• No se han encontrado resultados

1. DEMOCRACIA, OPINIÓN PÚBLICA Y

2.2. LOS MEDIOS COMUNITARIOS EN COLOMBIA

2.2.1. LA RADIO COMUNITARIA EN COLOMBIA

A pesar de que algunos tienen como referente, la experiencia de Radio Sutatenza (1947) como un primer intento de radio comunitaria, hay que aclarar que el fenómeno como tal, en el que empieza a surgir este tipo de radio, se da durante la década de los ochenta cuando Colombia entra en una etapa de democratización que desemboca en la nueva Constitución Política de 1991.

La situación política del país, en esta época, generó grandes cambios a favor de una democracia más participativa e incluyente. Entre los años 1982 y 1989, se llevó cabo una serie de reformas que crearon varios mecanismos legales que proporcionaron una mayor intervención de la población civil en la vida política, tales como la elección popular de alcaldes, la Consulta Popular en la toma de decisiones administrativas, la contratación de la comunidad en la ejecución de obras públicas, y la creación de espacios de participación de usuarios en la administración de los servicios públicos. Al mismo tiempo, se llevó a cabo el -PNR- Plan Nacional de Rehabilitación, implementado por el presidente Virgilio Barco (1986-1990), que “permitió invertir recursos en infraestructura local y consolidar formas de organización y de concertación, a través de la formación de líderes capacitados en la gestión y planeación de proyectos en diversas áreas”116.

“El saldo positivo que dejaron estas iniciativas fue el de hacer circular discursos, formas de participación y organización en comunidades tradicionalmente paralizadas por el paternalismo, así como el de permitir la acción de profesionales y funcionarios comprometidos con un ideal de desarrollo y de cambio en el país. Esta era el arma con la que el Estado contaba para afrontar el desafío de un

115 Ídem. P. 8

116 Osses Rivera, S.L. (2002), Nuevos sentidos de lo comunitarios: La radio comunitaria en Colombia [Tesis de

61 cambio constitucional que contara con consensos amplios y permitiera la participación de las mayorías.”117

Por otro lado, la integración del M-19 en la vida política tras acordar ciertos compromisos constitucionales, así como también el asesinato de los candidatos a la presidencia, Luis Carlos Galán y el excombatiente del M-19, Carlos Pizarro, fueron razones que conllevaron a una masiva manifestación que tuvo lugar en una consulta popular promovida por un movimiento estudiantil conocido como la Séptima Papeleta; Esta suma de elementos, junto con la desmovilización de grupos guerrilleros como el EPL y el Quintín Lame, lograron crear el ambiente apropiado para formar la Asamblea Nacional Constituyente, que fue muy incluyente pues tuvo en cuenta amplios sectores de la sociedad: campesinos, indígenas, mujeres, iglesias, homosexuales, prostitutas, ecologistas, negritudes, nuevos partidos, movimientos cívicos, etc.118

El panorama político de aquel entonces, posibilitó un clima propio para el desarrollo de proyectos democratizadores en los cuales, los medios de comunicación se vieron implicados.

Desde los años ochenta empezaron a surgir en diferentes zonas del país, rurales y urbanas, experiencias de comunicación alternativa con propósito social que buscaban la integración de las comunidades locales y su participación en los asuntos político-públicos. “Se ingeniaron diversas formas de difusión tales como: el uso de altoparlantes de las iglesias y los colegios, el montaje de altoparlantes en bicicletas, la emisión de programas pregrabados en los equipos de sonido de los buses de transporte urbano y la realización periódica de casete-foros.”119

Este tipo de comunicación, fue reconocida por diversos proyectos que respaldaron las iniciativas en diferentes municipios, regiones y barrios, por lo cual empezaron a aparecer programas de capacitación y apoyo para mejorar las nacientes radios comunitarias. Una de las organizaciones más importantes fue el Grupo de Comunicación y Desarrollo, un grupo independiente conformado por comunicadores sociales, periodistas y profesionales de otros sectores, el cual proporcionó argumentos y ayudó a gestionar la creación de la Dirección de Comunicación Social del Ministerio de Comunicaciones, dependencia que se concibió como “un espacio desde donde se espera, puedan ser pensados los problemas políticos, planes y programas de las redes y sistemas de comunicación, más allá de la administración y control de las redes y sistemas de telecomunicaciones, desde una perspectiva social y nacional”120.

