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Problemas teóricos

In document Pensar con Deleuze (página 113-122)

DELEUZE COMO LECTOR DE SPINOZA

8. Problemas teóricos

317 Nietzsche, F., Genealogía de la moral, Madrid, Alianza Editorial, 1980, pp. 52-3.

318 Subyace aquí la polémica con el iluminismo, el utilitarismo, el socialismo, la democracia y el

cristianismo y la concepción tradicional de justicia.

319 Nietzsche, F.: Así habló Zaratustra, Madrid, Alianza Editorial, 1983b, p. 153.

320 Nietzsche, F.: Así habló Zaratustra, Madrid, Alianza Editorial, 1983b, p. 384. Cursivas del autor,

subrayado nuestro.

321 Cf. Marchart, O., El pensamiento político posfundacional. La diferencia política en Nancy, Lefort,

Badiou y Laclau, México, F. C. E., 2009.

322 Para Laclau y Mouffe, algo verdaderamente nuevo surgió al nivel del imaginario social a partir de la

Revolución Francesa. Se estableció entonces una nueva legitimidad a la que se podría llamar “cultura democrática” (Cf. Laclau, E.-Mouffe, Ch., 1987, pp. 171 ss.). Ésta proporciona “las condiciones discursivas que permiten plantear las diferentes formas de desigualdad como ilegítimas y antinaturales, y de hacerlas, por tanto, equivalerse como formas de opresión”, porque imponen el principio democrático de libertad e igualdad “como una nueva matriz del imaginario social. [...] Esta mutación decisiva en el imaginario político de las sociedades occidentales (...) puede definirse en estos términos: la lógica de la equivalencia se transforma en el instrumento fundamental de producción de lo social” (Laclau, E.-Mouffe, Ch., 1987, pp. 174 y 173. Énfasis nuestro). Dicho en otros términos: las sociedades modernas surgidas de una revolución, ya no permiten pensar el orden social como “natural” y de esa manera hacen manifiesto que han sido constituidas no sobre un fundamento sino sobre una falla, sobre un fracaso, sobre una falta o ausencia. De ello se infiere que todos los sujetos sociales estén igualmente fundados o, lo que es lo mismo, igualmente infundados. Los hombres son diferentes pero la opresión los iguala al enfrentarlos a un enemigo común.

Hay que evitar el equívoco que subyace al significado del término ‘nobleza’ entendido como una clase social o un grupo caracterizado por una posición o un lugar en la sociedad (noble, campesino, burgués, proletario). No se nace noble ni se nace esclavo. Hay que desechar el punto de vista naturalista o substancialista, según el cual algo o alguien se definiría por ciertas características inherentes (que lo harían siempre noble o siempre esclavo). Deleuze señala que lo novedoso de la perspectiva nietzscheana es que piensa la realidad como relaciones de fuerza y no como substancias o cosas en sí, como seres definidos por ciertas características intrínsecas. Ya se trate de individuos o de grupos lo que hay que tener en cuenta es cuáles son las relaciones en las que están inmersos. Estas relaciones que constituyen a todos los seres no son necesariamente armoniosas ni estables. Es decir que un mismo conjunto de fuerzas puede ser en algunas relaciones ‘noble’ y en otras ‘esclavo’.

Tampoco hay que entender la nobleza como sinónimo de fuerza, de cantidad de fuerza. Noble no es el que se impone, el vencedor de una guerra o de un enfrentamiento, el que no puede ser juzgado porque no existe otra fuerza superior que lo obligue a comparecer. Por ejemplo, los militares del ‘Proceso de reorganización nacional’ en Argentina o los nazis en Alemania, mientras contaban con una mayor fuerza o poder323.

