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Procesos de resistencia ante la conquista en los sectores norte y nororiental del

Concentrándonos en la banda oriental del territorio ocupado por los panches para el siglo XVI, en la parte más montañosa del mismo, en los sectores norte y nororiental, los españoles encontraron que los segmentos indígenas no demostraron sumisión ante las primeras incursiones, por el contrario parece que se organizó un contingente militar para rechazar y defender todas y cada una de las campañas de exploración armada que se adelantaron durante la segunda mitad del siglo XVI. Así, los cronistas registran un fuerte proceso de resistencia armada caracterizada por constantes y recurrentes batallas, aunque no se describe una victoria contundente del ejército español con la que se obtuviera un control definitivo de esta parte del territorio (Simón [1627?] 1981, Fernández Piedrahita [1668] 1942, Castellanos [1601] 1955).

Como hemos expuesto anteriormente, los segmentos panches asentados en las tierras altas del norte y nororiente del territorio desarrollaron un fuerte proceso de resistencia armada ante la invasión española, el cual impidió el establecimiento de enclaves españoles en esta parte del territorio durante los primeros años de la conquista. De la misma manera, fue un factor determinante para que las constantes campañas de exploración y conquista adelantadas por los europeos entre 1537 y la década de 1550 no obtuvieran el resultado esperado por estos últimos, lo que se tradujo en que el control de estas poblaciones y territorios se dio en un momento posterior al registrado para otros sectores del territorio panche.

Aunque varios cronistas describen en detalle las batallas que se libraron entre españoles e indígenas en este sector del territorio durante la segunda mitad del siglo XVI (Aguado [1570?] 1956, Simón [1627?] 1981, Fernández Piedrahita [1668] 1942, Castellanos [1601] 1955), ninguno de los autores presenta o describe una batalla decisiva en la cual la victoria española habría supuesto la derrota de los ejércitos panches; por el contrario se describen continuos enfrentamientos en los que sin darse victoria de uno u otro bando, la resistencia panche prevalece, evitando que territorios y poblaciones caigan bajo el control de los europeos (1537 a 1589). De esta forma, nos encontramos frente a un

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estado de incertidumbre en cuanto al momento y las condiciones en que se venció la resistencia indígena y se obtuvo el control definitivo de la zona.

Aunque no contamos con un dato claro que nos indique el momento histórico en que se dio el control español y derrota de estos procesos de resistencia armada, podemos tener en cuenta datos como los aportados por investigaciones como la de Gómez, que presentan un balance de las fundaciones de los principales centros poblados españoles en territorios que estuvieron ocupados por los panches para el siglo XVI, los cuales generalmente correspondían a los espacios habitados anteriormente por los segmentos que mantenían una relación toponímica con los mismos (Gómez 2003). Sin entrar a discutir la correspondencia exacta entre la posición geográfica de las poblaciones españolas fundadas entre los siglos XVI y XVII, y los asentamientos de las poblaciones descritas en las crónicas, sí podemos atrevernos a decir que las fechas de estos establecimientos españoles debieron haber sido posteriores al control de los territorios indígenas; en otras palabras, sólo hasta que los ejércitos españoles lograron someter los procesos de resistencia activa tan ricamente descritos por los cronistas, pudieron haber logrado un control de los territorios y las poblaciones tal, que les permitiera la fundación de dichos centros poblados.

De acuerdo a lo anterior, teniendo en cuenta las fechas de las fundaciones encontradas por Gómez para este sector norte del territorio panche (Guaduas en 1614, Honda en 1643, Quebradanegra en 1694, Chaguaní y Sasaima en 1770 y Nocaima en 1794), podemos concluir que el proceso de resistencia indígena determinó que el control del territorio por parte de los españoles en este sector se diera en un momento muy posterior al registrado para otras áreas del territorio panche. Sin cuestionar qué tan inmediatas fueron las fundaciones de poblaciones españolas tras el sometimiento de los procesos de resistencia indígena, dado que en el intermedio pudieron haberse desarrollado procesos de exterminio físico y cultural, al igual que estados de arrasamiento y abandono y reocupación de los espacios locales, podemos extraer que el proceso de resistencia armada indígena demoró al menos hasta el inicio de siglo XVII el establecimiento de poblaciones españolas en este sector norte y nororiental del territorio.

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A partir de 1556 el régimen colonial en búsqueda de un mejor control y sometimiento de la población indígena, implementó la institución conocida como “encomienda”, mediante la cual se asignaba a doctrineros y “encomenderos”, grandes extensiones de tierra y poblaciones humanas por jurisdicción, lo que les permitía un control territorial y físico de los segmentos locales (Bernal 1946). Los encomenderos de estas agregaciones de poblaciones indígenas también tenían el deber de garantizar el adoctrinamiento de las mismas, por lo que muchos de los poblados recién fundados se concentraron en torno a una parroquia o doctrina, lo cual dio origen a muchas de las poblaciones existentes en la actualidad y que han mantenido en su nombre el legado de los segmentos indígenas de los que se conformaron y/o el territorio al que pertenecieron. Es importante dejar claro aquí que la institución de la encomienda se aplicó a todo el territorio panche (así como a otros territorios y poblaciones indígenas a lo largo y ancho del continente) por lo que alteró las estructuras sociales, políticas, poblacionales y familiares de todos los segmentos panches en todos los sectores del territorio anteriormente mencionados.

