Capítulo I: Identidades y emigración: breve abordaje interdisciplinar
4. Una propuesta para el análisis discursivo de las identidades: la
La intención en este apartado es plantear la estrategia analítica que se implementa en la presente tesis doctoral, donde nos proponemos estudiar dos conjuntos discursivos que tienen como eje central la construcción de la identidad de los emigrantes argentinos: por un lado, el de las noticias aparecidas en los diarios Clarín y La Nación y, por el otro lado, el conformado por las intervenciones de emigrantes argentinos en los foros online mequieroir, emigrantesargentinos y patriamadre, durante el período 2001-2005. Para ello, realizaremos aquí un recorrido principalmente teórico, a fines de dar cuenta de aquellos puntos de la perspectiva de análisis adoptada que resultan centrales para nuestra investigación. Nos
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centraremos entonces en un vínculo que consideramos crucial: el que existe entre el análisis del discurso -en particular, en su vertiente sociosemiótica o del análisis de los discursos sociales- y el paradigma que Carlo Ginzburg (2008) denominara como indiciario.
Sabemos que proponer una investigación basada en el análisis discursivo es una elección no exenta de complejidades. Reconocemos que en las ciencias sociales el análisis del discurso posee un status controvertido, ya que puede ser considerado tanto como estrategia o procedimiento de análisis de materiales cualitativos, o directamente como ―un tipo de investigación no estándar en sí mismo‖ (Marradi, Archenti y Piovani, 2010: 272). No es nuestra intención aquí realizar un recorrido exhaustivo por las diferentes vertientes que confluyen en el análisis del discurso entendido en sentido amplio; nos limitaremos a señalar que, a nivel epistemológico, nos reconocemos cercanos al abordaje que plantea que el análisis del discurso ―en lugar de proceder a un análisis lingüístico del texto en sí mismo, o a un análisis sociológico o psicológico de su ‗contexto‘, tiene como objetivo articular su enunciación con un determinado lugar social‖ (Maingueneau, 1999: 16). Desde esta perspectiva, el análisis del discurso tiene por objeto ―dar cuenta del funcionamiento de los fenómenos lingüísticos en su uso y de lo que éstos evidencian en cuanto a la forma como los individuos que viven en sociedad construyen el sentido social‖ (Charaudeau, 2009: 8). No se trata, por lo tanto, de devolver o restituir un sentido único a un texto16, o menos aun, de dar cuenta de sus propiedades a partir de la suma de las unidades frásticas que lo componen, sino que se trata de dar cuenta de los mecanismos por los que se produce sentido en la sociedad a través del reconocimiento de los mecanismos de la producción discursiva. Siguiendo con esta perspectiva, entonces, es crucial en el análisis del discurso su potencialidad de construir interpretaciones acerca de las regularidades presentes en aquél, a través del reconocimiento de huellas presentes en la superficie textual y que no pueden reconducirse a una intencionalidad explícita del emisor, sino a la existencia de determinadas condiciones de producción, que implican a su vez el funcionamiento de otros discursos. De este modo, en tanto analistas del discurso estamos a cargo de la labor de reconocer y seleccionar aquellas huellas que permiten proponer una hipótesis sobre las reglas de funcionamiento de ese (o esos) discurso(s).
16 Entendemos aquí al texto como un ―conjunto significante‖, como una materialidad significante considerada
de forma independiente de las maneras de abordar su análisis‖ (Verón, 2005: 48); es un objeto concreto de manifestaciones plurales, que se extrae momentáneamente los procesos de circulación del sentido.
