Éste es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo sirvientes, porque el sirviente no sabe lo que hace su señor. A ustedes los he llamado amigos porque les he dado a conocer todo lo que escuché a mi Padre.
No me eligieron ustedes a mí; yo los elegí a ustedes. Evangelio de Juan (15: 12-16) En relación con la palabra y el acto, en el Calila e Dimna se señala la importancia de la prueba. Desde el prólogo de Berzebuey, en el que el personaje decide probar las escrituras de sus libros, se presenta la necesidad de probar la palabra, pero al igual que la mayoría de las cosas que se muestran como necesarias en el Calila e Dimna ––por ejemplo, seguir los consejos o perseguir la falsedad–– se presenta, también, una imposibilidad de probar la palabra del otro: “Desí provólas en los finados, et no resucitaron ningunos; et entonces dubdó de sus escripturas et cayó en grand escándalo” (100). La prueba se convierte, según el ejemplo de Berzebuey, en un intento fallido de traducir las palabras en actos. Berzebuey decide, entonces, no creer en cosas dudosas y solo perseguir aquello que parece seguro: “Et yo, después que me guardé de non creer las cosas que non era seguro de non caer en peligro de muerte, déxeme de todas las cosas dubdosas et metíme en fazer pesquisas de las leyes en buscar las más derechas” (110). Como Berzebuey, los personajes del Calila e Dimna deben aprender, como he dicho, a ser envisos, es decir, deben aprender a probar las palabras del otro antes de creerlas. Sin embargo, como mostré en el capítulo anterior, hay una distancia entre la palabra y el interior y, debido a ello, es necesario que unos personajes duden de las palabras de los otros. La distancia entre la palabra y el interior justifica, entonces, la duda permanente que deben tener los personajes hacia los demás, pero, de igual forma, justifica la imposibilidad de la prueba: los personajes no pueden saber si las palabras de los otros son verdaderas o falsas pues nadie puede conocer el interior de los demás, es decir, aquello que guardan los corazones de los otros: “––Las malas voluntades han muy apoderados lugares en los corazones, así que la lengua non dize lo que es
en el corazón con verdat, et el corazón afirma et testigua más derechamente lo que está en el
otro corazón que la lengua” (274)22
.
A pesar de lo anterior, los personajes-oyentes intentan probar las palabras de los personajes-narradores por medio de tres tipos de prueba. Con el primer tipo de prueba se intenta probar al que no es amigo (se podría decir, al desconocido), con el segundo tipo se intenta probar al vasallo (por lo que es el tipo de prueba que usan, especialmente, los reyes), y con el tercer tipo se intenta probar al amigo. Explicaré en detalle en qué consisten estos tres tipos de prueba. El primer tipo de prueba implica probar las palabras de un personaje-narrador (que no es amigo y, por tanto, no se conoce) en el futuro. Por ejemplo, Dimna le pide a Sençeba que pruebe la veracidad de sus palabras al ver la manera como actuará el rey león en el futuro: “––Si tú vieres al león, quando a él entrares et lo vieres agachado contra ti, moviendo los pechos et catándote muy firme, et firiendo con la cola en la tierra, et abriendo la boca (…) sepas que te quiere matar, et apercíbete et non te engañe” (167). A esta petición, responde Sençeba con estas palabras: “––Si yo viere con el león lo que tú dizes, non avré y dubda” (167). Dimna le pide a Sençeba que pruebe de esta manera sus palabras debido a que sabe que el rey león actuará como él indica pues, con anterioridad, lo ha puesto en contra del buey Sençeba. Las palabras de Dimna se traducirán en actos, pero esto no quiere decir que estas palabras sean verdaderas. Como mencioné en el capítulo anterior, el acto es importante porque en él no cabe la duda, mientras que en las palabras sí, pues estas últimas pueden encubrir y descubrir. Sin embargo, a partir del ejemplo de Dimna es posible afirmar que en los actos
22 Al respecto, se dice en el Panchatantra: “Las buenas o malas intenciones que el hombre guarda en su corazón,
por ocultas que las tenga, pueden conocerse por lo que dice durmiendo o cuando está embriagado” (Libro I, cuento III). Sin embargo, en el Calila e Dimna no se presenta la posibilidad de conocer el corazón del otro a pesar de que se oiga lo que dice en el sueño, o después de haber tomado alcohol. Por esta razón, hay que desconfiar, permanentemente, de los demás: “No hay que fiarse de quien no merezca crédito ni tampoco del que lo merezca. El daño que nace de la confianza te arranca hasta las raíces” (Panchatantra, libro IV, cuento I)
––como en las palabras–– también cabe la duda puesto que por medio de un plan se puede manipular la actuación de los otros. Entonces, aunque a lo largo del libro se repita que “non te acuites de lo que te dixeren de mí fasta que bien lo sepas antes, et que lo pesquises bien” (308), probar las palabras de los otros, que no son amigos y no se conocen, es imposible.
