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LOS ESQUEMAS COGNITIVOS

2. EL YO DESDE LA PSICOLOGÍA COGNITIVA

La psicología cognitiva, así como la psicología social y de la personalidad de orientación cognitiva. se han centrado también de forma preferente en el yo como objeto, concibiéndolo como las representaciones mentales que una persona tiene de sí misma. Según Anderson (1983) las representaciones mentales pueden dividirse en dos clases. Por un lado, existirían representaciones basadas en percepciones las cuales contienen detalles extraídos de la información estimular procesada por el sistema sensorio-perceptivo. A esta categoría pertenecerían, por ejemplo, las imágenes espaciales que preservan la localización de los objetos en el espacio y los ordenamientos lineales, los cuales preservan la secuencia de sucesos en el tiempo. Por otro lado, habría representaciones basadas en el significado que contienen la esencia de un objeto o suceso extraída por procesos mentales superiores a partir de la información estimular. A esta categoría de representaciones pertenecen, por ejemplo, las proposiciones (estructuras parecidas a frases que preservan las unidades elementales de significado) y los esquemas. Desde la perspectiva cognitiva, la mayoría de los estudios sobir el yo como objeto se han centrado en las representaciones basadas en el significado, sin que existan apenas trabajos sobre las representaciones basadas en la percepción del yo. Esta

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Sobre lodo,ha sidoun aspecto del yo relacionado con tiautoconcepto el que ha recibido la mayor dedicación por parte de lospsicólogos: la“autoestima”.En la revisión de investigacionessobre el yo que

Wylie publicó en los anos 1974 y 1979. señalaba que de los miles dc estudios realizados, la inmensa

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es una deficiencia que la investigación futura deberá resolver puesto que el estudio de las representaciones de ordenamientos lineales probablemente tienen mucho que decir sobre la memoria autobiográfica, mientras que la consideración de las representaciones de imágenes espaciales del yo promete ser una perspectiva fructífera en la comprensión, por ejemplo, de los trastornos bulímicos y anoréxicos en los que los pacientes poseen una imagen mental sobre sí mismos como personas gordas, una autoimagen que es tan fuerte que podría explicar los sesgos perceptuales patológicos que presentan cuando se miran a un espejo.

Se han propuesto diversos modelos para concebir el formato que adoptan en el sistema cognitivo las representaciones del yo basadas en el significado (cf. las revisiones de Greenwald y Pratkanis, 1984; Kihlstrom y Cantor, 1984). De entre estos modelos hay que destacar tres: el yo como una red asociativa, el yo como prototipo y el yo como esquemas. Frente a otros modelos, estos tres tienen en común el hecho de haberse fundamentando en sólidos modelos de representación del conocimiento tomados de la psicología cognitiva y el hecho de haber generado líneas fructíferas de investigación empinca y teórica.

Bower y Gilligan (1979) han presentado una conceptualización del yo basado en los modelos de redes asociativas de la memoria semántica tales como el HAM y el ACT (cf. Pitarque, 1984). Según esta conceptualización, el yo es un nodo más de una estructura reticular proposicional y la información relevante al yo es almacenada en forma de proposiciones que relacionan un sujeto (el yo) y un predicado (información genérica y episódica acerca del yo) por medio de un lazo que une el nodo del sujeto y el nodo del predicado. De esta manera, un rasgo considerado descriptivo por una persona, por ejemplo, simpático, se representaría por un lazo entre el nodo del yo y el nodo para el concepto simpático. Un rasgo no autodescriptivo, por ejemplo inteligente, se representaría por la ausencia de un lazo directo entre el nodo del yo y el nodo correspondiente al concepto inteligente. Para explicar la recuperación de la información almacenada en la memoria, los modelos de redes asociativas utilizan dos conceptos relacionados: activación y difusión de activación. La activación se definiría como una

especie de ola de energía que se expande por la red conceptual de la memoria, permitiendo establecer las relaciones asociativas necesarias para poder recuperar la información’ (p. 276, Pitarque, 1984). En general, se asume que la activación se extiende en términos de un gradiente decreciente, siendo su disminución proporcional a la fuerza de los lazos o conexiones de la red. Basándose en el concepto de difusión de la activación, Rogers (1981) ha criticado la conceptualización del yo como una red asociativa. Efectivamente, una predicción lógica del supuesto de difusión de la activación es que cuanto más información, es decir, cuantos más nodos estén relacionados con un nodo dado de la memoria, más tiempo se tardará en recuperar conceptos para los cuales el nodo es un elemento intermediario y, por ende, en realizar juicios acerca de aquellos conceptos. Puesto que Bower y Gilligan (1979) consideran el yo como un nodo con muchos lazos o conexiones, lo cual parece obvio puesto que tiene que incorporar la ingente cantidad de información que sobre sí mismo tiene una persona, habría que suponer que la recuperación de tal información sería una tarea altamente compleja que llevaría mucho tiempo. Sin embargo, en clara contradicción con esta predicción, los estudios empíricos (cf. Rogers, 1981) parecen demostrar que los sujetos tardan menos tiempo en contestar si un adjetivo de personalidad es o no autodescriptivo que en responder si el adjetivo describe o no a otra personas tanto si éstas les son muy familiares (e.g., sus mejores amigos, sus padres) o poco familiares (e.g., un político, un personaje televisivo). Aunque el modelo del yo propuesto por Bower y Gilligan (1979) no era capaz de resolver esta contradicción, el empleo de modelos de redes semánticas más actuales para conceptualizar el yo pueden obviar este problema, ya que, por ejemplo, Anderson (1983) han incluido los oportunos ajustes en su modelo AO’ para explicar la velocidad con que hacen juicios categoriales los expertos. Evidentemente,

respecto al conocimiento de uno mismo, el propio sujeto es el máximo experto.

