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Propuesta teórica de sobre la educación de las emociones

In document AUTORA: MARIA VERÓNICA PELÁEZ CARDONA (página 50-53)

TERCER CAPÍTULO

3.2 Propuesta teórica de sobre la educación de las emociones

​Para sustentar porque la educación de las emociones es fundamental para el

florecimiento humano, y la construcción de sociedades justas es necesario proporcionar conceptos y planteamientos filosóficos que aporten en este horizonte. Ahora, comúnmente se han entendido las emociones como una fuerza que estremece al cuerpo y lo coloca en un estado diferente al de la “normalidad”, esto es, sin agitaciones o manifestaciones particulares del cuerpo usadas por un estímulo externo a la persona.

En la antigüedad, los estoicos se preocuparon por estas manifestaciones, y contemplaban como estas poseían una relación con el ​logos al inclinarse por un ejercicio que lograra 16 una seguridad en el individuo (ataraxia), al sublevar las emociones a juicios poderosos, es decir, entre más se acercará a la razón más próximo se estaría de la virtud, alejando así las perturbaciones del alma como la tristeza o la ira que le impedían la consecución de la

16 Logos entendido aquí como “razón” o lo “verdadero”. En el texto Paideia de Werner Jaeger, se comentan muchas más acepciones de este importante concepto a través de los ideales de la cultura griega. Otras de las significaciones de logos pueden entenderse como: “lo universal”, “conocimiento”, o “comprensión”.

felicidad.

Por su parte en el libro la “República” se observa como para Platón era importante

prestarle atención a las emociones. Él en la creación de la república restringe la forma en la cual los ciudadanos se acercaban a la poesía, ya que, el filósofo griego alegaba que los poetas y rapsodas tenían una gran influencia en el estado de ánimo del pueblo griego, al ser estos reconocidos educadores de la antigua Grecia, y exaltados porque su arte contaba con la fuerza de estremecer el espíritu, era necesario reconsiderar ese arte, no expulsarlo, sino encaminarlo al fortalecimiento de las costumbre y al ​ethos​ del ciudadano griego: -¿Y qué es ello? -preguntó. -Que no hemos de admitir en ningún modo poesía alguna que sea

imitativa; y ahora paréceme a mí que se me muestra esto mayormente y con más claridad, una vez analizada la diversidad de las especies del alma. (...) Para hablar ante vosotros -porque no creo que vayáis a delatarme a los autores trágicos y los demás poetas imitativos-, todas esas obras parecen causar estragos en la mente de cuantos las oyen si no tienen como contraveneno el conocimiento de su verdadera índole (Platón, 1995, pág.. 552)

Con estas restricciones Platón buscaba encaminar un pueblo organizado y de ánimo fuerte; es por esto, que en la jerarquía de esta república está el rey filósofo, quién es valiente como un guerrero y tiene un dominio emocional más elevado. Sin embargo, Platón reconoce la importancia de la poesía y el arte para la educación, pues estos factores están presentes en la vida de los ciudadanos, que no sólo aceptan este arte sino que lo viven.

Otro grande de la antigüedad que le dio un lugar importante a las emociones en su teoría fue Aristóteles. Él en su libro “​Retórica” ​ hace hincapié en la relevancia que tienen algunos sentimientos al momento de emitir juicios, en especial aquellos relacionados con el discurso

político:

Sin embargo, los que han compuesto Artes acerca de los discursos, ni siquiera -por así decirlo- han proporcionado una parte de tal (pues sólo las pruebas por persuasión son propias del arte y todo lo demás sobra) y, por otro lado, nada dicen de los entimemas, que son el cuerpo de la persuasión, y más bien se ocupan, las más de las veces, de cuestiones ajenas al asunto. Porque, en efecto: el mover a sospecha, a compasión, a ira y a otras pasiones semejantes del alma no son propias del asunto, sino atinentes al juez. De modo que si ocurriera en todos los juicios como ya acontece en algunas ciudades, y principalmente en las que tienen buenas leyes, nada tendrían (estos autores) que decir. Pues todos, ciertamente, o bien juzgan que conviene que las leyes proclamen este principio, o bien lo practican y prohíben hablar fuera de lo que toca al asunto, como se hace en el Areópago ', procediendo en esto adecuadamente. Pues no conviene inducir al juez a la ira o a la envidia o a la compasión, dado que ello equivaldría a torcer la propia regla de que uno se ha de servir. Aparte de que es evidente que nada compete al litigante fuera de mostrar que el hecho es o no es así y si aconteció o no aconteció. En cambio, el que sea grande o pequeño, justo o injusto, y todo lo que el legislador ha dejado sin

explicitar, eso conviene que lo determine el mismo juez y no que tenga que aprenderlo de las partes (Aristóteles, 1999, pág. 161-164)

En la cita anterior, se observa cómo para Aristóteles, un buen orador o cualquier agente público debe saber manejar las pasiones, conoce su procedencia y los efectos corporales que producen, para así lograr incidir en el público y alcanzar discursos persuasivos eficientes, puesto que, las emociones llamadas pasiones son la causa principal de la vulnerabilidad humana.

A saber, para el mundo antiguo existía una evidente preocupación por controlar y educar al pueblo en las emociones, tanto en el ámbito público como en el privado, argumentando que a través de esta educación se logra mantener una sociedad ordenada.

In document AUTORA: MARIA VERÓNICA PELÁEZ CARDONA (página 50-53)