El segundo tipo de prueba es el que usan los reyes para probar las palabras de sus vasallos. Los reyes, que son personajes-oyentes, prueban el consejo de sus vasallos, que son personajes-narradores, con los actos que han hecho en el pasado: “Los reyes deven provar los vasallos para en aquellas cosas en que les quieren meter, et no deven meter a ninguno a su pesar en lo que non es para él, ca el omne forzado non puede bien fazer la obra” (307). Este tipo de prueba supone creer en las palabras del vasallo porque ya se conocen sus actos: como se conoce que el personaje ha actuado bien con anterioridad es posible suponer que es una persona en la que se puede confiar. El rey león, por ejemplo, no pone en duda las palabras que Dimna le dice sobre el buey Sençeba porque lo ha puesto a prueba con anterioridad y lo conoce por sus actos pasados. El rey león confía en las palabras de Dimna porque lo considera un vasallo leal y hasta un amigo. No obstante, los buenos actos de Dimna en el pasado no suponen una garantía de sus actos futuros: Dimna es amigo y buen vasallo del rey león, pero luego lo traiciona. Por eso, este tipo de prueba ––al igual que el primero–– no es efectivo.
Por último, el tercer tipo de prueba es el que usan los personajes-oyentes para probar las palabras del amigo. Para analizar este tipo de prueba, quiero referirme al ejemplo XLVIII de El Conde Lucanor, que habla acerca del medio amigo y el amigo completo. Al principio de este ejemplo, el protagonista le pregunta a Patronio acerca de los amigos: “Patronio, segunt el mio cuidar, yo he muchos amigos que me dan a entender que por miedo de perder los cuerpos nin lo que an, que non dexarían de fazer lo que me cumpliese, que por cosa del mundo que pudiesse acaecer non se parterían de mí. E por el buen entendimiento que vos avedes, ruégovos que me digades en qué manera podré saber si estos mis amigos farían por mí tanto commo dizen” (271). La preocupación del personaje radica en la imposibilidad de saber si sus amigos
harían por él lo que dicen, es decir, es una duda acerca de la acción. Probar a los amigos es, entonces, crear situaciones en las cuales se traslade la palabra a los hechos. Por lo anterior, probar a los amigos implica, también, probar a la palabra pues los amigos son quienes hacen, cuando llega el momento, aquello que dijeron. En la amistad, más que en ninguna otra relación, existe una necesidad de probar las palabras de los amigos. Sin embargo, como analicé en el capítulo anterior, en el Calila e Dimna no hay más actos que el diálogo, y por eso es imposible probar las palabras del amigo al intentar traducirlas en actos: los personajes del libro no se adelantan al futuro por medio de actos (en el sentido de hacer que pasen cosas), sino por medio de contar historias (que, como he dicho, también es un acto: el acto de narrar). La historia que le cuenta Patronio al Conde Lucanor es la de un padre que incita a su hijo a probar a sus amigos ––que el hijo cree que son muchos––. La prueba consiste en que el hijo debe ir a la casa de cada persona que considera un amigo con el cadáver de un cerdo. El hijo debe decir que el cadáver es de un humano, y debe pedirles ayuda a sus amigos para que lo encubran y lo ayuden a defenderse. Entonces, la prueba consiste en inventar una situación que supone que alguien pruebe que el otro es un amigo. En la prueba de la amistad en el Calila e Dimna, por el contrario, no se pueden inventar situaciones, pues no hay más actos que el diálogo (o sea, solo se pueden inventar situaciones dentro de los cuentos). A partir de lo anterior se podría pensar que el acto se elimina en este mecanismo de prueba pues los personajes no prueban la palabra por medio de hechos, sino a través de otra palabra: el ejemplo. Los personajes prueban sus palabras ––sus consejos–– por medio de un cuento. Sin embargo, como afirmé en el capítulo anterior, aconsejar a través de cuentos es, también, un acto. En este sentido, el acto no se elimina en el mecanismo con el que se prueba la amistad en el Calila e Dimna, sino que se reemplaza por un acto único: el diálogo, el acto de narrar. No hay que traducir, entonces, la palabra en muchos actos, sino en uno solo (que contiene, a su vez, a todos los actos posibles que ocurren en el libro). Ahora, es importante señalar que en este tipo de prueba el personaje- oyente no prueba al personaje-narrador, sino que es el personaje-narrador el que se prueba a sí