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En el parágrafo anterior hemos anticipado algunos aspectos de la teoría de los discursos sociales o sociosemiótica de Eliseo Verón. Sin proponernos un repaso exhaustivo por esta propuesta, que significaría una reiteración -probablemente inconclusiva- de cuanto ya expresado por este autor en su prolífica producción, nos interesa completar los aspectos que hemos presentado de su teoría con otros lineamientos que resultan provechosos para nuestra investigación. Precisamente, nos hemos propuesto abordar los discursos de diarios y foros desde su dimensión social a partir de la sociosemiótica veroniana, que se focaliza en la semiosis social, esto es, la dimensión significante de los fenómenos sociales a partir de entender que el funcionamiento significante de los discursos es indisociable de sus fundamentos sociales, y, al mismo tiempo, que todo funcionamiento social posee una dimensión significante que le es constitutiva (Verón, 1998)17.
Como consecuencia de ello, para Verón las significaciones no tienen su origen en un individuo particular, en un sujeto determinado, sino que se originan en la sociedad y circulan por ella, adoptando distintas formas en sus materializaciones discursivas. Al mismo tiempo, y como adelantábamos más arriba, ello implica una contraparte: los fenómenos sociales, esto es, los objetos representados no se ubican por fuera de esta circulación de sentido: la realidad, entonces, se construye y adquiere sentido discursivamente.
El discurso, justamente, se considera como ―una configuración espacio-temporal de sentido‖ (Verón, 1998: 127) en el que es central dar cuenta de su materialidad; ésta va más allá del reconocimiento del objeto sensible del que se trate (ejemplificando con nuestro trabajo, la página de la prensa o el sitio online), sino que se liga con la posibilidad de construir un universo de experiencias, de fabricar mediaciones, que vinculan a esos discursos devenidos tangibles con otros. Así, la materialidad del sentido en calidad de elemento significante, es precisamente aquello que abordamos en nuestro trabajo analítico, y que se encuentra en estrecha relación con aquellos discursos que son posibilitados en su superficie.
Se trata aquí, entonces, de comprender la matriz significante de la producción de identidades, entre las que privilegiamos la relación del discurso con sus condiciones sociales de producción; entre ellas, lo que hemos denominado como la ―dimensión del dispositivo‖ de prensa o foros, y que detallaremos en el capítulo IV, y que inciden en ciertas propiedades
17 Para Verón, entonces, la teoría de los discursos sociales o sociosemiótica reposa en una doble hipótesis:
"Toda producción de sentido es necesariamente social [y] (…) todo fenómeno social es, en una de sus dimensiones constitutivas, un proceso de producción de sentido‖ (Verón, 1998: 125).
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de los discursos identitarios, que se explican precisamente por las condiciones bajo las cuales ha sido producido.
La consideración de esa dimensión significante de diarios y foros será abordada en este trabajo como una estructura enunciativa que presenta regularidades o continuidades sistemáticas en el plano del discurso, que pueden asociarse a la persistencia de ciertas características identitarias elaboradas en ellos. Así, las notas periodísticas o las publicaciones en los foros online no se abordan de forma aislada ni inmanente, sino que se encuentran inscriptas en un dispositivo enunciativo que influye en las características del discurso que se elabora en ambos soportes. La emigración de argentinos, en este sentido, promueve la aparición de distintas organizaciones discursivas (es decir, la de los diarios y la de los foros de Internet), donde no sólo se elabora y se problematiza el acontecimiento de la emigración, sino que se construyen los colectivos de emigrantes argentinos que lo protagonizan o que lo referencian; profundizaremos en esta cuestión en el capítulo IV del presente trabajo.
Recordemos que para Verón (2005) el análisis discursivo implica reconocer dos gramáticas y dos condiciones: las de producción y las de reconocimiento, ligadas por el tejido intermediario de la circulación. Destacamos aquí esta cuestión ya que nos permite poner el acento en un punto central: no estamos aquí propugnando un estudio de un discurso de modo inmanentista o interno a sí mismo. Por otra parte, si el análisis discursivo implica entonces dar cuenta de las huellas que las condiciones productivas imprimen en los discursos, ―ya sean las de su generación o las que dan cuenta de sus ‗efectos‘‖ (Verón, 1998: 127), no nos estamos refiriendo a instancias que estarían fuera del discurso y que se reflejarían o lo determinarían mecánicamente, sino que se trata de objetos que también son significantes, que también contienen sentido.
