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1. ANTECEDENTES TEÓRICOS: DE LA ALIENACIÓN A LA VIOLENCIA SIMBÓLICA

1.6. Desde la psicología social: Festinger (1957); Jost y Banaji (1994)

Alejados del marxismo, del psicoanálisis y del estructuralismo (aunque sin desconocerlos) los psicólogos sociales estadounidenses también han realizado desde la investigación cognitiva, desarrollos teóricos importantes para nuestro problema de investigación, esto es, la adaptación de las clases sociales dominadas al orden social que permite y posibilita su explotación. Para nuestro objeto de estudio, las dos teorías más relevantes para responder a este problema son la teoría de

disonancia cognitiva y la teoría de la justificación del sistema.

1.6.1. Festinger: disonancia cognitiva

En 1957 Festinger escribió la que sería una obra fundamental de la psicología social contemporánea, “La teoría de la disonancia cognoscitiva” (1975). Dicha obra supuso un avance cualitativo en la comprensión de la estructura cognitiva. Para Festinger, el sujeto tiende a mantener la coherencia (consonancia cognoscitiva) entre sus actitudes políticas, sociales, etc., aunque existen muchas ocasiones en las que aparecen actitudes que no encajan entre sí (mantienen una relación de disonancia cognoscitiva) provocando entonces displacer. Con el concepto “cognición” se hace referencia a las creencias, opiniones y conocimientos que tenga el sujeto sobre la realidad, sobre sí mismo y sobre sus acciones.

Las hipótesis básicas de esta teoría serían:

a. La presencia de disonancia cognoscitiva (de actitudes incoherentes entre sí) provocan displacer, por lo que empujan al sujeto a tratar de reducir la disonancia y forzar la consonancia.

b. Cuando existe disonancia, el sujeto además de intentar reducirla, evitará exponerse a situaciones o informaciones que puedan aumentarla.

Para que podamos hablar de disonancia o consonancia entre dos elementos cognoscitivos, es necesario que tengan una relación relevante entre ellos, es decir, algún tipo de conexión. El elemento “fumar provoca cáncer” es irrelevante para la acción de “comprar un coche”, por lo que no existirá ninguna relación entre ellos (ni consonancia ni disonancia), mientras que es muy relevante para la acción de “fumar”, por lo que un sujeto que “fume” y sepa que “provoca cáncer” se encontrará con dos elementos que tienen una relación de disonancia.

El grado de disonancia es directamente proporcional a la presión que aparece para reducirla. Para reducir la disonancia lo más común es cambiar uno de los elementos disonantes (el que tenga menor coste), aunque existen distintas estrategias.

37 a. Cambio del elemento cognoscitivo conductual:

Cuando existe disonancia entre un elemento cognoscitivo del medioambiente (realidad social) y un elemento conductual, se puede eliminar cambiando la conducta por otra consonante con el elemento medioambiental. Esta es posiblemente la estrategia más utilizada para reducir la disonancia, pero el cambio de conducta no siempre es posible; puede que provoque más malestar que la disonancia existente o puede que el cambio de conducta sea simplemente imposible.

b. Cambio de un elemento cognoscitivo ambiental:

También podemos cambiar la situación ambiental (realidad social) para hacerla consonante con nuestra conducta. Esta estrategia es mucho más difícil que la anterior, ya que requiere que la persona tenga el control suficiente sobre su medio para hacerlo, además suele ser más costoso cambiar el medio social que la conducta, incluso cuando es posible cambiar el primero.

c. Añadir nuevos elementos cognoscitivos:

Está claro que en muchas ocasiones no se puede cambiar ni la conducta ni el medioambiente. En estos casos, cuando no se puede eliminar completamente la disonancia, se intenta reducirla al máximo utilizando de forma estratégica la información. Podemos, por un lado, añadir información nueva que sea más consonante con nuestra conducta e intentar evitar exponernos a la información que sea disonante con ella y si, accidentalmente, nos encontramos con información que nos produzca disonancia, la podemos cuestionar. Un ejemplo es del fumador que sabe que fumar provoca cáncer. Si no es capaz de dejar de fumar, puede, por un lado, buscar investigaciones que cuestionen o nieguen este hecho y, por otro lado, evitará recibir toda información que lo confirme.

Festinger nos explica que siguiendo la lógica de su teoría se pueden predecir ciertos cambios de conducta y/o opiniones en los sujetos que han pasado de una posición social a otra. Un sujeto tendrá una serie de opiniones y creencias que sean consonantes con su situación social. Si esta situación cambia, sus antiguas opiniones o creencias entrarán en disonancia con su nueva situación social, por lo que el sujeto tenderá a cambiar sus antiguas cogniciones para eliminar la disonancia. Festinger pone como ejemplos de esto; a un estudiante universitario que pasa a ser profesor de su universidad y a un obrero que es ascendido a encargado, en ambos casos las antiguas cogniciones de los sujetos pueden producir disonancia con su nueva situación social y con sus nuevos compañeros. La estrategia menos costosa para eliminar la disonancia es el cambio de sus antiguas opiniones y creencias por las de sus nuevos compañeros. En todo caso, por razones de esfuerzo, Festinger siempre apunta al cambio cognoscitivo y/o conductual del sujeto frente al medioambiente (sociedad) como el más probable.