mismo. Como una amistad incluye, al menos, a dos personas, en el mecanismo de prueba de El Conde Lucanor es una de esas personas quien puede probar que el otro es un amigo. Por su parte, el mecanismo mediante el cual se prueba la amistad en el Calila y Dimna funciona a la inversa y es, por ello, una nueva manera de comprobar la amistad. A través del ejemplo, los personajes-narradores del Calila e Dimna quieren comprobar su consejo, que no consiste, como señalé en el primer capítulo, en comprobar que el consejo es efectivo para el actuar del personaje-oyente, sino en probar ––para ellos mismos–– que su consejo funcionaría en una situación imaginaria, lo cual es, sin más, comprobar su aptitud para ser un amigo (pues un amigo es quien sabe aconsejar). Por ello, los personajes-narradores no necesitan que otros los prueben como amigos, sino que necesitan de los otros, de los personajes-oyentes, para que oigan su consejo así no lo sigan. Y, así, los personajes-narradores prueban no que son amigos sino que podrían serlo, pues saben aconsejar por medio de cuentos. Dimna aconseja al león y al buey y utiliza cuentos para ejemplificar sus consejos. Sin embargo, Dimna es un mal amigo puesto que no tiene una buena intención y no aconseja lealmente. Entonces, Dimna puede comprobar, a través de dar un consejo y un ejemplo, que podría ser un amigo y, además, puede pensar que lo es puesto que quiere separar al león del buey por la envidia que siente de su amistad. Dimna quiere una amistad exclusiva con el león. No obstante, ante los ojos de Calila y de los demás personajes, Dimna es un mal amigo. Por ello, el consejo y su prueba por medio de la palabra solo les sirve a quienes lo enuncian para comprobar su amistad. Al respecto, Patronio plantea que solo después de la prueba se puede considerar a alguien como un medio amigo pues el único amigo completo es Dios. En el caso del Calila e Dimna no se prueba ni siquiera al medio amigo, sino a un prospecto de amigo, es decir, a alguien que podría llegar a serlo: un cuarto de amigo, digamos. En conclusión, este tercer tipo de prueba no es efectivo en tanto que no le permite al personaje-oyente probar al amigo, pero es efectivo porque le permite al personaje-narrador probar que, al saber aconsejar por medio de cuentos, podría ser un amigo.
La motivación que tienen los personajes-narradores al aconsejar es, como dice Weisl-Shaw,
“siempre exterior a los ejemplos” (734)23.
A partir del análisis anterior acerca de los tres tipos de prueba presentes en el Calila e Dimna es posible afirmar que ningún tipo de prueba les permite a los personajes, como ellos esperan, probar al otro (en el tercer tipo se prueba no al otro sino a sí mismo). La imposibilidad de probar al otro supone, también, la imposibilidad de conocerlo, pues al no saber quién es el otro no se puede confiar en su consejo. Además, solo se puede poner el amor en el otro después de la prueba: “Otrosí el omne entendido non debe poner su amor con ninguno sinon después que lo provare, ca el que se atreve a fiarse en alguno, non lo aviendo probado, métese en grant peligro et llega a fuerte lugar” (315). Lo anterior implica que los personajes del Calila e Dimna no se pueden conocer entre sí y, en tanto que no se conocen, no pueden poner su amor en el otro. En últimas, ningún personaje puede ser amigo de otro. Esta afirmación resulta sorprendente si se tiene en cuenta que el Calila e Dimna trata sobre la amistad: los ejemplos
23 En el cuento “El curioso impertinente” de Don Quijote de la Mancha se narra la historia de la amistad de dos
hombres, conocidos como “los dos amigos”. Uno de ellos, Anselmo, pone a prueba, sin ninguna necesidad, una amistad con la propuesta que hace a su amigo Lotario para que este intente conquistar a su esposa Camila. Lotario dice que:
Los buenos amigos han de probar a sus amigos, y valerse de ellos, como dijo un poeta: usque ad aras; que quiso decir que no se habían de valer de su amistad en cosas que fuesen contra Dios. Pues si esto sintió un gentil de la amistad, ¿cuánto mejor es que lo sienta el cristiano que sabe que por ninguna humana ha de perder la amistad divina? Y cuando el amigo tirase tanto la barra, que pusiese aparte los respetos del cielo por acudir a los de su amigo, no ha de ser por cosas ligeras y de poco momento, sino por aquéllas en que vaya la honra y la vida de su amigo. Pues dime tú ahora, Anselmo, ¿cuál de estas dos cosas tienes en peligro, para que yo me aventure a complacerte y a hacer una cosa tan detestable como me pides?” (Cervantes 117).