Luego, con la Constitución Política de 1991 quedaron estipulados varios artículos121 que reconocen la importancia de la democratización de los procesos comunicativos, las pluralidad de expresiones 117 Ídem. p.82 118 Ídem, p. 82 119 Ídem, p. 80 120 Ídem, p. 84

62 étnicas y culturales, y el papel del Estado al garantizar una mayor participación civil en los procesos políticos, económicos, y sociales.

A partir de este momento, surgieron nuevos proyectos comprometidos a impulsar la radio comunitaria. De parte del Estado, apareció el Proyecto Enlace (para la prevención de drogadicción y atención a jóvenes vulnerables), el Proyecto de Comunicación para la Infancia y la Mujer, y un programa del SENA, enfocado en capacitar productores y comunicadores interesados en trabajar en radios comunitarias. De igual manera, en el sector académico, aparecieron programas con propuestas similares en los que participaron especialmente, la universidad estatal a distancia UNISUR, y la Universidad del Valle que promovió proyectos de comunicación comunitaria en el Litoral Pacífico. Igualmente, las universidades privadas empezaron a implementar en las carreras de comunicación social, asignaturas relacionadas con la comunicación comunitaria.

Por otro lado, las radios comunitarias empezaron a formar sus primeras redes y a organizarse; en el año 1989 realizaron su primer encuentro nacional en Quirama, Antioquia, el cual sería seguido de nuevos encuentros en otras sedes en los años 1993 y 1994; todas estas reuniones sirvieron para darle identidad al fenómeno, para reconocer sus actores, así como también, para fortalecer y mejorar los procesos comunicativos, para compartir experiencias y analizar las diversas dificultades del medio. La radio comunitaria fue formalizándose cada vez más, pues luego, estuvo apoyada por diferentes entidades internacionales, como: la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica ALER, La Asociación Católica para la Radio, la Televisión y los Medios Afines – UNDA-AL, y la Asociación Mundial de Radios Comunitarias AMARC; además, de la Red Colombiana de Radios Comunitarias RECORRA. Esta convergencia de actores, y esfuerzos realizados por organizaciones de todo tipo, llevó a que las radios comunitarias adquirieran un reconocimiento jurídico. Actualmente la norma que las rige es la resolución 415 del 2010 del Ministerio de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC)

La historia de la radio comunitaria ha generado diversas experiencias que han posibilitado numerosos beneficios en muchas comunidades, sin embargo, ha habido algunos tropiezos, pues en muchos casos la competencia por obtener las licencias ha conllevado al cierre de diversas experiencias radiofónicas que no han cumplido con los estándares exigidos por la ley, además hasta el año 2008, las cuatro principales capitales de Colombia no tuvieron permiso de tener radios comunitarias, por otro lado, la censura y la falta de financiación han imposibilitado en algunos lugares, la creación de nuevas radios y el mantenimiento de las ya existentes.

Desde la legalización, el Ministerio de Comunicación, hoy llamado Ministerio de las Tecnologías de la Información y las Comunicación –TIC-, el Ministerio de Cultura, y organizaciones como el Sistema de Comunicación para la Paz, SIPAZ, y AMARC Colombia, entre otras asociaciones regionales como la RECCO (Red Cundinamarqueza de Radios Comunitarias), la Corporación Radio Comunitaria – Costa Atlántica, RESANDER (Red Cooperativa de Medios de Comunicación Comunitarios de Santander),

63 AREDMAG (Red de Emisoras Comunitarias del Magdalena Medio), Red de Emisoras Comunitarias Sindamanoy (Cauca-Nariño), Red de Emisoras Comunitarias Departamento de Caldas, ASENRED (Asociación emisoras en red de Antioquía), RADAR (de Norte de Santander), y las demás emisoras comunitarias de todo Colombia, han ido fortaleciendo el campo de la radio comunitaria en el país, gestionando la apertura de convocatorias para adjudicar licencias, capacitando a los comunicadores, interrelacionando a los diferentes actores de la esfera radial, y financiando algunos proyectos. “Somos el único país en el que se han adjudicado 564 licencias de carácter comunitario a organizaciones sin ánimo de lucro, y en el que el gobierno tiene divisiones especiales dedicadas a su promoción y capacitación”122. Como dato reciente, vale la pena destacar el programa “Radios Ciudadanas: espacio para la democracia”123 del Ministerio de Cultura, y la publicación en 2010 del texto La Radio

Comunitaria una Empresa Social Sustentable.