La posibilidad de una Psiquiatría comparada ya fue valorada en tiem- pos de KRAEPELIN 1, y a él mismo le sorprende la muerte cuando preparaba
una expedición con este fin. La Sociología, y mucho más la Antropología Cultural, permiten con mayor facilidad la captación de los factores que inciden de manera sobresaliente desde el punto de vista social, tanto en la provocación de los cuadros psiquiátricos cuanto en la morfología de los mismos. No obstante, la alternativa que alguna vez ha sido establecida, a saber, lo que no es cultural es biológico, quizá sea errónea, porque lo social se interfiere también en lo biológico, y a la inversa, de modo que incluso las aportaciones de la Sociología en sentido amplio deben ser tomadas con cautela.
En un primer sentido, ha sido importante la aportación sociocultural en Psiquiatría para relativizar el concepto de normalidad y anormalidad, absolutizado hasta hace unas décadas en Europa. Los trabajos de R. BE-
NEDICT 2 incidieron sobre este punto de modo fundamental: pautas de con-
ducta consideradas anómalas entre nosotros, son las prescritas en determi- nadas culturas. Pero, como señaló K. HoRNEY, lo importante no es la pauta de conducta sino la dinámica que conduce a la misma. De aquí que,
como señalábamos anteriormente, conductas extravagantes no puedan con- siderarse como anómalas, es decir, como psicopáticas, cuando conservan una dinámica normal mediante, por ejemplo, la asunción de un sistema de valores opuesto, o por lo menos distinto, del que domina en una sociedad en un momento dado. No obstante, los trabajos de BENEDICT y de otros antropólogos sirvieron para conferir una dosis de inseguridad, que ha sido muy útil, a nuestro sistema de referencias, cuando menos para hacer ver
1 KRAEPELIN realizó una expedición a Java con miras a una investigación psiquiá-
trica comparada. A su muerte, preparaba otra a la India con idéntico fin.
1. Problemas generales 55 que la conducta denominada normal puede tener múltiples formas de ma- nifestación y que en manera alguna puede calificarse con la sola atención al comportamiento tipificado. Una vez que esta afirmación se ha hecho, no sólo resulta evidente sino que sorprende que las motivaciones ideoló- gicas hayan podido oscurecer este planteamiento. En la conducta homose-
xual tenemos un excelente ejemplo de esto que decimos: no cabe duda de
que en el mundo árabe la conducta homosexual no conlleva el calificativo de «homosexual» (inversión) que entre nosotros se hace. Por tanto, «ser homosexual» implica algo más, desde el punto de vista psicológico y social, que el mero comportamiento homosexual. Es la conducta individual en función del sistema de referencia social la que motiva dinámicamente al sujeto de forma tal que en la propia dinámica debe establecerse la valora- ción de normal o anormal. Con posterioridad, al tratar de estos conceptos de normal-anormal, haré ver con más detalle esta cuestión tan problemá- tica ·y al mismo tiempo tan decisoria. Las conductas en principio más ex- cepcionales podrían ser normales, por cuanto su motivación lo implicaría; a la inversa, conductas usuales pueden ser dinámicamente anómalas, como por ejemplo, alguna conducta burocrática. En suma, la Antropología Cultu- ral no tanto ha relativizado el concepto de normalidad (y su opuesto, el de anormalidad), cuanto que ha servido para trasladar el problema de su
categorización desde la morfología de la conducta a su motivación. Por
otra parte, también el ámbito de la denominada conducta normal había sido ya relativizado a través de las investigaciones de M. MEAD 1: roles tan aparentemente ligados a la estructura biológica como los roles femenino y masculino se descubrieron meros roles sociales y, por tanto, no correlacio- nables con lo biológico sino con las pautas culturales asignadas. FREUD mismo aceptó esta correlación errónea: varón-masculinidad; hembra-femi- nidad.