1.6.1.1. Conclusiones

Aunque el sujeto de Festinger es “cognitivo” y el de Freud es “afectivo”, resulta evidente que presentan una dinámica-problema común. En ambos casos existe un conflicto entre lo “interno” y lo “externo” al sujeto. Este conflicto produce displacer que el sujeto necesita eliminar o reducir,

38 utilizando los distintos medios que tiene a su disposición (mecanismos de defensa en Freud y estrategias para eliminar/reducir la disonancia en Festinger), el resultado más probable en ambos casos es el más económico, es decir, la adaptación del sujeto al medio “externo” (realidad social). Por lo anterior, podemos deducir que la respuesta de Festinger a nuestra pregunta de investigación, sería que en cualquier contexto sociohistórico en el que los sujetos no tengan el poder suficiente para transformar el orden social sin sufrir un costo significativo (una situación de democracia total), la estrategia más probable será la adaptativa, por ser psicológicamente la menos costosa.

1.6.2. Jost y Banaji: justificación del sistema

La teoría de la justificación del sistema de Jost y Banaji (1994) supuso un salto revolucionario en la psicología social estadounidense al contradecir, con abrumadora evidencia empírica, teorías muy consolidadas en la disciplina, como la teoría de la identidad social (Tajfel, 1984)34, y aproximarse a postulados tradicionales de la teoría crítica. La tesis principal de los autores es que los sujetos necesitan justificar el orden social en que se encuentran insertos, independientemente de cuan injusto sea y de si éstos pertenecen a grupos sociales que estén siendo favorecidos o desfavorecidos por él. Sin embargo, dicha “justificación del sistema” (social) tendrá efectos antagónicos para la subjetividad de los miembros de estos grupos sociales, será positiva para los miembros de los grupos favorecidos y negativa para los miembros de los grupos desfavorecidos. Jost y Banaji (1994) parten de constatación empírica de que la mayoría de las personas tienden a justificar el sistema social en que viven, pensado que es justo, legítimo, natural (inevitable) e incluso deseable, y este hecho se observa tanto en sociedades igualitarias como en sociedades con altos niveles de desigualdad social (como EEUU).

Los autores distinguen entre tres necesidades de justificación diferentes, que potencialmente podrían entrar en conflicto o contradicción entre sí. La primera es "la justificación del yo", que se refiere a la necesidad de desarrollar y mantener una imagen favorable de sí mismo (sentirse valioso, justificado y legítimo) como actor individual. La segunda es la "la justificación del grupo", y se refiere al deseo de desarrollar y mantener imágenes favorables del propio grupo social y defender y justificar las acciones de los miembros. Y la tercera es "la justificación del sistema" a la que ya nos hemos referido, que hace referencia la necesidad psicosocial de dotar a la situación actual de legitimidad y normalidad (de sentido).

Los sujetos pertenecientes a grupos de alto estatus pueden compatibilizar sin problemas la satisfacción de estas tres necesidades, es decir, pueden pensar que el sistema social es justo, tener una imagen positiva del grupo al que pertenecen (endogrupo) y tener un buen autoconcepto. Si el

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Fue postulada por Tajfel en 1972, aunque está compuesta de varios postulados, aquí nos interesan dos especialmente: a) Comparación: cuando comparamos nuestro grupo social (endogrupo) con otros grupos (exogrupos) tendemos a valorar mejor al primero; y b) Distinción: necesitamos que nuestra identidad social sea diferente y mejor valorada que la de los otros grupos.

39 mundo es justo y el sujeto y su endogrupo han conseguido una posición social privilegiada o dominante, son necesaria y justamente valiosos e importantes. Frente a ellos, los miembros de los grupos de bajo estatus social estarán en una situación de fuerte contradicción porque en su caso, aceptar que el sistema social es justo, resulta claramente incompatible con tener una imagen positiva de su grupo social y de sí mismos. Si el mundo es justo y el sujeto con su endogrupo han alcanzado una posición social desfavorecida o baja, es que ambos deben tener algún problema o carencia (inteligencia, esfuerzo, etc.), por lo tanto tienen poco valor (imagen negativa del endogrupo y de sí mismo). La única forma que tendrían los miembros de los grupos desfavorecidos de valorar positivamente a su endogrupo y así mismos sería la de pensar que el sistema social es injusto e ilegítimo, solución que parece muy infrecuente.

