CAPÍTULO II MARCO TEÓRICO
2.1 Bachillerato General Unificado
2.1.9 Propuestas del BGU
Es preciso desarrollar paralelamente iniciativas que fortalezcan el recurso humano y brinde las destrezas necesarias para enfrentar el reto, tomando en cuenta que gran parte de la propuesta de reforma del bachillerato tendrá que ser asumida por el personal docente y las autoridades de los establecimientos educativos. Una nueva apuesta pedagógica y metodológica, que implica un cambio de paradigma en los procesos educativos, requiere de un adecuado involucramiento del personal docente, razón por la cual, mal podría implementarse esta iniciativa de manera universal, cuando nuestro recurso humano apenas conoce de la iniciativa.
La actualización curricular debe ser un ejercicio progresivo y secuencial, razón por la cual la propuesta de un plan de implementación por etapas, es potencialmente más beneficioso.
El reto de algunos nuevos contenidos que plantea el BGU, nos enfrenta a la real posibilidad si el país cuenta con el personal requerido; de no ser así, es necesario iniciar procesos de formación y actualización docente a fin de cumplir con dicha expectativa.
Asimismo, los propios establecimientos educativos, incluso en los aspectos de infraestructura, no cuentan necesariamente con los espacios requeridos en la propuesta.
Entre otros, mejorar los niveles de planificación institucional es necesario para cubrir con el importante desafío que propone el BGU.
Indiscutiblemente, la propuesta del BGU presenta un importante esfuerzo, sobre todo en términos teóricos, por definir las bases conceptuales y prácticas del bachillerato en el Ecuador.
Es acertada la decisión de impulsar la “especialización” en el último año, brindando con ello una base común de conocimientos para los estudiantes del país, además de que la toma de decisión por parte del estudiante sea precisamente una opción más cercana a la etapa universitaria; sin embargo aún es preciso enfatizar en otros aspectos tanto en términos de principios, como de “aterrizaje” de los mismos en el proceso de aplicación de la propuesta del BGU.
Parecería que la propuesta parte de criterios donde no se valora a la etapa de vida estudiantil (adolescencia y juventud) como una etapa en sí misma, sino como una etapa de transición a la adultez. Esta perspectiva, por un lado desatiende las demandas y expectativas que en concreto la adolescencia y
juventud tiene en ese determinado momento de su vida pues las desvaloriza por no ser “importantes”, pues lo importante es su futuro y no el presente; y, por otro lado, concibe como el estudio que hay que alcanzar es la adultez, la preparación para la vida “responsable” y “productiva”.
La propuesta de NBE en su parte teórica, asertivamente hace importantes análisis respecto a la inter y multidisciplinar edad, pero cuando detalla aspectos metodológicos y curriculares, nuevamente da énfasis en disciplinas segmentadas y compartimentadas.
La malla curricular requiere de mayores precisiones o, lo que es peor, existen profundas ausencias o sobredimensionamiento de materias: la amplitud en el tratamiento de los temas relacionados a la comunicación (redacción, lectura crítica de imágenes, etc.) no se corresponden con la poca profundización en temas como la filosofía o la ausencia de materias como la historia.
Existe también un potencial desencuentro entre las categorías de aprendizaje con la propuesta curricular; las divisiones del aprender a conocer, a ser, a hacer y a convivir, son transversales al proceso educativo, no opciones que derivan en materias específicas, pues estos grandes objetivos deben ser logrados tanto en el conjunto como en cada una de las materias y contenidos educativos.
(CodiNoti)
CodiNoti. (s.f.). http://www.educación-gov.ec/interna-.
Apostar por un enfoque holístico e integrado de los contenidos educativos implica una importante apuesta por el personal docente y su aprestamiento en el aula, razón por la cual, los procesos de formación y actualización son básicos.
Por otro lado, el BGU puede inaugurar en el país un modelo de gestión diferente, más abierto e inclusivo.
En este sentido, no solo es necesario pensar en establecimientos educativos abiertos para “recibir” aportes de contenidos y de profesionales para introducirlos al aula; sino que sobre todo la escuela debe estar abierta a la comunidad y que, más allá del aula física, los estudiantes puedan hacer el hecho educativo en sus comunidades.
Por ejemplo, las posibles “campañas” y “proyectos” (de reciclaje, de concienciación, etc.) no se circunscriben a la escuela o al aula, sino a su comunidad; es con ella que la practican. Los posibles “profesores” de un área técnica u oficio, bien pueden ser los talleres y lugares de la comunidad (taller automotriz, sastrería, soldador, el taller de un pintor que exista en el barrio, la propia biblioteca de un escritor que en la comunidad se cuente).
Si cabe la metáfora, la escuela no es la que tiene las puertas abiertas para ingresar en ella, sino es la que no tiene muros y, por tanto, la comunidad en su conjunto se convierte en un espacio educador.
De este modo, la vinculación y articulación entre escuela y comunidad no solo es un aspecto operativo, sino también conceptual, y debe estar referido en el desarrollo teórico de la propuesta.
Por estas y varias razones adicionales, contar con un plan de implementación progresiva puede constituirse en un Acuerdo Nacional con los diferentes sectores educativos a fin de aminorar los problemas que puedan surgir y los ajustes que toda política, más aún de esta envergadura, requeriría.
La construcción de un plan de implementación progresiva puede dar respuesta también al mandato que respecto del bachillerato fija la Ley Orgánica de Educación Intercultural, para no incurrir en su inobservancia. Ello, sumado a ciertos niveles de permisividad en la sociedad (asambleístas, autoridades, docentes, estudiantes y ciudadanía en general) para que un proyecto tan importante como este no fracase por una posible precipitación en su ejecución; otra de las razones por las cuales un acuerdo cobra sentido.
Este es un proceso de largo aliento y que debe discutirse y ajustarse permanentemente, lo cual debe estar de manera clara y definida en la propuesta de implementación.
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