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La réplica del simulador de cerebro (The brain simulator reply BSR)

3. Capítulo III: Respuestas y evaluación del Chinese Room Argument

3.1. Las réplicas al CRA

3.1.3 La réplica del simulador de cerebro (The brain simulator reply BSR)

La tercera réplica que considera Searle al CRA es la así llamada réplica del simulador de cerebro. Lo que hará esta réplica es reemplazar las condiciones iniciales del programa computacional que considera el CRA (programa computacional con reglas y operaciones sobre cadenas de símbolos que hacen las veces de oraciones de un lenguaje), por un programa computacional que modele la secuencia real de interacciones neurales que ocurre en el cerebro de un hablante nativo de chino en el momento en que él entiende chino:

“Suponga que diseñamos un programa que no represente la información que tenemos acerca del mundo, como la información presente en el programa de Schank, sino que simula la secuencia real de interacciones neurales en la sinapsis del cerebro de un hablante nativo de chino cuando él entiende historias en chino y produce respuestas a ellas. La máquina toma historias en chino y preguntas acerca de ellas como input, simula la estructura formal de cerebros chinos que procesan esas historias, y da como resultado respuestas chinas como outputs. Podemos incluso imaginar que la máquina opera, no sólo con un programa serial,

sino que con un completo conjunto de programas operando en paralelo, de la manera en que los cerebros humanos reales presumiblemente operan cuando ellos procesan el lenguaje natural” (Searle, 1980, p.8)

La conclusión que la BSR obtiene, a partir de considerar la posibilidad de un programa que simula los patrones formales de interacciones neurales que ocurren, de igual manera, en el cerebro de un hablante nativo de chino cuando él entiende un lenguaje natural es que lo que cuenta para el nivel de la sinapsis neural (patrones formales de comprensión), cuenta también para el nivel posesión de estados mentales de comprensión (entender la historia y producir respuestas coherentes a preguntas sobre la historia):

“Ahora, seguramente en ese caso [el de la BSR] deberíamos tener que decir que la máquina entiende las historia; y si nos negamos a decir eso, ¿no deberíamos también tener que negar que los hablantes nativos entienden las historias? Al nivel de la sinapsis, ¿qué podría o puede ser diferente entre el programa de la computadora y el programa del cerebro chino?” (Searle, 1980, p.8).

Frente a la BSR, y antes de presentar su respuesta, Searle nota que esta réplica al CRA tiene un componente bastante extraño si es que viene de un partidario de la IAF. En efecto, como veíamos en el capítulo I y II, si para la IAF la mente es al cerebro lo que el programa es al software, entonces, podemos entender la mente sin conocer cómo funcionan las interacciones neurales del cerebro: un programa puede ser realizado por diferentes hardware. Y si ahora, con lo que propone la BSR, debemos conocer cómo funciona el cerebro para entender cómo funciona la mente, entonces parece que la IAF ya no parece necesaria. En otras palabras, parece que la BSR, sin ella quererlo, reduce al absurdo a la IAF: es (BSR) y no es (IAF) necesario el nivel de la sinapsis neural para entender el funcionamiento de un estado mental.

Sin embargo, la respuesta de Searle al BSR consiste en afirmar que simular los patrones formales de sinapsis neural no hace ninguna diferencia en cuanto a las conclusiones iniciales del CRA:

“De cualquier manera, incluso si nos enfocamos en las operaciones del cerebro, continúa siendo insuficiente para para producir comprensión. Para ver esto imagina que, en vez de un hombre monolingüe en la habitación arrastrando símbolos, tenemos el hombre operando un elaborado conjunto de tuberías de agua con válvulas que las conectan. Cuando el hombre recibe los símbolos chinos, él revisa en el programa escrito en inglés qué válvulas debe abrir o cerrar. Cada conexión de agua corresponde a una sinapsis en el cerebro chino, y todo el sistema está regido de tal manera que después de realizar rodas las correctas movidas, esto es después de mover todas las boquillas correctas, las respuestas en chino aparecen como output al final de la serie de tuberías” (Searle, 1980, p.8). El punto de Searle con esta respuesta al BRS es que no parece haber comprensión de chino en ninguna parte del proceso, a pesar de que el resultado de este haya sido eficaz en términos de producir respuestas coherentes a preguntas en chino. Ni el hombre dentro de la habitación manipulando las válvulas de las tuberías, ni las tuberías mismas, ni el conjunto del sistema hombre + tuberías + programa (ver SR) parece haber entendido chino. Y la razón por la que no han entendido chino es que, según Searle, la BSR simula las cosas equivocadas del cerebro:

