1.3 Tipología de los elementos de serrar y pulir en el Renacimiento
1.3.2 Proceso de pulido
El proceso de pulido tiene como finalidad el acabado de las superficies y en el caso de las artes suntuarias resulta un proceso determinante para conseguir el aspecto final deseado.
Los procesos de pulido utilizados en el Renacimiento eran básicamente los mismos utilizados desde la antigüedad variando en función de los materiales a pulir.
1.3.2.1 Pulido de materiales blandos.
El pulido de superficies de madera o piedras blandas, se realizaba como se ha comentado, prácticamente con las mismas técnicas que en la época clásica. Fundamentalmente con escofinas para la madera y limas de hierro de todos los tipos. Era un proceso también utilizado con todo tipo de metales que entonces recibía el nombre de bruñido. Para los metales se utilizaban bruñidores formados por mangos de maderas y lamas de un metal más duro que el material a bruñir y también se utilizaba polvo de hierro como abrasivo y agua. Además, en el caso de superficies grandes, como las armaduras, se empleaba la muela accionada a pedal que posteriormente fue incorporando otros accionamientos como el hidráulico.
1.3.2.2 Pulido de piedras duras
Aunque se desconocen los métodos exactos de pulido de los antiguos egipcios y romanos, los métodos del Renacimiento no parecen diferir mucho de aquellos, ya que muchos artistas de esta época se ocuparon de investigar y recuperar aquellos antiguos métodos, que en gran parte de los países se habían olvidado o perdido.
En términos generales, la aplicación del pulido de la piedra se realiza principalmente sobre piezas, utilizadas para pavimentar o enlosar, o en piedras decorativas y tiene dos fases bien diferenciadas: la primera, que suele denominarse raspado, consiste en desgastar la superficie dejándola perfectamente lisa aunque sin brillo, mientras que la segunda consiste en proporcionar el brillo final a la superficie.
Para poder pulir la piedra, ésta debe ser dura, de grano fino y homogéneo. Los mejores resultados se consiguen con los mármoles, jaspes, granitos y alguna caliza.
El pulido se realiza frotando la superficie con elementos de mayor dureza que la superficie a pulir, asegurando que el frotamiento se realiza en un plano horizontal. Para el pulido de piedras como los mármoles, podían utilizarse piedras abrasivas de aspereza media o fina o bien polvos abrasivos. Entre las piedras, se utilizaban fundamentalmente la piedra de esmeril, las areniscas y la piedra pómez, y entre los polvos abrasivos más utilizados estaban igualmente el de esmeril y las areniscas y para trabajos de gran calidad el polvo de diamante.
La obtención del pulido mediante polvo abrasivo se realiza mediante el frotado de la superficie con distintos tipos de polvos. Primero con productos menos duros y luego más duros y finos, pero siempre de mayor dureza que la piedra a pulir. En el pulido de
77
mármoles podían utilizarse distintas areniscas, piedra pómez y en los jaspes y granitos, el asperón, la potea, el esmeril, el polvo de corindón o incluso el polvo de diamante.
Además del frotamiento de la superficie con varios tipos de abrasivos cada vez más finos, se utilizaba también agua, como en el proceso de serrado, para evitar quemar la piedra. Los abrasivos se frotaban sobre la piedra junto con el agua, lo que mantenía la piedra limpia. Toda la zona a pulir o alisar debía frotarse por completo con cada tipo de abrasivo más fino utilizado [81].
78
El último paso para conseguir un acabado con brillo, era el bruñido, que tenía por finalidad eliminar las rayas producidas por los abrasivos y dar brillo superficial, para ello podían utilizarse discos de esparto, trípoli o polvo de azufre, generalmente mezclado con aceite, frotando con movimientos circulares y evitando, en lo posible, un ambiente de polvo que pudiera rayar la superficie.
En la documentación referente a la construcción del retablo de El Escorial se encuentra abundante información sobre dichos procesos de raspado y bruñido; según Jean Babelon, autor de la biografía de Jacome da Trezzo, para pulir las piedras se empleaban distintos tipos de abrasivos [83]: “se empleaba igual que siempre se ha hecho, el polvo de diamante, el esmeril, el plomo, el tripoli, la potea, el aceite, etc.”. De la utilización de dichos materiales hablan las cuentas del taller de Trezzo en Madrid que se conservan en el Archivo General de Simancas (AGS. CSR, LEG. 258, 258):
Ay agora en casa de Jacome de Trezzo ochocientas arrovas d´esmeril … Mas de plomo para los pulimentos de las piedras y de las que están agora aserradas…Mas ay…dozientas y quarenta libras de tripoleon…mas ay quarenta libras de potea con que se da el último pulimento
La potea se obtenía a partir del dióxido de estaño, calcinándolo hasta que se tornaba blanco; después se pulverizaba y lavaba por decantación [84] [83]. También se utilizaban, según las dattas de cuentas, el plomo y el estaño para pulir, el yeso para fijar las piezas ya aserradas y el carbón y betún para pegarlas.
En 1586, por ejemplo, se da orden para que una cuadrilla de diez u once pares de bueyes vayan a Aranjuez y Ontígola y traigan asperones para pulir y limpiar los jaspes (RBME X-16).
La sucesión de elementos empleados para realizar el pulido de los jaspes puede leerse en las condiciones que se firmaron en otra obra realizada unas décadas después, en concreto la obra del panteón de los reyes de El Escorial de 1620 [85], hecha de los mismos materiales y con los mismos acabados, en ellas se explica (AGS. CSR, LEG. 340):
Es condición que la dicha obra la an de labrar y pulir a contento y satisfacción del Padre Prior de San Lorenzo el Real y del Señor secretario thomas de angulo y de la persona que su magestad mandare, adbirtiendo que despues de labrada la piedra se a de rraspar de arena y luego con asperon grueso y dulçe y luego se a de alisar con piedra pomez esmeril y luego de espoltea y potea de modo que quede con el pulimento y lustre nezesario a contento de los dichos señores ansi en el labrar y pulir como en el asiento
Durante el Renacimiento, al igual que ocurrió con el proceso de serrado, el pulido en sus primeras fases o raspado llegó en ocasiones a mecanizarse, aprovechando las fuerzas motrices existentes. En España, existen escasas referencias a molinos con este uso, y suelen estar vinculadas a las obras reales. Por ejemplo, el proceso de pulido en la construcción del retablo mayor del Monasterio de El Escorial pudo estar mecanizado, como se verá más adelante. También parece que pudo haber un molino de pulido en las obras reales de Aranjuez. En cuanto a las últimas fases del pulido o abrillantado, su mecanización para evitar el rayado resulta más difícil, realizándose generalmente de forma manual.
79
De Leonardo Da Vinci se conservan varios mecanismos para pulir. Igualmente de Jacques Besson, en la figura 61, puede verse un prototipo de máquina pulidora y cortadora de mármol, accionada manualmente, pero auxiliada con un mecanismo tipo pantógrafo unido a un péndulo que funciona como volante de inercia [48].