TEMA 1. LOS QUÍMICOS ANTE SU HISTORIA
2.7. PRODUCTOS QUÍMICOS SEGÚN LOS TEXTOS ANTIGUOS.
Aparte de la información transmitida a través de los restos «reales» halla- dos en las excavaciones arqueológicas, es también muy interesante conocer algo de lo que los testimonios escritos aportan sobre la química práctica y sobre los productos químicos conocidos en la Antigüedad.
En este sentido, son importantísimas dos tablillas halladas en Oriente Medio: una sobre medicinas, la tablilla de Nippur, del 2100 a. C. (actualmen- te en el Museo de la Universidad de Pennsylvania, USA), y otra tablilla del 1700 a. C. sobre la coloración del vidrio (expuesta en el Museo Británico). En la primera se menciona el salitre (cuyo conocimiento por los alquimistas ára- bes y europeos no llegó hasta el sigloXII d. C.) y en la segunda, el plomo, el
cobre, la cal, el vinagre, el acetato de cobre y de nuevo el salitre. Otros inte- resantes documentos sobre este tema son proporcionados por los restos de la biblioteca de Assurbanipal (Asiria), que datan del 900-800 a. C. y que men- cionan las sales amónicas, el cinabrio, el latón y el ácido sulfúrico fumante como conocidos por la civilización asiria, aunque esto no significa que tam- bién fuesen conocidos en lugares próximos.
Por otra parte, uno de los papiros más valiosos de los encontrados en Egip- to sobre medicamentos es el llamado papiro de Ebers (aprox. del 1550 a. C.): describe un gran número de medicamentos y de recetas de química práctica, aunque no cita los materiales que aparecen en los textos asirios (Fig. 2.2).
A este respecto, llama la atención el hecho de la gran cantidad de com- puestos inorgánicos aparecidos en los escritos de medicina antigua, aunque en realidad no tuvieran propiedades medicinales. Se les incluía por poseer alguna utilidad de tipo práctico, cualquiera que ésta fuese; por ejemplo, se hablaba de las gemas. Esto vuelve a repetirse en los textos griegos sobre far- macopea, como es el deDioscórides (Materia Medica, del sigloId. C.)
FIGURA2.2. Fragmento de un papiro egipcio sobre mecicina, en su transcripción jeroglífica.
En este punto, recuérdese la «gemoterapia», tan de moda actualmente, que trata sobre las propiedades curativas de las piedras preciosas y semipreciosas: el ópalo, anties- pasmódico y beneficioso para la actividades gastrointestinales; el topacio, activador del metabolismo y del riego sanguíneo; el ámbar, mucolítico y para problemas respiratorios...
Otros testimonios sumamente interesantes son otros dos papiros, tam- bién egipcios aunque escritos en griego y ya muy posteriores, de alrededor del año 300 d. C.: el papiro de Leyden y el papiro de Estocolmo, llamados así por estar depositados en dos museos de esas ciudades, respectivamente. Fue- ron hallados en unas tumbas de Tebas y no tratan de medicina, sino que con- tienen recetas sobre joyería, sobre procedimientos de aurificción y de colora- ción de piedras para darles la apariencia de piedras preciosas. Así que resultan, hasta el momento, los más antiguos papiros que tratan directamen- te sobre química.
Si nos introducimos en los textos griegos (desde el año aprox. 500 a. C.), se observa que las referencias dedicadas a la química práctica son escasas, mientras que su atención se dirige más a establecer una ciencia general de la materia por medio de la filosofía natural (como se verá en el Tema 3). Sin embargo, en los filósofos presocráticos (comoAnaximandro, Empédocles o Demócrito) se encuentran referencias a determinados materiales (natrón,
alumbre, acetato de cobre, carbonato de cinc, plomo...aunque, naturalmente, con otros nombres).Aristóteles, por su parte, escribió una filosofía natural,
donde hizo un desarrollo del mundo animal. Pero es a su discípuloTeofras- to a quien se debe la obra más antigua griega con una mayor relación con la
química: se trata del texto Sobre las piedras (aprox. del 300 a. C.), y que pue- de considerarse como el primer tratado sobre química práctica. En él hace una descripción de las piedras y las clasifica en metales (como el oro y la pla-
ta), piedras y tierras. También las diferencia según una serie de propiedades, generalmente físicas, como color, fragilidad, dureza, inflamabilidad y poder de atracción (es decir, propiedades magnéticas, como el ámbar).