Nietzsche no hace una simple apología de la fuerza, de la cantidad de fuerza, como cuando se afirma que el que gana ejerce el derecho del vencedor y ese derecho es ilimitado. La distinción es cualitativa, hace referencia al tipo de fuerzas. Nietzsche mismo observa que si nos atenemos a la cantidad de fuerzas, los triunfadores han sido los esclavos. Toda la cultura moderna, el derecho moderno, los valores modernos expresan la moral de los esclavos, la valoración desde el punto de vista de los esclavos. Lo que se ha impuesto es la valoración del resentimiento, de los tipos bajos. Pero este triunfo no la convierte en noble. La diferencia cualitativa persiste aún cuando hayan triunfado.

Tampoco hay que entender la valoración noble como el derecho ilimitado o absoluto de la monarquía324. No se defiende la tesis que sostiene que el que gana tiene

derecho a todo, que no puede ser juzgado, que puede matar o torturar impunemente

323 Aun cuando hayan esgrimido el argumento de que era ilegítimo juzgarlos desde cualquier otro código

que no fuera el suyo.

324 En este punto es muy significativo el aporte realizado por Foucault al mostrar que el derecho burgués

Lo que es crucial en esos casos es evitar la fascinación del mal, que nos impulsa a elevar a los torturadores a la categoría de transgresores demoníacos que tienen la fuerza para superar nuestras mezquinas consideraciones morales y actuar con libertad. Los torturadores no están más allá del bien y del mal; están por debajo de éste. No transgreden de forma heroica las reglas éticas que compartimos; simplemente carecen de éstas.

Estoy en esa posición; así me encantaría ser: un monstruo ético sin empatía que hace lo que debe hacerse en una extraña coincidencia de espontaneidad ciega y distancia reflexiva, que ayuda a los demás al tiempo que evita su repugnante proximidad. Con más gente así, el mundo habría sido un lugar agradable en el cual el sentimentalismo quedaría reemplazado por una pasión fría y cruel.325

Sin embargo, como ocurre con cualquier derecho o código, solo reconoce su propia valoración, sus propias leyes. Nadie podría aceptar ser juzgado por leyes a las que no está sujeto, leyes a las que no ha asentido. La cuestión no es la impunidad o la responsabilidad, ni si el derecho es limitado o ilimitado, ni si se trata de fueros particulares o de derechos universales. El noble no duda de la responsabilidad de la acción y está dispuesto a enfrentar las consecuencias con entereza, pero diferencia entre responsabilidad y culpa. El que actúa no está dispuesto a ser juzgado desde la impunidad del que no actúa. Está dispuesto a enfrentar el fracaso, pero no soporta la cobardía. El noble parte del derecho de la diferencia, de la distancia, no del límite ni del impedimento. No se ampara en la cantidad, en el número, en la generalidad ni en la universalidad, sino en la diferencia de valor. Disiente con el utilitarismo y con el kantismo que sostienen la valoración en la generalidad o en la universalidad, advirtiendo que generalidad y universalidad no son sino particularidades o singularidades (“humanas, demasiado humanas”).

No se trata solamente de una diferencia de cantidad de fuerza sino de cualidad: afirmativa o negativa. La forma de valoración de los triunfadores sigue siendo negativa, depotenciadora, nihilista porque busca poner límites a las fuerzas y no potenciarlas o levarlas hasta el máximo de lo que pueden. El desarrollo de las capacidades de algo, el desarrollo de la potencia, es independiente de la cantidad de fuerza que tenga ese ser en relación con otros seres o en comparación con otros. El noble no busca la comparación sino que se propone como modelo a seguir. De manera que una fuerza puede ser noble, en cuanto persigue desarrollar su potencia hasta el límite de su poder y sin embargo no

325 Žižek, S., “Sobre la mentira, el mal y la crueldad”, en http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/Slavoj-

disponer de la cantidad de fuerza para dominar o derrotar a otra fuerza distinta u opuesta. ‘Noble’ no hace referencia a una cantidad relativa sino que cualifica un tipo de fuerzas: aquellas que parten de una autoafirmación, aquellas que potencian sus propias capacidades. ‘Plebeya’ o ‘esclava’ es el tipo de fuerzas que parte de la comparación con otras fuerzas, de las diferencias de cantidad de fuerza como si las fuerzas comparadas fuesen del mismo tipo.