De esta forma, dado que no contamos con datos puntuales en las crónicas que describan la forma en que se incluyó a la población panche de estos segmentos al régimen colonial de finales del siglo XVI e inicios del siglo XVII, es necesario echar mano de datos administrativos que nos permitan formular una aproximación a este proceso. La distribución de tierras indígenas se vio acompañada por el establecimiento de conventos, desde los cuales se dirigían las misiones de adoctrinamiento a los naturales, desarrollando de manera paralela la obra de control político, social y religioso. Aunque en el caso de Tocaima se contaba con un convento dominicano establecido casi desde el momento mismo de la fundación de la ciudad (1544), fue sólo hasta 1566, bajo el vicariato de Fray Francisco Venegas, que se autorizó la fundación de otros conventos y doctrinas en esta provincia, tal es el caso del Convento de Tocarema, desde el cual se administró la evangelización de los indígenas asentados en las tierras altas del territorio panche durante la segunda mitad del siglo XVI (Bernal 1946).

De esta forma, la información eclesiástica para la zona expone que con el establecimiento del primer convento de la orden franciscana en la zona (Convento de San Vicente de Tocarema) se administró y dirigió la campaña evangelizadora a las poblaciones indígenas del sector norte del territorio panche:

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Para el de Tocarema y fundador de su convento, nombró el Padre Vicario General al Padre Fr. Lope de Acuña, uno de los primeros conquistadores de la nación de los panches. Fundó el convento con el título de San Vicente de Tocarema y se le asignaron con sus doctrineros los pueblos de Ciénaga, Zúnuba, Tena, Anolaima, Paima, Matima, Vituima, Zíquima y Manoa. Todos tenían sus caciques con innumerables indios panches poblados por aquellas serranias…

(Zamora [1668] 1945: Vol 2: 180).

El establecimiento de estas instituciones religiosas y la documentación en torno a las mismas aporta valiosa información sobre el proceso experimentado por la población indígena durante este momento de la conquista. Por ejemplo, la descripción de un cronista vinculado profundamente con el ejercicio religioso como Zamora, expone claramente que para este año de 1566 la población indígena aún parece ser abundante en los segmentos asentados en la zona. Aunque Zamora centra su descripción en el componente religioso de la conquista, se percibe que para este momento la población indígena aún mantiene ciertas estructuras sociales como la dependencia de un líder local y la pertenencia a los segmentos descritos desde las primeras campañas de exploración. Otros datos como los recopilados por Bernal para el área puntual de las poblaciones de Síquima, Bituima y Manoá exponen que para 1606 se registra uno de los últimos procesos de ataque indígena a los asentamientos españoles de la zona: Según Bernal, Manoá fue un importante caserío durante la primera mitad del siglo XVII por el desarrollo del mismo como punto de intercambio y mercadeo de productos; los registros de la colonia le permitieron al autor rastrear uno de los últimos ataques al mismo, en el cual los indígenas de los alrededores incendiaron la población en 1606 (Bernal 1946).

Datos como los anteriores nos permiten concluir que el proceso de conquista en la parte alta de los sectores norte y nororiental del territorio panche estuvo mediado por un fuerte proceso de resistencia activa y armada indígena ante las campañas de exploración y conquista adelantadas por los españoles a lo largo de la segunda mitad del siglo XVI. Esta situación determinó que tras las primeras incursiones en esta parte del territorio indígena desde 1537, no se lograra el establecimiento de instituciones españolas de ningún tipo hasta 1556, año en que se establece el primer centro de adoctrinamiento

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religioso y momento para el cual aún se mantienen diversas instituciones y estructuras indígenas.

Desde la misma década de 1550, se empezaron a analizar diversas rutas por las cuales podría trazarse un camino que conectara a Santa Fé (Bogotá) con el río Magdalena, comunicando las tierras altas del Nuevo Reino de Granada con el río, pues este constituía la única vía de comunicación y transporte desde el interior del país hacia el océano y de ahí a Europa. Este camino real se diseñó cruzando el norte del territorio panche hasta la ciudad de Honda y para su construcción se implementaron inicialmente indígenas de las encomiendas de Bojacá y Facatativá (poblaciones muiscas del altiplano). Se cuenta con registros de que la construcción de este camino, así como sus trabajadores, fueron frecuentemente asediados por las hostilidades de segmentos panches de los alrededores (Bernal 1946: 70), lo que es un claro indicador de la resistencia que aún presentaban los segmentos asentados en este sector del territorio para la década de los cincuenta y que para este momento no existía aún un control total del territorio panche.

Aunque los procesos de resistencia se siguen registrando durante la segunda mitad del siglo XVI, el último de que tenemos registro se da en 1606, lo cual es un claro indicador que para esta fecha aún se conserva algún acervo de las instituciones sociales indígenas que permitían dar continuidad al proceso de resistencia activa evidenciado durante la segunda mitad del siglo XVI. Estos procesos desaparecen para inicios del siglo XVII, lo que nos lleva a suponer que para dicho momento las consecuencias acarreadas por el proceso de conquista habían desestructurado totalmente a los segmentos panches de la zona.

5.5 Conquista de la margen occidental del río Magdalena