JAIME PONTE MITTELBRUNN
REHABILITADOR INFANTIL. MASTER DE ATENCIÓN TEMPRANA.
FERROL 1 2 3 4 5 6 8 7
(1)Karoly, L.A., P.W. Greenwood, S.S. Evering-
ham,J.Hoube,M.R.Kilburn,C.P.Rydell,M.San- ders, and J. Chiesa (1998) “Investing in Our Children: What We Know and Don’t Know about the Costs and Benefits of Early Childho- od Interventions”. Santa Monica, CA. RAND.
El estudio de estos programas pone en evidencia las importantes consecuencias a medio y largo pla- zo de realizar atención temprana durante los primeros años de vida: • Mejor disposición a la escolarización. • Mejores rendimientos educativos. • Mayor responsabilidad y adaptación social.
• Mayor facilidad para acceder al empleo y para la obtención de mejo- res rentas.
• Mayor estabilidad en las conductas sociales.
Además, el estudio RAND y otras inves- tigaciones(2) confirman lo que la mayoría
de los profesionales de la atención tem- prana saben por experiencia:
1- Que esta eficacia se funda en el corto plazo y, en primer lugar,en su aportación a la sensibilidad y cali- dad de las primeras relaciones sociales.
2- Que el aspecto nuclear de la aten- ción temprana consiste en f acilitar la relación entre el niño y sus cuida- dores principales, de manera que, compartiendo la vida cotidiana, cons- truyan un mundo en el que se reco- nocen y se quieren como padres e hijos.
3- Que las actitudes de los padres hacia los hijos suelen correspon- derse con su sentimiento de inclu- sión social, seguridad y confianza en el futuro.
Estas conclusiones nos sitúan ante la necesidad de asumir las funciones pater- nas y de la relación familia-comunidad como los temas más relevantes de la atención social a la primera infancia, temas que deberían anteponerse,en sen- tido jerárquico, a cualesquiera otros.
Como es sabido, la relación entre padres e hijos se va haciendo, simbóli- camente, mucho antes de que nazca el niño o la niña. Cuando éste viene al mundo recibe un anticipo de toda esa carga simbólica en su nombre y apelli- dos que es el rito social donde se for- maliza una filiación, un amor diferen- cial, al que el niño, de entrada, es aje- no. Pero gracias a esta carga simbólica, sentimental, los cuidadores están dis- puestos a ser padres, es decir a utilizar gran parte de su tiempo vital (la totali- dad en el caso de la madre durante los primeros meses) para que el orden biológico del niño se reconozca en el orden social que lo acoge. Este proce- so de diálogo nos lleva por el camino, aparentemente fácil, de la socialización: la sonrisa social, el sentimiento de ape- go seguro, la emergencia del juego y del mundo simbólico propio
del niño.
Ahora bien, este es un itinerario ideal. El tránsito por ese itinerario no siempre se realiza con esa sencillez. Cuando el niño tiene problemas de salud, madurez o integridad corporal (aspectos que no vamos a tratar aquí) puede tener dificultades para partici- par activamente en ese recorrido. Pero, también, cuando los padres carecen de tiempo, se encuentran estresados o deprimidos, tienen con- ductas negligentes o carecen de medios, su aportación puede ser inadecuada o ineficaz poniendo en grave riesgo el desarrollo emocional y la adquisición ordenada de las funcio- nes mentales.
En el caso de los niños con discapa- cidades o en situaciones de alto riesgo el proceso de diálogo, en aparien-
cia natural, en el que participan padres e hijos puede estar amena- zado. A las dificultades habituales del orden formal (del conocimiento) o simbólico (del sentimiento) que des- orientan en el trato y las necesidades del hijo, se suma el aumento de gastos (hasta el doble o el triple del coste habitual por hijo), el aumento del tiempo de dedicación (que puede lle- var a la pérdida de otras realidades o expectativas formativas, de ocio o tiempo libre), la pérdida de las redes sociales y el sentimiento de estigma y aislamiento social. Sea por desconoci- miento, confusión o estrés el caso es que, por un lado, las funciones paren- tales y las rutinas en que se hace la familia y, por otro, su participación en la vida de la comunidad, se resienten gravemente.
Resulta interesante señalar como las familias de los niños con discapaci- dad tienen sentimientos de exclusión social(3). Y que estos sentimientos se
dan incluso en familias que, objetiva- mente, por su nivel de ingresos o posición social no parecen estar en esa situación. Lo que nos advierte sobre la importancia de conocer el fondo proyectivo de los miembros de la familia, sus expectativas y la tras- cendencia que puede llegar a tener un hijo en esa proyección. En una socie- dad estratificada, los movimientos sociales pueden ser ascendentes y descendentes por lo que el bloqueo proyectivo también se siente como exclusión. En cualquier caso, las situaciones de exclusión social, sub- jetivas u objetivas implican un alto riesgo para el desarrollo infantil. Y, si bien no existe una fórmula matemá- tica que correlacione desarrollo y
• La Atención Temprana en el Ámbito de los Servicios Sociales •
(2)NICHD Early Child Care Research Network
(1997). ‘The Effects of Infant Child Care on Infant-Mother Attachment Security: Results of the NICHD Study of Early Child Care’. Child Development, 68: 860-879.
(3) Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales,
(1999):“Necesidades, demandas y situación de las familias con menores discapacitados 0-6 años ”. Madrid. IMSERSO.