Se podría decir que una fuerza es noble cuando tiene iniciativa, siempre y cuando sea autoafirmativa. Está claro, después de todo, al menos implícitamente, que la búsqueda de prácticas ‘afirmación de la vida’ [Deleuze] o la participación en el ‘cuidado de sí’ [Foucault] son en cierto sentido ‘valiosas’ o constitutivas de una ‘buena vida’”326.

Hay una iniciativa ‘negativa’, una iniciativa que Nietzsche llama ‘resentimiento’, la del que actúa siempre ‘contra’ otros, la iniciativa del que pone trabas, leyes, normas, pautas, criterios, condiciones, límites, etc. Tómese por caso a la última dictadura argentina o el ejemplo de quien es secuestrado y torturado, ¿cómo se interpreta desde el punto de vista de Nietzsche? ¿El torturado es el esclavo que no actúa? ¿El torturador es el que tiene la voluntad fuerte, el que se impone...? En estos ejemplos lo decisivo es la cantidad de las fuerzas y no su cualidad. Es un ejemplo extremo en las diferencias de cantidad, que torna casi imposible o irrelevante la evaluación cualitativa. El torturado está completamente a merced del otro. No puede ejercer su capacidad, su potencial, aunque aun en este caso extremo pueda ejercerse una cierta nobleza (como la del atormentado que, a pesar del sufrimiento, no delata a sus compañeros). Es decir, aun en esa situación en la que su fuerza o potencia es mínima, no renuncia a actuar, hace lo que puede para mantener su fidelidad a la causa. El torturado podría decir: “Hice y hago todo lo que puedo por la causa. Fui atrapado. Perdí. Mala suerte”. Ésta es una actitud noble, porque responde a las consecuencias de su acción sin culpar al otro. Desde el otro lado de la relación, el torturador en tanto que tiene al torturado en su poder, no actúa noblemente cuando impide el ejercicio de la fuerza del otro. Su acción es esencialmente negativa, reactiva. El torturador podría decir: “Éste es malo, es un subversivo, alguien que no acepta las normas de la civilización occidental y cristiana, alguien que quiere imponer su maléfica ideología. Hay que ponerle límites. Hay que pararlos”. Es una posición plebeya, una valoración propia de esclavos. Por estas razones, no se debe identificar de

326 Jun, Nathan, “Deleuze, Values, and Normativity”, en: Jun, Nathan-Smith, Daniel (ed), Deleuze and ethics, Edinburgh, Edinburgh University Press, 1988, p. 102.

manera simplista al que tiene mayor cantidad de fuerza con el noble y al que tiene menor cantidad fuerza (casi nula en este caso) con el esclavo.

Contra esta interpretación, algunos argumentan que la víctima del ejemplo anterior es alguien que no puede, y que podría sostenerse lo mismo de cualquier víctima, como por ejemplo, un pibe de 6 años que está en una villa con el paco: ¡es evidente que es alguien que no puede! ¡Y encima se le dice que es un esclavo! A la situación negativa –no puede salir de ese ambiente limitado y degradado- se le carga con una valoración negativa –porque es un esclavo-. Estos argumentos suponen la aceptación del punto de vista de ‘la moral de los esclavos’, porque desde la perspectiva de la nobleza no se dice que alguien sea esclavo porque no pueda, sino al revés: el que parte del ‘no puedo’ es el que valora como un esclavo. No es esclavo porque no pueda sino porque parte del supuesto de que no puede, de que está ‘limitado’. Es esclavo porque parte del límite, parte de la negación, parte del no. No hay ningún ser que no pueda nada. Todo ser existente, por el solo hecho de ser, puede algo. Si es, es porque