Rogers (1981) ha concebido el yo como un prototipo cognitivo con una organización jerárquica, compuesto por rasgos, valores y recuerdos de sucesos y conductas específicas ordenados jerárquicamente, de forma que los elementos más bajos

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en la jerarquía son más concretos, distintivos, específicos y menos inclusivos21. Varios trabajos empíricos parecen avalar la idea de que el autoconcepto funciona como un prototipo ya que han constatado en relación al yo efectos de tiempo de reacción y de memoria asociados a tareas de procesamiento en las que aparecen implicados otros prototipos cognitivos. El primero es conocido como el “efecto prototípico” y se refiere a que los sujetos tardan menos tiempo en decidir si un adjetivo de personalidad es o no autorreferente cuando tales adjetivos personalidad son extremadamente semejantes o diferentes a uno mismo, mientras que el tiempo es mayor para los adjetivos considerados sólo moderadamente autodescriptivos (Kuiper, 1981). Es decir, se ha constatado una relación de U invertida entre el grado de autodescriptividad de los adjetivos y el tiempo de decisión similar a la que se da en relación a los juicios de semejanza con el prototipo para otras categorías cognitivas, como por ejemplo, de objetos, colores o situaciones (cf. de Vega, 1984). El segundo es un efecto de falsa alarma” y se refiere al hecho de que,

después de haber clasificado un grupo de adjetivos de personalidad como

autodescriptivos o no, los sujetos tienden a reconocer equivocadamente como parte del conjunto anterior a adjetivos altamente autodescriptivos que no habían sido presentados con anterioridad (Rogers, Rogers y Kuiper, 1979). Un hallazgo parecido al obtenido en tareas de memoria de reconocimiento con otras categorías cognitivas, donde se reconocen como ya presentados estímulos nuevos muy semejantes al prototipo cognitivo generado durante el procesamiento anterior de un grupo de estímu]os (e.g., Cantor y Mischel, 1977).

La conceptualización del yo como un conjunto de esquemas es sin duda el

formato representacional que goza de mayor popularidad y de la cual parte la presente

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Aunque Rogers usa el término “prototipo’ pan describir su modelo, Greenwald y Pratkanis (1984) han señalado acertadamente que la definición más aceptada de prototipo no implica necesariamente una estructura jerarquizada. Efectivamente, la definición más aceptada de prototipo considera a éste como un

ejemplar modelo para unacategoría cognítiva, una tendencia central de la categoría respecto a] cual se

comparan nuevos estímulos (de Vega. 1984). Desde esta perspectiva, las categorías se entienden como conjuntos, no necesariamente ordenados, de características o descripciones asociadas de modo probabilístico con la pertenencia a la categoría, es decir, como conjuntos difusos, en el sentido de que no

hay ninguna característica cuya pertenencia al mismo sea necesaria o suficiente, representados y

investigación. Su predominancia se explica por varias razones que tienen que ver, primero, con la omnipresencia de las teorías de esquemas en la psicología cognitiva actual. Segundo, las teorías de esquemas son compatibles y asumen como propios los datos procedentes de otras concepciones acerca de la representación mental (de Vega, 1984). Así, el modelo del yo como esquemas es compatible y asume las pruebas empíricas del modelo del yo como red asociativa y, sobre todo, del modelo del yo como prototipo. De hecho. Abelson (1981) ha señalado que un esquema puede considerarse una categoría cognitiva, pues tiene muchas de las propiedades de éstas22. En primer lugar, tanto los esquemas como las categorías son conjuntos difusos. Los esquemas son además jerárquicos al igual que Rogers (1981) hipotetiza que es la categoría correspondiente a] prototipo del yo. Por último, el esquema es probable que se genere por abstracción a partir de experiencias recurrentes de la misma manera que los prototipos cognitivos. Respecto a los modelos de redes asociativas, hay que señalar que autores como Anderson, uno de los máximos responsables de la creación y auge de tales modelos, han adoptado con los años teorías esquemáticas. Según Anderson (1985), los esquemas serían una superación estructural de los modelos de redes asociativas, en el sentido de que hay ciertos rasgos del conocimiento humano que no pueden ser representados por medio de las estructuras de redes semánticas proposicionales. En tercer lugar, los esquemas son sin duda el formato representacional que mejor expresa la doble naturaleza sujeto/objeto del yo, puesto que una de las características más enfatizadas en las teorías de los esquemas es que éstos son estructuras activas en el procesamiento de información, por lo tanto la dualidad de procesos y contenido (el yo como conocedor y el yo como objeto de conocimiento) queda fundida en un único concepto: los esquemas.

22Existen sin embargo diferencias entre ambos constructos(Wyer y Gordon, 1984). Encomparación a los esquemas, es menos probable que las categorías yprototiposse activen espontineamente en respuesta a estímulosque describan rasgos contenidos en dichas representaciones. Es más, una vez activadas, es menos probable,en comparación a los esquemas, que las categorías y prototipos conduzcan a inferencias espontAneas sobre los rasgos que no estuvieran incluidos en la información presentada, y que conduzcan a errores de intrusión en el subsiguiente recuerdo de esa información.

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