REBELIÓN, TERRORISMO Y ESTRATEGIAS JUDICIALES DE DEFENSA
DEFINICIONES La doctrina
III. PROCESOS DE CONNIVENCIA Y DE RUPTURA Introducción
Este aparte se va o ocupar de las formas o las estrategias judiciales en las que normalmente los procesados políticos en Colombia han participado en los procesos penales seguidos en su contra. Estas estrategias, con matices o situaciones intermedias, son la connivencia y la ruptura. Si bien se recurre a experiencias acaecidas en otras latitudes, lo que interesa es plantear el desenlace en los estrados judiciales del Estado colombiano.
Valga aclarar que las dos estrategias no son de propiedad exclusiva de los estatalmente llamados delincuentes políticos, como tampoco están referidas o son asumidas exclusivamente por los procesados, sino que en los procesos penales prima o se impone una de estas estrategias que inevitablemente envuelve a todas las personas que en ella participan, inclusive al público que asiste a las audiencias. Es importante decir también que no necesariamente la forma la elige o adopta el acusado, sino que también la puede proponer el juez y hasta el abogado defensor, aunque ello casi nunca sucede.
Aunque el crecimiento del conflicto colombiano y con éste el aumento de los prisioneros políticos y prisioneros de guerra de la insurgencia armada difícilmente permiten hacer un seguimiento al comportamiento de los presos, sí existen situaciones y casos emblemáticos que aquí se registrarán. El cierre de las posibilidades de defensa desde una estrategia de connivencia de los prisioneros políticos y prisioneros de guerra, derivado del acabóse del tratamiento privilegiado a aquellos por parte del Estado y su remplazo por el tratamiento de enemigos, coloca el tema a la orden del día. El Estado colombiano, a través de su legislación y su aparato de represión judicial, ha puesto el dedo en la llaga y lo lógico es esperar una respuesta de conjunto de la insurgencia armada en los términos propuestos por el establecimiento y que, más temprano que tarde, va a mandar de vacaciones a los abogados defensores y a convertir los estrados judiciales en escenarios de denuncia, confrontación o en un tablado teatral donde fiscales, jueces y procuradores se develarán como simples actores puestos en escena para juzgar a quienes terminarán siendo no sus acusados sino sus acusadores. ESTRATEGIA DE CONNIVENCIA
En los procesos en que prima la estrategia de connivencia, la persona sometida a un juicio penal acepta los procedimientos judiciales que la ley tiene. La persona privada de la libertad puede manifestarse en oposición o desacuerdo con el orden político, económico y social establecido; sin
embargo, permite ser investigado y juzgado conforme a la normatividad establecida. En los procesos de connivencia, el detenido de guerra o por razones políticas acepta la defensa dentro de los parámetros legales vigentes con todas las limitantes que tiene. Eso significa que aborda su defensa para demostrar su inocencia o para conseguir los mejores resultados posibles, o simplemente se resigna a recibir todo el peso del sistema penal. En suma, quien le apuesta a la estrategia judicial de connivencia, parte de reconocerle legitimidad al régimen para que bajo su legalidad investigue y juzgue, condene o absuelva su ideario y sus actividades revolucionarias.
En Colombia, la mayor parte de presos y perseguidos políticos se someten al marco de las normas y procedimientos vigentes, es decir, desarrollan su limitada defensa en connivencia con el orden jurídico-político imperante.
Cuando el preso político adopta la connivencia como estrategia judicial de defensa, quien hace las veces de defensor se limita a velar por las garantías procesales y a tratar de obtener resultados que sean lo menos gravosos para la suerte del procesado.
A pesar de esta postura crítica frente a la práctica jurídica, existen investigadores y profesores universitarios que sostienen lo contrario. Es el caso del profesor Aponte, quien afirma:
"Vergés la asume con un sentido peyorativo. Supone plegarse a la legitimidad estatal, aceptar sus reglas... su legalidad. En nuestro caso, no significa claudicación ni obediencia; no es una actitud connivente o de benevolencia con la norma estatal.Al contrario, significa, vista ante todo en su desarrollo histórico, conciencia del valor del derecho. Conciencia de su valor, allí donde aquél sea siempre negado, o donde sea necesario defenderlo. Tanto más importante y fundamental se erige ella hoy, si de hecho, como veremos, se ha dificultado al máximo la apelación al simple derecho en la práctica jurídica cotidiana".
En los procesos de connivencia, en todo caso, los presos no quedan privados del derecho a impugnar, criticar o denunciar el orden establecido.
