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CAPÍTULO II. Revisión de la literatura

7. El profesor y la Lectura

Ya se ha explicado, en el apartado de “la evaluación de la lectura”, la

importancia que tiene la intervención del docente, según lo expresado por Escamilla y Llanos (1995), en el proceso de construcción de los aprendizajes de los alumnos respecto a la lectura, pero esto no sucederá si los mismos profesores no son capaces de sistematizar la información que reciben de sus alumnos respecto a la lectura.

Es evidente que de manera intuitiva muchos profesores evalúan, sin embargo, esto no asegura su propia intervención oportuna y pertinente, si parecen no “fiarse” de sus propias observaciones en el momento de evaluar la competencia lectora de los alumnos.

Aunque ya se dijo que de manera intuitiva, los docentes van adaptando su intervención a lo que va surgiendo en el contexto educativo, esto los conduce a recurrir a todo tipo de pruebas que consideran revestidas de mayor objetividad, pero que no necesariamente forman las esenciales habilidades y destrezas que los estudiantes tienen que construir y fortalecer durante el proceso de enseñanza y de aprendizaje (Escamilla y Llanos, 2000).

Los profesores deben ser sistemáticos en el proceso de recogida de datos para que esa información como menciona Cembranos (2001) no solo ayude a valorarla sino a mejorar lo que se está evaluando.

Es importante conocer algunas estrategias, técnicas e instrumentos de evaluación, que valoren los aprendizajes y la comprensión lectora de los estudiantes, para que el profesor reflexione sobre las cuestiones técnico-pedagógicas de la evaluación en el aula. 8. Características de la evaluación formativa

En líneas anteriores se había abordado ya la importancia de la evaluación formativa de la lectura, cuya función e importancia radica principalmente en que forma parte del proceso de la planificación de la enseñanza y del desarrollo funcional y significativo de la lectura y su comprensión.

La evaluación formativa ayuda al profesor a valorar, los logros y dificultades en el proceso de construcción de significados de los textos que leen los estudiantes , así como de sus conocimientos. Esto permite consolidar esta habilidad y los aprendizajes , además de brindarle la oportunidad al alumno de saber que criterios se están utilizando para evaluar su comprensión lectora.

En este apartado primero se harán algunas consideraciones conceptuales para ubicar a la evaluación, desde una perspectiva pedagógica, de acuerdo a seis aspectos expresados por Jorba y Casellas (1997, Miras y Solé, 1990; Santos, 1993; Wolf, 1998, citados por Díaz y Hernández 2002); para después abordar los procedimientos e instrumentos evaluativos.

El profesor para evaluar formativamente debe considerar, de acuerdo a Díaz y Hernández, (2002) lo siguiente:

Primero, para poder evaluar es importante primero situar el objeto, situación o nivel de referencia que se pretende evaluar, básicamente es determinar qué se quiere evaluar.

También es necesario considerar que conocimientos se pretenden evaluar de ese objeto, y que criterios se tienen que utilizar a partir de la intención educativa programada en el plan de clase.

Para obtener información de ese objeto a evaluar, es importante sistematizar la aplicación de diversas técnicas, procedimientos e instrumentos evaluativos que hagan emerger los indicadores en el objeto de evaluación. La elección y utilización de los instrumentos que permitirán evaluar el objeto de estudio, conduce a responder la pregunta con qué vamos a evaluar.

Con las técnicas e instrumentos aplicados, se obtendrá información relevante, que hará posible la construcción de una representación o realidad más cierta del objeto que se está evaluando.

Con base en todos los aspectos anteriores, se podrá elaborar juicios cualitativos sobre lo que se ha evaluado. Al confrontar tanto los criterios predefinidos a partir de las intenciones educativas programas y los indiciadores del objeto a evaluar, se obtendrá ese juicio valorativo que forma parte de la esencia de la evaluación. El elaborar estos juicios de valoración permitirán llevar acabo una valoración sobre cómo y qué tanto han sido llenados los criterios de interés.

A partir del juicio construido se tomarán decisiones que constituyen el porqué y para qué de la evaluación. Estas pueden ser de carácter pedagógico (para lograr ajustes y mejoras necesarias de la situación de aprendizaje y/ o de enseñanza) y de carácter social (las cuales tiene que ver con asuntos de acreditación y promoción, etc.)

Desde la interpretación constructivista de la enseñanza y del aprendizaje, la evaluación es una acción que debe realizarse tomando en consideración no sólo lo que aprenden los estudiantes, sino cómo son las actividades de enseñanza que lleva a cabo el profesor y su relación con dichos aprendizajes, Coll y Martín (1996, citado por Díaz y Hernández, 2002).

En el caso de esta investigación, el carácter pedagógico de la evaluación viene a constituir el aspecto medular, porque tiene que ver con la comprensión, regulación y mejora de la comprensión lectora.

Se evaluará para obtener información que permita saber qué pasa con las estrategias de enseñanza de la comprensión lectora y cómo están sucediendo los aprendizajes de los alumnos. Para que en los dos casos, sea posible hacer las mejoras y ajustes necesarios. Consecuentemente, el carácter pedagógico de la evaluación ,

permitirá el diseño de una enseñanza más adaptada a las necesidades de los estudiantes (Casanova, 1998).

A continuación se presentan algunas estrategias, técnica e instrumentos de evaluación que pueden ayudar al profesor a fortalecer la evaluación formativa de la comprensión lectora, apoyando a los estudiantes en la mejora de esta habilidad y en el logro de mejores y significativos aprendizajes