Con estas palabras, Lotario manifiesta la necesidad implícita que tiene la amistad de ser puesta a prueba. Sin embargo, para probar la amistad existen unos límites que suponen no ir en contra de Dios. No obstante, para comprobar su amistad, Lotario acepta la propuesta de su amigo Anselmo y al final de la historia, por culpa de esta prueba, Anselmo y Lotario mueren y Camila termina de monja en un convento. Utilizo esta historia para proponer que de la misma manera como la prueba de la amistad a través de la acción es innecesaria, los ejemplos para probar el consejo y la capacidad de ser amigos también lo son, pero pesar de que parecen innecesarios son imprescindibles para los personajes que quieren probar algo en relación con la amistad: Anselmo o los personajes del Calila e Dimna. Cabe señalar que como la prueba se diferencia en que en un caso, el del cuento de “El curioso impertinente”, se realiza por medio de la acción y en el otro, el del Calila y Dimna, por medio de las palabras (o el acto de narrar), las consecuencias son distintas. Es más, en el primer caso existen consecuencias mientras que en el segundo no. En el cuento de Cervantes, los personajes terminan muertos, pues Camila muere a los pocos días de entrar como monja, a causa de una acción innecesaria, en el Calila e Dimna, en cambio, no ocurre nada más allá de los cuentos. En este sentido, la consecuencia de la acción innecesaria en el segundo caso es el libro mismo, es decir, la acumulación de cuentos y consejos, lo cual constituye, en últimas, la consolidación de esta colección de relatos enmarcados.
que pide el rey al filósofo se refieren a un aspecto de la amistad y los que no se refieren directamente a la amistad terminan, de alguna forma, señalando aspectos de esta. Por esta razón, quiero señalar la relación entre la prueba y el aprendizaje individual que se obtiene con los consejos ––y ejemplos––. Como expliqué en el prólogo de este texto, el Calila e Dimna enseña algo para cada lector según su vida (es distinto el aprendizaje que dice haber obtenido Berzebuey, que implica una enseñanza acerca de qué debe perseguir el hombre en esta vida, del que manifiesta haber obtenido Ibn Al-Muqaffa, que supone la necesidad de entender la estructura del libro para comprender su contenido). El aprendizaje que transmite el libro implica aprender de corazón, y esta idea remite a un aprendizaje no solo individual sino íntimo, pues ocurre en el órgano vital de cada persona. En el corazón se guardan las poridades o los secretos. Se podría pensar que el aprendizaje individual que se adquiere con los consejos y ejemplos es un secreto para los demás, es invisible para los otros y por eso solo quien aprende puede reconocer su aprendizaje. En este sentido, es imposible probar el aprendizaje de los otros, es decir, aquello que los otros saben. No obstante, con el tercer tipo de prueba, como ya indiqué, los personajes-narradores se pueden probar a sí mismos y comprobar no solo que saben aconsejar por medio de cuentos sino que con ello podrían llegar a ser amigos. Puede ser que, entonces, los personajes-narradores, al comprobar esta posibilidad, puedan comprobar que, como ellos, los personajes-oyentes también pueden aprender a aconsejar por medio de cuentos (y si lo hacen lealmente y con buena intención, pueden llegar a ser amigos). Ante esto cabe recordar que, por una parte, en el mundo medieval reconocer algo en uno es reconocerlo en el resto de la creación (Rico ctd Sanín 32) y, por otra parte, que en el Calila e Dimna se insiste en la necesidad de que todo aprendizaje suceda primero en uno mismo y luego en los demás (para conocer el corazón del amigo hay que conocer el corazón propio, para aconsejar a