Las diferentes caras de la connivencia
La intervención de Aponte pareciera encontrar ventajas en la estrategia judicial de connivencia, y a fe que las tiene pero vistas quizá desde una perspectiva individual, mas no desde el prisma de la organización, el partido o la colectividad revolucionaria. ¿Qué bondad puede arrojarle a una organización revolucionaria o de contrapoder que sus militantes se desgajen (por defenderse) como plátanos de un racimo maduro para someterse uno a uno a la justicia de un régimen que históricamente ha definido como su enemigo por ser injusto? El grado de legitimidad que se le otorgue al orden que se combate, significa la deslegitimación y el descrédito de la causa y de la organización que insurge como alternativa al establecimiento declarado como contrahecho o espurio. Tal vez la organización rebelde, sin evitar ser cuestionada en su esencia cada vez que uno cualquiera de sus hombres o una cualquiera de sus mujeres se somete a la justicia, podría colateralmente verse un poco beneficiada, cuando la vía de la connivencia es instrumentalizada por el militante o la militante para obtener más rápido su libertad y de esta manera reincorporarse de inmediato al frente de guerra.
Otra ventaja que puede arrojar la instrumentalización de la connivencia se da cuando el militante sometido logra distraer la atención de la justicia, evitando así que las investigaciones comprometan a más militantes colocando de esta forma un paraguas de protección a su estructura organizacional. La deserción, la delación y la negociación de la pena son hoy las expresiones más significativas de la estrategia judicial de defensa connivente. El Estado colombiano en el último período ha recurrido con relativo éxito a la implementación de estas tres variables en su dinámica de echar mano a la
justicia como tabla de salvación respecto a una insurgencia que le ha movido el piso y que es una amenaza manifiesta. Estas expresiones no están por fuera de la estrategia y los hechos de guerra estatales, pero se presentan como la cara amable de la represión y, en la práctica, son la aceptación más directa y comprometida del régimen que hasta hace poco se cuestionaba, incluso con las armas en la mano.
La delación y la deserción no sólo implican la dejación de la causa revolucionaria. sino el acogimiento de la causa contraria, en esta medida, el cambio radical de la opción política. La delación y la deserción no sólo es renuncia sino traición y entrega.
La negociación de la pena, como se conoce popularmente a la figura de la sentencia anticipada, es la aceptación explícita de saberse vencido y de reconocimiento tácito del aparato judicial del Estado que se combate. En pocas palabras, la negociación de la pena es la aceptación por los propios militantes revolucionarios de que su lucha se enmarca en los campos de la delincuencia y en consecuencia se precisa de un castigo para poder expiar su culpa y acceder posteriormente (purgando penas muy altas), límpido al sistema y a la sociedad contra los que se insurreccionó. ESTRATEGIA DE RUPTURA
La ruptura en los procesos políticos
La estrategia de defensa judicial de ruptura en los juicios políticos, como su nombre lo indica, es aquella en la que los presos y perseguidos políticos rompen con toda posibilidad de que el Estado los investigue y juzgue con sus normas, por considerar que éstas no son producto de políticas soberanas, que no son legítimas y que en cambio, son un instrumento de dominación que asegura la permanencia del estado de desigualdad y de injusticia imperantes. La normatividad no es considerada como garante de la justicia, la igualdad y la armonía social, sino como generadora de mayores desigualdades y violencia política y social, dado que responden a los intereses de las clases dominantes y de dictados extranjeros. Las normas, impregnadas de la doctrina contrainsurgente de la seguridad nacional que observa al opositor como enemigo interno, están diseñadas para oprimir y perseguir a toda persona u organización popular que piense distinto al sistema.
Un verdadero y total proceso de ruptura implica rechazo absoluto a ser investigado o juzgado dentro del marco de la ley. Significa la negación de ir a designar abogado de confianza y la negativa a explicar los delitos o cargos que el Estado a través de los jueces y fiscales le achaca.
Sin embargo, elegir la estrategia judicial de ruptura no significa que el procesado deba asumir una actitud pasiva; al contrario, en estos casos el detenido político tiene el reto de pasar a la ofensiva. El preso asume su propia defensa desde la óptica política antes que desde la jurídica, es decir, que su defensa consiste en reivindicar su militancia política, su espíritu rebelde, su compromiso en la transformación social a favor de las clases populares. También basa sus argumentos en la explicación de las causas políticas, económicas, sociales y culturales que lo convirtieron en un opositor del Estado. En otras palabras, cuando el rebelde asume un proceso de ruptura, olvida su condición de acusado y se convierte en acusador del sistema que lo considera delincuente, es decir, que se produce una variación total de la relación Estado-preso político, en la que el acusado se transforma en acusador y el inicialmente acusador pasa a jugar el rol de acusado. Sus aspiraciones individuales se confunden necesariamente con las aspiraciones colectivas. Su defensa se refunde en la defensa del ideario y la acción de la organización en la que milita.