“En la medida en que [la BSR] simula sólo la estructura formal de la secuencia de interacciones neurales en la sinapsis, no puede haber simulado aquello que importa acerca del cerebro, específicamente, sus propiedades causales, su habilidad de producir estados intencionales.” (Searle, 1980, p.8)

La idea aquí es que las propiedades formales simuladas por la BRS no son suficientes para dar como resultado aquellas propiedades causales relevantes para producir comprensión o estados intencionales. Esto, según Searle, parece estar demostrado con el ejemplo de las tuberías de agua: “podemos tener todas las propiedades formales a partir de las propiedades causales neurobiológicamente relevantes” (1980, p.8) y, aun así, no tener los poderes causales equivalentes para duplicar estados de comprensión o estados intencionales que sí están presentes en los cerebros.

Frente a esta respuesta de Searle, Cole (2015) destaca la respuesta de Pylyshyn en 1980 sobre la importancia de considerar sistemas híbridos:

“Si más y más de las células en tu cerebro fuesen remplazadas por chips con circuitos integrados, programados de tal manera que cada unidad conserve la función input-output idéntica a la de la unidad que está siendo reemplazada, tú te mantendrías, con toda probabilidad, hablando de manera correcta exactamente como lo estás haciendo ahora, excepto que tu eventualmente dejarías de significar cualquier cosa por eso. Lo que nosotros como observadores externos podríamos tomar como palabras, podrían ser para ti sólo ciertos sonidos que los circuitos te hacen producir. (En Cole, 2015, p.25).

De acuerdo con Cole, estos experimentos mentales sobre cyborgization podrían ser vinculados con el CRA. Para mostrar esto, Cole da el siguiente ejemplo:

“Suponga que Otto tiene una enfermedad neural que causa que una de las neuronas de su cerebro falle, pero los cirujanos le instalan una pequeña neurona artificial controlada de manera remota, una synron, junto a la neurona enferma. El control de la neurona de Otto lo tiene John Searle en la habitación china, sin que eso lo sepa ninguno de ellos. Pequeñas conexiones conectan la neurona artificial con la sinapsis del cuerpo celular de la neurona enferma. Cuando su neurona

artificial es estimulada por neuronas que intentan hacer sinapsis con su neurona enferma, una luz se enciende en la habitación china. Searle, entonces, manipula algunas válvulas y switches de acuerdo con un programa. Eso, vía radio, causa que la neurona artificial de Otto libere neuro-transmisores desde sus pequeñas vesículas artificiales” (2015, p.26)

El punto del ejemplo que da Cole es que, si la actividad programada de Searle en la habitación china causa que la neurona se comporte tal como lo hacía la neurona natural enferma cuando Otto no tenía la enfermedad neural, entonces, parece que el comportamiento del resto de su sistema nervioso permanecería sin cambio alguno. Y en la medida en que la enfermedad de Otto empeore, más y más neuronas enfermas deberán ser remplazadas por neuronas artificiales controladas por Searle en la habitación. Si esto es así, Cole afirma que parece que, “ex hypothesis, el resto del mundo no notaría la diferencia; ¿lo haría Otto?” (2015, p.26).

De esta manera, el caso de los sistemas híbridos o cyborgization parece presentar un desafío a la respuesta que da Searle al BSR en cuanto justamente muestra que, aun cuando un ser humano como Otto pudiese llegar a poseer un simulador artificial de la mayoría de sus neuronas en el nivel de la sinapsis cerebral, él (Otto), al igual que el resto de los observadores externos de su comportamiento, podría no notar la diferencia.

Ahora bien, lo que el ejemplo de Otto intenta sugerir es que Otto mismo, es decir, Otto desde la perspectiva de la primera persona, no se daría cuenta que aquello que está produciendo su comportamiento (que es evaluado como coherente y lleno de significado por los que observan desde el exterior) es un dispositivo artificial que está simulando los patrones formales que naturalmente ejecutaría su cerebro en una situación así. Y si Otto no notase la diferencia, entonces, para él sería como si estuviese entendiendo, por ejemplo, una historia que le están contando de la misma manera que lo hacía antes de que su enfermedad neural comenzara.

