de USD, lo que representó el 7,5% del total de ingresos para ese año. De esta cantidad recibida el 80% se invierte en el propio sistema de Parques Nacionales.
Los Parques Nacionales de Canadá con 38 áreas y 16 millones de visitantes en el año 2000 recibieron por el total de tasas cobradas 74 millones de USD, de los cuales el 45 % (33,3 millones de USD) fue por tasa de entrada. El 100% de estos ingresos son utilizados en los Parques Nacionales.
Por su parte en Costa Rica, país que recibió en el año 2000 una cifra de 515.000 visitantes a sus Áreas Protegidas, la tasa de entrada desde hace varios años
39Brown, C., Visitor use fees in protected areas. Synthesis of the North American, Costa Rican and Belizean
es un valor fijo de 6 USD, tanto para los visitantes nacionales como extranjeros. El 75% de esta recaudación se dedica al sostenimiento de las mismas.
En Belice, país que en el año 2000 recibió 108.000 visitantes en sus áreas protegidas, la tasa de entrada para los visitantes nacionales oscila entre 0,50 y 1,25 USD y el de los extranjeros está entre 2,55 y 5,00 USD.
En las Islas Galápagos, Ecuador, que en el año 2000 recibió 53.118 visitantes, las tasas de entrada están entre 3,00 y 6,00 USD para los visitantes nacionales y entre 25,00 y 100,00 USD para los extranjeros (en dependencia de si arriban en cruceros o en excursiones con tour operadores nacionales o foráneos). De estos ingresos el Parque Nacional Galápagos recibe el 40% y la Reserva Marina el 5%.
Como se puede apreciar de los datos anteriores existen muchas diferencias entre las tasas aplicadas en diferentes países e incluso en algunos casos entre las áreas protegidas de un mismo país.