Hemos sido testigos de cómo, gracias a la intervención liberadora de la Iglesia ocurrida en 1926, Jacques Maritain decidió abandonar la dedicación exclusiva al orden especulativo y abrirse a la reflexión sobre la filosofía práctica. Jacques decide restituir su razón y ponerla al servicio de las cosas temporales sin alejar su vista de lo eterno. En estos tiempos se hizo consciente de que su vocación de servir a los hombres no sólo debía realizarse en el plano temporal sino en el espiritual. Así llegó el momento de síntesis integradora: conciliar lo espiritual y lo temporal.
Comprendió que el filósofo debe enfrentarse con el ser humano en su condición existencial e histórica y que dicha condición no excluye la referencia a lo trascendente.
El humanismo integral de Maritian se desarrolló al filo de la cornisa que se halla entre la metafísica tomista y el cristianismo. Su visión de futuro no sólo lo llevó a reflexionar acerca de las condiciones necesarias para lograr un verdadero humanismo sino que, cual profeta, auguró lo que en el Concilio Vaticano II, en la Gaudium et Spes, se desarrolla acerca del hombre, de la sociedad y de su plenitud.
“(…) la esperanza escatológica no merma la importancia de las tareas temporales, sino que más bien proporciona nuevos motivos de apoyo para su ejercicio.” 162
Una vez más nos encontramos cara a cara con lo que desempeñaría un rol fundamental no sólo en la vida sino también en la filosofía práctica de Jacques Maritain: la esperanza.
162
En Humanisme Intégral Maritain puso las bases de una filosofía de la esperanza como dimensión esencial de la cultura. No olvidemos que su preocupación por el orden temporal surgió como consecuencia del papel importantísimo que jugó la esperanza en su experiencia existencial.
Pero dicha filosofía de la esperanza no se inscribe sólo entorno al destino personal del individuo, sino que se abre a su dimensión histórica y temporal. En efecto, Jacques Maritain, basando su propia vida en la esperanza del porvenir, proyectó también, desde su propia situación de profunda incertidumbre, toda la tarea filosófica y su compromiso con la humanidad.
Así, debajo del sentimiento de la esperanza, que puede presentarse constituyendo al hombre que fía en la realidad, Jacques halla una estructura ontológicadela espera, fundamental para la existencia humana.
El análisis filosófico del rol de la esperanza en la vida y la obra maritainiana presuponen una antropología y una metafísica del todavía no. Jacques, aún siendo estudiante, consideraba la existencia del hombre como una dialéctica que oscilaba entre una naturaleza humana donada (que implicaba un esse minimum) y su orientación entorno a su esse plenum. Así, se reconoció y reconoció también a todo hombre como viator, como un ser que busca la realización efectiva de sí mismo. Partió, sin ser demasiado conciente de ello, de la estructura de esperanza que tiene por corazón el dinamismo ontológico del todavía no.
Dicha proyección de futuro constituye el resorte del ser humano en camino, de aquí que una vez experimentada la esperanza en la propia vida familiar e intelectual, Maritain bregue por extenderla al ámbito cultural y destaque con tanto ahínco el papel que juega en ella el hombre.
Jacques Maritain encuentra en la esperanza la respuesta del ser humano a la realidad potencial de su existencia, respuesta que es una apertura a la actualización de sus posibilidades pues se comporta como la entelequia
del devenir de la persona, de su conocimiento de la realidad, de la historia y de la comunidad. Podríamos decir que para Jacques, negar la existencia de la estructura de esperanza sería negar la posibilidad de la plenitud humana.
Es la esperanza la que anima y configura el misterio del hombre y su devenir histórico. Hacemos nuestras las palabras del Pbro. Scarponi “¿Cómo sería posible imaginar y pensar la vocación universal al desarrollo cultural del humanismo integral, si no es a partir de una visión esperanzadora del hombre y de su historia temporal?” 163
Maritain fue un hombre que confió en el hombre, que esperó en él. Su pensamiento estuvo orientado al porvenir, en la esperanza de una renovación de la naturaleza humana centrada en el Evangelio. ¿Y cuál fue el fundamento último que le permitió esperar confiadamente?