Siguiendo en esta línea de Teofrasto, la literatura romana y la helenística hacen sus aportaciones más sobresalientes con la Historia Natural dePlinio
y Materia Medica deDioscórides (de la que ya hemos tratado), respectiva-
mente, ambas del siglo I d. C. Tanto Teofrasto como Plinio y Dioscórodes
conocían, aunque de forma empírica, muchos óxidos empleados en la meta- lurgia, por ejemplo el óxido de plomo y el de cobre, así como otros minerales que aparecían también en las minas, como el cinabrio.
Es interesante cómo sabían de productos obtenidos en disoluciones en vina- gre —es decir, acetatos—, como el de cobre (o verdigris). También conocían muchos sulfatos, a los que llamaban vitriolos. Otro importante tipo de com- puestos eran los alumbres (sulfatos dobles de aluminio y un metal alcalino), aun- que muchas veces confundían los vitriolos con los alumbres. Estos últimos eran ya usados en medicina desde mucho tiempo atrás (2000 a. C.) como astringen- tes —y también como mordientes para fijar colorantes— aunque en realidad los romanos daban el nombre de «alumen» a toda sustancia de sabor astringente.
Por otra parte, los romanos consiguieron la obtención de carbonatos alca-
linos (principalmente de sodio y de potasio) a partir de plantas de distinta
ubicación geográfica, quemándolas y tratando sus cenizas, lo cual en defini- tiva constituyó otra importante fuente de álcalis, ya que por tradición el más conocido era el natron proveniente de Egipto. También obtenían sales nitro-
genadas (como sales amoniacales y salitre) de excrementos de animales
domésticos, sales que después en la Edad Media tuvieron una enorme tras- cendencia en los experimentos alquímicos.
No obstante, a pesar de ser capaces de obtener éstas y otras sales del mis- mo tipo, en relación a las llamadas sales blancas, más bien, incoloras —como nitratos, carbonatos o sulfatos— hay que hacer notar que no podían distinguirlas claramente unas de otras. Es lógico, si pensamos en su aspecto y muchas propiedades químico-físicas tan similares.
También llegaron a preparar hidróxido sódico (la sosa cáustica) tratando el natron con cal viva. Plinio describe este proceso, así como la gran «causticidad»
de esa sustancia —o más bien reactividad química, como diríamos en nuestro lenguaje actual—, propiedad que hasta aquel momento sólo era conocida en la cal viva (ésta última utilizada desde el 1600 a. C.). La sosa cáustica se empleó en la Antigüedad sobre todo para fabricar el jabón, como describe el médico latino
Galeno (aprox. 300 d. C.), proceso que parece ser fue descubierto por los galos.
2.8. REFLEXIONES FINALES
En cualquier caso, cuánto tiempo debe de haber necesitado el hombre para llegar a esos descubrimientos sobre las propiedades de esos materiales y sobre la forma de conseguirlos y obtenerlos.
Dejando aparte las manifestaciones químicas de la Prehistoria, ¿cuál es la verdadera cuna de la química? China, India, Mesopotamia, Egipto...
Sin embargo, esta cuestión no es la más importante, porque en todos esos lugares la actividad química tiene unos rasgos comunes: los dogmas religio- sos están en íntima conexión con la ciencia y también con el arte, y la prácti- ca química va raramente asociada a la reflexión.
En cuanto a los griegos y romanos tampoco progresaron demasiado en sus experiencias a pesar de haber teorizado, pues sus teorías rechazaban la comprobación experimental. Sin esa colaboración entre la teoría y la experi- mentación resulta que:
La química deja de progresar y con ella la teorización, hasta llegar a la Edad Media en la que, con los árabes y gracias a la contribución indispensable de la escuela de Alejandría, comienza a resurgir lenta pero infatigablemente.