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1 3 NUEVOS PUNTOS DE VISTA EN EL ESTUDIO DE PIEZAS DE ARTE PORTÁTIL SOBRE SOPORTES LÍTICOS DE 1985 A LOS

CAPÍTULO 3. ELABORACIÓN DE UN CATÁLOGO.

3.1. PROCEDENCIA DE LOS DATOS

Para la elaboración del catálogo que aquí presentamos hemos empleado un variado tipo de fuentes: cartas arqueológicas, bibliografía tradicional y actual, comentarios de otros investigadores y por supuesto, el estudio directo de las piezas que nos ha llevado a desvelar detalles no considerados sobre las mismas. Aunque dos han sido las fuentes fundamentales: la bibliografía de interés y las colecciones de los museos

3.1.1.Los datos bibliográficos: localización y gestión.

La revisión bibliográfica ha constituido una parte básica de nuestro trabajo. Los fondos tenidos en cuenta no sólo proceden de la Biblioteca Nacional o de bibliotecas universitarias (UAH, UAM, UC, UO, etc.) sino también de la biblioteca Tomás Navarro Tomás situada en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC, en Madrid. En las bibliotecas de los Museos Arqueológicos dónde hemos consultado las piezas, como el Museo Arqueológico de Oviedo o el Museu do Côa, hemos obtenido contenido bibliográfico más especializado y hemos podido ser orientados adecuadamente. La biblioteca del Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid merece una mención especial en este capítulo porque ha sido nuestra "base de operaciones". El personal de dicha biblioteca no sólo nos ha ayudado en las búsquedas bibliográficas, sino que incluso ha admitido a petición personal nuestro el trámite para la compra de volúmenes de gran interés para nuestro estudio como Pierres Gravées du Périgord Magdalénien. Art, symboles,

territories. de G. Tosello (2003) o L´homme et l´outil de S. Beaune (2008) que no se

hallaban en otras bibliotecas dónde hemos trabajado.

Más allá de las bibliotecas tradicionales, hoy en día vivimos en la era de la información dónde las TIC (Tecnologías de la información y la comunicación) se han convertido en herramientas fundamentales para el trabajo de cualquier investigador. Por esto hemos tenido muy presentes las páginas web de las bibliotecas citadas con sus catálogos en red y otros recursos que facilitan tanto la búsqueda como la localización de fondeos.

Elsevier que gracias al contrato que tiene con la UAH hemos podido utilizar, accediendo a una visión general y completa de la producción mundial de investigación.

Por otro lado, y en relación con los catálogos de piezas, DOMUS nos ha facilitado la localización de cantos y placas para nuestro estudio. DOMUS es una iniciativa del Ministerio de Cultura que trata de otorgar, a las piezas depositadas en los museos de titularidad estatal, el papel que les corresponde como bienes de interés de cultural, máximo nivel de protección que la Ley de Patrimonio Histórico otorga. Uno de los objetivos de este proyecto se refiere a la difusión de calidad de estos bienes culturales y en este sentido se ha convertido en un punto de partida a tener en cuenta en nuestro trabajo.

Gracias a este servicio hemos accedido a los catálogos de diferentes Museos y hemos localizado como ejemplos significativos:

• Un canto Aziliense de la Cueva de El Valle (Rasines) cuyo número de inventario es: 1951/37/37/1/1, hallado por Breuil y Obermaier a principios del s. XX, del cual también existe foto en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid donde forma parte de la exposición permanente.

• Un canto Aziliense de la Cueva de Los Azules (Cangas de Onís), separado del resto de su conjunto, cuyo número de inventario es el: DE00020, en el Museo de Altamira, después de que el Museo Arqueológico de Asturias lo cediera al primero en el 2001. De este también contamos con su imagen y descripción.

• Un canto de la Cueva del Castillo (Puente Viesgo), con el número de inventario: DO00028 y otro de la Cueva de Sovilla (San Felices de Buelna) con el número: DO00031, ambos pertenecientes al Museo Arqueológico de Cantabria.

Entre otros. Cada una de estas piezas que pertenecen a CERES, la web que recoge las colecciones en Red, consta de una ficha donde se detallan el Museo al que pertenecen, así como su número de inventario, clasificación, material, técnica, etc. Incluso la bibliografía en la que la pieza es citada.

Por último, en cuanto al trabajo bibliográfico se refiere, hemos utilizado

Refworks como gestor bibliográfico. Una aplicación informática diseñada para la

búsqueda, construcción y almacenaje de bibliografías, que tiene la ventaja de poder incorporar referencias disponibles en la Web.

3.1.2.Los Medios Sociales como fuente de información científica.

Como se puede comprobar a lo largo de este trabajo, en ocasiones se han citado como fuente de consulta, para contenidos o imágenes, blogs y diferentes páginas web.