Así, este ejemplo de Otto podría ser interpretado como un intento por restarle prioridad al particular método Searleano de evaluar la posesión de comprensión y

estados intencionales en el CRA. Si Otto no puede notar la diferencia, ¿qué importancia tiene considerar lo que Otto (o Searle en la habitación) nota, en términos de qualia? ¿Qué importancia tiene considerar la perspectiva de la primera persona para evaluar la posesión de comprensión u otros estados intencionales?

Sin embargo, la presencia de qualia en la experiencia de un sujeto con las condiciones en las que se describe a Otto en el ejemplo de Cole es algo que parece ser posible de ser zanjado sólo en terreno empírico: debiese existir un dispositivo artificial capaz de hacer lo que la neurona artificial hace en el ejemplo y, además, debemos poder registrar los reportes del sujeto al que se le implante esta neurona artificial para poder saber son certeza si es que Otto notaría o no la diferencia. Quizás es por eso que Cole lo deja sólo planteado como pregunta: “Ex hypothesis el resto del mundo no notaría la diferencia; ¿podría Otto? (2015, p.26).

Y junto con la ausencia de evidencia empírica en cuanto a la cuestión anterior, uno también podría preguntarse ¿exactamente qué razones se han dado para justificar la transición entre “desde la perspectiva de la tercera persona es indistinguible el comportamiento de Otto con la posesión de neuronas artificiales” a “desde la perspectiva interna de Otto mismo él tampoco notaría la diferencia”? Parece que la única razón para explicar esta transición sería el hecho de mantener supuestos conductistas del tipo test de Turing: si su comportamiento puede engañar a terceros, entonces, aquello que ha producido el engaño posee aquello que implica que los terceros no han podido distinguir: habilidades y estados mentales de comprensión. De cualquier manera, la insuficiencia de la descripción de disposiciones de comportamiento input-output para evaluar la posesión de estados mentales ya parece haber sido demostrada en la confusión entre simulación y duplicación. Tal como lo nota González (2007):

“La consideración de la simulación en lugar de la replicación parece ser fatal para la BRS. La simulación, que sólo pretende emular el trabajo del cerebro y su estructura formal, hace que la gente piense que la inteligencia ha sido creada cuando evalúan el comportamiento de robots. De cualquier manera, ¿podría la

inteligencia haber sido replicada si un simulador de cerebros tuviese lugar? La BRS no invalida la crítica de la habitación china al computacionalismo, específicamente, a la afirmación de que, para tener una mente, es suficiente con engañar personas por medio de simulaciones, como en el test de Turing. Muy por el contrario, la “cosa real” debe ser replicada” (p.97-98).

De esta manera, aunque pudiésemos aceptar la sugerencia de la BRS, en casos de cybergization como el de Otto en los que se le resta importancia al punto de vista de la primera persona (obviando la ausencia de evidencia empírica), la diferencia entre la duplicación los poderes causales neurobiológicos del cerebro y la simulación de los patrones formales de esos poderes causales parece, como dice González (2007), fatal para la BRS.

3.1.4 La réplica combinada (The combination reply CR)

Esta cuarta réplica consiste en una combinación de las características de las últimas tres: un robot con un computador integrado simulando la sinapsis de un cerebro de tal manera que el sistema como un todo se comporte de manera indistinguible a como lo haría un ser humano que, por ejemplo, entiende chino y posee estados intencionales:

“Mientras cada una de las tres réplicas anteriores podría no ser completamente convincente por sí misma como una refutación al contraejemplo del CRA, si tomamos cada una de las tres juntas, ellas son colectivamente más convincentes e incluso decisivas. Imagina un robot con un computador configurado como un cerebro en su cavidad craneal. Imagina que el computador está programado con todas las sinapsis de un cerebro humano. Imagina que el comportamiento completo del robot es indistinguible del comportamiento humano, y ahora piénsalo todo como un sistema unificado y no sólo como un computador con inputs y outputs. Seguramente en ese caso tendríamos que adscribirle intencionalidad a ese sistema” (Searle, 1980, p.9).