puede ser lo que es. Podemos pensar en una cucaracha. Comparada con un ser humano o con un gorila tiene una fuerza muy inferior, insignificante. La pueden aplastar con un pie o despedazarla con los dedos. Pero es erróneo decir que la cucaracha no puede nada. ¡El poder de las cucarachas es enorme! Han desarrollado una capacidad de supervivencia y de reproducción en muchos sentidos superior al humano (sin dudas superior a los gorilas). No sólo enfrentan exitosamente los desafíos de la naturaleza sino también los intentos de exterminio y los venenos creados por los seres humanos. En todo ser hay poder, hay capacidad. Y ese poder o capacidad no sólo está dado sino que

se recrea y se inventa. Se potencia. Las cucarachas han desarrollado capacidades nuevas: para sobrevivir a nuestros venenos, por ejemplo, o para utilizar nuestros recursos en su beneficio.

Por supuesto que si se compara a un ser con otro, se van a encontrar diferencias, se va a ver que uno puede algo que el otro no puede, pero no hay ninguna razón por la cual todos tengan que poder lo mismo o por la cual todos tengan que poder lo que pueden otros. La dificultad de estos ejemplos consiste en que ponen la menor cantidad (más fuerte/menos fuerte, que supone un tipo homogéneo que permita la comparación) como criterio para evaluar la calidad (noble/vil, que por ser diferentes e inconmensurables no tienen unidad de medida o criterio común). En estos ejemplos se comparan cantidades extremas a las que subrepticiamente se han identificado con

cualidades diferentes. Pero hay que distinguir los dos significados de valor327: cantidad

(+ ó –) y calidad (noble o vil). La cantidad no define la cuestión, sino la nobleza o la vileza, lo alto o lo bajo.

Por otro lado, que el valor cuantitativo de una fuerza sea 0 (cero) o cercano a 0 (cero) no la anula completamente, porque toda fuerza está en relación con otras. Todo ser o todo cuerpo es una composición de fuerzas y como tal ejerce su potencia: puede algo. Volviendo al ejemplo planteado: Un pibe de 6 años que vive en una villa con el

paco ¿puede? Desde una perspectiva noble hay que decir que, aunque este no sea precisamente el ejemplo más interesante, el pibe de 6 años puede hacer cosas y las hace. Consigue droga, la consume, evade los controles, se va de la casa y de la escuela donde lo maltratan, deambula por la ciudad, conforma bandas con otros pibes… Puede y lo hace, incluso hace cosas que otros pibes de su edad no se atreven a hacer y no pueden hacer. Cuando se dice que ‘no puede’ es porque se parte de un criterio o de una norma o de una base de comparación, es decir, de un criterio exterior a su potencia (aun cuando se sostenga que es un derecho humano universal). Pero eso es precisamente lo que caracteriza a la moral del esclavo: partir del no puede/no puedo328.

En los ejemplos de las víctimas hay dos supuestos que provienen de esta moral de los esclavos, de esta moral nihilista. El primero es aceptar que haya un ser que no puede nada. Evidentemente, como se trata de un ejemplo extremo, lo que puede es muy poco. Sin embargo, muy poco no es lo mismo que nada. Poder muy poco y no poder no se identifican. Sartre y los existencialistas ya habían destacado esto: todo ser existente aun en el peor de los casos puede algo puesto que existe, realiza la acción de existir. El

segundo supuesto que se ha aceptado erróneamente es que entre dos fuerzas sólo hay una diferencia de cantidades y lo decisivo es la diferencia de cualidades. La cualidad de la fuerza noble es la autoafirmación. La cualidad de la fuerza plebeya o esclava es la negación, el límite, la falta o la carencia de la cual parte. “El sujeto liberal consiente en ser gobernado porque carece de la capacidad de darse cuenta de sus propios intereses,

327 La economía política clásica ha diferenciado estos dos significados y los llamó valor de cambio

(cantidad) y valor de uso (cualidad).

