Modernidad: ¿feminismo o variantes de la tradición?
política 60 0.141 Promedio ponderado de todas las variables Mujeres en el
parlamento 48 0.27 Porcentaje de mujeres en el parlamento/porcentaje de hombres en el parlamento Mujeres en cargos
ministeriales 101 0.09
Porcentaje de mujeres en cargos ministeriales/porcentaje de hombres en cargos ministeriales
También continúa siendo pobre la participación de la mujer en los puestos jerárquicos, lo cual parece desmentir nuestro optimismo inicial al respecto.
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Sin embargo, hay una percepción que escapa a estos nú- meros y que consiste en la creciente conciencia social acerca de la necesidad de una mayor presencia femenina en puestos directivos.
Si bien las estadísticas abruman con relación a los temas de natalidad y de participación política, debe entenderse que hay una proporción muy alta de la población en áreas rurales cuyas pautas culturales no se modifican en el corto plazo y contrastan con la dinámica del mundo urbano en el que se observa una asombrosa velocidad de los cambios, incluyen- do la tendencia creciente a incorporar la igualdad de género como un hecho natural e incontrastable.
En tal sentido y más allá de los datos presentados, al co- nocer la opinión directa de mujeres chinas actuales sobre el papel que desempeñan en su sociedad, se puede corroborar tanto la escalada modernizadora que atraviesa sus discursos como la permanencia de aquellos preceptos de su ancestral cultura que subyacen, en las nuevas formas de convivencia y de desarrollo personal que hoy practican.
Participación política 0.141 Mujeres en el parlamento 0.27 Mujeres en cargos ministeriales 0.09
0.00 = Desigualdad 1.00 = Igualdad 1.50
Gráfica 13
Participación política (2009). Relación mujer-hombre
Fuente: elaboración propia con base en datos del Foro Económico Mundial y su reporte sobre la Brecha de Género Global 2009, de Hausmann, Ricardo; Tyson, Laura y Zahidi, Saadia, p. 93.
China: relatosdelnuevomundo
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Para complementar este capítulo hubo la oportunidad de platicar con algunas mujeres chinas integradas a la vida de las grandes ciudades, con la única finalidad de conocer la per- cepción que ellas tienen sobre su realidad actual y de recabar sus puntos de vista sobre los temas que aquí se esgrimen. Las pláticas se efectuaron con estudiantes, empleadas calificadas, y propietarias de medianos negocios de Beijing, Shanghai, Chongqing y Chengdu, durante los meses de marzo a octubre de 2009; sus edades oscilaban entre los 19 y los 45 años. Se les pidió que evaluaran su papel dentro de la sociedad china y que describieran su contribución al desarrollo del país; se les preguntó sobre el significado que para cada una tiene su acti- vidad como trabajadora o estudiante, y sobre la importancia del matrimonio y de la maternidad.
También se intentó conocer sobre aquello que más les enorgullece de su país y cómo aprecian las diferencias y si- militudes entre su realidad actual y la que les tocó vivir a las mujeres chinas de épocas anteriores. En otra parte, se les pi- dió que enunciaran cuáles son las reivindicaciones que, en su opinión, aún no han logrado las mujeres en China, y cómo visualizan la situación de la mujer en los próximos años.
La mayor parte de las respuestas muestran que aún sigue vigente la admiración por Mao Zedong y, en algunos casos, también por el primer emperador Huangdi, porque ambos impulsaron la unificación del territorio chino. Las entrevis- tadas expresaron que aspiran a formar una familia, pero a diferencia de sus madres o abuelas ya no lo harán entre los 18 y los 23 años, sino probablemente después de los 27. Acep-
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tan que siguen viendo a la familia como un puerto al que arribarán luego de tener éxito en sus carreras profesionales o empresariales. En cambio, entre las más jóvenes, nacidas después de los noventa, es notorio cómo ya no ven en la fa- milia tradicional una opción posible o deseable.
Además, no ven la restricción del hijo único como algo negativo. Comprenden que es muy costoso mantener un hijo. El nuevo siglo muestra a la mujer china en una posición totalmente diferente. Aun cuando esta realidad se aplica a la mayoría de los países, en China, desde la Revolución de 1949, el cambio es drástico. Sin embargo, las relaciones tra- dicionales persisten en muchas regiones campesinas y aun en algunas áreas urbanas. Suele mantenerse la jerarquía de los abuelos paternos sobre los abuelos maternos, el casamiento por conveniencia y la dote. Pero el proceso de urbanización reciente ha operado de manera determinante sobre el coti- diano de las jóvenes mujeres chinas, que viven sin las restric- ciones que impone la familia tradicional.