Analizaremos así esos procesos semióticos desde el reconocimiento de las huellas que el sistema productivo de los discursos ha dejado en su materialidad bajo la forma de marcas, que en tanto operaciones ―toman la forma de las reglas de engendramiento de esos discursos‖ (Verón, 2005: 201). Nos encontramos así en el terreno de un abordaje que, partiendo de indicios, apunta a procesos de producción: ―La posibilidad de todo análisis del sentido descansa sobre la hipótesis según la cual el sistema productivo deja huellas en los productos y que el primero puede ser (fragmentariamente) reconstruido a partir de una
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manipulación de los segundos. Dicho de otro modo: analizando productos apuntamos a procesos‖ (Verón, 1998: 124).
Puede afirmarse, entonces, que nuestro análisis busca principalmente desarticular operaciones de construcción de sentido a partir de indicios reveladores de un trasfondo complejo, de huellas a ser interpretadas, en un abordaje que -proponemos- nos ubica en un ámbito donde se privilegia una modalidad de inferencia abductiva muchas veces descuidada por las investigaciones científicas, y que se vincula con el así llamado paradigma indiciario o modelo conjetural (Ginzburg, 2008): un tipo de saber que parte de fragmentos mínimos de experiencia, que se orienta hacia los detalles menos evidentes, y que habilita la producción de saber a partir de un sistema basado en la elaboración de suposiciones o hipótesis.
Precisamente, en su ya notorio artículo ―Indicios. Raíces de un paradigma de inferencias indiciales‖ (2008)18
, el historiador Carlo Ginzburg elabora una genealogía de ese modelo epistemológico o paradigmático (entendido en su acepción khuneana, esto es, un objetivo acordado y compartido sobre el que modelar la investigación), y sostiene que el paradigma indiciario surge de modo casi imperceptible hacia fines del siglo XIX, donde ha sido ―ampliamente empleado en la práctica, aunque no se haya teorizado explícitamente sobre él‖ (Ginzburg, 2008: 185). Este ―modelo conjetural‖ se refiere nada más ni nada menos que a la presencia de un saber basado en la inferencia, el cual se ejemplifica a través de los métodos empleados por Giovanni Morelli (licenciado en medicina e historiador del arte), por Sherlock Holmes y -finalmente- por Sigmund Freud; métodos que a través de vestigios ―permiten captar una realidad más profunda, de otro modo inaferrable‖ (Ginzburg, 2008: 192)19. Como nos muestra Lozano, lo más importante de este método son las preguntas: ―una pregunta puede ser mejor que otra en el sentido de que las respuestas a la primera serán más informativas que las respuestas a la segunda. El proceso de activación del conocimiento tácito es controlado por las preguntas que sirven para hacer efectiva esta información‖ (Lozano, 1990: 125).
18 Este artículo es una reelaboración del trabajo titulado ―Indicios. Raíces de un paradigma de inferencias
indiciales‖ (…), incluido por Eco y Sebeok en el libro El signo de los tres: Dupin, Holmes, Peirce.
19 Es particularmente elocuente al respecto la descripción que realiza Ginzburg (2008) del método morelliano
para distinguir los originales de las copias en la pintura. Morelli sostenía que a través del examen de los detalles más intrascendentes y en los que menos se evidenciara la escuela del artista (los lóbulos de las orejas, las uñas, la forma de los dedos…) era posible reconocer la verdadera ―firma‖ del pintor, irreproducible en las copias, que sí eran capaces de imitar los rasgos más evidentes. En su trabajo, Ginzburg conecta este método con la utilización de los indicios por Sherlock Holmes y de los síntomas por Freud, como representantes de un método interpretativo basado en elementos secundarios, en detalles marginales pero reveladores.