328 El ejemplo de los niños es muy interesante. Deleuze, junto con otros psicólogos y psiquiatras, hizo un ejercicio muy instructivo en este aspecto: se pusieron a revisar los casos de análisis de niños en las figuras señeras del psicoanálisis como Freud o Melanie Klein para mostrar cómo se implementa la técnica analítica como una aplicación de la moral de los esclavos, es decir, como una técnica de impedimentos. Por un lado hacen manifiesto lo que el niño dice, es decir, las estrategias que va construyendo para realizar su deseo. Por otro lado, muestran cómo la interpretación del analista limita, impide, obtura y encierra el deseo dentro del encuadre familiar edípico. El poder y la creatividad del deseo se traducen en impotencia, frustración y enfermedad. Cf. Guattari, F., Política y psicoanálisis, México, Editorial Terra Nova, 1980, pp. 41 ss.

independientemente del estado. Las máquinas, en cambio, ‘no funcionan a partir de las carencias. No tratan de satisfacer las necesidades. En su lugar, producen conexiones. Por otra parte, las conexiones que se producen no son pre-dadas. Las máquinas son productivas de maneras impredecibles y a menudo nuevas’329330. El que plantea la

pregunta “¿qué es lo que puedo?”, independientemente de la cantidad relativa de fuerza que disponga, es noble. Es posible que una fuerza noble sea derrotada, que sea superada por una cantidad de fuerza mayor, pero no se considera una ‘víctima’, ni mucho menos culpable. Se dirá: ¡mala suerte! ¡perdí! La víctima, en el ejemplo del torturador y el torturado, ha sido concebida desde la perspectiva de la moral de los esclavos y lo mismo ocurre con el torturador. La imagen del torturador no representa a la forma de vida noble sino la valoración que el esclavo tiene del noble. En cualquier caso lo que interesa aquí no es si se puede todo o no se puede todo o qué es lo que se puede en determinadas condiciones particulares, sino los dos tipos de valoración: aquella que pregunta qué es lo que puedo y aquella que plantea qué es lo que no se puede, cuál es el límite. Tampoco es decisivo desde dónde se define el límite, si desde cada uno, desde la sociedad, desde la cultura, desde la historia o desde Dios.

Desde ciertas perspectivas se objeta la posibilidad de responder a la pregunta qué puede un cuerpo o una fuerza excluyendo la consideración de lo que no se puede, de lo imposible o del límite. Dicho en otros términos: toda afirmación supone una negación, toda inclusión supone una exclusión y toda potencia implica un límite. En la historia de la filosofía es Kant quien plantea esta cuestión con mayor claridad. De eso se trata lo que este autor llama ‘crítica’: establecer las condiciones de posibilidad y los límites de una facultad. El conocimiento tiene ciertos límites que están definidos, por ejemplo, por los medios o las facultades o las potencias que tiene el ser humano. Si conocer es aprender, lo cognoscible tiene que ser aprensible. Lo que no puedo captar con las facultades que tengo, tampoco lo puedo conocer, trasciende los límites de mis capacidades. Algo análogo ocurre en el ámbito moral. La ley, como habían mostrado Locke y Rousseau, es la condición y el límite de la libertad. De manera que el poder y la potencia implican siempre un no-poder y una impotencia331. Si la ley manda, como

329 May, T. (2005), Gilles Deleuze: An Introduction, Cambridge: Cambridge University Press, p. 125,

citado por N. Jun.

330 Jun, Nathan, “Deleuze, Values, and Normativity”, en: Jun, Nathan-Smith, Daniel (ed), Deleuze and

ethics, Edinburgh, Edinburgh University Press, 1988, p. 95.

331 Nótese la identificación subrepticia que se hace entre poder y no poder. Textualmente: poder significa

no poder. En términos de Nietzsche: es el esclavo el que parte del no-poder porque de antemano supone que el que puede es el otro (el amo) y que su poder es en realidad un no-poder, una impotencia. Aquí se inserta también la crítica de Hegel, antes que Nietzsche, señalando la impotencia como la base del planteo

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