Por este motivo creemos necesario hacer una breve reflexión sobre lo que la Web 2.0 o Web Social puede suponer dentro de los trabajos de investigación. Más allá de los lugares de búsqueda de información tradicional o de los resultados obtenidos en el propio trabajo de campo, los Medios Sociales se alzan como una fuente enriquecedora desde muchos puntos de vista.

Si en los últimos años muchas tesis doctorales se han ido fraguando a través del intercambio de e-mails no es de extrañar, que en ésta y en otras, además, debiera señalarse el intercambio o adquisición de información a través de Facebook, Twitter, wikis, blogs, etc.

En contra de lo que algunos sectores tradicionales pudieran pensar, acerca

de la posible “falsedad” documental de estas fuentes, lo cierto es que en los últimos

años se ha hecho un esfuerzo por los apasionados de estos medios en adquirir hábitos de rigurosidad informativa citando bibliografía de referencia, o estando a cargo de profesionales del sector. De hecho, como se puede comprobar, importantes instituciones se han incorporado en los últimos años a estos Medios Sociales que no sólo aficionados sino también profesionales seguimos.

Por citar algún ejemplo relevante, diremos, que el Museo de Ciencias Naturales de Madrid y el Museo Arqueológico Nacional de Madrid tienen perfiles en Facebook y Twitter y, este último, también en Youtube.

Así mismo, las bibliotecas han puesto al servicio del usuario los Medios sociales llegando a contar con un excelente sistema de chat a tiempo real como tiene la biblioteca Tomás Navarro Tomás o un sistema de consultas que son

respondidas a través de un blog, “Blog (SINDUDAS)” como tiene la biblioteca de la

UAH.

En este contexto, también han nacido plataformas, a modo de Red Social, como Academia.edu que permiten el intercambio gratuito y directo de trabajos científicos de investigadores y estudiantes universitarios. La misma, ha recibido críticas por algunos equipos de investigación como es el Grupo de Estudios de

Relaciones Internacionales cuyo perfil en Academia.edu es una dura crítica a este

sistema de intercambio, pues, afirman que al no remitir a la fuente original (como hacen los índices estilo DOAJ o RECOLECTA o DRIVER), refiriéndose a los sitios web de cada grupo, centro o instituto de investigación, lo que hace es centralizar las investigaciones en su Web.

Pese a estas críticas queremos aprovechar esta ocasión para hacer una llamada de atención sobre lo importante que pueden ser los Medios Sociales para la valoración y protección del Patrimonio, al constituir, debido a su gran accesibilidad, una fuente de conciencia social. Para ello, es necesario que detrás de los Medios Sociales de importantes instituciones o empresas relacionadas con el Patrimonio y la Cultura existan profesionales, no sólo cualificados en estos aspectos, sino también formados como Community Management. Esta completa formación será la que permita utilizar los Medios Sociales para llevar a cabo

“campañas de marketing” en sentido estricto que reviertan en beneficio del

Patrimonio.

En las empresas este procedimiento de marketing se desarrolla en cuatro grandes etapas perfectamente definidas, que podemos resumir en: la generación de notoriedad de la imagen de la empresa, la identificación de un público objetivo, lograr un beneficio significativo en relación con la inversión realizada y, por último, fidelizar clientes o usuarios. Esto, se podría aplicar perfectamente a Museos, Bibliotecas, Fundaciones, Archivos, etc. Permitiendo obtener incluso beneficios económicos rentabilizando el Patrimonio.

En nuestro caso, simplemente como usuarios, diremos que a través de Facebook principalmente hemos podido hablar con profesionales relevantes de la prehistoria, acceder a noticias de interés, seguir la pista a trabajos de actualidad, conocer otros equipos de investigación nacionales y extranjeros, etc.

3.1.3.Las colecciones de los museos y otras localizaciones de piezas.

Al finalizar este estudio hemos consultado un total de 37 yacimientos, depositados en 9 centros diferentes, nacionales y extranjeros, que suman un total de 357 piezas catalogadas.

La selección de las colecciones ha estado sujeta a la presencia de materiales líticos decorados, con grabados o pinturas, o con presencia de restos de color que estuviesen adscritos a cronologías del Final del Paleolítico cantábrico, al Aziliense y al Epipaleolítico, aunque se han incluido algunos enclaves de adscripción neolítica por su interés.

La búsqueda de piezas quedaba reducida principalmente a siete museos: Museo Nacional de Ciencias Naturales, Museo Arqueológico Nacional, Museo Arqueológico de Asturias, Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria, Museo de Altamira, donde se localizaron las piezas pertenecientes al Principado de Asturias y a la Comunidad Cántabra. Así como los Museos Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid y el Museo de Santa Cruz en Toledo de donde proceden las piezas de Arroyo de las Moreras y El Castejón respectivamente, incorporadas en el último momento.