La historia de la humanidad tiene numerosos ejemplos de detenidos por razones políticas que plantearon la ruptura como estrategia de defensa ante sus acusadores. Son casos muy representativos en la historia universal el de Jorge Dimitrov el dirigente del partido comunista búlgaro acusado por el fascismo y el de Fidel Castro, procesado por los tribunales del dictador cubano Fulgencio Batista.
Jorge Dimitrov: un comunista convencido
Jorge Dimitrov ante el tribunal fascista, el cual tuvo que forzosamente absolverlo gracias a la movilización de masas a favor de su libertad, expuso:
"Mi lenguaje es apasionado y duro, lo reconozco, pero también mi lucha y mi vida han sido siempre duras y apasionadas. Mi lenguaje es un lenguaje franco y sincero. Estoy acostumbrado a llamar a las cosas por su nombre. No soy un abogado que defiende por deber a su cliente. Me defiendo a mí mismo, como comunista acusado. Defiendo mi honor personal de comunista, mi honor de revolucionario. Defiendo mis ideas, mis convicciones comunistas. Defiendo el sentido y el contenido de mi vida".
"Por esta razón, cada palabra pronunciada por mí ante el tribunal es, por decirlo así, sangre de mi sangre y carne de mi carne. Cada palabra mía es la expresión de mi indignación más profunda contra esta injusta acusación, contra el hecho de que se impute a los comunistas un crimen tan anticomunista".
"Se me ha reprochado reiteradamente no tomar en serio al Tribunal Supremo alemán. Este reproche es absolutamente injusto. Es cierto que para mí, como comunista, la suprema ley es el programa de la Internacional Comunista y el Tribunal Supremo, la Comisión de Control de la Internacional Comunista".
"Pero, como acusado, el Tribunal Supremo es para mí un tribunal, ante el que es preciso adoptar una actitud seria, no sólo por el hecho de hallarse integrado por jueces de una especial calificación, sino también porque este tribunal es un órgano sumamente importante del poder del Estado, un importante órgano del régimen social imperante, tribunal que puede condenar en forma inapelable a la mayor pena. Puedo decir con la conciencia tranquila ante el tribunal y, por lo tanto, ante la opinión pública también, que he dicho la verdad y sólo la verdad en todos los apuntes. En lo tocante a mi Partido colocado en la ilegalidad, me he abstenido de hacer toda clase de declaraciones. He hablado siempre con seriedad y con el sentimiento de la más profunda convicción".
El juicio del Cuartel Moncada y La historia me absolverá
"El acusado... por ninguna razón del mundo callará lo que debe decir". El 16 de octubre de 1953, Fidel Castro inició su defensa penal convirtiéndose de acusado en acusador: "Nunca un abogado ha tenido que ejercer su oficio en tan difíciles condiciones; nunca contra un acusado se había cometido tal cúmulo de abrumadoras irregularidades. Uno y otro, son en este caso la misma persona. Quien habla es, a la vez, el acusado y el abogado de su propia causa". Y añade: "Como abogado, no ha podido ni tan siquiera ver el sumario y, como acusado, hace hoy setenta y seis días que está encerrado en una celda solitaria, total y absolutamente incomunicado, por encima de todas las prescripciones humanas y legales".
El abogado-acusado contempla el lugar en donde, "por ninguna razón del mundo callará lo que debe decir". ¿Se trata de la majestuosa sala de un tribunal? En modo alguno. La voz que alza habrá de decimos: "...heme aquí en este cuartico del Hospital Civil, adonde se me ha traído para ser juzgado en sigilo, de modo que no se me oiga, que mi voz se apague y que nadie se entere de las cosas que voy a decir. ¿Para qué se quiere ese imponente Palacio de Justicia, donde los señores magistrados se encontrarán, sin duda, mucho más cómodos? No es conveniente, os lo advierto, que se imparta justicia desde el cuarto de un hospital rodeado de centinelas con bayoneta calada, porque pudiera pensar nuestra ciudadanía que nuestra justicia está enferma... y está presa".
Inspirados por las ideas de José Martí y con la conciencia antiimperialista hondamente arraigada en sus corazones, un grupo de jóvenes valerosos había atacado la sede del ejército de la tiranía proimperialista de Fulgencio Batista: el Cuartel Moneada. Pocos habían sido los caídos; pero muchos los asesinados salvajemente por los agentes de la tiranía.