“Aquello que en definitiva nos permite esperar, es el hecho de que existe hoy, invisible de suyo, sin duda, pero así mismo discernible por muchos signos, un despertar, yo no digo en la multitud, pero en ciertas almas, menos raras de lo que se cree, de esta vida de oración contemplativa y de unión con Dios que es la fuente oculta donde el amor se derrama por miles de caminos secretos, y que conduce y sostiene el trabajo de los hombres que se consagran a la acción apostólica, como de aquellos que se consagran a la acción temporal tal como aquella es requerida para que el mundo no perezca. (...) Una invisible constelación de almas dedicadas a la vida contemplativa, yo digo en el mundo mismo, en el seno mismo del mundo, he aquí en definitiva nuestra última razón de esperar.” 164
El precedente texto corresponde al año 1966, prácticamente en al ocaso de su vida, pero nos interesó mostrarlo aquí para remarcar la coherencia de su pensamiento.
163
Scarponi, Carlos A.; La filosofía de la cultura en Jacques Maritain: génesis y principios fundamentales, EDUCA, Buenos Aires, 1996, pág.842
164
“Ce qui en définitive nous permet d´espérer, c´est le fait qu´il y a aujourd´hui, invisible de
soi, sans doute, mais quand même discernable par vien des signes, un éveil, je ne dis pas dans la
multitude, mais dans certaines âmes, moins rares qu´on ne croit, de cette vie de prière contemplative et d´union à Dieu qui est la source cachée d´où l´amour se répand par mille cheminements secrets, et qui porte et soutient le travail des hommes qui se dévouent à l´action apostolique, comme de ceux qui se découent à l´action temporel telle qu´elle est requise pour que le monde ne périsse pas. (...) Une invisible constellation d´âmes adonnées à la vie contemplative, je dis dans le monde lui-même, au sein même du monde, voilà en définitive notre ultime raison d´espérer.” Maritain, Jacques; Approches sans Entraves, ŒC, Vol. XII, pág. 763-764. Traducción y remarcado propios.
Más allá de los innumerables estudios realizados sobre la aparente contradicción en el pensamiento de nuestro autor con el correr de los años, éste párrafo demuestra lo contrario. Aquí nos ha dejado lo que ha sido, a lo largo de su vida y obra, su más profunda preocupación: la primacía de lo espiritual y la primacía de la persona humana entendidas e integradas en la estructura de esperanza. De igual modo que en Humanismo Intégral, Maritain no renunció jamás “a la esperanza de una nueva cristiandad, de un nuevo orden de inspiración cristiana.”165 Confió en la persona humana, en su naturaleza racional y libre articulada sobre un “esencial esperar” de resolución escatológica.
Él adoptó como actitud ante el hombre, su historia, lo temporal y lo trascendente una esperanza integral y es en esa clave que debemos leer y reflexionar su vida y su obra. Jacques Maritain no sólo vivió conforme a la estructura de esperanza, sino que tuvo clara conciencia de que ella era el elemento decisivo para cualquier intento de efectuar cambios, sobre todo a nivel social. Ello se debe a su estructura dinámica puesto que la esperanza es un intenso “estar listo para actuar”.
Sin embargo, Jacques se encontraba (como hoy en día nos hallamos) con interpretaciones erróneas y confusas en torno a la esperanza y su esfuerzo por desterrarlas quedó plasmado, sobre todo, en Humanisme Intégral.
Una de esas falsas interpretaciones tiene que ver con la confusión de esperanza con utopía. En la obra mencionada hace una dura crítica a este tipo de “falsa esperanza” y propone, en cambio, un “ideal concreto”.
Maritain descarta como posibilidad de instaurar un auténtico humanismo aquél basado en la “idolatría del futuro” o en el “culto del progreso burgués”. Uno y otro suponen la enajenación de la esperanza, porque lejos de esperar que ocurra algo ahora gracias a la acción del hombre en el actual día, se espera que ocurra en la “posteridad”, en un “futuro ideal”, sin que éste haga nada.