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Este tipo de abordaje, sostiene Ginzburg, comienza a afirmarse en las ciencias humanas en las décadas de 1870 y 1880, principalmente a través de la nueva autonomía social y epistemológica que adquiere la medicina; sin embargo, sus raíces eran mucho más antiguas: ―detrás de ese paradigma indicial o adivinatorio, se vislumbra tal vez el gesto más antiguo de la historia intelectual del género humano: el del cazador que, tendido sobre el barro, escudriña los rastros dejados por su presa‖ (Ginzburg, 2008: 196). Estas disciplinas, fundamentalmente cualitativas, tendrán como objeto a casos, situaciones y documentos individuales, y en sus resultados existirá ―un margen insuprimible de aleatoriedad‖ (Ginzburg, 2008: 198). El hiato en este relativo éxito, al decir de nuestro autor, está dado por el surgimiento de un paradigma científico basado en la física galileana, cuyos criterios de cientificidad se basan en la cuantificación y la reiterabilidad de los fenómenos; criterios que se convertirán en dominantes en el ámbito de las ciencias. De frente al paradigma galileano, las ciencias humanas se habrían encontrado ante un difícil dilema; sin embargo, ello no excluye que el paradigma indiciario que nos refiere Ginzburg no haya sobrevivido y sea válido aun hoy, en el marco del abordaje de disciplinas como la que aquí nos ocupa, es decir, el análisis de los discursos sociales.
Precisamente, hemos ya apuntado que privilegiamos el abordaje de la sociosemiótica o teoría de los discursos sociales impulsada por Eliseo Verón. Queremos ahora destacar una faceta que se ha revelado útil para el análisis de los conjuntos discursivos que nos ocupan, y que nos emparentan con ese paradigma indiciario que recuperamos más arriba: nos estamos refiriendo a la inferencia de la abducción propia de la semiótica, y que conforma la base de las operaciones interpretativas implicadas en esa perspectiva. Ésta ―implica detectar ciertos rasgos pertinentes en el objeto, desde una determinada perspectiva, para re-conocer el elemento del sistema (Regla) al cual dicho objeto actualiza‖ (López, 2006:2).
Partimos por reconocer dos grandes puntos de contacto entre el paradigma indiciario tal como lo define Ginzburg, y el análisis del discurso tal como lo hemos explicitado: en primer lugar, el rol asignado al investigador o analista; aquí el investigador ―es un interpretador permanente y constante de lo observado, que además aventura hipótesis y conjeturas a partir de recoger indicios‖ (Andriotti Romanin, 2007: 58); indicios que, por lo tanto, permiten reconocer la dinámica de los nexos presentes entre ellos. Asimismo, consideramos que ambos abordajes dan cuenta de la potencialidad que puede adquirir el análisis centrado en la individualidad, en lo ―micro‖, a través de la tarea interpretativa de las
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pruebas o indicios que el investigador aporte ―respecto al postulado que desea demostrar, pero no suficientes para cancelar la discusión, pues su resultado es conjetural‖ (Andriotti Romanin, 2007: 59).
Si nos ubicamos en el ámbito de la semiótica, fue Charles Peirce quien actualizó el interés por la forma abductiva de argumentar, opacada por el peso adquirido por la deducción y la inducción; para este filósofo y lógico, la abducción proporciona claves valiosas de interpretación cuando estas dos últimas no son aplicables o son insuficientes para explicar un hecho. En su estudio de Peirce, Umberto Eco ha sostenido que la abducción es ―la inferencia del Caso a partir de una Regla y un Resultado‖ (Eco, 1998: 259); justamente, es propio de la abducción peirceana inferir hipótesis a partir de elementos reveladores; hipótesis que luego deberán ser puestas a prueba a partir de nuevas confrontaciones con los textos. Así, siguiendo con Eco, la abducción, cuyo enlace entre las premisas y la conclusión es de tipo hipotético, se ubica en lo que podríamos llamar lógica del descubrimiento20. Considerando a los textos como una serie coherente de proposiciones que se vinculan entre sí por un topic o tema común, Eco propone que la abducción ―parte de uno o más hechos particulares sorprendentes y termina con la hipótesis de otro hecho particular que se supone es la causa del primero o de los primeros‖ (Eco, 1998: 261). Volviendo a la cuestión de su relación con el análisis del discurso, coincidimos con Marta López (2005), entonces, cuando afirma que la interpretación textual es básicamente abductiva, ya que la labor interpretativa del discurso requiere de la formulación de hipótesis creativas por parte del investigador, a fines de detectar los rasgos presentes en ese discurso que nos permiten reconocer una regla actualizada por éste. Esta autora propone, en una clara paráfrasis de Eco, que las orientaciones analíticas del análisis del discurso así concebido son dos: las que constituyen modelos estructurados o sistemas de reglas a ser reconocidos en el discurso analizado, y las que se proponen buscar y obtener esas reglas constitutivas de los discursos, y que explican al mismo tiempo las competencias de los sujetos.
