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Programas de prevención escolar para las dificultades emocionales

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PARTE II: PREVENCIÓN ESCOLAR DE LAS DIFICULTADES

3.3 Programas de prevención escolar para las dificultades emocionales

En el ámbito de las dificultades emocionales los trastornos de ansiedad son los más comunes en población escolar, con una prevalencia de 12,3% en niños de 6 a 12 años y de 11,0% en adolescentes de 13 a 18 años (Costello et al., 2011). Aunque menos frecuente también es significativa la presencia de depresión, con una prevalencia estimada de 2,8% para menores de 13 años y de 5,6% para adolescentes entre 13 y 18 años, 5,9% las chicas y 4,6% los chicos (Costello et al., 2006); incluso hay estudios que informan de cifras más alarmantes: hasta un 20-24% de jóvenes han presentado un episodio depresivo a la edad de 18 años (Lewinsohn et al., 1998). En España, Escriba et al. (2005) informaron de una prevalencia de depresión alta en adolescentes, concretamente del 10,3%, aunque solo el 1,8% presentó sintomatología grave.

En definitiva, la ansiedad y la depresión son las dificultades emocionales más frecuentes e importantes en niños y adolescentes (véase tabla 54). Además, la comorbilidad entre ansiedad y depresión es muy elevada, con cifras que exceden el 50% (Angst, 1996; Brown, Campbell, Lehman, Grisham y Mancill, 2001; Kessler, Nelson, McGonagle y Liu, 1996; Kessler, Stang, Wittchen, Stein y Walters, 1999; Lewinsohn et al., 1997; Merikangas, Angst, Eaton y Canino, 1996). La ansiedad y depresión son predictores el uno del otro y con frecuencia responden a los mismos tratamientos, lo que ha llevado a tratarlos como partes del mismo síndrome (Costello et al., 2011).

Tabla 54. Prevalencia de ansiedad y depresión en niños y adolescentes

Estudio N Edad Entrevista Prevalencia (%)

Ansiedad Depresión

País

Costello et al., 2003 1.420 12-16 CAPA 1,5 (12-13 años) 2,1 (14-16 años)

1,5 (12-13 años) 3,2 (14-16 años)

EE.UU Benjet et al., 2009 3.005 12-17 CIDI 29,8 7,2 Méjico Grupo de Trabajo de la Guía de

Práctica Clínica sobre la Depresión Mayor en la Infancia y en la

Adolescencia (2009)

Revisión ---- ---- ---- 1,8 (niños)

3,4–5 (adolescentes)

España

Merikangas et al. (2010) 10.123 13-18 CIDI 8,3 11,2 EE.UU. Kessler et al. (2012) 10.148 13-17 CIDI 24,9 10 EE.UU Abbo et al. (2013) 1.587 10-19 MINI-KID 26,9 (10-13 años)

29,9 (14-19 años)

---- ----

Uganda

Nota: MINI-KID = Mini International Neuropsychiatric Interview for Children and Adolescents (Sheehan et al., 2010); CIDI = Composite International Diagnostic Interview

(Kesslery y Üstün, 2004); CAPA = Child and Adolescent Psychiatric Assessment (Angold et al., 1995); CDRS-R = Children's Depression Rating Scale-Revised (Poznanski y Mokros, 1996)

Justificación teórica

Los efectos negativos de estas dificultades emocionales son numerosos. En el niño y adolescente se ve afectado el funcionamiento de su vida social, emocional y académica (Donovan y Spence, 2000). También se asocia con un importante y persistente deterioro funcional en la adultez (Lewinsohn et al., 2003). Elevados síntomas de depresión y ansiedad en la edad escolar suponen un fuerte factor de riesgo de futuros episodios de depresión, ansiedad y conductas suicidas en la edad adulta (Fergusson et al., 2005). Además, es significativa la carga económica y social que estas problemáticas conllevan para la comunidad (OMS, 2001). Por todo ello resulta apremiante la realización de intervenciones efectivas en estos trastornos y, dadas sus características de cronificación y recurrencia, es adecuado que las intervenciones se dirijan al comienzo de los mismos, que frecuentemente son localizados en la infancia y adolescencia. Concretamente el inicio de los trastornos de ansiedad se sitúa durante la niñez o adolescencia, mientras que el inicio de los trastornos del estado de ánimo se sitúa en la adolescencia o los primeros años de la edad adulta (Roza, Hofstra, Van der Ende y Velhurst, 2003). Por lo que una prevención dirigida al inicio de ambas problemáticas se situaría en los primeros años de la adolescencia (12-13 años).