165
“(...) à l´espoir d´une nouvelle chrétienté, d´un nouvel ordre d´inspiration chrétienne”. Maritain, Jacques; Le Philosophe dans la Cité, ŒC, Vol. XI, pág. 42-43. Traducción propia.
Nuestro autor decidió desterrar esta dicotomía que lleva a la confusión. Vivir conforme a la esperanza, para Jacques, no supone optar entre la anarquía o la revolución, entre la vida burguesa o un sistema soviético. De lo que se trata aquí es del bienestar humano, de ejercitar productivamente todas sus facultades y de que todos los rasgos que conducen a la sociedad a la “pasividad resignada” muten no en un activismo desmedido sino en una “participación activa” en los asuntos de su cultura. El filósofo francés reemplaza las falsas esperanzas por una “esperanza integral”.
Porque la cultura es el mundo que la persona crea para perfeccionar su vida y su ser de una manera integral, logrando su cima con el perfeccionamiento de su vida espiritual, es que debe desarrollarse como un verdadero humanismo. Y dado que, en tanto ubicada en el tiempo, cesa con la muerte, sin embargo prepara al hombre para la consecución de su meta definitiva. Por ello, aunque transitoria como la vida terrena, la cultura (si se trata de un desarrollo integral del hombre, esto es basado en la auténtica estructura ontológica de la esperanza) dispone, conduce o abre a la “plenitud definitiva”.
Maritain está convencido que el cambio que debe operarse en la cultura hacia un verdadero humanismo debe hacerse atendiendo a la estructura de esperanza y por ello considera al cristianismo como el espíritu que debe animar dicha transformación. Él sabe perfectamente que el cristianismo no es una doctrina social ni económica ni política y que su misión es santificar la vida interior del hombre y su actuar todo. Sólo que también es consciente que desde esta raíz divinamente transformadora del hombre, el cristianismo sana la naturaleza humana, confiere a la inteligencia y a la libertad el poder reencontrarse con el valor y la dignidad de la persona, y así desde la interioridad del hombre fundamentada en los principios morales inmutables, dé solución a los problemas temporales.
El orden temporal, animado por el cristianismo (que tal como hemos explicado en su momento supone también la participación de los no cristianos), influye en la organización recta de lo humano y, mediante esta purificación, instaura un orden “humanista e integral”. Para nuestro autor, la Nueva Cristiandad no implica que la Iglesia se inmiscuya como tal en la órbita estrictamente temporal y propia del estado (esto correspondería al modelo
Medieval), antes bien su intervención se da a través de sus hijos, animados por su espíritu.
La reflexión de Maritain denota en su conjunto una confianza fundamental o primera, inscripta en las profundidades de la persona que, lejos de cerrarse sobre ella, busca trascender hacia Otro. Diríamos que la espera humana muestra aquí su cara supra- situacional, supra- racional e indefinida puesto que a diferencia del animal no espera a lo que se siente estimulado sino que debe ajustarse a la realidad futura anhelada.
La esperanza de Maritain no se anquilosa en lo meramente temporal sino que lo trasciende. Se trata de una esperanza fundamental, que comporta un momento supra - temporal, abierto al porvenir y que logra su plenitud en el abandono confiado al absoluto.
De este modo colabora con la realización ordenada de lo temporal y espiritual de los hombres, y tanto más cumplidamente lo alcanza cuanto más se dedica a realizar su fin sobrenatural, que no es sino la transformación del
homo viator en homo beatus, más allá de la vida del tiempo.
En otros términos, la filosofía de la esperanza maritainiana está fundada en una auténtica metafísica existencial cuya fe en el hombre, su racionalidad y su moralidad proyectan a la aceptación libre y confiada en la existencia del Tu absoluto, porque el esperanzado, a través del “algo” concreto que en cada caso espera, lo espera “todo”.