Estas consultas nos han permitido dar a conocer piezas inéditas dentro de las colecciones clásicas, por ejemplo, en el caso de La Paloma (Juana 2013) o en el caso de Cueto de la Mina (Juana, 2016) donde los fragmentos de ocre pasaron inadvertidos o en La Riera donde hallamos una lámpara no considerada en ningún texto y que recogemos en el Capítulo 4 de esta tesis.

También hemos acudido a depósitos de materiales arqueológicos que funcionan a modo de museos regionales, nos referimos al Centro GOAZ de Guipúzcoa dónde se hayan localizados todos los materiales hallados en las excavaciones de dicha provincia y dónde nosotros hemos consultado los materiales de Antón Koba.

En nuestro intento de incluir el mayor número de cantos y placas decoradas peninsulares consultadas personalmente hemos recurrido también a centros extranjeros como el Museu do Côa (Vila Nova de Foz Côa, Portugal) dónde hemos podido estudiar los materiales de Fariseu, Quinta da Barça y Caminha I.

Así, hemos recogido, además de las conocidas, piezas que, por su morfología y adscripción cultural, al no tener una decoración destacada, no habían sido citadas anteriormente, siendo en este trabajo dadas a conocer de forma inédita como hemos apuntado. Algunas se han tenido en cuenta por estar en los mismos niveles que las piezas decoradas y presentar una forma-peso similar, o por presentar huellas de uso, pues, muchas de nuestras piezas presentan huellas que hablan de su multifuncionalidad dentro de los ambientes domésticos, en íntima relación con actividades de mantenimiento. Además, puesto que seguimos a Couraud (1985), que incorporó a su catálogo cantos con simples manchas de ocre, hemos considerado todas las piezas "manchadas" halladas, aunque éstas tuviesen una función claramente diferente: núcleos, raspadores, raederas... Esto, nos permite hablar de interferencias entre ciclos de producción, pues, el ocre tiene diferentes papeles incluso dentro del arte, ya sea rupestre, mueble o body art como señalan Domingo Sanz, Fiore y May (2016).

Aun así, es posible que algunas piezas hayan quedado fuera de nuestro alcance debido a la dispersión de materiales de algunos yacimientos. En este sentido, cabe citar el yacimiento de El Pendo cuyos restos arqueológicos según González Sainz (1989: 76) se encuentran en su mayor parte en el Museo de Prehistoria de Santander, pero, del que existen lotes menos importantes depositados en el Arqueológico Nacional, en el Museo de Prehistoria de Valencia, en la Universidad de Santiago de Compostela o en el "American Museum of Natural History" de Nueva York. Por tanto, hay casos como el de El Pendo en que "no se conservan conjuntos industriales coherentes" González Sainz (1989:76) lo que nos obliga a considerar únicamente los conjuntos más importantes o bien a los que hemos tenido acceso.

Y por otro lado, tenemos piezas desaparecidas o cuya ubicación para nosotros ahora mismo es desconocida pero podrían aparecer. Para ilustrar esta situación haremos referencia a los dos cantos del yacimiento de El Valle. Uno de ellos está localizado actualmente en la exposición permanente del Museo Arqueológico de Madrid y además se puede consultar una ficha completa del mismo en la web. Sin embargo, del otro canto no sabemos su paradero. Fernández- Tresguerres habla de él como desaparecido, pero, en una conversación personal

con Carmen Cacho, actual conservadora jefe del departamento de Prehistoria del Museo Arqueológico de Madrid, llegamos a pensar que muy posiblemente se encuentre entre los materiales, que, de este yacimiento, fueron depositados inicialmente en el Instituto de Paleontología Humano de Paris y que no fueron devueltos a España. Nos queda por tanto averiguar dicha circunstancia.

En lo referente a piezas que pertenecen a las colecciones depositadas en los museos, hay que señalar que también se han incorporado a nuestro catálogo piezas procedentes de publicaciones recientes como las de El Pirulejo (Cortes et al., 2008) o las de Estebanvela (Cacho, et al. 2012) y se hace referencia en los análisis a las de Medal (Figueiredo et al, .2016).

Por último, y en el transcurso de los últimos meses de la realización del presente trabajo, nuestra directora Primitiva Bueno, nos puso sobre la pista de algunas piezas halladas en los trabajos realizados por la empresa AUDEMA. El director de los trabajos arqueológicos D. Jorge Morín, tuvo la amabilidad de poner a nuestra disposición para su estudio los materiales líticos procedentes de Arroyo de las Moreras (depositados en el Museo Arqueológico Regional) de cronología Epipaleolítica, y de El Castejón (depositados en el Museo de Santa Cruz de Toledo) de cronologías más avanzadas, que nos han ayudado a completar el panorama que veníamos anunciando para el final del Tardiglaciar.