(4)Guralnick, M. J. (1997) “The Effectiveness
of Early Intervention”. Baltimore. Paul H. Brookes Publishing Company.
• La Atención Temprana en el Ámbito de los Servicios Sociales •
estatus de inclusión o exclusión, resul- ta indudable que la presencia de más factores de exclusión y menos de pro- tección acrecienta la vulnerabilidad y la aparición de trastornos del desarro- llo o marginación infantil aunque no todas las familias respondan igual ante estos factores ni las consecuencias se puedan predecir con exactitud (4). De
todas formas, cuando las familias con- viven de manera prolongada con los elementos que se identifican como claves en la exclusión social:
• La retracción o marginación de la vida laboral y social.
• La pobreza o escasez de recursos económicos y las malas condiciones de vida.
• El sentimiento de aislamiento e impotencia proyectiva.
• La ausencia de seguridad y el senti- miento de amenaza.
Puede predecirse un recorrido vital con elevada exposición a factores de estrés y una alta probabilidad de que el niño tenga retrasos en el desarrollo psico- motor y la adquisición del lenguaje, la lectura y la escritura, bajo rendimiento escolar, desescolarización temprana, alteraciones reiteradas de la conducta y, finalmente, marginación laboral y social.
Estas consideraciones nos alertan sobre la urgencia de disponer de nue- vos medios para apoyar la calidad de las funciones parentales. En la situa ción histórica de España, el cambio acelerado en las aspiraciones y roles de la mujer, el rápido debilitamiento de la familia y de las redes sociales tradi- cionales, la movilización social y cultu- ral hacia nuevas formas de vida, confi- guran un panorama familiar más
abierto pero también más frágil para el desarrollo de muchos niños y niñas.Un panorama que requiere la revisión del sistema de ayudas sociales directas e indirectas a la familia, la pro- longación de los permisos y la mejor formación de los padres, el acceso a cuidados alternativos regulados y de calidad.
La eficacia comprobada de la aten- ción temprana podría multiplicarse si, paralelamente a estas medidas genera- les, se consolidan y respaldan las redes de equipos interdisciplinarios ubicán- dolos en Centros del Desarrollo Infantil y Atención Temprana(5)
(CDIAT) sectorizados, próximos a las familias y los recursos de atención pri- maria. Centros que deberían servir como referencia para atender, no sólo a los niños con discapacidad o en situa- ción de riesgo sino a cualquier proble- ma o preocupación que se presente relativo a las rutinas de socialización. Esta función preventiva será cada vez más importante para ofrecer una alternativa científica al debilita- miento del modelo tradicional de socialización(6) que se ha venido trans-
mitiendo de abuelas a madres e hijas. Este modelo tradicional, en el que los niños y niñas contaban con la dedica- ción total de las mujeres y éstas esta- ban formadas en una cultura de crianza, permitía la aplicación "espontánea" de un conjunto de saberes cruciales para el desarrollo humano. Pero el cambio social aleja a la mujer de esa cultura. En pocos años, habrá que pre- ocuparse no sólo de los embarazos adolescentes sino también de los tardí- os, ya que los nuevos padres apenas saben lo que es un niño o una niña real. Y los desajustes entre fantasía y reali-
dad, por exceso o defecto, son el cam- po de cultivo para disfunciones paren- tales. Tal y como ha ocurrido con las costumbres de alimentación o higiene (primero desplazadas y luego integradas por el sistema sanitario) las costumbres de socialización y educación temprana tendrán que ser incorporadas a la cien- cia emergente del desarrollo infantil y puestas a disposición de la población y de los nuevos cuidadores de la infancia a través de recursos expertos.
En relación a la atención temprana, para la etapa que se avecina, habrá que avanzar en el proceso de estandariza- ción de la intervención así como en establecer sistemas de indicadores que nos permitan estudiar y evaluar los problemas y la eficacia del trabajo rea- lizado. En el ámbito de los servicios sociales, la próxima publicación de la Organización Diagnóstica en Aten- ción Temprana (7) (ODAT), que inclu-
ye un extenso catálogo de factores de riesgo y situaciones de exclusión social permitirá que los profesionales de los servicios puedan detallar y analizar, caso por caso, la presencia e influencia de los factores familiares y contextua- les en la aparición, evolución y eventual solución de los trastornos del desarro- llo, proporcionando una información de gran importancia para afrontar otras tareas preventivas o globales: inciden- cia y factores que influyen sobre la prematuridad y bajo peso,embarazos no deseados, situaciones de abandono; factores de estrés y protección emer- gentes en cada zona; estudio de las necesidades instrumentales y formati- vas de los futuros padres y cuidado- res,... funciones que requieren, todas ellas, la cooperación social del conjun- to de la comunidad.•
(5) Grupo de Atención Temprana (2000)
“Libro Blanco de Atención Temprana”. Madrid.Real Patronato de Discapacidad.
(6)Phillips, D.A., Shonkoff, J.P. (eds) (2000)
“From Neurons to Neighbourhoods:The Scien- ce of Early Childhood Development”. Was- hington, DC. National Academy of Sciences.
(7)Grupo de Atención Temprana (en revi-
sión) “Organización Diagnóstica en Aten- ción Temprana” . Madrid. Real Patronato de Discapacidad.