En el juicio levantado a Fidel Castro, como jefe y organizador del asalto al Cuartel Moneada, éste no se limitó solamente a denunciar los asesinatos, la corrupción, el entreguismo a los intereses imperiales de Estados Uniudos, ni a hacer el balance de la grave crisis que pesaba sobre todos los sectores de la vida cubana, sino que a la vez fijó, con sorprendente precisión y objetividad, los postulados esenciales del programa de toda la etapa de la futura revolución: reforma agraria; reforma integral de la enseñanza; rebaja de alquileres; nacionalización de trust extranjeros; industrialización; solidaridad con los pueblos de América latina, etc.
La historia me absolverá es un clásico en las historias judiciales en que el acusado se convierte en acusador: "Os advierto que acabo de empezar. Si en vuestras almas queda un latido de amor a la patria, de amor a la humanidad, de amor a la justicia, escuchadme con atención. Sé que me obligarán al silencio durante muchos años; sé que tratarán de ocultar la verdad por todos los medios posibles; sé que contra mí se alzará la conjura del olvido. Pero mi voz no se ahogará por eso: cobra fuerzas en mi pecho mientras más solo me siento y quiero darle en mi corazón todo el calor que le niegan las almas cobardes".
"Por último, debo decir que no se dejó pasar a mi celda en la prisión ningún tratado de derecho penal. Sólo puedo disponer de este minúsculo código que acaba de prestar un letrado, el valiente defensor de mis compañeros: el doctor Baudilio Castellanos. De igual modo se prohibió que llegaran a mis manos los libros de Martí; parece que la censura de la prisión los consideró demasiado subversivos. ¿O será porque yo dije que Martí era el autor intelectual del 26 de julio? Se impidió, además, que trajese a este juicio ninguna obra de consulta de cualquier otra materia. ¡No importa en absoluto! Traigo en el corazón las doctrinas del Maestro y en el pensamiento las nobles ideas de todos los hombres que han defendido la libertad de los pueblos".
Y hay como un eco del texto martiano, en la advertencia que hace Fidel Castro al comienzo de su discurso. Y en el acto, entra a hablar el doctor Fidel Castro del asalto al Moneada, iniciado a las cinco de la mañana del 26 de julio, exaltando el mérito de los jóvenes que estuvieron dispuestos a dar a un ideal todo lo que tenían y además, la vida. Describiendo las fases del combate, haciendo historia viva reciente de la gesta ejemplar, recuerda emocionado a Abel Santamaría, "el más generoso, querido e intrépido de nuestros jóvenes, cuya gloriosa resistencia lo inmortaliza ante la historia de Cuba".
Y añade más adelante: "Nuestros planes eran proseguir la lucha en las montañas en caso de fracasar el ataque..." ¿Quién no ve, en estas palabras, una premonición de la lucha futura, de la que se hizo real? Y haciendo un recuento de la proeza, escribe estas frases cargadas de sentido:
"En Oriente se respira todavía el aire de la epopeya gloriosa y, al amanecer, cuando los gallos cantan como clarines que tocan diana llamando a los soldados y el sol se eleva radiante sobre las empinadas montañas, cada día parece que va ser otra vez el de Yara o el de Baire... Teníamos la seguridad de contar con el pueblo. Cuando hablamos de pueblo no entendemos por tal a los sectores acomodados y conservadores de la nación a los que viene bien cualquier régimen de opresión, cualquier dictadura, cualquier despotismo, postrándose ante el amo de tumo hasta romperse la frente contra el suelo. Entendemos por pueblo, cuando hablamos de lucha, la gran masa irredenta, a la que todos ofrecen y a la que todos engañan y traicionan, la que anhela una patria mejor y más digna y más justa; la que está movida por ansias ancestrales de justicia por haber padecido la injusticia y la burla generación tras generación, la que ansia grandes y sabias transformaciones en todos los órdenes y está dispuesta a dar para lograrlo, cuando crea en algo o en alguien, sobre todo cuando crea suficientemente en sí misma, hasta la última gota de sangre. La primera condición de la sinceridad y de la buena fe en un propósito, es hacer precisamente lo que nadie hace, es decir, hablar con entera claridad y sin miedo".
Más adelante, hallamos estas frases anunciadoras de una vasta acción futura, planteadas con sorprendente lucidez: "El problema de la tierra, el problema de la industrialización el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el problema de la salud del
pueblo; he ahí concretados los seis puntos a cuya solución se hubieran encaminado resueltamente nuestros esfuerzos, junto con la conquista de las libertades públicas y la democracia política... El ochenta y cinco por ciento de los pequeños agricultores cubanos está pagando renta y vive bajo la perenne amenaza de desalojo de sus parcelas. Más de la mitad de las mejores tierras de producción