El interés por el desarrollo de programas efectivos de prevención de la ansiedad y la depresión en la infancia y adolescencia se ha incrementado enormemente en las últimas décadas, en comparación con aproximaciones más tradicionales como el tratamiento. Hay un gran número de razones para este creciente foco de atención. Entre ellas, la investigación sugiere que en el tratamiento es frecuente el abandono o casos que no responden adecuadamente a él, con frecuencia porque se ofrece demasiado tarde y el trastorno se encuentra muy arraigado (Donovan y Spence, 2000). También es

Prevención escolar de las dificultades emocionales

alto riesgo de desarrollar un nuevo trastorno (Last, Perrin, Hersen y Kazdin, 1996). Otra razón es la accesibilidad, ya que el tratamiento puede no ser recibido por niños o adolescentes que sufren trastornos de ansiedad y depresión, debido a no estar diagnosticados o a causa del limitado acceso o recursos de los servicios de salud; mientras que los programas de prevención pueden llegar a poblaciones más desatendidas e inaccesibles y facilitar la identificación de los escolares en riesgo (Fisak et al., 2011). Por todo ello, la prevención en ansiedad y depresión en niños y adolescentes es la medida de intervención de elección actualmente, proliferando los estudios basados en la evidencia que persiguen ofrecer datos sobre su eficacia para reducir los síntomas.

Aunque muchas intervenciones se orientan exclusivamente a la prevención de la ansiedad o la depresión, es frecuente que estos estudios incluyan medidas de evaluación del otro trastorno y se obtengan resultados positivos (Ahlen, Breitholtz, Barrett y Gallegos, 2012; Barrett, Lock y Farrell, 2005; Calear, Christensen, Mackinnon, Griffiths y O’Kearney, 2009; Lock y Barrett, 2003; Lowry-Webster, Barrett y Lock, 2003; Manassis et al., 2010; Roberts, Kane, Bishop, Matthews y Thomson, 2004; Roberts, Kane, Thomson, Bishop y Hart, 2003)

Además, en ocasiones en la bibliografía se encuentra que un mismo programa de intervención es definido con el objetivo principal de prevención de la depresión, la ansiedad o ambos según el estudio. Por ejemplo el programa MoodGYM se define en el

Justificación teórica

(2009) se describe como programa de prevención de la depresión, sin hacer referencia a la ansiedad ni incluir medidas que la evalúen.

Por tanto, la prevención conjunta de las principales dificultades emocionales de niños y adolescentes (ansiedad y depresión) supone amplios beneficios y se justifica por la alta comorbilidad entre ambas, el gran factor de riesgo que supone cualquiera de las problemáticas sobre la otra, así como las estrategias comunes de la terapia cognitivo- conductual que comparten. De hecho, aunque los estudios presentan algunas características diferenciales tanto para ansiedad como depresión (p. ej., número de sesiones, estrategias, actividades, edad a la que va dirigida, etc.), la mayoría se enmarcan en la aproximación cognitivo-conductual. En concreto, las estrategias más frecuentes de los programas de prevención de ansiedad y depresión con niños y adolescentes son la psicoeduación, la terapia cognitiva, y la resolución de problemas, usadas entre un 63-75% de las intervenciones (Boustani et al., 2015).

3.4 Revisión de programas de prevención escolar para ansiedad y depresión en

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