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1.2.2. García de Pedraza en otras fuentes

1.2.2.3. Una propuesta de identificación

A tenor de lo hasta aquí expuesto, parecería que no existe figura alguna que se ajuste al perfil del poeta buscado: ninguno de los de Pedraza armoniza cronológicamente con la totalidad de las relaciones literarias del escritor de Palacio –recuérdese que se vinculaba, pretendidamente, con el almirante Diego Hurtado de Mendoza (nac. c. 1366, †1404), con su hijo Íñigo López de Mendoza (1398-1458), con Rodrigo Manrique (1406-1477), con Fernando de Guevara (nacido en 1406), etc. (véase apartado 1.2.2.1.)–, pero tampoco los de Ampudia pueden aspirar a esta identificación, al no poseer vínculos con la villa de Pedraza de la Sierra (véase apartado 1.2.2.2.).

Ahora bien, resulta lógico orillar a los candidatos sin conexión con la localidad (dato apuntado por las rúbricas de SA7); sin embargo, no lo es tanto prescindir de aquellos que llevan el García en su antropónimo y poseen una fuerte ligazón con la villa de Pedraza (sus señores), lo que pone sobre aviso de que quizás el error esté en aceptar como premisa la identificación propuesta para alguno de los personajes con los que el creador de SA7 mantiene relaciones literarias.

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Si se recuerda, tres eran las figuras masculinas que ostentaron el señorío de Pedraza de la Sierra durante esta etapa: García González de Herrera (primer señor de Pedraza, nac. c.

1344 - †1404), Pedro Núñez de Herrera (segundo señor de Pedraza, nac. c. 1385 - †1430) y García de Herrera y Enríquez (tercer señor de Pedraza, nac. c. 1415 - †1483). A pesar de llamarse García, el primer señor de Pedraza muere en una fecha demasiado temprana para componer versos junto a los poetas de la primera mitad del siglo XV con los que se relaciona el escritor en el Cancionero de Palacio (Rodrigo Manrique ni tan siquiera había nacido). Más convincente parece la cronología del segundo señor de Pedraza, si bien acusa de una debilidad esencial de cara a la identificación: en ninguna de las fuentes consultadas se le denomina García, sino que su antropónimo es Pedro Núñez de Herrera. El tercer señor de Pedraza, nacido en torno a 1415, cuenta, en cambio, con varias circunstancias a su favor: además de llamarse García y de ser señor de Pedraza, coincide en 1440 con Rodrigo Manrique e Íñigo López de Mendoza (con quienes el poeta de SA7 compuso una serrana en colaboración) en el recibimiento que se hizo en Valladolid a Blanca de Navarra con motivo de su casamiento con Enrique de Castilla. Sin embargo, la relación literaria del poeta Pedraza con el almirante Diego Hurtado de Mendoza supone un impedimento para defender esta identidad, pues García de Herrera y Enríquez no había nacido cuando muere el almirante (†1404).

Así las cosas, adelanto ya que ningún indicio aporta el cancionero de que el escritor Diego Hurtado de Mendoza, a quien Pedraza dirige su dezir, haya de ser identificado con el almirante de Castilla; esta asociación, en realidad, fue propuesta por la crítica cuatro siglos después de la compilación de la antología salmantina y aceptada sin cuestionamiento ni revisión hasta nuestros días (véase apartado 2.1.). En líneas precedentes he incidido en el llamativo hecho de que, a excepción de la del almirante Diego Hurtado, la totalidad de relaciones literarias de García de Pedraza se localizan temporalmente cuando la primera mitad del XV está ya avanzada (Íñigo López de Mendoza, Rodrigo Manrique, Fernando de Guevara, Francisco Bocanegra…); he puesto también de manifiesto la excepcionalidad de la inclusión de un individuo del último tercio del siglo XIV, como lo es el almirante Diego Hurtado, en unos folios que parecen testimoniar las vinculaciones poéticas entre ciertos autores de la primera mitad del cuatrocientos, con Santillana a la cabeza (la actual primera parte de SA7). A todo ello añado ahora que el escritor García de Pedraza se inscribe plenamente en este contexto literario en el que no halla cabida el viejo almirante Diego Hurtado (véase apartado 1.2.1.).

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Dadas estas circunstancias, y aun otras que he podido detectar, como el hecho de que a Diego Hurtado no se le denomine almirante en las rúbricas de SA7 (véase apartado 2.2.1.), parece pertinente anticipar aquí que ese otro poeta, autor de siete textos conservados en el

Cancionero de Palacio y a quien García de Pedraza dedicó el dezir 8-ID2431 “Buen senyor Diego Furtado”, no puede ser identificado con el almirante Diego Hurtado, sino que debió de ser un homónimo que, como la mayoría de los autores acogidos en los folios estudiados del cancionero, vivió y compuso sus textos durante la primera mitad del siglo XV. El situar al escritor Diego Hurtado de Mendoza también en esa centuria resulta mucho más coherente con la trayectoria poética del pedrazano, cuya época literariamente más fecunda parece situarse entre 1430-1440 y en el entorno del marqués de Santillana.