Hay un mandato manifiesto que se entrelaza con esta ex- periencia. Una joven entrevistada, recientemente egresada de una Universidad de Idiomas, lo describe así:
Yo sé que en algún momento de la vida me voy a casar con un chino y voy a tener un hijo, de acuerdo con lo que mi familia y mi patria espe- ran: que sea una madre, que críe un hijo para mi familia y para China, pero mientras tanto, mi vida no tiene nada que ver con los cánones establecidos, aunque soy una joven tradicional.
Esta actitud, en la medida en que las mujeres de las gran- des ciudades —aun con el peso de la tradición a cuestas—
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desarrollan su vida lejos de la familia, muestra otra faceta: el pueblo chino no es un pueblo religioso en el sentido occi- dental, es decir, en el de las normas y las culpas construidas desde nuestra raigambre judeo-cristiana.
En las grandes ciudades, las mujeres, impulsadas por el aumento de las exigencias propias de sus actividades en el campo de la política, de las empresas, como trabajadoras y estudiantes, no sólo muestran una mayor capacidad y flexibi- lidad para afrontar los rápidos cambios que estremecen a esa sociedad, también se han constituido en grandes creadoras de esos cambios. La figura de la mujer, construida desde la milenaria tradición confuciana como la mujer sin otra vida social que la del interior de su familia, se ha transformado para dar lugar a un amplio protagonismo social que se refleja en todos los ámbitos.
La opinión de las mujeres es cada vez más trascendente en distintos y amplios aspectos de la vida social. El género femenino, reprimido durante mucho tiempo, es el que más rápidamente expresa la voluntad de transformación y su ca- pacidad de ejercer el poder.
Los estrategas publicitarios parecen tener muy en cuen- ta este hecho. Basta ver los avisos que en cataratas apelan al sentido estético de las mujeres para ofrecer los productos más diversos. La decisión del uso del dinero para el consumo pasó de los hombres a las mujeres.
En las respuestas de estas mujeres chinas se aprecia un optimismo acerca del papel que ellas esperan cumplir en la “Nueva China”. Y esa confianza se sustenta en el recono-
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cimiento de los avances sociales obtenidos: mayor grado de libertad y participación de la mujer en empresas, organismos públicos, universidades y una creciente influencia en la legis- lación que compete a la equidad de género.
La mayoría de las entrevistadas, al preguntarles acer- ca de cuándo llegará el tiempo en que una mujer china se convierta en presidente o en primer ministro de ese país, dieron una respuesta espontánea: “Ah, eso no va a pasar por ahora”.
El peso de la tradición indica que las mujeres más promi- nentes en la vida pública han sido también, en la historia de China, las más castigadas o criticadas por esa “transgresión”. Wu Zetian (la primera emperatriz), Cixi61 y Jian Qing62 con-
tinúan siendo los “ejemplos” de la amenaza que pende sobre la participación pública de las mujeres; continúan siendo la referencia de lo que le puede esperar aquella mujer que se destaque en la gestión pública.
61. En los doce años posteriores a la muerte de Xianfeng (1861), Ci Xi quien fuera su concubina, ejercerá la regencia del país junto a la también emperatriz regen- te Ci’an. A la regencia de ambas le sucederá Tongzhi, quien falleció prematura- mente. Posteriormente Ci’an. Y con ello Cixi estará en el poder durante varios años cediéndolo a su sobrino Guangxu, pero ejerciendo una amplia influencia aún después de este episodio. Lo característico de su actividad pública fue el desprecio con el que fue tratada su gestión por parte de la prensa occidental, y el demérito que se le adjudica a sus acciones sin que los fundamentos de esas críticas presenten solidez, como lo justifican los investigadores contemporá- neos que la reivindican.
62. Luego de la muerte de Mao Zedong, el Partido Comunista consideró que las mayores responsabilidades por las persecuciones y otros atropellos a los dere- chos humanos durante la Revolución Cultural debían recaer sobre la denomi- nada “Banda de los Cuatro”, entre cuyos integrantes se destacó la esposa del líder, Jian Qing. Fue condenada a muerte y, aunque su pena fue conmutada, se suicidó en 1992.