En un segundo sentido -enlazado con el último punto que acabo de señalar-, la Antropología Cultural ha sido sumamente útil en
el
campo de la Psicopatología y Psiquiatría. Me refiero a la necesidad de abandonar las posibilidades de homologación entre el nivel biológico y el nivel psico-sociológico al cual corresponde la conducta. El nivel biológico tiene asig-
nadas las condiciones que hacen posible la conducta; pero las conductas como tales se rigen con respecto a reglas, a códigos, a normativas y, por tanto, son formas sociales, integradas o no integradas. Esto es válido para la intelección polidimensional de las neurosis, caracteropatías, conductas asociales, psicosis. Aun en el supuesto de que para todos estos procesos se descubra la condición somática, en tanto alteraciones de conducta sólo podrían inteligirse atendiendo a ellas en tanto conducta psicologicosocial. El ejemplo más sobresaliente de la falacia biologicista -llamo así al intento
t MEAD, M., Psycbiatry and Etbnology, en Psychiatrie der Gegenwart, vol. III,
56 Introducción a la psiquiatría, 1 de correlación biologicopsicosocial- lo tenemos en el concepto de delin- cuencia: la delincuencia no es, ni puede ser, un concepto biológico, como los epígonos del positivismo pretenden de vez en vez hacernos concebir, ahora mediante el recurso al código genético como antes a la degeneración (LoMBROSO, GALET, VERVAECK, más recientemente HooTON). El con- cepto de delincuencia es social, porque es transgresión de la norma codifi- cada, norma que puede dejar de ser tal por razones a su vez históricas y
sociales, es decir, en última instancia socioculturales. Muchos delincuentes es claro que merecen
el
calificativo de psíquicamente anómalos, pero es atendiendo a la conflictualidad íntima que motivala conducta, que, además,
resulta ser delictiva, o precisamente por ser delictiva. Para otros delincuen- tes, la consideración de normal sería indiscutible; ejemplo de los mismos lo hallaríamos en delincuentes del tipo del estafador, del que evade capi- tales, etc. Volvemos, pues, sobre el mismo enfoque del problema desde distintos puntos de partida: la consideración de normal o anormal es una forma de discurso social respecto de la motivación de la conducta, la cual sólo se hace posible merced a la integridad de los procesos biológicos. De acuerdo con esto,lo
anormal de una conducta, tal como en determinado contexto golpear el rostro de alguien, no reside en alguna peculiaridad fisio- lógica del acto, sino en la dinámica de la motivación. Cuando decimos,con otras palabras, que el criterio de normalidad o anormalidad de una conducta -me extenderé sobre este problema en la Psicopatología (por ejemplo, en 2.5.3)- ha de derivarse del contexto en
el
cual la acción se lleva a cabo, y por tanto el carácter de cocontextualidad que debe presidirlo,es decir, de adecuación al con texto, hacemos referencia al hecho de que, para cada situación, hay reglas decisorias de la operatividad con ellas, un grupo de las cuales responderá al criterio de normalidad, las otras al de anormalidad. Pero en otras circunstancias, tales los contenidos de las neu- rosis y psicosis, la investigación sociológica ha podido mostrar su eficacia frente al modo simplista de concebirlos que implica la falacia hiologicista. Varios autores (STAEHLIN 1, VoN ÜRELLI 2, RuFFIN 3) han hecho ver que los contenidos de las depresiones han sido modificados en el sentido de una disminución de formaciones delirantes de autoculpabilidad, mientras que en sujetos religiosos afectos de depresiones su frecuencia se hace mayor y afloran abundantemente las instancias de autocastígo. En otro respecto, incluso puede afirmarse un aumento de los síndromes depresivos (CASTILLA DEL Pmo 4), sin determinación ahora de su catalogación, de manera que tanto la neurosis como la psicosis tienden a adoptar la tristeza como forma prevalente de manifestación, frente a la de hace unas décadas, caracteriza-
1 STAEHELIN,
J.,
Uber Depressionszustande, Schwz. Mediz. Woch., 85, 1955 .2 ÜRELLI, A. von, Der Wandel des l nbaltes der Depressiuen Ideen bei der reinen Melancholie, Schw. Arch. f. Neurol. Psychiat., 73, 1954.