Aun cuando es asunto que será tratado demoradamente en la biografía de ese otro personaje (véase apartado 2.2.), conviene tener en cuenta que, de entre los varios individuos de nombre Diego Hurtado de Mendoza de la primera mitad del siglo XV, uno sobresale por encima de los demás, Diego Hurtado de Mendoza y Figueroa (nac. c. 1415-1417, †1479), hijo primogénito de Íñigo López de Mendoza. Ya desde muy joven, y de la mano de su padre, el personaje tuvo una notable presencia en la vida cortesana, lo que lo llevó a participar, contando aproximadamente con 16-18 años, junto a su progenitor en una célebre y fastuosa justa en 1433 con motivo de la celebración de cortes en Madrid, y en la que el joven Diego destacó entre los mejores mantenedores; igualmente, sus bodas en diciembre de 1436 con Brianda de Luna, sobrina del condestable, trasladaron a reyes y corte a los dominios de Santillana, donde hubo grandes fiestas y los monarcas hicieron prolongada estancia tras el enlace. En definitiva, se trata de una figura que se movió desde épocas tempranas en ambientes donde la poesía cancioneril ocupaba amplio lugar (véanse apartados 2.2.2.3. y 2.2.3.4.).

La identificación del poeta Diego Hurtado de SA7 con el hijo primogénito de Íñigo López de Mendoza del mismo nombre permite dar sentido a las relaciones literarias más importantes de García de Pedraza, quien no solo se relaciona con el señor de Buitrago, sino también con su hijo Diego Hurtado (nac. c. 1415-1417, †1479), más próximo generacionalmente al pedrazano que su progenitor don Íñigo. Y es que, a la vista de lo hasta aquí expuesto, parece razonable aceptar que el García de Pedraza de SA7 sea el histórico García de Herrera y Enríquez, tercer señor de Pedraza de la Sierra (nacimiento c. 1415 - †1483): se trata de un individuo de nombre García, oriundo y propietario efectivo de la villa de Pedraza por las fechas en las que se compila la colectánea salmantina (entre 1441 y 1444) y

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con intervención en la vida pública de la época, como atestiguan las crónicas desde el año 1439; entre los episodios más notables en los que participó, descuella su asistencia en 1440 al recibimiento que se hizo en Valladolid a Blanca de Navarra con motivo de su enlace con Enrique de Castilla, al que también concurrieron Íñigo López de Mendoza y Rodrigo Manrique (coautores de la serrana en colaboración con Pedraza).114

La edad del pedrazano, al igual que la de Diego Hurtado de Mendoza y Figueroa (véase apartado 2.2.2.4.), no supone un obstáculo para la identificación, pues ambas figuras cuentan alrededor de 30 años en la fecha límite de compilación del Cancionero de Palacio

(1444). Así, y aunque estos poetas hubiesen compuesto los textos años antes de ese momento (como, de hecho, debió de ocurrir), su juventud tampoco invalidaría las identidades propuestas, al existir otros jóvenes autores en la época; valga como ejemplo el paradigmático caso del condestable don Pedro de Portugal, de quien se sabe era ya escritor con 20 años (y muy probablemente también antes).115 Al hilo de ese caso, es interesante

señalar que la poesía ligera de orientación cortesana como la que practican Pedraza o Diego Hurtado de Mendoza era considerada ejercicio más propio de mocedad que de senectud; en estos términos lo expresaba un Santillana ya adulto al joven condestable de Portugal cuando este le pide que le envíe las canciones y dezires por él compuestos años atrás:

ca estas tales cosas alegres e jocosas andan e concurren con el tie(n)po de la nueua hedad de iuuentud, es a saber: con el uestir, con el iustar, con el dançar e con otros tales cortesanos exerçiçios. E asý, señor, muchas cosas plazen agora a uos q(ue) ya no plazen o no deuen plazer a mí (Gómez Moreno 1990: 51).

Como poeta, parece evidente que el modelo más cercano de García de Pedraza fue Íñigo López de Mendoza, cuyo señorío de Buitrago se ubicaba al otro lado de la sierra de Guadarrama (un lugar al que, por cierto, aquel alude en su obra con topónimos como “Lozoya”, “Navafría” o “Mata el Pino”): el pedrazano realiza lo que ha de considerarse la primera imitación conservada del Infierno de Santillana (1-ID2406) y compone junto a este y Rodrigo Manrique la serrana 7-ID2424 (por no hablar de que sus textos aparecen frecuentemente en el cancionero cercanos a los de don Íñigo). Algún tipo de relación, de la que no he podido localizar pruebas documentales, debió de unir a los dos personajes: quizá

114 En su publicación de 2008, Campos Souto había sugerido ya la identificación de García de Pedraza con García

de Herrera y Enríquez, tercer señor de Pedraza (2008: 25, n. 37); sin embargo, decidió prescindir de esta opinión en trabajos posteriores (véase supra), inclinándose por la figura del mariscal Pedro García de Herrera (2012), a quien cree el señor de Pedraza de la Sierra. Además de Campos Souto, Beltran propuso que podría tratarse de García de Herrera y Enríquez, si bien este investigador pensaba que el cargo de mariscal de Castilla permanecía todavía en la rama de los Herrera de Pedraza, y que García habría de serlo también (2009a: 905).