La necesidad de justificar el sistema social tiene un conjunto de consecuencias negativas para la subjetivad de los miembros de los grupos desfavorecidos, mientras que las consecuencias para los que pertenecen a grupos privilegiados serían muy positivas:

La primera consecuencia es que los miembros de los grupos desfavorecidos35 o de bajo estatus (de forma contraria a lo que postula la teoría de la identidad social) tienen una imagen negativa de su endogrupo36 y positiva de los exogrupos (grupos de alto estatus), lo cual supone discriminar a los primeros y a favorecer a los segundos. Por su parte, los miembros de los grupos privilegiados o de alto estatus (como prevé teoría de la identidad social) tienen una imagen positiva de su endogrupo y negativa de los exogrupos (de bajo estatus), lo que supone favorecer a los primeros y discriminar a los segundos. El resultado de lo anterior es que todos los grupos sociales (privilegiados y desfavorecidos) tienden a tener una imagen positiva de los grupos privilegiados (favoreciéndoles) y negativa de los grupos de bajo estatus (discriminándoles).

Por lo anterior, el nivel de justificación del sistema social (medido con la Escala de Justificación de Sistema Económico) está asociado a un incremento de la autoestima en los miembros de los grupos privilegiados y una disminución en los miembros de los grupos desfavorecidos. Además, el nivel de justificación del sistema también está asociado a una disminución de la depresión y del neuroticismo en los miembros del los grupos privilegiados y a su aumento en los miembros de los grupos desfavorecidos (Jost y Thompson, 2000). En este sentido, no resulta difícil entender el porqué los miembros se los grupos desfavorecidos consideran que merecen menores salarios que los miembros de los grupos privilegiados por realizar el mismo trabajo (Blanton et al, 2001). Cuanto mayor es el nivel de justificación del sistema, mayor es el favoritismo hacia el endogrupo de los grupos privilegiados y mayor es el favoritismo hacia los exogrupos (privilegiados) de los grupos desfavorecidos. Puesto que existe una fuerte correlación entre la ideología conservadora

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Los estudios se han realizado con grupos raciales (negros frente a blancos en EEUU), de género (mujeres frente a hombres), geográficos (sureños frente a norteños en EEUU y en Italia) y de clase (proletarios frente a clases medias). Ver Jost, Banaji y Nosek (2004).

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Si se utilizan mediciones explícitas, se obtiene una valoración ambivalente del endogrupo, es decir, coexisten elementos positivos con elementos negativos. Sin embargo, cuando se utilizan mediciones inconscientes (Test de Asociación Implícita), la valoración del endogrupo es claramente negativa y, además, se profundiza el favoritismo hacia los exogrupos (de alto estatus). Ver Jost, Banaji y Nosek (2004).

40 (derecha) y el nivel de justificación del sistema, las personas conservadoras de grupos privilegiados tienden a favorecer al endogrupo con más fuerza que las progresistas, mientras que las personas conservadoras de grupos desfavorecidos tienden a favorecer a los exogrupos (privilegiados) de forma más acusada que las progresistas (Levin et al, 1998; Jost y Thompson, 2000).

Las investigaciones sobre la disonancia cognitiva han demostrado que las personas que se encuentran social y físicamente más desvaloraras son las que tienen la mayor necesidad de justificar su sufrimiento. Los que más sufren son los que más necesitan justificar y racionalizar el orden social (Wicklund y Brehm, 1976).Por lo tanto, afirman los autores, el nivel de justificación del sistema será mayor en las sociedades con mayor nivel de desigualdad social (Jost, Banaji y Nosek, 2004).

En este sentido, se ha comprobado que la exposición de los grupos desfavorecidos a estereotipos compensatorios (de tipo “pobre pero honrado-feliz” o “ricos pero desgraciados-inmorales”) aumenta el nivel de justificación del sistema, al reforzar la creencia en un mundo justo donde no existe ningún grupo social que pueda monopolizar todo lo deseable como la riqueza, la salud, la dignidad o el amor (Kay y Jost, 2003).

Finalmente, Jost y Banaji afirman que la evidencia empírica acumulada por la teoría de la

justificación del sistema rechaza totalmente la hipótesis de que las personas eligen las ideologías

que mejor se acomodan a su propio interés o al de su grupo de pertenencia. Al menos los miembros de los grupos desfavorecidos no se comportan así (Jost, Banaji y Nosek, 2004).

1.6.2.1. Conclusiones

Como hemos visto, la respuesta de la teoría de la justificación del sistema a nuestra pregunta de investigación, es que los sujetos necesitan justificar el orden social en el que están insertos, independientemente de lo injusto y desigual que éste sea, aunque dicha justificación suponga la desvalorización psicosocial de sí mismos y de sus grupos de pertenecía. De hecho, la necesidad de justificar el orden social es mayor en los sujetos que ocupan una posición social desfavorecida (disonancia cognitiva).

Esta afirmación supone que los grupos sociales más dominados y explotados (proletarios, mujeres, afroamericanos, etc.) serían los principales defensores del status quo y el mayor obstáculo para su superación, en total contradicción con los postulados del homo economicus, donde se comportarían determinados por su autointerés. Además, extrañamente, supondría que las sociedades más desiguales tendrían más legitimidad social que las más igualitarias.

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