Según López, el analista del discurso no deduce ni induce, ya que ―si ya posee una regla, lo que produce es una hipótesis, una conjetura que puede ser falsada en la interacción científica con sus pares, con otros analistas del mismo discurso, o al aplicar las mismas reglas a otros
20 Por su parte, en el argumento deductivo -donde las premisas garantizan la validez de la conclusión- o en el
inductivo -que determina la validez de una conclusión a partir de premisas probables- nos ubicamos en la lógica de la prueba (Eco, 1998).
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discursos. (…) Cuando no cuenta con reglas predeterminadas, las debe crear; es decir, debe abducirlas creativamente‖ (López, 2005: 3). Es decir que al interior del análisis del discurso nos encontramos con dos actitudes u operaciones cognitivas posibles en el marco de la abducción, que coexisten dialécticamente. Por un lado, la explicativa, que busca ―extraer las relaciones internas [del texto o discurso] con sus componentes y las de éstos con el texto en su totalidad‖ (López, 2005: 6). Y por otra parte, la interpretativa o comprensiva en sí, que implica un proceso de ―actualización de las posibilidades semánticas del texto‖ (ibídem), a partir de la determinación previa dada por aquella estructura que mencionábamos. En todos los casos, el analista del discurso es quien articula y ordena esos indicios, interpretándolos y aventurando hipótesis y conjeturas a partir de ellos.
El punto de vista de la teoría de los discursos sociales o la sociosemiótica de corte veroniano coinciden con esta cuestión: con su énfasis en el carácter indicial del abordaje, en el abordaje de esas huellas presentes en la superficie discursiva, no concibe al análisis como una manera de constatar objetivaciones, ni tampoco de reconstruir un todo a partir de fragmentos, sino como un mecanismo que permite dar cuenta de operaciones de producción de sentido. Los indicios productivos presentes en los discursos sociales, por ende, son esas huellas a las que remitía Verón para mostrarnos su ligazón constitutiva con las condiciones materiales de su generación.
Si todo discurso social se manifiesta, por lo tanto, a partir de los trazos que se evidencian en su superficie, nos encontramos entonces de frente a vestigios materiales de su existencia. La consecuencia de esta afirmación es que este tipo de análisis nos permite trabajar sobre materiales concretos, entendidos como configuraciones de sentido; sin pretensiones utópicas de reconstruir una totalidad subyacente, sino más bien de comprender la producción de subjetividades en un marco social. Para ponerlo en palabras de nuestro tema de investigación: analizar los discursos mediante los cuales se construye la identidad de los emigrantes argentinos nos llevará a preguntarnos por ciertas operaciones discursivas de investidura de sentido que aparecen en ellos, y que nos reconducen a la significación de las que podamos identificar como sus condiciones productivas: entre ellas, espacios institucionales (las lógicas de la elaboración de las noticias en los diarios y de la interacción21 en los foros), la conformación de espacios geográficos significantes (los
21 Siguiendo a Scolari (2004), entendemos que la gramática de la interacción que se asocia a la actividad del