CAPÍTULO II: EL FENÓMENO ZOMBI
2.4. Reflexiones desde la teoría psicoanalítica sobre las representaciones del fenómeno zombi
2.4.3. Pulsión de muerte
“- Padre Gabriel: Los vivos son tan peligrosos como los muertos”
“- Daryl: No. Son mucho peor” (The Walking Dead, episodio 2, temporada 5, 2014).
En Más allá del principio del placer (1920), Freud se cuestiona sobre hechos que no podrían ser dirigidos por el principio del placer, sino por una fuerza oscura que lleva al sujeto a repetir actos que no tendrían como objetivo el cumplimiento de un deseo. Fruto de este interrogante, Freud propone la existencia de la pulsión de muerte que tiene que ver con el retorno a un estado anterior, inanimado, donde no haya tensión. Melman (2005)
menciona que el “profundo anhelo de la humanidad es el de morir, de desaparecer” (p.
130), que en parte explicaría nuestras conductas poco ecológicas hacia el medio ambiente que cada día está más contaminado. Mientras que Lacan (1959-1960) señala que existe un
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“punto de escisión entre, por un lado, el principio del Nirvana o del anonadamiento […] y,
por otro, la pulsión de muerte” (p. 255). La última tendría una función creadora de la que
se hablará más adelante.
Las manifestaciones de la pulsión de muerte son difíciles de constatar, pero es posible hacerlo por la manera en la que se expresa en el interior del sujeto – lo cual tiene un fuerte nexo con la severidad del superyó. Pero sobre todo, se torna visible por la manera en la que
se vuelca hacia afuera “como pulsión de destrucción dirigida al mundo exterior y a otros seres vivos” (Freud, 1923, p. 43). Tanto la pulsión de vida como la de muerte son inherentes al ser humano y ambas actúan en las distintas actividades que desarrolla y pueden entrar en conflicto. Se tiende a pensar que la pulsión de muerte no gobierna dentro del ser humano, porque se considera que este cuenta con una bondad innata. Al dejar de lado estas mociones hostiles y mortíferas causa tanta sorpresa de cuanta crueldad es capaz el hombre.
En los videojuegos de zombis como Resident Evil, Left 4 dead o Killing floor, hay un alto nivel de violencia a la que se entregan sus jugadores. Hay una descarga de la tensión que no pueden volcar sobre los que lo rodean, pero que encuentra su salida al disparar a una horda hambrienta de zombis. O en la formación de grupos en la que varios jugadores preparan un plan de ataque contra los infectados.
¿Qué limite se franquea con el zombi – antes humano – que se alimenta de la carne del hombre? En Tótem y tabú (1913), Freud plantea la importancia del tabú como el código penal más antiguo y entre sus significados se encuentra la relación con lo sagrado y lo ominoso. La violación del tabú implica consecuencias graves, entre ellas la muerte, lo cual no parece amenazar a los seguidores, que están expuestos a escenas donde priman tanto el asesinato y el canibalismo – que si bien no las realizan, tampoco hacen nada para evitarlas. Melman (2005) menciona que la sociedad actual promueve el incesto – su prohibición instituye un orden social y un marco de referencia –, la reivindicación de todos los derechos que el sujeto se cree merecedor, pues ¿quién tiene la autoridad para juzgar entre lo bueno y lo malo?
Se creería que en la antigüedad se asesinaba y practicaba el canibalismo de manera indiscriminada; no obstante, los estudios antropológicos revelan que para estas prácticas había preceptos que debían cumplirse u ocasiones en los que eran permitidos. Tal es el caso de la tribu Baruya de Papúa Nueva Guinea, quienes otorgaban pleno derecho a las
52 madres de asesinar a sus hijos al nacer o que las personas se alimentasen de la carne de sus enemigos y guerreros – para apropiarse de su fortaleza (Godelier, 2000). Se resalta el hecho de que existe una ley que regula las interacciones entre los sujetos, pues una
sociedad no subsistiría sin ella. Más aun, “no habría razón alguna para prohibir lo que, sin
prohibición, no correría el riesgo de ejecutarse” (Lévi-Strauss, 1969, p. 52). En todo caso,
en las palabras de Héctor Arruabarrena (1986), “Se habla porque se desea, hay deseo porque hay prohibición” (p. 140). Sin una ley no podría existir deseo que circule; la prohibición en la realidad no impide que en el género Z se puedan desplegar estos deseos hostiles y canibalísticos.
No se pueden negar esas mociones que son rechazadas por la sociedad por el peligro que representan en la desestructuración del sistema establecido. Aunque “la inclinación
agresiva es una disposición pulsional autónoma, originaria, del ser humano […] la cultura
encuentra en ella su obstáculo más poderoso” (Freud, 1930, p. 117) Esto también lo trató Freud en De guerra y muerte (1915), donde explica sobre las mociones hostiles que surgieron durante la Primera Guerra Mundial en la cual las grandes potencias en lugar de mostrar cuán cultas eran, actuaron con brutalidad y sin atisbos de reproche. Eso habla de aquello que acarreamos desde épocas primitivas, de un gusto por matar, “un obrar
prohibido para el que hay intensa inclinación en lo inconciente [sic]” (Freud, 1913, p. 40), pero que es sofocado por la cultura.
Por este motivo, resulta probable identificarse con personajes que presentan algún conflicto psíquico – ya sea por estructura o en reacción a un evento crítico –, puesto que en el interior del espectador, lector o jugador se están librando batallas similares. Cuando Selena, personaje de 28 días después (2002), mata a su compañero al ser mordido, incluso antes de convertirse, permite recordar situaciones en las que se debe tomar una decisión de vida o muerte, a pesar de que implique un daño sobre el otro. Otros personajes son más complejos por la perversión que muestran en sus relaciones, como el Gobernador en The Walking Dead (2010- ), quien logra jugar con las personas como si fuesen piezas de ajedrez, peones que pueden ser sacrificados para obtener lo que desea. Con el deseo de
agredir al otro: “¿Frente a qué retrocedemos? Frente al atentar contra la imagen del otro, porque es la imagen sobre la cual nos hemos formado como yo” (Lacan, 1959-1960, p. 236). Pero si ese otro no es más considerado un igual, no hay más nada que vincule al sujeto con el que antes era su prójimo.
53 Surge nuevamente el cuestionamiento de lo que es capaz el hombre por sobrevivir o proteger a los suyos (Muñoz, 2010). En los diferentes films se retratan actos despreciables que no serían cometidos en otras situaciones, pero la supervivencia tiene un costo, es la propia vida o la del otro. Ya no se trata de matar a los zombis, sino de luchar contra otro
ser humano, consciente de cada acto, pues “en el mundo ya no quedan humanos, solo
zombies [sic] y hombres que renunciaron a su humanidad” (Labra, 2012, p. 102). Cabe preguntarse qué es lo que hace humano al hombre, ¿la palabra? Pero cuando no media la palabra, aparece el acto.