3 RuFFIN, H., Melancholie, Deutc, mediz. Woch., 82, 1957.
1. Problemas generales 57 das más especialmente por las crisis de angustia y, más anteriormente, por síntomatología histérica. La gran histeria es de presentación rara. Y KRANZ 1,
que en el curso de varios decenios ha estudiado los contenidos de las psi- cosis delirantes, ha confirmado también modificaciones en los mismos.
De interés enorme para la Psicopatología y la Psiquiatría ha sido el concepto de ~'<-anomia, introducido por E. DuRKHEIM 2, pero enriquecido
con las aportaciones de MERTON 3, MACIVER, PARSONS 4, BALES y Rres- MAN 5, entre otros. Como señala el propio MERTON, tal y como ellos han planteado el concepto, se trata de un nivel intermedio entre la Sociología y la Psicología social, de manera que, sobre todo MERTON, ha contribuido a una tipificación de la conducta como respuesta a situaciones genéricas: los tipos de «conformidad», «innovación», «ritualismo», «retraimiento»
y «rebelión» son formas de respuestas globales que permiten, sin esfuerzo, la matización casuística ulterior que lleva a cabo la investigación psicoló- gica incluso de corte dinámico. El retraimiento, entre otros, por ejemplo, representa a nivel sociológico lo que
el
autismo enel
nivel psicológico. Salvo la compilación de CLINARD y el uso que hice de este concepto en mis trabajos sobre la depresión y la culpa, el concepto de anemia no ha mere- cido por parte de los psiquiatras el interés que merece.Un último aspecto a considerar es la contribución, tanto de la Sociolo- gía cuanto de la Antropología Cultural, en orden a la patogeneidad del medio. Ejemplo de ello es la distribución de las neurosis y psicosis según clases sociales (FARIS y DUNHAM 6, HoLLINSHEAD y REDLICH 7, BASTI- DE 8, ELLENBERGER 9, etc.) o los estudios realizados acerca de la influencia
de los desplazamientos migratorios en las alteraciones de conducta (una revisión en CASTILLA DEL PINO 10), o el análisis de una conducta, tal como
el
suicidio (DURKHEIM), en función de las variables sociológicas.En resumen, la introducción de los aspectos socioculturales en Psiquia- tría supone de hecho
el
abandono de un 1'biologicismo o un "psicogenismo(LAGACHE), no para recaer en
el
sociogenismo, sino para evitar la conside- ración simple y mecánica de la producción psico(pato )lógica y del plantea- miento psiquiátrico.1 KRANZ, H., Wahn und Zeitgeist, Stud. Gen., 20, 1967; y también Das Thema des
Wahns im Wandel der Zeit, Forts. Neurol. Psych., 23, 1966. ·
2 DuRKHEIM, E., El suicidio, trad. cast., Buenos Aires, 1965.
3 MERTON, R. K., Teoría y estructura sociales, trad. cast., México, 1964.
4 PARSONS, T., La estructura de la acción social, trad. cast., dos vols, Madrid,
1968.
5 RIESMAN y otros, La muchedumbre solitaria, trad. cast., Buenos Aires, 1964.
6 FARIS y DuNHAN, Mental disorders in Urban Areas, Univ. Chicago P., 1939.
7 HOLLINSHEAD y REDLICH, ob. cit. en 1.1.4, nota 7.
8 BASTIDE, ob. cit. en 1.1.4, nota 6 .
• 9 ELLENBERGER, H. F., Etbno-psycbiatrie, en Psycbiatrie, de la Enciclopedia, Med.
quir., tres vols., vol. III, 1965.
10 CASTILLA D'EL Prno, Aspectos psicopatológicos de la emigración, España Econó-
58 Introducción a la psiquiatría, 1.3. EL LUGAR DE LA PsICO(PATO)LOGÍA EN EL ÁMBITO DEL SABER.
PROBLEMAS *EPISTEMOLÓGICOS