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Todos los conceptos, metodologías e hipótesis utilizados en la Economía, están basados en la premisa de que el decisor es un ser completamente racional. Según este concepto, el decisor es un individuo con capacidades ilimitadas de información y capacidad computacional, con comportamiento totalmente estratégico y optimizador de utilidades a la hora de tomar una decisión.

Si bien, este concepto ha sido considerado válido para la mayoría de los economistas y las bases de la Economía moderna se soportan en él, algunos investigadores discuten la incapacidad de la teoría clásica de la racionalidad para describir satisfactoriamente el comportamiento humano en una situación real de decisión.

La actividad ganadera ovina en la zona central no costera de la provincia de Santa Cruz. ¿Podría una propuesta de trabajo asociado contribuir a mitigar los actuales problemas en la actividad?

Mladineo, Matías Ezequiel  Página 36 

La idea fue propuesta inicialmente por Herbert A. Simon (1957), lo que dio origen a la teoría de decisión que él denominó “racionalidad limitada”. Este es el término que describe el proceso de decisión de un individuo considerando que posee limitaciones cognoscitivas tanto de conocimiento como de capacidad computacional.

Según Simon (1957), “las personas no somos consciente y deliberadamente irracionales, aunque algunas veces si lo seamos, pero no poseemos ni los conocimientos ni el poder de cálculo que permita alcanzar un nivel muy alto de adaptación óptima”, (en Williamson (1985) pp.55) por lo tanto, no existe la “perfecta racionalidad” implicada en la teoría económica clásica. Ante esa imposibilidad, su propuesta es encontrar soluciones satisfactorias, más que óptimas.

La teoría clásica de la decisión racional, asume que la racionalidad del ser humano es “perfecta”. Para Simon (1957) el supuesto de la perfecta racionalidad del empresario (información completa y veraz, capacidad tecnológica suficiente y fines perfectamente definidos), asumido por la teoría económica clásica tropieza con tres dificultades fundamentales (Tuñón, 1978).

• El hecho de que las situaciones con las que se enfrenta empíricamente el homo economicus no son precisamente de «competencia perfecta», puesto que no sólo los empresarios son “racionales”, sino también los demás participantes (empleados, consumidores, proveedores, etc.), individual o colectivamente considerados.

• El hecho de que la ignorancia sobre el futuro en situaciones de incertidumbre prohíbe toda predicción exacta, imposibilitando, por añadidura, una definición precisa de los objetivos o fines a conseguir.

• El hecho de que la propia limitación de las capacidades perceptivas y computacionales, que impiden a todos los agentes económicos enfrentar objetivamente los complejos problemas con que debe contender.

La teoría de la racionalidad limitada, ve el proceso de decisión desde un punto de vista diferente a la Economía clásica. En el proceso de toma de decisiones, incluso en problemas relativamente simples, no se puede obtener un máximo ya que es imposible verificar todas las posibles alternativas.

Las personas difieren tanto en oportunidades disponibles como en deseos (influenciados por factores de su entorno). Cuando un individuo debe decidir, influyen en él, tanto los deseos que posee como las oportunidades que él cree poseer. No es seguro que esas creencias sean correctas: es posible que el individuo no sea

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consciente de algunas oportunidades que en realidad le son viables o, puede creer que le son propicias ciertas oportunidades que en realidad no lo son, por lo tanto no puede garantizarse que elegirá la mejor alternativa. (Elster, 1990).

Según esto, la racionalidad es limitada desde dos direcciones: desde el entorno del decisor, ya que no tiene acceso a la información perfecta, ni a la certidumbre e influyen en él factores exógenos como la cultura, las organizaciones en las que está inmerso etc., y desde el proceso mental del decisor pues este no tiene ni la estructura perfecta de preferencias, ni la capacidad completa de cálculo, y le afectan factores como la experiencia, la memoria, la percepción, las creencias y la sensibilidad personal. La Teoría de la racionalidad limitada, no asume al decisor como un ser no racional, sino un ser que trata de ser racional con lo que tiene. El decisor no busca decisiones óptimas si no salidas viables

Según Simon (1957), el individuo es fundamentalmente un ser adaptativo a su entorno. El individuo sólo recoge parte de la información del entorno y tiene que desechar parte de la que le es dada por su complejidad; utiliza representaciones mentales, que tienen que ser soportados en una memoria de trabajo que tiene una capacidad no infinita.

Son muchos los modelos desarrollados que intentan captar la racionalidad limitada. Algunos investigadores son Aumann (1997), Selten (1997), Harsanyi (2007) o Rubinstein (1986), entre otros. Sin embargo, todavía no existe una teoría unificada de la racionalidad limitada. La racionalidad limitada no se ha convertido en una verdadera teoría de la decisión, sino únicamente una etiqueta que comparten todas aquellas modelizaciones del comportamiento individual, que relajan o eliminan algunos postulados de la teoría de la decisión racional ortodoxa.

Si bien la modelización de la Economía basada en la racionalidad limitada no ha llegado a ser óptima para ser considerada como una teoría y a su vez un paradigma nuevo dentro de la Economía, logra plantear las incertidumbres necesarias respecto a la toma de decisiones de los empresarios dentro de la teoría clásica.