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García de Herrera, unos 17 años menor que Íñigo López de Mendoza, le proporcionaba algún servicio y encontrase así una vía de promoción política y social, práctica muy usual entre jóvenes de la nobleza en formación (Beceiro Pita y Córdoba de la Llave 1990: 121).116 A

este respecto, ha de tenerse en cuenta que la residencia de Santillana era centro de aprendizaje guerrero e intelectual, como el mismo Hernando del Pulgar recuerda en la semblanza del marqués:

E ni las armas le ocupavan el estudio, ni el estudio le impedía el tiempo para platicar con los cavalleros e escuderos de su casa en la forma de las armas necesarias para defender e quáles avían de ser para ofender, e cómo se avía de ferir el enemigo e en qué manera avían de ser ordenadas las batallas e la disposición de los reales e cómo se avían de conbatir y defender las fortalezas e las otras cosas que requiere el exercicio de la cavallería. E en esta plática se deleitava por la grand abituación que en ella tovo en su mocedad. E porque los suyos sopiesen por experiencia lo que le oían dezir por dotrina, mandava continuar en su casa justas e ordenava que se fiziesen otros exercicios de guerra porque sus gentes, estando abituados en el uso de las armas, les fuesen menores los trabajos de la guerra (…) Tenía siempre en su casa doctores e maestros con quien platicava en las ciencias e leturas que estudiava. (Pérez Priego 2007: 105, 112-113).

Simultáneamente, como se verá más adelante, Pedraza también debió de relacionarse con el hijo primogénito del marqués, de edad similar a la suya y con el que aparece también muy vinculado en Palacio: no solo la distribución de algunas de sus piezas al lado de las de Diego Hurtado lo corroboran, sino que cita sus versos en 4-ID2413 “Sepan quantos esta carta” y le dedica el dezir 8-ID2431 “Buen senyor Diego Furtado”, que el de Pedraza hubo de componer en presencia del joven Mendoza. La falta de noticias acerca de acontecimientos en los que García hubiese participado junto con Santillana y su hijo (más allá del recibimiento de Blanca de Navarra) quizá haya de ser puesta en relación con el hecho de que aquel no asumió la titularidad efectiva del señorío hasta 1439, esto es, no se incorporó a la vida adulta con plenas capacidades hasta esa fecha, en la que también, por vez primera, aparece su nombre en las crónicas. Quizás su juventud y escasa relevancia política por aquellos años propiciasen que los historiadores silenciasen al futuro señor de Pedraza entre los acompañantes del marqués y su hijo en la justa de 1433 celebrada en Madrid; o quién sabe si se hallaba entre aquellos otros que, como Álvaro de Luna, Santillana, Pero Niño o el mariscal Pedro García, participaron en la de 1434 de Valladolid (no en vano, Pero Niño se convertiría en años posteriores en su suegro y en este evento se encontraban también otros poetas como

116 En opinión de Whetnall, la introducción de Santillana como personaje, estando este todavía vivo, en la

imitación del Infierno realizada por Pedraza (de corte claramente párodico) refuerza todavía más la idea de que se trata de un círculo literario en el que se realizan este tipo de concesiones, pues será más tarde, con Garci Sánchez de Badajoz, cuando entren personajes vivos en los infiernos de amor (comunicación oral; véase apartado 1.3.2.). En la misma dirección apunta la composición de la serrana colectiva, quizá fruto de un viaje por la cercana sierra de Guadarrama (véase apartado 1.3.2 y la edición de 7-ID2424), y lo cierto es que no es esta la única referencia a la sierra y las serranas en la poesía de Pedraza, muy familiarizado con ese paisaje (véase apartado 1.3.).

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Fernando de Guevara, Juan de Merlo, Pedro de Quiñones o Gómez Carrillo de Acuña, quienes se localizan en la sección estudiada de Palacio –Fernando de Guevara incluso realizando un intercambio con el de Pedraza, véase apartado 1.3.2). Ya por último, es posible que el pedrazano figurase entre los numerosos invitados que asistieron a las nupcias del primogénito Mendoza con Brianda de Luna en 1436 (véanse apartados 2.2.2.3. y 2.2.2.4.).

Si, como he sostenido, el Herrera estaba al servicio de Íñigo López de Mendoza, sería lógico suponer que se encontraba en alguno de esos eventos, pues en todos ellos don Íñigo tuvo una activa y destacada participación (véase apartado 2.2.2.4.). Y es que fue quizá a través de sus buenas relaciones con los Mendoza como Pedraza accedió a los círculos poéticos cortesanos donde se movían autores como Fernando de Guevara, Juan de Dueñas, Rodrigo Manrique, Pedro de Quiñones, Juan Pimentel o Francisco Bocanegra, personajes con los que el escritor mantiene algún tipo de conexión en SA7; esta circunstancia, unida a su habilidad para la versificación, hicieron del tercer señor de Pedraza un activo participante de la vida literaria de la época, de lo que constituyen buena muestra las catorce piezas que ha legado a través del Cancionero de Palacio.

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